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El Coro Nacional de Niños del Sodre, las voces blancas de la Navidad

El Coro Nacional de Niños del Sodre, formado por 120 chicos de 6 a 15 años, participa en El Cascanueces y celebra la Navidad interpretando villancicos en diferentes presentaciones en la ciudad

Editora Jefa de Galería

Entre los sonidos de la Navidad, hay uno que puede pensarse como la banda sonora ideal: el Coro Nacional de Niños del Sodre. Sus voces se escuchan desde los palcos en las funciones de El Cascanueces, del Ballet Nacional del Sodre, y en eventos navideños en Punta Carretas Shopping o en Car One, donde se lucieron cantando villancicos.

Un coro de voces blancas. Así se llama a los coros de niños por su voz musical antes de la pubertad. La laringe infantil es más corta que la de una mujer, y aún más que la de un varón, por lo que la voz es muy aguda. La tesitura vocal de un niño —es decir, el rango de notas que puede cantar sin esfuerzo— es mucho menor que la de un adulto. Las voces infantiles se distinguen por no estar desarrolladas musicalmente, y no tener, por tanto, la riqueza tímbrica de la de un adulto. Aunque la extensión vocal de un coro de niños es bastante parecida a la de un coro femenino, su sonido es más puro, diferente, por carecer de vibrato. Esa ausencia de “color” es lo que hace que las llamen voces blancas.

Niños Coro Sodre

El Coro Nacional de Niños del Sodre, fundado el 5 de junio de 1931, está formado por 120 integrantes, que prestan sus voces para unas 50 presentaciones al año, aproximadamente, entre conciertos propios e invitaciones. Después de 20 años de inactividad, este cuerpo estable del Sodre fue relanzado en julio de 2016, y dos años más tarde se creó el Coro Nacional Juvenil, que hoy nuclea a 84 adolescentes. Son dos cuerpos diferentes, con vida artística separada, pero con determinados puntos de conexión: el mismo equipo gestiona y dirige los dos, y en algunas producciones comparten escenario (o palco, como en el caso de El Cascanueces).

Los niños que integran el coro tienen entre 6 y 15, aunque 15 es una edad que solo establece una zona, porque el límite está dado por el cambio de voz. Esto puede suceder a los 12 como a los 18; y una vez que ocurre y se estabiliza el proceso, el o la integrante puede pasar al Coro Juvenil. En este segundo coro, se puede ingresar hasta los 21 años, lo que no significa que los miembros que ya forman parte deban irse cuando cumplen esa edad; pueden quedarse indefinidamente.

Proyecto artístico, proyecto de familia

Ya han pasado varios años de esta nueva etapa y Víctor Mederos, su director, asegura que el resultado ha estado muy por encima de lo que se plantearon en un inicio. “Creo que se ha generado una especie de fenómeno, producto también del trabajo que hacemos en las bases, porque no solamente significa un proyecto artístico, sino que termina siendo un proyecto de familia y de formación integral. Aquí los muchachos ven trabajo solidario, empatía, disciplina, orden, que va sustentando el trabajo artístico”.

La familia es una gran cómplice en este proyecto, porque los traen puntualmente, los esperan a la salida y articulan horarios y actividades en el rompecabezas de la agenda diaria del hogar para cumplir con las obligaciones del coro.

Los grandes resultados que han tenido hasta ahora han animado al equipo a proyectar con ambición. Para la temporada 2025, están montando un musical basado en la película Metrópolis (de 1927, dirigida por Fritz Lang), con la dirección escénica de Adrián Caetano. Es una gran apuesta que incluye la creación desde cero de textos, música y puesta en escena. Pero la experiencia los avala; ya han montado la obra La Principesa, en 2022, y antes habían incursionado en la ópera con El Gigante Egoísta, en 2021.

Coro Infantil Sodre

De Vivaldi a Drexler

Más allá de las obras que se crean específicamente, y de la literatura compuesta para coros de niños, el repertorio depende de las posibilidades del propio cuerpo artístico. Por ejemplo, hay muchas obras que son para coro femenino que pueden adaptarse para voces infantiles o juveniles. Por el contrario, no se puede pensar en una obra que esté fuera del alcance de ese coro. “Aquí tenemos un solo instrumento, que es la voz, y desde nuestro equipo técnico tenemos que manejar muy bien ese aparato fonador en pos de no lastimar a los niños y de no someterlos a un esfuerzo que está fuera de las posibilidades. Hay que ser muy cuidadosos con eso y proponer cosas que sí les exijan correr un poquito los límites, pero de una manera amable y paulatina, para que no se lastimen en el proceso”, explica Mederos.

En cuanto a la variación de géneros musicales, la programación apunta a ser lo más ecléctica posible, con el objetivo de que los chicos logren ser solventes en un amplio abanico de posibilidades de repertorio, tanto popular como académico. Desde Palestrina y Vivaldi­, a obras más actuales, con compositores uruguayos, como Jorge Drexler o Ruben Rada. La idea desde la dirección es lograr darles todas las herramientas y las posibilidades de resolución en el mayor espectro posible.

Coro Infantil Sodre

Cómo ser parte del coro

Para ingresar al coro de niños y al juvenil, todos los años, sobre el mes de octubre, se abre un llamado en el que los postulantes (cada año son más de 300, de todas partes del país) se anotan vía online a través de un formulario. Cada postulante recibe un día y una hora para la audición presencial, que tiene una duración de unos siete u ocho minutos. Al finalizar esta instancia, se hace la evaluación y sobre mediados de diciembre se anuncian los ingresos, que comienzan con la temporada siguiente, en febrero. La cantidad de ingresos depende de las vacantes que se hayan generado naturalmente o por el pase de un coro a otro. Entre los dos coros, se abren aproximadamente unos 40 cupos al año. No es necesario tener conocimientos ni hacer una preparación previa.

Una vez dentro del coro, los chicos asumen la responsabilidad que significa pertenecer a estos coros. Los niños ensayan tres veces por semana, dos horas y media, mientras que los jóvenes lo hacen dos veces por semana, tres horas. Se incluyen también clases de técnica y de lectoescritura.

Coro infantil del Sodre ADR_1016.jpg

Si bien hay una temporada establecida como columna vertebral, a lo largo del año van surgiendo otras presentaciones, conciertos didácticos, viajes al interior, invitaciones, solicitudes, que se van sumando a la programación. En total pueden alcanzar unos 50 conciertos al año, aproximadamente. Es decir, en promedio, un concierto por semana entre febrero y diciembre. “Hacemos un trabajo minucioso para que no se transforme en una carga para ellos; hacemos todo lo posible por sostener sus estudios académicos, los ayudamos en eso, estamos muy pendientes de lo que pasa en su formación. Para eso, vamos rotando los grupos, cosa de no convocar a todos todas las veces”, afirma su director.

Además del aprendizaje técnico-musical, existe en el trabajo diario de este cuerpo un desarrollo de valores socioculturales. “Nada nos iguala más que la música. Estamos convencidos de eso. Hay gente que proviene de lugares muy diferentes, y aquí nos encontramos, aquí somos exactamente iguales ante el hecho artístico. Generar esa empatía por el aprendizaje del otro, la solidaridad en tratar de ayudar a mi compañero, equilibrarme con el otro, estar pendiente del otro. Este es un trabajo colectivo, no individual. Y si en algún momento se entiende que puede ser individual, que sí lo es en el aprendizaje y en el desarrollo personal, hacemos mucho hincapié en que esté volcado a lo colectivo”.

Los chicos no reciben remuneración por sus presentaciones puesto que se trata de una instancia formativa.

Preparados para el futuro

Una vez que los chicos dejan el coro, lo hacen con la base de una formación artística que les permita buscar nuevos horizontes. De allí saldrán futuros músicos, bailarines, actores, seguramente, que tendrán éxito incluso en el extranjero; pero también futuros médicos, abogados, comunicadores, arquitectos. En esos escenarios habrán aprendido el valor del trabajo, el esfuerzo en pos de lo que desean. “Abonamos un terreno donde puedan seguir creciendo, trabajando, formándose y desarrollándose, tanto en el ambiente artístico como en el que quieran”, dice Mederos.

El concierto que estoy viviendo es el mejor del mundo, y el que viene va a ser mejor aún. Esa es la máxima con la que el coro encuentra la automotivación que hace que la tarea sea siempre gratificante. Si bien el concierto es un mojón en el camino, no es lo más importante. En el proceso formativo, en la preparación es donde está el principal valor. “Lo que estoy mostrando ahí es lo mejor que pude llegar a preparar. Y el concierto que viene aún tendré más camino recorrido”, explica Mederos.

Al finalizar el concierto, todos juntos hacen un proceso de duelo. Se reúnen, se toman unos minutos para reflexionar, se felicitan porque entienden que entregaron lo mejor, sin guardarse nada, a la vez que fueron vulnerables ante el público que los fue a ver, y se van a casa con la satisfacción de la tarea bien realizada. Al siguiente ensayo, cada uno manifiesta su reflexión del proceso y de la presentación. Eso significa un cierre de ese concierto y el inicio del siguiente. Una buena estrategia para aplicar en todos los órdenes de la vida.

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