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Kumbiaracha llega al Teatro de Verano: “Aportamos un sonido nuevo en la música tropical uruguaya”
Las músicas Stephanie Martínez y Fernanda Bértola cuentan la historia de esta orquesta integrada por 14 mujeres, que dará su mayor concierto el viernes 21 de noviembre, y que, junto con Cumbia Club, lidera un nuevo movimiento de música tropical que ha atraído nuevos públicos al género
Tu vestido, Plena buena, Yo no sé mañana, Agua dorada y Gilda enganchados. En esta pentalogía, junto con La rebelión de la bailanta, se puede encontrar la explicación de uno de los fenómenos más llamativos de la escena local en los últimos años: Kumbiaracha, que tras varios años de desarrollo y crecimiento continuo, este viernes 21 a las 21 horas se presenta en el Teatro de Verano, el gran escenario consagratorio de la música uruguaya.
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Fundada en 2020, esta orquesta integrada por mujeres y disidencias se ha propuesto redefinir la música bailable de estilo tropical en Uruguay. Kumbiaracha en concierto será el mayor espectáculo de su historia, por las dimensiones del venue y por el despliegue de producción que el grupo está preparando.
Varias de las integrantes del grupo fueron fuertemente influenciadas por grupos predecesores, como La Imbailable Cumbia Orquesta y Proyecto Mestizo, caracterizados por un perfil musical que apuntó a la excelencia instrumental y a la conexión con la música de raíz del Caribe, la esencia de los folclores colombianos y caribeños.
Sesiones K de Kumbiaracha
Difusión Kumbiaracha
En los últimos años el grupo recorrió escenarios de todo tipo, actuó en lugares importantes, como Sala del Museo, y también en diversos espacios de la ciudad, especialmente en el Municipio G, en el noroeste montevideano. El camino de expansión siguió por el interior, Buenos Aires y el sur de Brasil.
Así como Cumbia Club —que fusiona la música tropical con una fuerte impronta pop— protagoniza otro fenómeno de popularidad con sus fiestas temáticas llamadas El Club de la Cumbia, y en paralelo a otras irrupciones femeninas exitosas, como la de Luana, Kumbiaracha capitalizó su ascendente arraigo popular al crear las Fiestas K, en las que la banda lleva adelante el show, junto con varios DJ. Estas fiestas tienen una cualidad que las vuelve muy especiales: la producción cuida que no haya casos de acoso o de violencia en el clásico abordaje, natural en cualquier baile.
La propuesta para este concierto será emular el espíritu de las Fiestas K, pero la convocatoria se extenderá a todas las franjas de público para que sea un concierto familiar. “Queremos que vengan desde las abuelas a los nietos”, dijeron a Galería la tecladista y arregladora del grupo Stephanie Martínez y la percusionista Fernanda Bértola. Entre las invitadas, estarán Luana Persíncula y Ana Prada, y el show será registrado para publicarlo como audiovisual en vivo el año próximo.
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La cubana Gleis Estrada, trompetista de Kumbiaracha, en las Sesiones K.
Difusión Kumbiaracha
La puesta en escena, guionada enteramente, tendrá un fuerte despliegue de vestuario y visuales. Sobre su historia, su manera de entender la música tropical y la dinámica del baile, sobre la autogestión que practican desde su fundación y sobre los cuidados del grupo hacia su público, Martínez y Bértola conversaron con Galería.
Cumbia de mujeres
“La idea original de Kumbiaracha nació en lo más profundo de la pandemia. Era un momento perfecto para gestar, para preparar algo para cuando el mundo volviera a andar”, contó Martínez. “Al comienzo éramos cuatro o cinco, el grupo se fue ampliando y con los años llegamos a 14 músicas y una productora”. Bértola explicó el objetivo fundamental que las movilizó: “La idea inicial fue hacer una música bailable, sobre todo cumbia y plena, pero que fuera de mujeres. Siempre predominó la banda de cumbia de varones, y la única figura de la mujer era la de corista. Lo que hicimos es algo que también se ha dado en otros géneros, por ejemplo, con la murga Cero Bola, la comparsa de candombe La Melaza y la banda de rock Niña Lobo”.
Kumbiaracha
Mauricio Rodríguez
En los últimos años previos a la pandemia se habían creado varios colectivos con el objetivo de reducir la desigualdad de género en la música, como por ejemplo, Mujeres y Disidencias en la Música Uruguaya (Mydmus). Una de las reivindicaciones de este movimiento de activismo artístico fue aumentar la presencia de artistas mujeres (solistas y grupos) en los grandes festivales, especialmente en los que fueran organizados por el Estado o contaran con apoyo de instituciones públicas.
Todo nuestro repertorio sigue el criterio de visibilizar compositoras latinoamericanas. Todo nuestro repertorio sigue el criterio de visibilizar compositoras latinoamericanas.
La invitación se fue extendiendo entre conocidas y, aún sin su nombre tan característico, comenzaron a ensayar en Trinchera, un centro cultural que gestionaba Johanna Duarte. “Ensayábamos en un cuarto muy chiquito, con muy pocos recursos. Lo primero que hicimos fueron algunos temas de Gilda, que fuimos enganchando. Ahí pensamos que podíamos seguir con otras compositoras y así fue apareciendo un primer concepto de versionar canciones compuestas por mujeres. Todo nuestro repertorio sigue el criterio de visibilizar compositoras latinoamericanas. Obvio que también apareció la idea de versionar canciones muy conocidas, pero siempre manteniendo un equilibrio entre lo femenino y lo más popular. También a veces una canción está por el mensaje que trae y que nosotras queremos dar”.
Embed - Kumbiaracha - Gilda [Enganchados]
Bailar por bailar
¿Por qué eligieron la música tropical? Martínez responde la pregunta con elocuencia: “Elegimos este género obviamente por su carácter bailable. En nuestras fiestas queremos reforzar el concepto de bailar por bailar. Sentimos que en el ámbito tropical ir a bailar siempre ha tenido un subtexto de cortejo, la sexualización del vínculo es permanente. Y nosotras quisimos reivindicar que ir a bailar no siempre es ir a buscar algo, es ir a bailar. Por eso está esa canción llamada La rebelión en la bailanta. Eso es lo que tratamos de generar en nuestras fiestas. Ir a compartir, a gozarse, cuidar las letras, no contradecirnos entre lo que reivindicamos y lo que cantamos. También nos propusimos ocupar la escena bailable, que es mayormente masculina, como un grupo de mujeres y que no todo esté centralizado en la persona que está cantando”.
En nuestras fiestas queremos reforzar el concepto de bailar por bailar. Sentimos que en el ámbito tropical ir a bailar siempre ha tenido un subtexto de cortejo, la sexualización del vínculo es permanente. Y nosotras quisimos reivindicar que ir a bailar no siempre es ir a buscar algo, es ir a bailar. En nuestras fiestas queremos reforzar el concepto de bailar por bailar. Sentimos que en el ámbito tropical ir a bailar siempre ha tenido un subtexto de cortejo, la sexualización del vínculo es permanente. Y nosotras quisimos reivindicar que ir a bailar no siempre es ir a buscar algo, es ir a bailar.
La autogestión es otra de las cualidades que distinguen a Kumbiaracha. Así lo explica Bértola: “Una característica fuerte del grupo es que somos una cooperativa en la que nos encargamos de todo, con un criterio de autogestión. Al ser tantas, hicimos una distribución de tareas y todo lo resolvemos en asambleas. Ahora hace semanas que trabajamos para este gran desafío que es el Teatro de Verano. Es un montón de trabajo, pero al ser una organización de 15 personas es más llevadero”.
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Marita Escobar, una de las cantantes de Kumbiaracha, en las Sesiones K.
Difusión Kumbiaracha
La nueva cumbia y el furor de la plena
La plena uruguaya, esa variante tan particular de la música tropical, bastante diferente a la plena original de Puerto Rico, viene creciendo desde su epicentro en Montevideo hacia el interior. Según Martínez, “hay muchas maneras de tocar plena en Uruguay. Yo soy del interior (Paysandú), tengo 30 años y desde los 15 más o menos que salgo a bailar. La plena no está tan difundida en el interior. Es más montevideana, creo que recién ahora está rompiendo horizontes. Y también se ha renovado en Montevideo, se ha actualizado la sonoridad de la plena uruguaya”.
Junto con Cumbia Club, Kumbiaracha lidera un nuevo movimiento de música tropical que ha atraído nuevos públicos al género. Martínez hace un repaso de los últimos tiempos: “Hace unos cuantos años estaba La Imbailable (proyecto liderado por Diego Azar), que fue muy influyente. Fue lo primero que vi cuando llegué a Montevideo y me voló la cabeza. Verlos tocar con esas orquestaciones era maravilloso”. Bértola menciona entre las influencias a Proyecto Mestizo, liderado por la percusionista Ana Claudia Chacha de León, una gran referente instrumental en este movimiento. “Ella es cultora de una cumbia más cruda, más de raíz colombiana, no tan orquestada”.
Martínez continúa el análisis de la escena: “Cumbia Club hace una cumbia más popera. Nosotros creemos que somos una buena mezcla de la crudeza de la raíz y el encare más pop. Creo que aportamos un sonido nuevo en la música tropical uruguaya porque por un lado está el bajo y la guitarra eléctrica y la sección de vientos, y a su vez una muy buena base de percusión, que ha ido creciendo”.
Las músicas reivindican que un show de Kumbiaracha no es solo una fiesta para bailar, sino también un concierto “para escuchar y ver con atención”. Bértola menciona que la banda dedica un tiempo considerable a investigar en la mezcla de ritmos y géneros. “Además de la cumbia y la plena, entra en juego la conga (género de origen cubano). No tenemos miedo a probar, a experimentar. Porque una opción podría ser lo más conservador. Hagámolso más cuadradito, que sabemos que va a pegar. En los vientos también nos hemos animado a hacer arreglos más complejos o incluir sutilezas. Capaz que mucha gente no lo percibe, pero seguro que hay un público más sensible a esos detalles que lo va a valorar. Eso es superdivertido y termina enriqueciendo mucho la sonoridad de Kumbiaracha”.
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Jhoanna Duarte, una de las cantantes de Kumbiaracha, en las Sesiones K.
Difusión Kumbiaracha
Actualizar las letras
Antes de decidir incorporar un tema a su repertorio, las kumbiarachas dedican un tiempo considerable a analizar las letras desde una perspectiva de género. Y llegado el caso, si la música gusta mucho, no tienen problema en cambiar parte de la letra, si así lo acuerdan. “Nos interesa ser conscientes de qué cosas estamos diciendo en las canciones. Siempre está ese cuidado al elegir las canciones. Por eso intercambiamos y discutimos mucho sobre los textos. Incluso en algunas versiones cambiamos la letra a propósito. Lamentablemente, en el mundo de la cumbia y la música tropical las letras están muy complicadas desde el punto de vista de género. Son muy pocas canciones las que se salvan. Siempre están sobre la mesa las dos opciones. No hacerla o cambiarla. Hay veces que necesitás esa canción por su música y no tenemos problema en cambiarle la letra”. Un ejemplo: en la versión de Bailadora, de Monterrojo, la parte que dice “sudadita la espaldita” voló.
Bértola y Martínez tampoco tienen problema en admitir que se trata de una censura a la letra original. Una censura bien entendida, según Martínez: “Sí, es una censura adrede. A veces necesitamos mechar composiciones propias y temas que la gente conoce para que identifique cosas y pueda cantar. Pero en este mundo las letras son tan nefastas y machistas que en ocasiones las tenemos que cambiar sí o sí”.
Kumbiaracha en un concierto en el festival Morrostock, en Brasil.
Difusión Kumbiaracha
¿Han decidido no hacer determinada canción por su letra? Sí, lo han hecho. “Hemos dicho: esta no”, respondió Martínez. “De hecho, hay canciones que hemos sacado de nuestro repertorio después de haberla tocado un tiempo. Una puede morirse por tocar El bombón asesino, que musicalmente está buenísima. Decís: ‘Ay, me muero por tocar esto’. Pero no. Tenemos que hacer esos cortes porque si no, nos estamos contradiciendo”.
Bértola agregó que este problema es también un estímulo para crear: “Por otro lado aparecen composiciones de compañeras que son tremendas. Esta dificultad existente con la música tropical nos ha motivado a componer temas nuevos que hablen de cómo vemos el mundo, como La plena buena, por ejemplo, y también a buscar nuevas canciones, como Agua dorada (de las argentinas Triángula, también versionada por Coralinas)”.
Fiestas K, bailes cuidados
¿Cuál es el lugar natural de Kumbiaracha? Esta pregunta comenzó a inquietar a las 15 integrantes del grupo. La respuesta definitiva fue: hagamos nuestra propia fiesta. Así nacieron las Fiestas K. “La primera fiesta que hicimos fue medio clandestina, en un lugar llamado La Trinchera. Primero hicimos una compartida con otro grupo y la primera oficial, exclusivamente nuestra, fue en la Sala del Museo. Ahí empezamos a generar la cultura K y poco después se empezaron a llamar Fiestas K”.
Embed - Kumbiaracha ft. Luana - Inocente (En Vivo)
Las Fiestas K son enteramente producidas por las integrantes del grupo, que se encargan de todos los rubros de producción. Hasta ahora se realizaron cinco ediciones, cada una de ellas con un concepto central. La última, un año atrás fue “La bailanta”, una temática con la que las kumbiarachas rindieron homenaje a Gilda. Todas cuentan con DJ que amenizan la previa e invitados sorpresa.
Para concentrar la convocatoria en el Teatro de Verano, este año no se hicieron. “Será una gran Fiesta K para cinco mil personas”, prometen.
El gran diferencial de las Fiestas K es un especial cuidado de la convivencia en el baile. Le llaman el Punto K. “Hay una impronta muy importante para nosotras y es el símbolo de nuestras fiestas. En la pista de baile hay muchachas, colaboradoras de Kumbiaracha, que cuidan a la gente. Pensamos el Punto K para evitar situaciones de acoso. Creemos que el baile debe ser un espacio solo para el goce”.
El desafío de distinguir una situación de acoso del cortejo bien entendido o incluso el posible inicio de un romance (efímero o no tanto, da igual) dispara la pregunta obvia: ¿cómo funciona esa instancia de cuidado tan particular? “La intervención de las muchachas de Punto K comienza cuando se advierte que alguien no quiere ser abordado por otra persona. No se trata de andar vigilando a las parejas que bailan, no ponemos inspectoras de baile, como en la época de nuestras abuelas (risas), sino de estar atentas a si alguien pide ayuda porque se está sintiendo acosada por otra persona. Intentamos detectar situaciones complicadas o alevosas y solo ayudamos a quien lo está necesitando en forma evidente. También podemos colaborar para que haya nuevas formas de abordaje, de cortejo o de conquista que no sean avasallantes”.
El alcohol es otro factor importante en esta vocación por el cuidado de Kumbiaracha en sus fiestas. “Hay que tener en cuenta que en la noche se consume alcohol y pueden suceder estas cosas, y por eso tenemos nuestros protocolos. El cuidado no es solo por el acoso, sino también por el alcohol. Si alguien se pasa de copas, también le podemos dar una mano, llamar a algún familiar o amistad que lo venga a buscar, por ejemplo. Es estar atentos y ayudarnos entre todos”.
Desde las abuelas a los nietos
El concierto del viernes 21 de noviembre va a comenzar a las nueve de la noche y será en el renovado anfiteatro cuya capacidad llega ahora a 5.200 personas, lo cual implica para las kumbiarachas una dinámica muy diferente a la de las fiestas y un gran desafío de producción, de puesta en escena y de convocatoria. “Es un concierto que está pensado para todo público, niñas y niños incluidos. Queremos que sea una fiesta para toda la familia, desde las abuelas a los nietos, que la gente traiga a los hermanos, a los tíos y a los primos. En todas las Fiestas K queda gente afuera, así que nos aseguramos de que esta vez entren todos (risas). Sabemos que es difícil llenar un Teatro de Verano ahora que es más grande, pero acá estamos, dándolo todo”.
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Julieta Taramasso, bajista de Kumbiaracha, en las Sesiones K.
Dufusión Kumbiaracha
La autogestión es para Kumbiaracha una fuente constante de aprendizaje. La puesta en escena de un espectáculo de aproximadamente una hora y media en un gran escenario como el Teatro de Verano implicó trabajar con varios meses de antelación en todos los rubros: vestuario, maquillaje, pantallas, visuales, coordinación técnica, prensa, redes. “Este show en el Teatro de Verano es un hilo que estamos hilvanando de principio a fin desde hace meses. Está todo entrelazado, hasta los cortes entre tema y tema están guionados. No hay detalle sin pulir”, prometió Martínez. Bértola completó: “Lo maravilloso de este trabajo en equipo es que en todo este grupo de 15 compañeras más las colaboradoras externas cada una cumple una función única”.
Martínez adelantó que habrá pasajes del concierto para ver y escuchar en calma: “Tratamos de flexibilizar la propuesta y no solo hacer música para bailar, sino también música para escuchar y percibir en calma. Queremos potenciar las habilidades y virtudes individuales de cada integrante del grupo. Tenemos ganas de mostrar esas cosas nuevas y sorprender a nuestro público con otros géneros que no sean solo la cumbia y la plena”.
El interior y la región
En los últimos años los horizontes de Kumbiaracha se expandieron considerablemente. Primero en un gran circuito de salas y espacios barriales montevideanos, luego a varias ciudades del interior y más tarde a Argentina y Brasil. “En los últimos dos años trabajamos mucho en el Municipio G, en el noroeste montevideano. La gente ha confiado en el proyecto y hemos cosechado un vínculo muy fuerte con el público en esa zona, especialmente entre las comunidades educativas, los niños, padres y maestras. Empezamos a conquistar otros públicos. Este año fuimos al Festival del Olimar, que estuvo buenísimo, se bailó todo la gente de Treinta y Tres, y de ahí seguimos viaje a Santa María, una ciudad bastante grande del sur de Brasil. El público brasileño no entendía del todo las letras, pero se enganchó muy fuerte y bailaron todo el concierto. Al final cantamos una en portugués, Corazón que danza, y terminaron todos coreándola. Fue increíble”.
Las 15 kumbiarachas
En Kumbiaracha el canto está a cargo de Mariana Escobar, Jhoanna Duarte, Maira Sepúlveda y Florencia Núñez (no es la cantautora rochense); en el bajo está la talentosa Julieta Taramasso y en la guitarra Julia Melo; la numerosa cuerda de percusión se completa con Lali Ganz y Agustina Martínez; y la sección de bronces está compuesta por Sofía Mattson (trombón), Maja Cabrera (saxofón), Gleis Estrada y Belén Algorta (trompetas). La ficha técnica también incluye a Joa Alonzo, a cargo de la producción general.