¿Qué hace que un jardín tenga alma?
Edad:69 • Ocupación: Licenciada en letras, jardinera, docente, cofundadora y copropietaria del vivero y casa de té Lavender Señas particulares: Es muy al pan pan, al vino vino; enamorada de las rosas; reservada; más de ayudar que figurar
¿Qué hace que un jardín tenga alma?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáQue la persona que lo cuida esté presente. Que lo viva, que funcione, que sea un jardín real, para la familia. Tiene que ser el reflejo de la personalidad de quien lo vive.
¿Qué aprendió de las plantas que después aplicó a la vida?
La paciencia. A respetar los ciclos, a entender que todo pasa. Esos momentos perfectos que tiene un jardín son muy transitorios y frágiles. Cuando un jardín llegó a ese momento divino, siempre digo: sacale una foto, porque mañana ya no va a estar. Eso también es una enseñanza de vida: lo efímero.
¿Cómo llegó de letras a la jardinería?
La semilla ya estaba en mí desde chica. Mis padres tenían un gran jardín y recuerdo a mi madre cortando flores para llevarle a la maestra. Ese contacto con las flores, y haber vivido de chica en un jardín lindo, te queda para siempre.
¿Qué fue más difícil: fundar el vivero o mantenerlo durante casi 30 años?
Fundarlo fue una aventura. Éramos jóvenes y dijimos: vamos a probar. Nos gustaba a los dos y apostamos. Mantenerlo es más difícil, porque las plantas requieren atención. Hay que estar.
¿Las plantas tienen personalidad?
Sí. Todas tienen su propio estilo. Por eso necesitan determinado lugar y determinada compañía. No podés poner cualquier planta con cualquier otra. Cada una tiene sus mañas y necesita un suelo compatible.
¿Tiene alguna manía cuando entra a un jardín ajeno?
Miro. Es como un flash: miro todo de golpe y me doy cuenta si hay equilibrio. El jardín refleja muchísimo la personalidad. La casa también, pero el jardín todavía más.
¿Un jardín puede ser demasiado perfecto? Sí. No hay jardines buenos o malos, pero tampoco debe ser tan lindo, tan perfecto. Un poco de caos es lindo. Una manguera tirada, algo que desborda... es vida. El jardín perfecto no existe.
¿Qué jardín del mundo elegiría para volver una y otra vez?
El de William Robinson, en Inglaterra. Él fue un irlandés que revolucionó el jardín inglés y es como el padre del jardín naturalista. Me gustan esos jardines donde se mezclan las plantas y hay movimiento.
¿Qué planta la representa?
La rosa. Hay rosas silvestres, elegantes, naturales... Hay muchos tipos y puedo adaptarme a una. Ahora estoy encantada con una miniatura que ni siquiera sé cómo se llama: es muy sencilla, florece todo el año y tiene cero mantenimiento.
¿Por qué la rosa?
Porque tiene unos 40 millones de años en la Tierra. Una planta que sobrevive tanto tiempo tiene algo de eterna. Además, es muy adaptable: hay rosas en Tierra del Fuego, en la Patagonia, en Ecuador. Y como soy licenciada en Letras, me encantan la historia y los símbolos. La rosa representa la belleza y el amor en muchísimas culturas.
¿Qué tiene un jardín que no tiene ningún otro lugar?
Para mí, es un refugio. El mar me da un poquito de temor, pero un jardín es un lugar personal, íntimo y de calma.
¿Cuál es el error que comete casi todo principiante?
Apurarlo. No esperar. No tener paciencia.
¿Regalar plantas es una buena idea?
Es difícil regalar una planta. Te pueden regalar un cuadro que no te gusta y lo guardás, pero con una planta estás obligado a tenerla. Y después vienen a visitarte y te preguntan: “¿dónde está mi plantita?”. Es una presión. Salvo que sea algo puntual para interior, como una orquídea o una violeta africana, yo digo que no se regalan plantas.
¿Qué hace cuando una planta que quiere mucho se está muriendo?
La saco y la remplazo por otra que se adapte mejor. Cada planta tiene su lugar y sus gustos. No hay que insistir en que una planta viva donde no quiere vivir.
¿Qué olor la lleva directamente a un jardín?
Los aromas que se propagan en el aire. Los jazmines, por ejemplo. Me encantan los jardines muy fragantes.
¿Qué es lo más lindo de trabajar en familia?
Todo. Me encanta estar al lado de mi marido y de mis hijas, que ahora se hacen cargo. Cuando eran chicas ellas decían: “Basta, mamá y papá, de hablar de plantas”. Era un monotema.
¿Qué espera que le pase a alguien después de leer su libro Curso básico de jardinería?
Que descubra su entorno y empiece a cuidarlo. Lo empecé a escribir porque había gente que no tenía contacto con lo que la rodeaba y no sabía cómo cuidar un jardín. Es básico pero ayuda. Y mucha gente me lo agradece.
¿Qué no puede faltar en la valija de una viajera jardinera?
Una tijera. Es el instrumento inseparable del jardinero. Y el celular, para sacarle una foto a una planta, buscarla e investigarla. Antes hubiera llevado una libreta; ahora pongo el nombre en Google y listo.
¿Qué tienen en común las personas que viajan con usted para conocer jardines?
Les gustan las plantas, aunque no tienen por qué saber de botánica ni tener jardín. Les gusta la belleza: la belleza en la decoración, en el diseño, y disfrutar de la compañía de personas con una misma afinidad.
Cuando llega a un lugar nuevo, ¿qué mira primero?
El jardín, la gente, la arquitectura. Todo junto. Casa, jardín y persona hablan el mismo idioma y no se pueden separar. La casa también es su barrio; la persona es su familia, su entorno y sus gustos, y el jardín es la naturaleza, el suelo y la orientación. Todo es una coherencia.
¿Qué la pone nerviosa?
La salud. Es lo único que me hace saltar la cabeza. Después, en general, soy tranquila y no soy ansiosa.
¿Cómo se describiría?
Es difícil saber cómo es uno. Soy bastante abierta, tranquila y reservada. Me gusta ayudar a las personas. No soy muy sociable: tengo mis grupos selectos. Pero si alguien necesita algo, me gusta ayudar.