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Grotesco sobre grotesco: ‘El caso Peirano’ lleva la crisis de 2002 al escenario de La Incorrecta
La obra teatral escrita, dirigida e interpretada por Diego Devincenzi, Fernando Hernández y Sebastián Carballido está en cartel los viernes a las 21 en la sala de la avenida Gonzalo Ramírez
La noche antes de la caída de los hermanos Peirano. Esa es la premisa de El caso Peirano, obra teatral en cartel los viernes a las 21 en La Incorrecta. Los autores son Diego Devincenzi y Sebastián Carballido, la dramaturgia es de Fernando Hernández y la dirección es de Carballido. Se trata del mismo equipo creativo que tres años atrás puso en escena El asesino de Carrasco, pieza sobre el asesino Pablo Concálvez.
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En la misma línea ficcional de aquella obra que estuvo tres temporadas en La Candela, El caso Peirano toma como referencia algunas coordenadas históricas puntuales y sobre ellas traza un relato que, si bien es casi totalmente ficcional, mantiene coherencia conceptual con los hechos conocidos. La puesta en escena, con escenografía y luces de Fernando Scorsela, aprovecha con gran factura las posibilidades de la sala, un espacio cultural que funciona desde hace un año donde estuvo durante décadas La Casa de los Siete Vientos (Gonzalo Ramírez 1595 y Carnelli). En esa antigua casona de estilo estándar también funciona, en horarios diurnos, Panóptico, escuela de actuación (teatro y audiovisual) que dirigen Hernández y Devincenzi. Las entradas para la obra se venden al 098792020 y en boletería de la sala.
Estamos en Montevideo, en la noche del domingo 7 de agosto de 2002, el día en que se aprobó la Ley de Fortalecimiento del Sistema Bancario, que inició el camino de salida de la mayor crisis económica de la historia uruguaya. La acción tiene lugar en el dormitorio de una casa en la que dos de los tres hermanos Peirano pasan la última noche previa a ser procesados por el fraude del Banco de Montevideo. Ya están jugados.
Los hermanos, interpretados por Devincenzi y Hernández, tienen decidido entregarse al día siguiente. También tienen en la habitación una máquina destructora de papeles que tritura un documento tras otro. Uno tiene un perfil tradicional, muy religioso y conservador. Se muestra calmo, contenido. El otro está en el otro extremo: está muy nervioso, desequilibrado emocionalmente y desesperado por la situación. Ha decidido contratar los servicios de una joven que se prostituye para reunir dinero y colaborar con su familia, severamente afectada por la crisis. Tiene bastante cocaína como para pasar la noche sin dormir y no demora en persuadir a su hermano pacato y acartonado para dedicar a los excesos su última noche en libertad.
Completa el cuadro una funcionaria del sistema financiero (abogada del Banco Central) que aparece en la mitad de la noche para ayudar a los hermanos a ocultar pruebas y esgrimir una estrategia para su inminente proceso judicial. De esta manera la obra denuncia la corrupción estatal en el caso. Ana Barroso y Zahíra Pérez componen los dos personajes secundarios.
Con tono acentuado en el grotesco, este drama, que ilustra una de las mayores tragedias sociales que se recuerden, tiene un pesado componente de humor, aunque difícilmente esta obra pueda ser catalogada como una comedia. La decisión de mostrar una imaginaria pero posible intimidad de estos sujetos tan significativos en la historia reciente provoca abundantes risas en la platea. El absoluto descontrol, la espiral decadente en la que caen los protagonistas, genera hilaridad pero al mismo tiempo es imposible abstraerse del trasfondo desgraciado y abominable.
El caso Peirano se presenta como una invitación a la catarsis colectiva, acentuando la debacle moral de los culpables de fundir el país y de que miles de personas hayan perdido el trabajo y hayan sufrido un importante deterioro en su calidad de vida. Ese es su aporte. Quien esté interesado en una reconstrucción histórica, con rigor documental del episodio, es mejor que se abstenga o que vaya prevenido. Teatralmente, está bien actuada y logra contagiar emociones intensas. Esta obra es una tragedia disfrazada de comedia y el problema con este grotesco es que la realidad fue mucho más cruda y radical que cualquier intento de representarla. Seguro que hará reír más a quienes no vivieron de manera directa los hechos que a quienes los padecieron en carne propia.