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    La imagen y las mil palabras

    En el libro Estambul, ciudad y recuerdos, el escritor turco Orhan Pamuk construye un relato a partir de la experiencia que vivió en 1962, cuando tenía 10 años y su padre le regaló la primera cámara de fotos.

    “Hablábamos de los carretes, de las películas y del número de fotografías igual que un soldado del ejército pobre que dispusiera de un número determinado de balas: comprobando cada dos por tres la cantidad de disparos efectuados y preguntándonos si la foto que acabábamos de tomar era buena”, cuenta.

    El Premio Nobel de Literatura de 2006, Pamuk, reflexiona en ese libro lleno de extraordinarias imágenes de Estambul y relatos conmovedores sobre la vida y la experiencia de producir y luego recordarlas.

    Algo parecido pero en otro contexto, sin oficio literario pero sí historiográfico, el Centro de Fotografía de la Intendencia de Montevideo (CdF) acaba de publicar Fotografía en Uruguay. Historia y usos sociales. Tomo II. 1930-1990.

    Tanto el primero como el segundo tomo (que está a la venta a $ 650 en 18 de Julio 885) son producto de un colectivo de historiadores y fotógrafos coordinado por Magdalena Broquetas y Mauricio Bruno.

    El trabajo —dividido en ocho capítulos— está dedicado al período de mayor desarrollo de la fotografía, que es mirado desde diferentes ángulos. Al final, para poner el tema en perspectiva, además de un glosario que explica algunos términos exóticos para los no iniciados, contiene una detallada línea de tiempo con los principales acontecimientos vinculados con la fotografía tanto en Uruguay como en el resto del mundo.

    Por la positiva

    En el capítulo 1, Bruno se concentra en el papel que jugó la fotografía en la propaganda y la identidad nacional. El autor analiza la importancia de dos organismos en este sentido: la Comisión Nacional de Turismo y la Oficina de Propaganda e Informaciones Montevideo.

    La oficina municipal, igual que la Comisión de Fiestas, bregaba desde 1915 para que las fotografías mostraran, según el historiador, “la belleza, el orden y el progreso del país, así como la homogeneidad del pueblo uruguayo y su identificación con la democracia política y el Estado nación”.

    En pocas palabras: la Suiza de América al mango.

    La importancia que comenzó a tener la imagen se ve en que tanto el gobierno nacional como el departamental contrataron fotógrafos cuya obra era incluida con destaque en publicaciones oficiales y en los medios, en especial el diario El Día y la revista ilustrada Mundo Uruguayo.

    El historiador se detiene en analizar también el contenido de la revista Turismo en Uruguay, que pinta cómo se manejó la fotografía en las décadas de 1930 y 40 al servicio de un relato amable sobre la composición social y étnica del país y sus relaciones con “el mundo civilizado”.

    Uno de los reportajes publicados por la revista en 1936 lleva el título El camino de la perfección física, donde se muestra cómo los jóvenes (varones) disfrutan de campamentos y posan para las cámaras correctamente uniformados y sonrientes, “desenvolviéndose en íntimo contacto con la naturaleza”, cumpliendo “el ideal helénico de la perfección humana” y además mostrando los dientes bien lavados como una de las pruebas “de un hondo sentido de superación de la raza”.

    Diez años más tarde, la publicación presenta fotos de “jóvenes veraneantes de Punta del Este”, blancos que hicieron una “fiesta de los negros” mediante una teatralización de un cuadro de Pedro Figari. Esta mirada fue interpretada por el autor como un indicador de cómo era tratado entonces el tema afro.

    Verdaderos negros solo aparecían en la revista con motivo del Carnaval. Las mujeres, a su vez, eran vistas como un atractivo turístico más. Las tomas iban acompañadas de textos que destacaban “la maravilla de mujeres hermosas en las que la alegría de la vida al aire libre se transparenta en los bellos ojos y en la gallarda elasticidad de los cuerpos”.

    Claro que esa situación no podía ser eterna. En la década de 1960, con la llegada del sexo libre y las drogas en los países del Primer Mundo, apareció un modelo de mujer que usaba bikini y que según un artículo de El País “ya no se siente dulce y sumisa sino caprichosa y rebelde”.

    Un pilar importante para el desarrollo de la fotografía fue el Ateneo de Montevideo. Sin embargo, no todos estaban de acuerdo con que la fotografía también presentaba una posibilidad como expresión artística, tema del que se ocupa en el libro Alexandra Nóvoa.

    Uno de los debates más fuertes que se produjeron fue entre pictorialistas, que defendían la idea de una fotografía similar a la pintura, y los modernistas, que trabajaban con puntos de vista novedosos.

    Entre los primeros estaba el médico Augusto Turenne, quien sin embargo hizo interesantes aportes con la creación del Foto Club Uruguayo desde 1940.

    Primicias gráficas

    Los fotograbados comenzaron a publicarse en Uruguay en 1884 por el quincenario La Ilustración uruguaya, aunque ya dos décadas antes los medios usaban fotos como base de dibujos para acompañar las notas.

    Entre 1920 y 1950, sin embargo, las innovaciones tecnológicas se incrementaron y los equipos se hicieron portátiles. También mejoraron los flashes, que pasaron del polvo de magnesio (que a veces se comportaba como “un yesquero ingrato”) al electrónico.

    El vespertino El Diario (1923), Mundo Uruguayo (1919) y el suplemento dominical impreso en huecograbado de El Día (1932) fueron los que más se destacaron en el uso de imágenes como comunicación popular, donde no faltaron “sensacionales primicias” gráficas con abundantes noticias policiales.

    “El lente de nuestro fotógrafo pudo captar escenas de marcado patetismo” o frases parecidas eran un texto habitual que acompañaba ilustraciones de la crónica roja.

    En el otro extremo temático, la historiadora Isabel Wschebor se ocupó de los usos científicos de la fotografía, que igual que el cine fue un relevante medio auxiliar de la ciencia. Los trabajos sobre aves de Garibaldi J. Devincenzi, Karl Walther acerca de la geología de los alrededores de Montevideo y Rodolfo Tálice en fotos y cine científico enfocado en la docencia y la investigación, fueron algunos de los más destacados.

    “Si la memoria falla, Kodak recuerda”

    Uno de los capítulos más interesantes del libro es el de Clara von Sanden, dedicado al papel de la fotografía en la vida familiar del siglo XX. Los primeros estudios fotográficos solían ser negocios llevados adelante por emigrantes que trabajaban en familia. Entre los más conocidos estaban los hermanos Humberto y Enrique Frangella, José María Silva y su hijo Julio César y Luis Alberto Toja y sus hermanos.

    Estos artistas eran especialistas en colocar a los candidatos a ser retratados en una posición rígida, pero lo más natural posible, y tenían su clientela, que iba pasando de generación en generación.

    El 6 de enero de 1944, Mundo Uruguayo publicó una nota titulada ¿Se fotografía Ud. bien?, en la que el lector recibía una serie de informaciones útiles a la hora de vencer los nervios y posar ante el retratista.

    Entre las recomendaciones que daba la revista a sus lectores, además de trucos para vencer los miedos, era “no retratarse con sombrero, porque ninguna otra prenda fija tanto la fecha”, de modo que “sombreros que estuvieron muy en boga hace cinco años nos parecen ahora completamente ridículos”, algo que también suele ocurrir con “los peinados exageradamente elaborados”.

    Sin que desaparecieran los estudios, la fotografía comenzó una etapa más popular, alimentada también por la moda y la publicidad.

    Igual que el señor Pamuk en Turquía, en Uruguay “millares de padres han iniciado a sus hijos en el ameno e instructivo arte de la fotografía con esta hermosa cámara Kodak tan fácil de manejar, tan práctica y precisa”, proclamaba una publicidad de la exitosa multinacional de origen estadounidense. Otro de los argumentos era que se trataba de un pasatiempo sano que enfocado em los niños “disciplina su espíritu para los grandes desafíos de la ciencia”.

    En la década de 1930 la foto como herramienta de recuerdo pasó a ser un elemento fuerte de venta. El negocio creció. Dos décadas después, en Montevideo existía ya una verdadera industria que empleaba a unos 500 trabajadores distribuidos en unos 60 laboratorios. En 1954 se realizaron en Uruguay unos cuatro millones de copias en papel fotográfico. La imagen digital y los teléfonos celulares pertenecían a la ciencia ficción.

    Mediante la difusión de cámaras más sencillas, portátiles y baratas, la fotografía pasó de ser una especialidad realizada solo por técnicos a un objeto manejado por toda la familia.

    La contratación de fotógrafos profesionales, que solían trabajar en estudios y luego comenzaron a ir a las casas, se reservó en especial, como hasta hoy, para fiestas y eventos. Las cámaras más sencillas se vendieron por miles gracias a uno de los eslóganes publicitarios, que decía: “Si la memoria falla, Kodak recuerda”.

    La crisis

    El 1º de setiembre de 1966, el diario BP Color publicó una foto histórica en tapa. El día anterior se había inau­gurado el túnel que une Bulevar Artigas y 8 de Octubre.

    En esa época se destacaban los fotocromistas. Eran valorados y bien pagados especialistas en hacer de una foto en blanco y negro un negativo listo para una impresión en color usando el azul, rojo y amarillo que ofrecían las rotativas offset.

    Para ese entonces, en Uruguay y en la región había comenzado una crisis que terminó en 12 años de dictadura en los que la fotografía también fue empleada para beneficio de unos y otros.

    En el Parque Rodó puede verse hasta el 16 de diciembre una exposición que reúne fotos de los dos libros del CdF. Allí conviven a pocos metros dos imágenes que resumen dos puntos de vista enfrentados: una es una foto aérea realizada el 19 de junio de 1977, cuando la dictadura inauguró el Mausoleo de Artigas en la plaza Independencia. La otra es del fotorreportero Américo José Plá, conocida como Un río de libertad. Fue tapa del semanario democristiano Aquí luego del masivo acto del 27 de noviembre de 1983 en el Obelisco.

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