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Un encuentro con mujeres emprendedoras que se enfoca en la persona detrás del logro

Florencia Infante y Luisina Chuayre quieren hablar de todo lo que sucede entre un sueño y su realización. Por eso presentan ATREVA, un ciclo de charlas que tendrá su primera edición el sábado 24 de octubre en el Radisson

Hay algo que Florencia Infante y Luisina Chuayre repiten durante la conversación: “soñar soñamos todos”. El problema (o la parte interesante) viene después. Porque entre un sueño y su realización hay una cantidad de cosas bastante menos fotogénicas: aprender, trabajar, conseguir plata, equivocarse, pedir ayuda, perder, volver a empezar, dejar algo atrás. También tener miedo. Y, algunas veces, descubrir que aquello que parecía una buena idea no sabe todavía cómo convertirse en una realidad.

De eso quieren hablar en Atreva, el ciclo de charlas que ambas crearon y que tendrá su primera edición el sábado 24 de octubre a las 16 horas en la sala Florida del Radisson Victoria Plaza. Esta primera edición está dedicada a mujeres emprendedoras y propone escuchar las historias y experiencias de sus expositoras. La idea es hacerlo desde un lugar diferente al de la charla motivacional tradicional: no quieren poner a las emprendedoras en un pedestal. Quieren acercarlas y mostrar lo que hay detrás de cada logro.

¿Qué querían hacer diferente con Atreva­?

Luisina Chuayre: Hay muchos encuentros de este tipo y nos parece buenísimo que existan. Lo que nosotras podemos aportar es nuestra mirada y las mujeres que elegimos. Son mujeres que admiramos genuinamente, pero que también están acá, están entre nosotros. Algunas tienen más reconocimiento en los medios y otras menos, pero las ves, están ahí.

Florencia Infante: Eso para mí es importante. Muchas veces vas a una charla y te presentan a alguien que viene de Brasil, del norte, de no sé dónde, y tiene una historia espectacular. Te inspira, sí, pero nunca la viste en tu vida. Nosotras queríamos mujeres que están cerca. Que puedas mirarlas y decir: “Ah, mirá, a esta mujer le pasó esto”.

Quieren que la gente pueda sentirse cerca de esas mujeres.

L.C.: Totalmente. Y creo que ahí aparece algo muy humano. Porque vos podés admirar a una persona por lo que logró, pero también querés saber cómo llegó hasta ahí. Qué le pasó. Qué tuvo que dejar. Qué hizo cuando las cosas no salieron.

F.I.: Y qué herramientas buscó. Porque tampoco queremos romantizar esto de “yo soñé y lo hice”. No. Nosotras creemos muchísimo en la formación, en prepararse, en pedir ayuda, en buscar a alguien que sepa lo que vos no sabés.

No queremos romantizar esto de “yo soñé y lo hice”. Nosotras creemos muchísimo en la formación, en prepararse, en pedir ayuda, en buscar a alguien que sepa lo que vos no sabés. No queremos romantizar esto de “yo soñé y lo hice”. Nosotras creemos muchísimo en la formación, en prepararse, en pedir ayuda, en buscar a alguien que sepa lo que vos no sabés.

L.C.: Sí. Yo este año tuve que hacer un proceso muy personal. Venía de un burnout laboral y me di cuenta de que necesitaba alinear mi día a día con mis propios sueños. Y para eso busqué herramientas afuera: hice un proceso con una coach, con una psicóloga especializada en lo laboral y ahora estoy haciendo un programa de desarrollo para mujeres líderes. A veces una cree que tiene que poder sola. Y no. Yo necesitaba personas que no estuvieran contaminadas por mi historia, que pudieran ayudarme a mirar desde afuera. Las amigas siempre te van a decir “dale para adelante”, pero a veces necesitás otra mirada.

Ahí aparece una de las palabras que más repiten en su comunicación: red.

F.I.: Sí. Y no es una palabra linda para poner en una nota. Es real. Las primeras manos que se tendieron para que Atreva fuera posible fueron de mujeres. La diseñadora del afiche es mujer, la persona del Radisson que nos dijo “vengan” es mujer. Y nos pasó que empezamos a contar lo que estábamos haciendo y aparecieron personas que querían ayudarnos.

L.C.: Para mí eso fue muy fuerte. Yo siempre estuve del lado comercial, buscando sponsors­, buscando negocios. Y acá pasó algo distinto: la gente vino a apoyarnos. Eso también habla de una red.

Y esa red es la que quieren que se arme entre quienes vayan al evento.

L.C.: Sí. Queremos que cada persona se vaya por lo menos con un contacto. Que hable con alguien. Porque capaz yo hago jabones y vos hacés estampados y de repente podemos hacer una bolsita estampada con el jabón adentro. Parece una pavada, pero de ahí pueden salir cosas.

F.I.: Queremos murmullo. Queremos risa. Queremos que alguien diga “tomá, te dejo mi teléfono”. Que no sea un evento acartonado. Si de ahí sale un emprendimiento entre dos personas, para nosotras ya pasó algo buenísimo.

Eso también explica por qué dicen que no es un taller ni una capacitación.

F.I.: Exacto. No vamos a enseñar nada. No queremos que alguien salga con una receta para emprender. Queremos que se vaya inspirada, pero de una manera concreta. Que conozca a una mujer que veía desde determinada perspectiva y de repente descubra que es bastante parecida a ella.

L.C.: Que pueda pensar: “Si ella pudo, yo voy a poder”.

¿Y qué esperan que encuentre alguien que llega al evento sin saber todavía qué quiere hacer?

F.I.: Que venga igual. Porque capaz que algo la o lo llevó hasta ahí. No necesariamente tiene que ir pensando “quiero emprender”. Capaz necesita escuchar algo, conocer a alguien, darse cuenta de algo.

L.C.: A veces una ni siquiera sabe qué quiere. Pero puede empezar por escuchar.

Queremos murmullo. Queremos risa. Queremos que alguien diga “tomá, te dejo mi teléfono”. Que no sea un evento acartonado. Queremos murmullo. Queremos risa. Queremos que alguien diga “tomá, te dejo mi teléfono”. Que no sea un evento acartonado.

Las expositoras tienen historias muy diferentes. ¿Qué vieron en ellas?

F.I.: Las admiramos genuinamente. Danna­, por ejemplo, podría haberse quedado siendo maestra, psicopedagoga y actriz, y estaba perfecto. Sin embargo, construyó una escuela de teatro y lleva muchísimos años formando gente. Noelia podría haberse quedado en la televisión, donde ya había logrado muchísimo, y creó Olivita. Ana atravesó situaciones muy difíciles y se reinventó. Y Cathy también podría haber dicho “ya está, llegué hasta acá” después de Bake Off, pero siguió construyendo su camino.

L.C.: Y todas tienen una historia que sostiene lo que hacen. Eso es lo que nos interesa.

¿La historia que sostiene al emprendimiento?

L.C.: Exacto. Porque después ves el proyecto terminado, el Instagram, la empresa, el escenario, y parece que siempre hubiera estado ahí. Pero atrás hay un montón de cosas que no se ven.

¿Como cuáles?

F.I.: Como contar cabezas detrás de un telón para saber si llegabas al mínimo de gente en una sala y no tenías que pagar por actuar.

Y después llenaste el Sodre.

F.I.: Sí. Pasé de contar 10 u 11 personas a contar 2.000. Pero entre una cosa y la otra hubo muchísimo trabajo. Y hubo momentos en los que perfectamente podría haber dicho “bueno, no sigo”.

L.C.: Es que emprender también es eso. El 99 por ciento de los proyectos, en algún momento, tienen un fracaso. Y ahí hay que ver qué hacés. Si te caés y decís “esto no era para mí”, se terminó. O podés decir “bueno, ¿qué tengo que hacer para que esto vuelva a funcionar?”. Y ahí necesitás estar con la cabeza clara y rodearte de gente que te ayude.

Entonces quienes asistan van a escuchar también sobre la parte menos idílica de emprender.

F.I.: Absolutamente. Porque cumplir un sueño es incómodo. Hay que estar dispuesto a pasarla mal. Hay duelos, hay cosas que vas a tener que soltar, hay decisiones que pueden salir mal. Y podés equivocarte muchísimo.

L.C.: Y no necesariamente tenés que dejar todo. A veces uno piensa que para emprender tiene que abandonar el trabajo seguro, la estructura que tiene. Y no. Puede ser mixto. Yo todavía tengo mi trabajo y estoy construyendo esto. Hay distintas maneras.

¿Qué lugar ocupa el miedo en todo esto?

L.C.: Muchísimo. Yo tengo miedo de dejar algo seguro para meterme en algo que no sé qué va a pasar. Pero también aprendí a distinguir los miedos. Hay un miedo que es tóxico, que te paraliza, y hay otro que te dice “che, esto es importante”. Ese miedo me parece saludable.

F.I.: Si yo no hubiera tenido miedo, Atreva tampoco existiría. El miedo también te mueve.

Y hay otro miedo que aparece en la conversación: el de no poder.

F.I.: Sí. Yo creo que tenemos un techo aprendido. Esa idea de “esto no es para vos”. Y una de las primeras cosas que tuvimos que hacer para armar Atreva fue romper nuestro propio techo.

L.C.: Porque además somos madres, trabajamos, tenemos mil cosas. A veces una dice “no puedo juntarme porque tengo reunión de padres”. Pero también hay que preguntarse qué pasa con nuestros propios sueños.

¿Atreva nace también de esa pregunta?

L.C.: Sí. De cómo hacer convivir trabajo, proyectos, maternidad y vida. No queremos decir que haya que elegir una cosa. Queremos hablar de cómo encontrar el equilibrio posible para cada una.

F.I.: Y sin hacer de esto una cuestión de “mujeres contra hombres”. No va por ahí. Para nosotras tiene que ver con oportunidades, con equidad y con poder reconocernos en otras personas.

¿Y ustedes dos qué aprendieron una de la otra haciendo Atreva?

L.C.: Flor me enseñó mucho sobre resiliencia. A sacar fuerzas de cualquier lugar y seguir adelante con los sueños, aunque alrededor estén pasando cosas.

F.I.: Y Lu me enseñó a llevar la sonrisa como bandera. La sonrisa y el sueño por delante. Y también a ser agradecida y consciente de que siempre hay alguien mirando.

Yo quisiera que alguien que alguna vez tuvo una versión chiquita de sí misma que le decía “vos podés”, y después la vida le hizo creer que no, pueda volver a escuchar esa voz. Yo quisiera que alguien que alguna vez tuvo una versión chiquita de sí misma que le decía “vos podés”, y después la vida le hizo creer que no, pueda volver a escuchar esa voz.

Entonces, al final, ¿qué significa atreverse?

L.C.: Es pasar del sueño a la ejecución. Decir: llegó el momento, voy a dar el salto y voy a empezar a trabajar para que esto suceda.

F.I.: Y entender que no existe un techo tan real como creemos. Muchas veces el primero que tenemos que romper es el nuestro.

L.C.: Y que sin todas no hay ninguna.

¿Qué les gustaría que pase cuando termine la tarde del 24 de octubre?

F.I.: Que alguien se vaya un poquito más reconciliada consigo misma.

L.C.: Que diga: “estoy haciendo lo que puedo con las herramientas que tengo”. Eso no es conformarse. Es ser realista. Y desde ahí podés pedir ayuda, aprender algo nuevo, volver a empezar.

F.I.: Yo quisiera que alguien que alguna vez tuvo una versión chiquita de sí misma que le decía “vos podés”, y después la vida le hizo creer que no, pueda volver a escuchar esa voz.

Las historias que se van a contar

Cathy Denis

Pastelera, influencer y creadora de contenido. Busca a través de sus redes sociales compartir conocimientos de cocina de una forma sencilla y atractiva animando a que todos aprendan y disfruten del proceso de crear platos increíbles.

Danna Liberman

Actriz, directora y docente uruguaya, referente de la improvisación y el clown. Es cofundadora y directora de SAL Club de Teatro, un espacio que desde hace casi dos décadas forma artistas y acompaña procesos creativos y de desarrollo personal, poniendo al teatro al servicio de la expresión, el encuentro y la transformación.

Noelia Etcheverry

Comunicadora y conductora de televisión uruguaya, reconocida por su trabajo en Canal 10. Además de su carrera en los medios, es creadora de Olivita, un emprendimiento familiar inspirado en la crianza y la autonomía infantil que promueve experiencias compartidas entre adultos y niños a través de la cocina con herramientas seguras y pensadas para aprender jugando.

Ana Apolaro

Especialista en salud capilar integrativa y tricología estética, con formación internacional. Fundadora de Apolaro Salud Capilar, un proyecto que integra salud, estética y bienestar para transformar la salud capilar, la autoestima y el cuidado personal.

Atreva, sábado 24 de octubre, 16 h, en la sala Florida del Radisson Victoria Plaza Hotel (piso 3). Entradas a 1.200 pesos en RedTickets.