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La familia que recorrió la histórica ruta de la Aéropostale en un pequeño auto hizo escala en Uruguay

“Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad”, escribió Antoine de Saint-Exupéry, el aviador y escritor francés conocido principalmente por su obra El Principito. Inspirada por esta frase, una familia de Bourges, una pequeña ciudad en el corazón de Francia, decidió emprender un viaje extraordinario para rendirle homenaje.

La familia Maloux en Montevideo.jpg
Côme, Philibert, Thierry y Marie Maloux en posando junto a su Citroën 2CV6 en la rambla de Punta Carretas

Côme, Philibert, Thierry y Marie Maloux en posando junto a su Citroën 2CV6 en la rambla de Punta Carretas

Thierry y Marie Maloux son un matrimonio francés que se atrevió a la aventura de recorrer 20.000 kilómetros en un icónico Citroën 2CV6. El camino sigue la antigua ruta aérea de la legendaria Aéropostale, la empresa pionera en el transporte de correo entre 1928 y 1933. Este trayecto, que unía Europa con países de América Latina, fue vital para conectar regiones remotas y facilitar la comunicación. Pilotos legendarios como Antoine de Saint-Exupéry y Jean Mermoz volaron para la aerolínea. Sus experiencias inspiraron muchas de sus obras y sus figuras son objeto de admiración de la familia Maloux, que este año decidió replicar la travesía por tierra.

El origen

La historia comenzó en 2008, cuando Thierry y Marie compraron su Citroën en Dakar (Senegal). En aquel entonces, vivían en Bel-Air, un barrio con historia: allí estaba el hangar de Aéropostale y la bodega desde donde Jean Mermoz despegó para su último vuelo.

El matrimonio, ya fascinado con las hazañas de él y Saint-Exupéry, debía regresar a Francia junto con sus hijos en un plazo de dos meses. Aquel trayecto también formaba parte de las rutas de la empresa. Pero el verdadero sueño de recorrer la segunda mitad del viaje y la más extensa, desde Europa hasta América Latina, seguía latente en cada mapa que desplegaban y cada comida que compartían.

Años después, con el matrimonio jubilado y sus hijos ya adultos, el momento de hacer el sueño realidad llegó. Fue así como a principios de este año decidieron hacer una pausa en sus rutinas para embarcarse en cuatro meses de aventura. “Es ahora o nunca”, dijo Côme, uno de los dos hijos del matrimonio, que, junto con uno de sus hermanos, Philibert, acompañó a sus padres en su paso por Montevideo. El resto de los hijos, Alexis, Raphaelle y Laurien, se unieron al recorrido en los próximos destinos. La razón es simple: los siete no entran en el auto, por lo que se van reencontrando en diferentes ciudades para hacer cambio de choferes. Además, en cada capital que visitan entregan cartas de la Mairie de Toulouse a las intendencias de esas ciudades, como se hacía antes. Estas cartas buscan fortalecer lazos entre las ciudades que compartieron una historia con la aerolínea, promoviendo el intercambio cultural y artístico en torno a su legado. Pero también tienen una intención más allá de la memoria histórica: generar oportunidades de cooperación y fomentar el intercambio estudiantil entre Francia y Latinoamérica.

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El desafío Choupette

Uno de los grandes desafíos de este viaje ha sido el auto o, mejor dicho, el Choupette, como lo bautizaron. Este se ha convertido en un integrante más de la familia, cuyo diseño con rayas y estampas en honor a Saint-Exupéry y Mermoz no solo son líneas, sino “parte de su maquillaje”, bromeaba Côme mientras disfrutaba de la brisa en la rambla de Montevideo durante la sesión de fotos en el faro de Punta Carretas.

A pesar de ser un automóvil antiguo, el pequeño Citroën es sencillo de reparar. Hasta ahora la familia no ha tenido problemas graves, aunque son cuidadosos al hacer los cambios. “Es una mezcla de precaución y un poco de suerte”, comentaba entre risas Marie. Antes de partir, aprendieron lo básico sobre su mantenimiento, pero cuando necesitan ayuda los mecánicos locales saben exactamente qué hacer debido a que el motor es muy básico para estos expertos.

A una velocidad máxima de 80 kilómetros por hora, cada 60 minutos deben detenerse 15 para enfriar el motor. Pero lo que podría ser un contratiempo se ha convertido en una oportunidad para conocer gente, intercambiar historias y sumar recuerdos. Las limitaciones del auto relucen aún más al momento de enfrentar terrenos irregulares, como pasos de montaña y lomadas pronunciadas, desafíos para los que Choupette no fue diseñado. En más de una ocasión, el auto se detuvo en la mitad de una pendiente y puso a prueba la paciencia y el ingenio de la familia.

Esto ocurrió en Brasil, donde el auto quedó varado en una subida. Sin dudarlo, los locales acudieron en su ayuda y lo empujaron. Fue entonces cuando descubrieron no solo la amabilidad y la calidez de la gente del país, sino también el vínculo especial y el arraigo que muchos tienen con El Principito. Al ver a Choupette decorado con referencias a Saint-Exupéry, los curiosos se acercaban y se sacaban fotos. Para la familia, estos imprevistos y sus paradas de 15 minutos para enfriar el motor transformaron el “tiempo perdido” en experiencias espontáneas de conexión y recuerdos.

El vínculo con habitantes de distintos países ha sido, sin duda, una de las mayores recompensas de su viaje. A través de ellas, la familia ha aprendido no solo sobre la historia de las ciudades que visitan, sino también sobre quienes los reciben con los brazos abiertos. Desde el primer momento en Latinoamérica sintieron la calidez y la cercanía del continente. “Aquí la gente realmente se interesa por nosotros, y eso nos sorprendió para bien”, comentan. Han descubierto que la empatía es un rasgo común en la región: las personas no solo están dispuestas a ayudar, sino que lo hacen de manera natural, con un sentido de comunidad que contrasta con la actitud más distante que han experimentado en Europa.

El principito diseño.jpg

¿Qué sigue?

Hasta llegar a Uruguay, la familia ha recorrido unos 10.000 kilómetros, pero aún les quedan otros 10.000 por delante, los cuales serán por rutas de Argentina y Chile. Este tramo será uno de los más desafiantes, ya que deberán cruzar la cordillera de los Andes. Su última parada será en Santiago de Chile y luego volverán a Uruguay para dejar a Choupette, ya que es el único lugar donde encontraron espacio para guardarlo. Luego, cada uno regresará a su hogar, aunque no descartan la posibilidad de volver el próximo año para explorar el norte del continente. En realidad, esto dependerá de Choupette: “La escuchamos mucho. Si creemos que no puede, será mejor esperar”, afirman.

Antes de partir hacia Argentina, expresaron su profunda gratitud por el apoyo recibido en el camino. “Mucha gente nos ha ayudado a realizar este gran viaje, y pensamos en cómo devolverlo en el futuro”, comentó Marie. Para financiar parte del viaje, la familia presentó un dossier de prensa a empresas relacionadas con Aéropostale y Citroën. Gracias a esto, lograron obtener apoyo exclusivo para el mantenimiento del auto (traslados, repuestos, reparaciones), que representa un gasto significativo. Sin embargo, el resto del viaje lo cubrieron ellos mismos, como cualquier viajero. Aproximadamente, un tercio del presupuesto provino de patrocinadores, y los otros dos tercios de sus propios ahorros.

Además, establecieron contacto con varias escuelas en Francia interesadas en cómo la familia recopila recursos durante el viaje para utilizarlos como material educativo. A través de fotografías, entrevistas y experiencias, buscan aportar herramientas que ayuden a los estudiantes a desarrollar sus habilidades de escritura y narración.

Antes de subirse al auto y continuar su travesía, Marie se tomó un momento para reflexionar sobre los desafíos que enfrentaron hasta ahora. Una vez más, la frase de Antoine de Saint-Exupéry, grabada en la pintura de Choupette y en su propia memoria, cobró sentido. Así como el motor impulsa el auto, esas palabras han sido el motor emocional que los ha guiado como familia en los momentos complejos, recordándoles la importancia de soñar, aspirar y trabajar activamente para transformar esos sueños en realidad.

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