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Victoria Rodríguez Arralde: “Tengo como 2.350.047 palabras trancadas en la glotis”

Edad: 53 • Ocupación: Traductora, comunicadora y artista plástica • Señas particulares: Tiene mucha intuición, pero no la escucha; su comida favorita es el alcaucil; no le va la falsa modestia; dejó el cigarrillo hace menos de un año; tiene un salchicha que se llama Rudy

Redactora de Galería

Dice que puede leerse un libro en un par de horas. ¿También puede leer así de rápido a las personas?

Sí, como si hubiera hecho el curso de Ilvem (risas). Me devoro los libros, leo rapidísimo y me quedan los conceptos, es muy funcional a mi trabajo. Después, soy superintuitiva. El problema es que no le doy bola a la intuición, entonces, estoy en la misma situación de una persona que no tiene intuición ninguna. Es una herramienta muy valiosa cuando tengo que empatizar con alguien, pero a veces uno quisiera no tener tanta. Igual no termino de darle todo el crédito a mi curiosa intuición, pero estamos aprendiendo.

Como moderadora, ¿dónde descarga todo lo no dicho?

Tengo como 2.350.047 palabras trancadas en la glotis. Pero me aireo mucho si vuelvo de trabajar por la rambla, y vivo en un entorno que me da muchísima paz. El ejercicio me ayuda mucho también. Y después, el resto lo padezco. Sufro de cervicales, la vida es así, nada es perfecto. Lo que está bueno es que en el grupo humano de profesionales con los que trabajo nada queda trancado. Los malos momentos, los cruces, las incomodidades se sanean, y se sanean acá en casa, en asados. Lo que no quiere decir esconder y barrer debajo de la alfombra, no. Fulano explotó, dijo lo que tenía que decir, molestó, incomodó, se habló, se superó. Es como todos deberíamos dirimir nuestras vidas, pero a veces lo podés hacer y otras no. Hay familias en las que más vale fingir demencia, porque confrontar, todo el tiempo confrontar, es agotador.

¿Cuánto le gusta tener la razón?

Siempre (risas). No, a ver, voy a tirar el cliché más maravilloso de los últimos tiempos: prefiero tener paz que razón. Hay batallas que, a esta altura de la vida, dejás de dar.

Y en eso de los asados, ¿se considera buena anfitriona?

Por lo menos, todos dicen que sí. Mi virtud como anfitriona no es que me desvivo por servirte. Te doy la sensación de que estás en tu casa. Siempre eligen mi casa para venir, y a veces hasta me voy a dormir cuando empiezan a tomar, que no tomo mucho.

victoria rodríguez comunicación televisión uruguaya

Hace 25 años, en una entrevista para el segundo número de Galería, se definió como “conservadora vertiginosa”. ¿Le queda todavía esa etiqueta?

Pobrecita, ¿que querrá decir? Claro, era una conservadora vertiginosamente yendo hacia el otro lado, hacia romper con todos los cánones. En ese momento no era consciente, y mi familia sí era muy conservadora. Pero ¿sabés qué? Conforme va pasando el tiempo uno va entendiendo que está en el lugar que tiene que estar, que estás haciendo lo que querés hacer. Porque, al final de cuentas, siempre va a estar todo bien. Si respetás tu esencia, si respetás al otro, todo se acomoda. Hoy estoy superorgullosa de no ser la conservadora de antes.

Pero la han tratado de “facha” muchas veces.

No voy a estar saliendo a caballo con la bandera del no soy así. Por suerte, mi universo afectivo me conoce de sobra, y el resto, mientras me vean en la tele para mantener el laburo me alcanza. Todo el mundo necesita, de alguna manera, tener un escupidero, sino se atragantan. Es la forma que tiene la sociedad de sobrevivir. Siempre es una cosa contra otra, la polarización… Cuando yo arranqué no existía internet. Me desayuné de todo eso, del famoso hate, de los prejuicios, mucho más tarde. Trabajando. Y me desayuné a golpes. Todos fuimos aprendiendo, algunos no aprenden más y se siguen desmoronando ante una crítica o enalteciendo por un aplauso. Se confunden. Pero la gran mayoría aprendimos a manejarnos con esto y entendemos por dónde va la cosa. Otros necesitan odiar y yo no se los voy a impedir. Hagan lo mejor que puedan. Me da pena cuando ese ejercicio destruye adolescentes o personas sin herramientas. Me da bronca la impunidad.

¿Y a un hombre en su lugar lo hubieran etiquetado igual?

Se ha visto. También han linchado, atacado, denostado y enterrado a un montón de hombres. No me siento más vulnerable por ser mujer, en este caso. Reconozco que he tenido muchísima suerte en la vida, entonces, por ahí es más fácil tener herramientas y espalda, y estar bien parada en mi lugar. Pero es muy fácil cuando tuviste suerte.

¿Considera que lo suyo fue suerte?

Ay, la suerte es fundamental en la vida, tesoro, que nadie les diga lo contrario. Por supuesto que, si vos no te preparaste, no estudiás y no tenés con qué honrar la oportunidad que te viene, no sirve de nada. Pero ¿cuánto talento desaprovechado, ignorado, invisibilizado hay, que no tuvo la suerte de estar en el lugar y en el momento correcto?

Si aquella Victoria de 27 años se cruzara con la de 53, ¿qué se criticarían mutuamente?

No la criticaría porque se va a criticar sola. Yo la conozco. Va a ser culposa, va a tener que lidiar con eso el resto de su vida. O sea que no, al contrario, la abrazaría y le diría que va a estar todo bien. Y que deje de fumar, pelotuda. Eso sí le diría.

¿Cuándo dejó de fumar?

Hace ocho meses. Socialmente no era tan grave. Podés ser una gran fumadora, pero no perdés un trabajo, no perdés amigas, no perdés el vínculo afectivo, te vas perdiendo por dentro nomás, pero no jodés a nadie. El problema es que yo acompañé la pintura con el pucho toda la vida, y, ahora, sentarme a pintar me está costando un poco más. Igual te digo, en los últimos años me sentía una paria, ya nadie fuma prácticamente.

¿Le impacta haber pasado los 50?

No es un tema de edad. Cuando sos madre, lo que te impresiona es cómo crecen los chiquilines. Y la medida de todo no son tus años, son tus hijos. Cuando dejás de ser el centro de su universo, eso es lo que impacta. Y yo estoy en ese momento de la vida, con una hija que ya se fue a un intercambio estudiantil por Europa y otro que está trabajando y ya está pensando en viajar también. Están despegando. Y se supone que los educamos para eso, ¿no? Pero, de pronto, te das cuenta de que la única certeza que tenías en este mundo era que eras madre. Te organizaste una vida en la que ellos eran el eje y, de pronto, ese centro te lo mueven, y otra vez estamos buscando el eje. Y mirá que tengo una vida llena de actividades de índole profesional, artística, social, tengo unas amigas de oro… Aún así, el vacío se está empezando a sentir. Tampoco sé si es vacío la palabra, es la sensación de que tengo que cambiar de piel. Y que se viene otro momento en el que me tengo que reinventar. Soy una superagradecida de mi vida; lo que pasa es que, cuando digo mi vida, están ellos.

En aquel entonces (a los 27) decía que se había enamorado tres veces. ¿Hoy el número se mantiene, subió, se sofisticó?

Y aumentó bastante, sí (se ríe). No, lo que pasa es que, con el tiempo, conocés o vivís amores que relativizan mucho lo que viviste antes. Capaz siguen siendo tres veces nomás, pero con otra cabeza, pensando en otros nombres, porque aquel no era para tanto, pero, en su momento, una lo vive como si fuera maravilloso. Hay que saber manejar las intensidades, porque sostener la intensidad es muy agotador.

Ahora dijo que está “soltera, feliz y lejos de Tinder“. ¿Eso es la expresión máxima de la libertad o el resultado de una selectividad que se volvió extrema?

Las dos, aunque no soy tan selectiva. Son etapas. En este momento estaría con alguien si realmente esa persona sumara algo a mi vida. Y yo a la suya. Hoy me hago buena compañía, si aparece alguien que me mueva el piso, bienvenido. Me reconozco con un montón de virtudes y llena de fragilidades y oscuridades también, pero, a esta altura de la vida, dejás de pelearte con tus sombras, las incorporás y lo único que querés es hablar con alguien que más o menos pueda abrazarte entera también.

Victoria ROdríguez television uruguaya radio
Victoria junto a Rudy.

Victoria junto a Rudy.

Se la ve muy deportista en las fotos haciendo SUP, ¿se está cuidando más?

Es que me estoy queriendo más. A veces en la vida pasan cosas, parece que estás al borde del abismo, pero, cuando estás ahí haciendo equilibrio con las puntitas de los pies, resulta que no te caés. De pronto, volvés a pisar firme y no solo te das cuenta de que no te caíste, sino de que estás más fuerte que nunca. Y notás toda una dimensión que antes no veías, o porque no habías podido, no había necesidad, o nadie te la hizo ver. De repente, algo hace que te percibas con toda esa potencialidad y digas: no, pará, soy un mujerón. Y terminás agradeciendo al que te dio el mazazo. Mi hija nació amándose, por ejemplo. La gente joven nace queriéndose. Nosotros venimos de una escuela donde no te lo permitías y empezamos a querernos más de grandes. No entra cualquiera a tu vida cuando vos te querés. De pronto, me pareció absolutamente lógico dejar de fumar. ¿Cómo me voy a hacer este daño? Fue como la etapa final de toda la reconversión.

¿Y se lleva mejor con su imagen hoy que hace 20 años?

Creo que sí. Capaz porque todo tiene un peso más relativo y es más fácil vivir.

¿Ser mujer en televisión todavía implica negociar con eso y con la edad más que un hombre?

Todavía sí, por supuesto. Chiqui Legrand hay una sola; 99 años, espléndida, porque tendrá alguna cirugía, obviamente, pero bien hecha. A la mujer la edad se la cobran antes. Pero eso lo vamos a ir cambiando de a poquito. Lo primero es la cabeza, cómo nos funciona.

Pinta muchos rostros femeninos. ¿Qué tienen las mujeres?

Somos infinitas. El hombre es más acotadito, nosotras somos muy complejas, lo que nos hace maravillosas. Y, bueno, desde la representación artística, y en especial a través de las miradas, siento que puedo llevar al que mira a verdaderos abismos. No hago arte feminista ni estoy usando a la mujer como musa inspiradora. Soy yo, una mujer pintando, tratando de codificar el mundo que me rodea.

¿Se siente feminista?

Los “ismos“ (por feminismo, machismo) no me van. Terminan siendo intoxicados por extremismos y radicalismos que le hacen mucho daño a la causa original. Sí creo en la igualdad de oportunidades y en la lucha contra la violencia machista, pero no hace falta ni preguntarlo porque soy ejemplo de eso, de procurar tener un espacio. Pero me parece que se empiezan a poner en la misma bolsa algunos conceptos, llegamos al capitalismo y su vinculación con el patriarcado, que, si querés, lo discutimos, pero son fórceps, ¿viste? Y terminan despertando causas que pueden llegar a dividir mucho más de lo que unen. Entonces, yo me quedo con los puentes. Con todo aquello que creo que es evidente que todo el mundo quiere: más igualdad de oportunidades, pelear contra la brecha salarial, un montón de cosas obvias y que las puede defender un hombre también.

Una vez dijo en la tele que como madre era genial. ¿En qué exactamente?

Siempre tuve miedo de qué tipo de madre iba a ser. Cuando supe que estaba embarazada de una nena (después vino el varón) me puse a llorar. No sabía qué iba a hacer con una nena yo, porque quería un vínculo diferente con ella al que tuve con mi madre. Nadie me podía consolar y, al final, fue lo mejor que me pudo pasar; brilló el vínculo con mi hija, sanó el vínculo con mi madre; por lo tanto, a ella le agradezco todo sobre nuestra relación porque me hizo ser la madre que soy hoy. Y mi hija ahora me dice cosas como que soy su referente, me da las gracias por permitirle ser, y yo la escucho y digo, puta carajo, no sé cómo lo hice porque no hay recetas para eso.

¿Quién es Victoria cuando nadie la está mirando?

Es bastante más auténtica de lo que se pueden imaginar.

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