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Moorlands School se convirtió en una fábrica de juguetes con un propósito especial: confeccionar muñecos de trapo para regalar el Día del Niño. La iniciativa, abierta a toda persona que quisiera colaborar, reunió a adultos, niñas y niños en una experiencia colectiva que combinó creatividad, trabajo manual y compromiso social. A lo largo de la jornada, quienes participaron recorrieron distintas estaciones de trabajo para recortar, coser, pegar y pintar.
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El objetivo era claro: lograr la confección de 100 muñecos destinados a bebés de entre cero y dos años del Centro Educativo Los Tréboles, una organización que acompaña a niños, niñas y adolescentes del barrio Flor de Maroñas en situación de vulnerabilidad.
La actividad contó con el apoyo clave de Ana Melendrez, fundadora del taller Coselo Vos, quien diseñó el prototipo de los muñecos, aportó personal, materiales y máquinas de coser. Bajo su coordinación, un equipo de costureras trabajó, tanto a máquina como a mano, para lograr que cada creación tomara forma. También se sumó Cultus Uy, una organización que convocó a las artistas Martha Escondeur y Pilar Lacalle para intervenir los muñecos y darles un toque artístico y único.
Inspirada en la idea de la cadena de favores, esta propuesta buscó multiplicar gestos solidarios a través de la acción conjunta. Desde la organización, se planteó que la educación va más allá del aula: formar personas empáticas, conscientes y comprometidas también implica ofrecerles oportunidades concretas para actuar en el entorno. Por eso, esta jornada fue pensada como una enseñanza vivencial sobre cómo incluso el gesto más pequeño puede ser el punto de partida para generar algo más grande.