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Ranas, sapos y arañas: ¿qué significa encontrar estos animales en la casa de verano?

Biólogos uruguayos publican una colección de guías pensadas para identificar a estos animales, conocerlos mejor y desmitificar sus peligros

Redactora de Galería

Cuando se piensa en verano y animales, uno se imagina el juego de los delfines en la playa Los Botes de La Paloma, o el circo que montan los lobos y leones marinos en los puertos. Pero la naturaleza no se manifiesta solo cuando se la sale a avistar.

También existe, vibrante, en el fondo, en el galpón, hasta en la ducha de la casa de balneario y en otros rincones en los que nadie saca fotos.

Las formas de vida del verano también son animales nocturnos y silenciosos, como comadrejas o zorrillos, en el más afortunado de los casos, guazuvirás, y en el más desafortunado, esos más discretos, patudos o viscosos, con mucha menos prensa. La postal sonora costera contempla el canto de ranas y sapos, sobre todo después de la lluvia, y la ola de moscas y mosquitos. Y no hay mejor remedio para esa molestia que arañas y anfibios.

Lejos de ser intrusos, actúan como controladores naturales de estos insectos, por lo que convivir con ellos no tiene por qué ser una pesadilla. Matarlas por miedo o por asco es innecesario —solamente dos especies de arañas pueden ser potencialmente peligrosas para los seres humanos— y hasta contraproducente. De hecho, su presencia indica el equilibrio en el ambiente.

Uruguay tiene una amplia pero poco conocida tradición científica en esta área. Es el país con mayor cantidad de aracnólogos per cápita del mundo, por ejemplo, con aproximadamente una de cada 70.000 personas con experiencia en este tema, según el cifrario avalado por varias instituciones científicas, como la Facultad de Ciencias, el Instituto Clemente Estable y el Centro de Investigación en Ciencias Ambientales. Gracias a ese trabajo sostenido, se han descrito más de una docena de géneros y más de cien especies de arácnidos, entre ellas, nada menos que la especie número 50.000 de araña registrada en el mundo.

A todo ese trabajo de campo y de laboratorio, se le suma una fuerte vocación por la divulgación: la colección de guías de fauna, flora y funga Tresefes publicada por BIO+ Ediciones busca acercar este universo al público general. Dos de estas guías son Anfibios, escrita por el doctor en Ciencias Biológicas Raúl Maneyro y el herpetólogo Santiago Carreira, y Arácnidos, realizada de forma colectiva por varios biólogos, con un destacado trabajo fotográfico. Si bien existen antecedentes, hoy constituye la mayor obra ilustrada sobre arácnidos en Uruguay.

Ambas publicaciones están organizadas en fichas técnicas. Además, el libro de arácnidos incluye artículos sobre arañas y algunos textos de ficción. Estas guías funcionan como herramientas clave para el conocimiento y reconocimiento de especies, el relevamiento del patrimonio natural, la generación de conciencia, la pérdida del miedo, y aportan información actualizada sobre conservación.

TAPAS ARAÑAS ANFIBIOS ANIMALES
La colección de guías de fauna, flora y funga Tresefes publicada por BIO+ Ediciones busca acercar el universo de estos animales al público general.

La colección de guías de fauna, flora y funga Tresefes publicada por BIO+ Ediciones busca acercar el universo de estos animales al público general.

Entender quiénes son estos vecinos estacionales, por qué aparecen y cómo convivir con ellos sin dañarlos es parte del aprendizaje de cohabitar la naturaleza. No están fuera de lugar, sino exactamente donde deberían estar.

Arañas al acecho: miedo cultural, función real

Aunque nos olvidemos cuando aparecen en la ducha o en la esquina de la cama, Uruguay es un país con una diversidad de arácnidos bien importante y mucho más rica de la que se puede imaginar. En total, se registran alrededor de 450 especies, entre arañas, opiliones, escorpiones (con dos especies endémicas, es decir, que no existen en ningún otro lugar del mundo) y solífugos.

Y ese número sigue creciendo. Investigadores uruguayos, chilenos y brasileños participaron recientemente en la descripción de Guriurius minuano, la especie número 50.000 de araña registrada en el mundo, un hito que vuelve a poner el foco en la región como un territorio clave para el estudio de estos animales.

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Grammostola andreleetzi, un tipo de araña pollito.

Grammostola andreleetzi, un tipo de araña pollito.

La más grande del país es la Grammostola iheringi, un tipo de araña pollito o tarántula (las arañas de la ruta), que puede alcanzar hasta 7,5 centímetros y habita principalmente en el norte del territorio. Con ella conviven arañas lobo, errantes, constructoras de telas, albañiles y especies que viven en el suelo, en el agua e incluso en el aire, como las diminutas que viajan sostenidas por hilos en el fenómeno conocido como baba del diablo.

Estos arácnidos cumplen funciones ecológicas fundamentales. Son depredadores naturales de insectos e indicadores biológicos, muy sensibles a los cambios ambientales, que resultan clave para evaluar, por ejemplo, el estado de conservación de ecosistemas, como las dunas costeras.

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Pholcus phalangioides.

Pholcus phalangioides.

Desde el punto de vista evolutivo, sus ancestros fueron de los primeros colonizadores de los ambientes terrestres, por lo que su estudio permite reconstruir cómo, dónde y por qué se distribuyeron las distintas formas de vida en el planeta.

Existen algunas especies de interés médico, como la viuda negra, la llamada araña del banano y la araña violinista, pero los casos graves son excepcionales. Según datos del Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT), en muchos episodios el problema principal es que la persona no llega a ver al animal que la mordió, lo que dificulta el diagnóstico inicial. Aun así, los cuadros severos son poco frecuentes.

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Euscorpius flavicaudis es una especie de escorpión que habita exclusivamente la zona metropolitana.

Euscorpius flavicaudis es una especie de escorpión que habita exclusivamente la zona metropolitana.

Todas las arañas poseen glándulas de veneno, que utilizan para inmovilizar a sus presas, pero eso no las vuelve automáticamente peligrosas para las personas. En Uruguay se registran alrededor de 20 accidentes con arácnidos por año, y en el 95% de los casos no se requiere atención médica. La percepción de peligro, señala la guía, está muy sobredimensionada en relación con el riesgo real. El miedo suele ganarle a la estadística.

Otro mito común es que las arañas lo “ven” todo con sus ocho ojos. En realidad, su sentido más desarrollado no es la vista, sino el químico y el táctil. Perciben olores, vibraciones y señales a través de receptores en las patas, capaces de detectar la presencia de presas o depredadores, incluso de especímenes del sexo opuesto, sin contacto visual. También responden a estímulos sonoros y movimientos mínimos del entorno. Más que acechar, lo que hacen es leer el ambiente del que los humanos también formamos parte.

Anfibios: los eternos sobrevivientes

Sapos, ranas, salamandras y cecilias. Los anfibios no solo forman parte del paisaje sonoro de las noches de verano, son, además, auténticos sobrevivientes de la historia del planeta. Se originaron hace unos 400 millones de años, en el período Devónico de la era Paleozoica, y lograron atravesar incluso la extinción masiva que acabó con los dinosaurios. Sin embargo, hoy enfrentan uno de los momentos más críticos de su existencia.

A escala mundial, más del 40% de las especies de anfibios están amenazadas, y se estima que más de 200 especies podrían haber desaparecido en las últimas décadas. La causa principal no es un depredador natural, sino los cambios drásticos en los ecosistemas provocados por la expansión humana, la pérdida de hábitat, la contaminación y el crecimiento de las zonas urbanas, especialmente en franjas costeras.

ranas sapos animales
Rana criolla (Leptodactylus luctator).

Rana criolla (Leptodactylus luctator).

En Uruguay se registran 49 especies de anfibios: 48 ranas y sapos, y una sola cecilia, un animal de aspecto similar a una lombriz grande, que vive bajo tierra y rara vez se deja ver. El anfibio autóctono de mayor tamaño es el sapo cururú (Rhinella diptycha), que puede superar los 20 centímetros.

A las amenazas ambientales se suma otro problema: la persecución de estos animales por supersticiones y miedos infundados. Todavía circulan creencias como que la orina de los sapos puede cegar, que tocarlos provoca verrugas o que son animales venenosos. Estas ideas, sumadas al rechazo estético y a las fobias, hacen que muchos anfibios mueran simplemente por aparecer en patios, jardines o entradas de casas, lo que agrava el declive de poblaciones ya frágiles.

animales ranas sapos
Ranita de zarzal (Boana pulchella).

Ranita de zarzal (Boana pulchella).

No hay que olvidarse de que los anfibios cumplen un servicio ecosistémico clave. Son grandes consumidores de insectos, incluidos mosquitos y otras especies que afectan la salud humana y los cultivos. Además, por su piel altamente permeable, funcionan como sensores biológicos: cuando los anfibios desaparecen de un lugar, suele ser una señal temprana de que algo no está bien en el ambiente. Y su presencia es, en muchos sentidos, una buena noticia.

ranas sapos animales
Ranita de zarzal (Boana pulchella).

Ranita de zarzal (Boana pulchella).

El fenómeno de la declinación global de anfibios es una de las mayores preocupaciones actuales de la biología de la conservación. En Uruguay, los especialistas insisten en que conocer es la primera forma de proteger: saber que los anuros (ranas y sapos) y la cecilia no son peligrosos, que no atacan, que no buscan ingresar a las casas, sino que se desplazan siguiendo humedad, refugio y alimento.

La convivencia tiene que ser parte del equilibrio.

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