Manini dijo que así se cumpliría con la Ley de Regulación y Control del Cannabis, aprobada en diciembre de 2013, que dispone en su artículo 4 “medidas tendientes al control y regulación del cannabis psicoactivo y sus derivados, así como aquellas que buscan educar, concientizar y prevenir a la sociedad de los riesgos para la salud del uso del cannabis”.
Más de una década después de su aplicación, el gobierno prepara la primera campaña para advertir sobre el daño que ocasiona el consumo de marihuana.
Ferrando desconoce aún si sus hallazgos serán difundidos en la campaña. Como parte de la evaluación de los proyectos, el programa VUSP de la Udelar consulta a los investigadores cuáles “son las principales dificultades” para que el sector productivo, en este caso el Ircca, la contraparte, incorpore los resultados del trabajo. Ante esta pregunta, Ferrando respondió: “Los factores políticos pueden incidir directamente en la mayor o menor alineación del uso de los resultados con las prioridades y lineamientos vigentes”.
El médico, que es profesor agregado de Medicina Nuclear e Imagenología Molecular de la Udelar, dijo a Búsqueda que este “es un tema que ha generado cierta incomodidad políticamente”.
Impacto en memoria y atención
El médico estudió por primera vez en Uruguay el impacto sobre el cerebro del uso frecuente de cannabis que se vende en farmacias, y del que se cultiva en clubes y hogares habilitados. Evaluó el rendimiento cognitivo y la actividad cerebral de los adultos jóvenes analizados, y comparó los resultados registrados en los consumidores con los de un grupo de personas que no consume marihuana. A los usuarios de la droga los reunió en dos grupos de análisis: quienes consumen marihuana de baja potencia y los de alta potencia.
Se realizaron tres tipos de estudios. A las personas se les realizó una evaluación neuropsicológica detallada y un estudio de tomografía por emisión de fotón simple (Spect, por sus siglas en inglés) de perfusión cerebral. Al mismo tiempo, se analizaron muestras de las plantas consumidas para medir sus concentraciones de tetrahidrocannabinol (THC) y cannabidiol (CBD), los dos principales cannabinoides de la flor.
Las muestras de las plantas se analizaron en el Laboratorio de Farmacognosia y Productos Naturales de la Facultad de Química de la Udelar. De las cuatro cepas de marihuana que se venden en farmacias se analizó la Gamma, cuyas muestras presentaron 6% de THC. Las muestras cultivadas en hogares y clubes presentaron mayores concentraciones y por lo tanto mayor potencial psicoactivo. La concentración media final de THC fue de 15% y la variedad Randy Marsh fue la que presentó el nivel más alto: 25%.
Las pruebas sobre las personas se hicieron en el Hospital de Clínicas. Se estudió a 21 consumidores de marihuana que se vende en farmacia, a 20 que la adquieren por cultivos domésticos o en clubes, y a siete que no consumen. Este último grupo fue complementado con imágenes de estudios previos realizados en el mismo centro, que permitieron establecer parámetros de normalidad.
La evaluación de las funciones cognitivas se realizó a partir de una batería de pruebas validadas y reproducibles. Se evaluó memoria, atención, lenguaje (particularmente, la fluidez verbal con las pruebas de fluencia fonológica y fluidez verbal semántica), velocidad de procesamiento visoespacial, funcionamiento ejecutivo y nivel general.
Los consumidores de marihuana presentaron “un franco descenso en el proceso de la memoria, así como en la curva de aprendizaje”, en comparación con quienes no consumen. En cuanto a la atención, los usuarios de marihuana tuvieron un rendimiento más bajo al esperado. “Los componentes de las funciones ejecutivas como el control inhibitorio y la flexibilidad y alternancia también se encuentran descendidos”, expresa el informe.
Ferrando dijo que, según otras investigaciones internacionales, los efectos del consumo de marihuana sobre las funciones cerebrales tienden a ser reversibles, al menos parcialmente.
Disfunción cerebral
Los usuarios de marihuana estudiados consumen en promedio desde hace ocho años. Mientras los usuarios de baja potencia declararon que consumen promedialmente 10 gramos a la semana, los usuarios de alta potencia dijeron que consumen seis gramos a la semana.
Para el estudio de la función cerebral, los participantes de la investigación recibieron una inyección intravenosa de un radiofármaco que permite evaluar el flujo sanguíneo cerebral y 60 minutos después fueron analizados en una gammacámara Spect del Clínicas. La tomografía se realizó al menos 24 horas después del último consumo.
Los usuarios de cannabis de bajo THC (o baja potencia) mostraron hipoperfusión significativa en varias partes del cerebro, expresa el informe. La hipoperfusión se define como una disminución del flujo sanguíneo y fue hallada en la corteza frontal polar bilateral, la corteza orbitofrontal bilateral con predominio derecho, la corteza frontal ventromedial bilateral, la corteza temporal derecha y el tronco encefálico.
Imagen del informe final de “Efectos del consumo crónico de cannabis del mercado regulado en la función cerebral”, una investigación de Rodolfo Ferrando
La hipoperfusión se ve en la imagen que muestra el doctor con un color violeta, sobre un fondo blanco y negro. “La disfunción prefrontal fue más pronunciada en los usuarios de alta potencia en comparación con los de baja potencia, extendiéndose particularmente a regiones dorsales, involucradas en funciones cognitivas de orden superior”, expresa Ferrando en su informe. En diálogo con Búsqueda destaca que la corteza prefrontal no solo se encarga de la planificación conductual y la resolución de tareas complejas, sino también del control inhibitorio, el comportamiento socialmente adaptado y la regulación de las emociones.
Imagen del informe final de “Efectos del consumo crónico de cannabis del mercado regulado en la función cerebral”, una investigación de Rodolfo Ferrando
El investigador concluye que “el consumo frecuente de cannabis de nuestro mercado regulado conduce a una reducción del flujo sanguíneo prefrontal y temporal, que afecta áreas paralímbicas del sistema de recompensa, implicadas en la dependencia a las drogas”. Ferrando agregó que “la neurona más activa tiene mayor demanda energética y necesita más flujo”.
Sus resultados muestran que el consumo regular del cannabis disponible en el mercado uruguayo “no es inocuo para la función cerebral ni para el rendimiento cognitivo, y que las variedades con mayor concentración de THC producen un impacto más marcado”. Estos datos constituyen “un insumo clave”, plantea el médico, para advertir a los usuarios, sensibilizar a la población, fortalecer estrategias de reducción de daños y orientar recomendaciones. Y además pueden contribuir a identificar o promover variantes con menor efecto perjudicial.
El estudio tenía como objetivo también evaluar si la presencia de alta concentración de CBD en el cannabis permite disminuir la disfunción cerebral ocasionada por el THC. Este propósito no pudo cumplirse debido a que todas las muestras analizadas con alta concentración de THC presentaban niveles bajos de CBD.
La ejecución presupuestal de la investigación fue de $ 1.030.240, entre sueldos y gastos. Hasta el momento, los resultados han sido difundidos en comunicaciones científicas presentadas en congresos nacionales e internacionales.
Otra investigación científica concluida el año pasado, la tesis de doctorado de Facultad de Química de la Udelar de Mónica Pereira Berrutti, halló que a mayor cantidad de THC se registró una concentración de plomo superior, un elemento químico al que pediatras y toxicólogos definen como “ladrón de inteligencia”, por los efectos cognitivos que causa su consumo.
Gobierno prepara campaña desde enero
A pesar de que Manini Ríos anunció como una novedad y una conquista de su partido que se realice la primera campaña de bien público que “sensibilice a la población sobre el daño que ocasiona el consumo de cannabis”, el gobierno prepara desde enero una campaña con el mismo propósito.
El Ircca llamó a licitación para la contratación de una agencia de publicidad y recibió las ofertas entre el 7 y el 16 de enero. El pliego de la licitación establece que la adjudicataria debe realizar, entre otras actividades, un plan de comunicación pública anual y proponer dos campañas publicitarias anuales para medios de comunicación —radio, televisión, cine, web—, vía pública, medios alternativos, redes sociales y BTL —o publicidad no tradicional—. La agencia que ganó la licitación fue DDB.
Uno de los anexos del pliego enumera siete “conceptos” a destacar en las campañas de comunicación que el Ircca realizará en este marco.
En primer lugar, establece que la regulación del mercado no es sinónimo de promoción del consumo, sino que es una estrategia para reducir los riesgos y los daños.
En segundo lugar, destaca la “no criminalización a usuarios al no tener que vincularse a redes ilegales, alejar a las personas del narcotráfico y las redes criminales que comprometen su seguridad”.
En tercer término, propone “hablar con transparencia y basados en la evidencia sobre los efectos nocivos que puede provocar” con “mensajes diferenciales para los distintos grupos de usuarios”, y menciona a embarazadas, adolescentes, trabajadores y conductores. Plantea analizar “posibles mensajes asociados a daños neurológicos y respiratorios, limitación de la capacidad de concentración y dependencia”.
En cuarto lugar, plantea “ser enfático en que los menores de edad no están comprendidos en la regulación” y en que “para ellos es ilegal el acceso”.
En quinto término, busca brindar información para los usuarios, como las vías de acceso, los derechos, las obligaciones y los requisitos, y pretende aclarar aspectos que están contemplados en la regulación y aspectos que no: “Qué cosas están permitidas y qué cosas no”.
Por último, se propone informar sobre la evolución de la normativa vigente y los cambios que se implementarán.
En el diseño de esta campaña trabajó el psiquiatra infantil Gabriel Rossi, quien se desempeñó desde el inicio de este gobierno hasta su fallecimiento, el 6 de agosto, como secretario general de la Junta Nacional de Drogas.
Rossi había resuelto que la primera campaña de bien público de esta gestión estuviera dirigida a concientizar sobre riesgos y daños del consumo de bebidas energizantes y su mezcla con alcohol. Se implementó desde fines del año pasado bajo el título ToxiMix.
La segunda campaña, sobre el consumo problemático de alcohol, que alcanza, según estimaciones oficiales, a 373.000 personas de entre 15 y 65 años en Uruguay, está en marcha y se titula Evidencias Familiares.
La tercera prevista por Rossi es sobre el uso de marihuana. Si se mantiene el proyecto que comenzó la agencia DDB o el acuerdo del gobierno con Cabildo Abierto implica reformular el diseño de la campaña, es un asunto que deberá resolver Aldo Tomassini. El doctor en Psicología que se desempeñaba como adscrito de Rossi fue designado como su sucesor, como secretario general de la Junta Nacional de Drogas, como expresa una resolución del presidente Yamandú Orsi firmada el martes 18.