—Sí, sí, totalmente. Yo pensé que estábamos cerca del 25%. Hasta esa misma noche no pensé ni esperaba que estuviéramos debajo del 20%. Esa es la verdad. Intuía que el partido iba a bajar sustancialmente la votación con respecto a las internas pasadas. La interna pasada fue motivante, llamó a la gente blanca a participar por todo el tema de la campaña que se hizo por parte de (Juan) Sartori, que generó una indignación en el blanco que fue un llamador para ir a votar. No fue el clima que se vivió en esta interna, donde se sabía un poco el resultado. Hasta febrero teníamos esperanzas de que podríamos acercarnos, después de marzo ya vimos la dificultad de poder seguir creciendo, pero nunca pensamos que íbamos a estar por debajo del 25%.
—¿Por qué cree que no se llegó a ese 25%?
—Bueno, es una análisis más complejo. No es una análisis unilateral: si la candidata llegó o no llegó. Fue una elección donde la gente del Partido Nacional votó, notoriamente, la continuidad del gobierno. Y nosotros no hicimos una estrategia de pegarnos más al gobierno, estar más mimetizados, no solamente hablar bien del presidente —como hablamos todos—, sino estar más pegados a la gestión. Y creo que Álvaro (Delgado) inteligentemente planteó una continuidad en los hechos. Hasta su eslogan lo afirmaba. Pero hablamos poco del gobierno.
Heber-Raffo-Ripoll-adhoc-jc.jpg
Laura Raffo, Valeria Ripoll y Luis Alberto Heber durante el Congreso Nacional del Herrerismo, julio 2024.
Javier Calvelo / adhocFOTOS
—¿Es una autocrítica que se hacen?
—Es la primera. Es más complejo. Y falta más análisis porque enseguida entramos en el tema de las organizaciones electorales y cómo vamos a ir, y cómo levantamos a compañeros que votaron mal. Estamos en esa actividad un poco vertiginosa y no tenemos la tranquilidad de hacer un análisis y una autocrítica profunda sobre los errores. El primero que se me ocurre es que la estrategia nuestra no fue pegarnos tanto al gobierno y creo que lo que rindió fue el gobierno del Partido Nacional y la figura del presidente Luis Lacalle Pou. Y corríamos con una desventaja porque al secretario de Presidencia, que era Delgado, se lo vio siempre muy pegado a Lacalle Pou. Y por eso teníamos que hacer más esfuerzos. Y no hicimos. Y hablamos de renovación, y ¿renovar qué? No fuimos claros en que también éramos continuidad del gobierno. Y lo éramos.
—Raffo fue una apuesta disruptiva para el Herrerismo, ¿qué evaluación hace de su campaña?
—Ella ingresó a la actividad política con muy buen pie cuando fue candidata a la Intendencia de Montevideo. A tal punto que tuvo una proyección en la gestión que tuvo en Montevideo como para ser candidata a nivel nacional. Nos lo pedía la gente en el interior, querían que lleváramos a Laura. Después las circunstancias dieron que esa novedad que era en el partido no se tradujo en votos. Pero era una novedad cuando largamos. Una novedad que arrancó bien, que picó bien, pero que después a lo largo de la campaña se fue quedando... la propuesta, no Laura. Creo que Laura hizo el esfuerzo que tenía que hacer, pero no conectó o no conectamos por estas razones que te estoy diciendo.
—También hubo un gran desbalance en las estructuras de un lado y otro. ¿Le hizo bien al partido eso?
—No, al partido le hace mejor más competencia. Si hubiera habido más competencia, Laura estaba en la fórmula. En el peor de los casos decíamos que Álvaro no llegaba al 60%, y eso era mucho. Claro, fue una interna pacífica, no fue confrontativa. Y en donde las alianzas que tuvimos generaron una candidatura que buscó el mismo mercado, el mismo sector que buscaba Álvaro, que era la continuidad en base a tener una posición centrista. El Herrerismo tiene quizás otro posicionamiento, más liberal. Pero se entendió que teníamos que apoyar a la candidata y dejarla “desherrerizarse” para que se pudiera mover a competir en todos los espectros del Partido Nacional y ahí perdimos mucho contenido.
—¿Y perdieron su esencia también?
—No, a la esencia la guardábamos. Era una instancia de elección interna, buscábamos una preferencia, hablábamos de ideas, pero las ideas no fueron lo suficientemente importantes para que se nos reconociera en el espacio liberal que toda la vida hemos tenido. Pero lo teníamos que hacer, porque si íbamos con una candidata muy herrerista, nos amputábamos la posibilidad de crecimiento. Entonces era un razonamiento hasta lógico en unas internas. Ya ahora cambia. Estamos en otra instancia. El Herrerismo ayudó a la candidata sin exigir un posicionamiento muy herrerista para que pudiera correrse en el espectro político donde estaba el Movimiento de Rocha y Alianza Nacional, que no son sectores que pertenezcan a un espacio liberal.
Heber-Palacio-Legislativo-2024-adhoc-jc.jpg
Luis Alberto Heber en su despacho del Palacio Legislativo.
Javier Calvelo / adhocFOTOS
—El 27 de julio fue el congreso del Herrerismo y ahí ya se notó un vuelco en el discurso, en especial en temas de seguridad. ¿Cómo defiende su planteo de tipificar como delito dormir en la calle o la deportación de inmigrantes delincuentes?
—La inseguridad es uno de los principales problemas que tenemos. Nosotros decimos que el relato que hace la oposición no es verdad. Este es el primer gobierno desde la democracia que baja los índices. En todos los gobiernos anteriores, incluso en el nuestro, subieron. Todos. Y esto recrudeció en los últimos 15 años del Frente Amplio en donde llegamos a cifras que desconocíamos. Antes el 70% de las personas decían que su principal problema era la inseguridad. Hoy es 42% —todavía es alto— pero se bajó. Ahora, ¿necesitamos hacer más? Sí, claro. Y para eso necesitamos más armas, más instrumentos. Primero, para atacar al narcotráfico, a su organización piramidal, a sus estructuras. A esa organización la tenemos que penar más, por su grado de violencia, por los horrores que hemos visto. Hay que dar otra señal. Hay que ir a un plan “boca cero”, atacar al microtráfico. Represión y prevención.
—Pero en concreto: que sea un delito estar en situación de calle, ¿cómo lo explica?
—A este tema yo lo sufrí como ministro del Interior. Me pedían que sacara a la gente en situación de calle: no podían más. Hay una acción muy importante que hace el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) atendiendo a unas 2.500 personas en situación de calle en Montevideo. Eso me parece bárbaro. Pero una cosa es la atención de las tres razones principales de la situación de calle: liberados de prisión, salud mental y adicciones. El Mides se enfoca en ellos y tiene que seguir cumpliendo esa labor. Pero yo atiendo otro público. Yo estoy viendo al vecino que no puede más y me dice: “Sáquenme esto de la puerta de mi casa. Sáquenlo de mi comercio. Yo vengo a laburar, tengo que estar limpiando porque hay porquerías. Y me da miedo venir de noche”. Y eso genera violencia en la convivencia, porque si un día el tipo sigue durmiendo ahí, uno va a venir con un palo y se va generar un problema y seguramente el dueño de ese comercio, que está podrido, harto, termina con un procesamiento judicial. Genera un problema de violencia en la sociedad. Y nadie atiende ese tema. El sistema ahora es que la Policía va, levanta a la gente, establece una falta, la lleva al médico para atestiguar que no hubo maltrato, la lleva a un refugio, comunica al fiscal y al juez, y en el refugio el tipo dice: “No entro”. Y no hay forma deque nosotros podamos obligar a que quede en el refugio.
—¿Y no le pudo encontrar otra solución?
—Yo veía estas situaciones. Veía que el Mides sacó un proyecto para internar a aquellas personas con problemas de salud y adicciones, que tienen riesgo de vida. Pero hay 2.500 personas. 1.300 no van a refugios. Pero ¿cómo hago yo para sacarle de la cuadra y del comercio a la gente sin llevarla presa? Porque el vecino que llega y me felicita porque se lo saqué de la puerta, al otro día me insulta. No le estamos dando respuesta. Entonces estuvimos mirando, viendo, y llegamos a este proyecto. Y primero son las faltas, que establecen trabajos comunitarios que no aplica el Tribunal de Faltas, no sé por qué no lo aplica. Pero primero se aplica la falta, si reincide, ahí se transforma en un delito. ¿Cuál es el delito? Lo mismo que dice la falta: trabajo comunitario, pero guardado, obligado a ir a un refugio. O sea, se interna, no vuelven. No van presos en primera instancia. Si no cumple con el trabajo comunitario de determinados días, cumplirá cinco días de prisión por cada día incumplido. Eso ya lo establecía el Tribunal de Faltas, pero como nunca aplicó los trabajos comunitarios, nunca hizo pagar prisión. Falla el Tribunal de Faltas, claro que falló. Entonces lo llevo a sede penal. Y si reincide por segunda vez, ahí va con prisión de 30 a 90 días. Yo lo que estoy buscando es una solución para sacar a la gente de la calle. Y para eso tenemos que construir varios refugios más. Mientras no los tengamos no lo podemos aplicar, porque el Estado tiene que tener forma de retener a esa gente. No es mucho costo tener refugios para 1.300 personas más, que es lo que hoy tenemos en la calle y que no quiere ir a refugios. El Mides sigue atendiendo el problema global, yo estoy defendiendo al vecino, que son un millón de personas que viven en Montevideo y que están hartos de ver que hacen sus necesidades en la calle, tienen sillones, carpas, y hasta televisores. Y esto no parece disminuir sino que viene en aumento. Si nosotros no hacemos algo para frenar esta situación, vamos a tener un problema. Esto es diametralmente opuesto a lo que dice el Frente Amplio, que dice que la gente tiene derecho a vivir en la calle.
—Justamente, las primeras reacciones, bastante airadas, hablan de que esta es una medida fascista, que limita los derechos de las personas.
—Bueno, pero esto ya está en el Tribunal de Faltas, lo que pasa es que no se cumple la ley. Ya está penado con trabajo comunitario. Lo que yo digo ahora es que pase por sede penal, que un juez disponga y si hay una tercera reincidencia, que vaya presa entre 30 y 90 días.
—¿No siente entonces que se coarta el derecho de las personas a estar en la calle?
—No creo que tengan derecho, como no cree la legislación vigente, que prohíbe, pero es una prohibición en palabras, pero en los hechos no. Hay gente del Frente Amplio que dice que la gente tiene derecho a dormir en la calle, ¿ah sí? Y entonces hace todo en la calle. ¿No tenemos derecho nosotros a tener tranquilidad? Tenemos que admitir esto porque el Estado no tiene lugar donde ponerlas, bueno, el Estado tiene que tener lugar donde ponerlas.
—Delgado ya dijo que no lleva esta propuesta en su programa de gobierno.
—Bueno, está bien. Es nuestra opinión. No pretendemos que las opiniones del Herrerismo sean llevadas en su totalidad por el candidato a la presidencia. Nosotros vamos a presentar el proyecto. Y si hay un día una mejor, tráiganmela, ¿eh? Yo quiero darle una respuesta al vecino que me acosó como ministro para que yo le aliviara esto. ¿Hay alguno más que quiera darle respuesta al vecino? Bárbaro. Hay gente que no puede más. Hay boliches en el Centro y Ciudad Vieja que me veían y me decían: “No puedo más, se me corren los clientes, les roban la comida a los turistas que están comiendo en las mesas en la vereda. ¿Dónde está la Policía?”. No puedo poner un policía por cuadra a cuidar cada uno de los boliches porque da una mala impresión. No estoy de acuerdo en hacer zonas de exclusión, que también estuvo arriba de la mesa, eso es peor. No me parece justo con otros barrios. Me parece justo, sí, que haya una intervención y que si hay reincidencia sea delito. Algunos dirán que esto es duro, sí, es duro. Es duro también ver que la democracia no les da respuesta a los vecinos. Porque después empiezan a pedir gobiernos más fuertes, empiezan a pedir porque la democracia no da respuesta, empiezan a pedir los Bukeles, después empiezan a limitar los derechos de las personas para llevar a todo el mundo preso. Hagamos en democracia un tema gradual, lógico, con sentido común. Hoy podemos atender la situación social, no esperemos a que tengamos que operar.
Heber-Delgado-Ripoll-Rubio-2024-adhoc-jc.jpg
Luis Alberto Heber, Álvaro Delgado, Valeria Ripoll y Macarena Rubio durante el Congreso Nacional del Herrerismo, julio 2024.
Javier Calvelo / adhocFOTOS
—Este discurso suyo coincide con el del sábado en el Congreso del Herrerismo y se corre de lo que venía siendo el de Raffo en las internas. ¿Le está queriendo poner más derecha al Herrerismo?
—Las etiquetas son bravas porque para mi generación significa dictadura y nosotros fuimos un partido centrista en contra de la dictadura y bastante caro pagamos esa oposición. No le tememos tampoco a la palabra. Podemos decir que es un espacio de centroderecha que no estaba ocupado por nadie. O que estábamos atenuando nuestro perfil en función de darle a nuestra candidata que tenía un desafío mayor, que era conquistar a todo el partido, sí, puede ser. Atenuamos nuestro perfil y ahora que tenemos las columnas bien ordenadas, y Delgado tomó una decisión importante, como es la inclusión de Valeria Ripoll, y que eso genera la posibilidad de que nosotros vayamos más a nuestra esencia en esta fórmula que tiene el partido, sí, también lo podemos decir.
—¿Tener un discurso más duro y de derecha es una respuesta a esos blancos indignados por tener en la fórmula a una dirigente sindical, que viene del comunismo?
—Sí... hay que entender que pertenecemos a un sector político como el Herrerismo, que tiene 100 años en la historia del Partido Nacional. Hemos visto mucho y nos hemos adecuado a distintas circunstancias sin perder la esencia de lo que siempre fuimos. Nosotros no fuimos los que le exigimos a Valeria que vaya a Masoller o se sepa la Marcha de los Tres Árboles, ningún herrerista dijo eso. Porque en nuestro ADN tenemos esa impronta de que el partido se tiene que abrir para la llegada de gente. O sea que no es eso. ¿Nos sorprendió? Sí. ¿Queríamos que fuera Laura? Queríamos que fuera Laura. ¿Incluso con el 19%? Incluso con el 19%. Pero si Delgado gana con el 73%, tiene derecho a jugársela. Y es una decisión jugada. Pero si yo estoy votando a un candidato a presidente que lo voy a tener cinco años para que tome todos los días decisiones, ¿lo voy a cuestionar en la primera decisión que tiene que tomar? Esta decisión la vamos a ver el último domingo de octubre. ¿Sorprendidos? Sí. Pero no cuestionamos la decisión de Álvaro. Es arriesgada.
—¿Le sorprendieron los números de las primeras encuestas de intención de voto tras las internas?
—Sí, creo que en las eleciones pasadas también pasó lo mismo. No hubo tanta bajada, pero hubo una bajada y después una recuperación. Vamos a ver. La campaña todavía no empezó. Yo lo conozco a Álvaro, es un buen candidato —prefería a Laura—, pero es un hombre que sabe qué perillas tocar cuando empiece, no tiene que aprender nada. Ha sido un gran secretario de Presidencia.
—¿Por qué es una jugada arriesgada la de Delgado con Ripoll?
—Porque si le sale mal, lo van a culpar a él. Si le sale bien, es un genio.