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    De perros y gaviotas

    Los datos dicen que 71% de quienes maltratan animales también agreden físicamente a seres humanos

    Columnista de Búsqueda

    Un jugador de fútbol revivió a una gaviota en medio de un partido amateur en Estambul. La gaviota había caído al campo de juego tras recibir un pelotazo mientras iba volando bajo sobre el terreno. El video del capitán Gani Çatan haciendo reanimación cardiopulmonar al ave se volvió viral, no solo en Turquía, sino a escala global. En Argentina, el diario deportivo Olé publicó la noticia en Instagram, y en menos de 12 horas había recibido más de 45.000 me gusta y había sido compartida más de 7.000 veces. Los comentarios de la gente apoyaban el accionar del jugador: “Bravo. Toda vida es valiosa”, “Me alegraron el día, gracias”, “Háblame de empatía... solidaridad... humanidad!!!”. Pero la cultura suele ser contradictoria y las distintas situaciones muchas veces se miden con un doble rasero. Mientras se aplaude un video en el que se intenta salvar la vida de una gaviota, se hace silencio absoluto frente al constante maltrato hacia otros animales.

    En estos días, un hombre apuñaló a un perro en Montevideo porque había mordido a su hija. Sucedió en el complejo habitacional Juana de América y quedó grabado en las cámaras de seguridad. Allí se puede ver al hombre que llega con un cuchillo en la mano y se lo clava en la barriga al perro, que está echado, tranquilo, en lo que parece ser un espacio público del complejo habitacional. Poco después se ve al perro muerto, un poco más alejado del lugar donde fue acuchillado. El hombre compartió su versión en redes y dijo que actuó por “calentura”, y que había ido a matarlo porque el perro había mordido a su hija cuando lo quiso acariciar. En las fotos que compartió en Facebook, se veían unas heridas leves en la muñeca y la pierna de la niña.

    Se mata como si nada a un animal de otra especie porque ocurrió un accidente, porque alguien (un hombre) se creyó con derecho a decidir sobre una vida. Para colmo, el asesino sale a decir en redes que está arrepentido y que se portó “como un animal”, adjudicando a una especie distinta a la suya un accionar que es exclusivamente humano. Es la costumbre de achacar a los demás animales la responsabilidad de algo que solo los humanos hacen, como acuchillar a alguien.

    Lamentablemente, este tipo de violencia contra otros animales ocurre una y otra vez. Hace algunas semanas, un policía mató a un perro en plena vía pública en la ciudad de Paso de los Toros. Todo se originó porque algunas personas denunciaron que les molestaban los perros de un hombre en situación de calle. Entonces llegó a la plaza una camioneta policial, y como el perro más grande se puso a ladrar, uno de los oficiales le disparó y, todavía vivo, lo tiró como una bolsa de papas para arriba de la camioneta. Otra demostración de violencia innecesaria y en plena plaza pública.

    “Tanto lío por un perro. Qué sociedad pusilánime e idiota además de cínica. Hay gente rota en las calles sin comer y sin techo (no delincuentes) y nos ocupamos de un maldito perro”, comentaba alguien debajo de la noticia. Me cuesta ver lo fácil que es para algunas personas evaluar las vidas jerárquicamente, algo así como: “Vida de tal animal vale más que vida de tal otro”. ¿Con base en qué?, ¿en priorizar la propia especie frente a las demás?, ¿o a la que le parece más linda comparativamente, tipo: “vida de gatito vale más que vida de comadreja”? En cualquier caso, el lector preocupado por la “gente rota en las calles” podría haber considerado que el perro asesinado era justamente parte de la familia de una de esas personas “rotas”. Como tantas personas en situación de calle que cuidan a sus perros ofreciéndoles hasta lo que no tienen para sí mismas.

    Mientras tanto en Brasil, el cruel asesinato de Orelha, un perro callejero que vivía en Florianópolis, generó una indignación masiva que al menos da esperanzas sobre la sensibilidad humana. Miles de personas se manifestaron en varias ciudades de ese país al grito de “Justiça por Orelha”. El perro fue torturado y asesinado por cuatro adolescentes de familias acomodadas, que probablemente también consideran que algunas vidas valen menos que otras. Según explicó en el diario O Globo el psiquiatra forense Guido Palomba, a raíz de este caso, una investigación basada en la teoría del vínculo muestra que existe una conexión entre la violencia contra los demás animales y la violencia contra las personas. Los datos dicen que 71% de quienes maltratan animales también agreden físicamente a seres humanos, pero el psiquiatra va más allá: “Es el 100%. No siempre se trata de homicidio, pero siempre implica actos perversos, agresividad y crueldad”.

    Levantar la voz por los derechos de otros animales podría ser algo que nos importe más como humanidad, para que eso se traduzca en leyes que penalicen el maltrato, para que adolescentes acomodados, policías armados o padres con cuchillos dejen de ver como algo tan fácil terminar con la vida de otros.

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