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Balance del Mundial: lo bueno, lo malo y lo feo de Catar 2022

Messi, África, las mujeres árbitro, las prohibiciones cataríes y las lágrimas de los dioses: repaso de un mundial emocionante de principio a fin

Será por la música de Ennio Morricone, será porque con ella el spaghetti western se hizo adulto o porque Clint Eastwood se subió a un pedestal del que ya no bajaría, es que todo el mundo sabe de qué hablamos cuando hablamos de El bueno, el malo y el feo, de Sergio Leone (1966). Y desde entonces, ese título, que en el italiano original era Il buono, il brutto, il cattivo, se ha prestado para jugar, aplicado a cuanto evento de gran magnitud ocurra. El Mundial de Catar 2022 es buena materia prima para eso.

El resultado es subjetivo, sí, pero también se presta a la discusión y a la polémica: lo “bueno“ no merece dudas, pero ¿qué cosa puede ser considerada “mala” y qué es “fea”? ¿Qué diferencia hay referido al fútbol? A ningún hincha uruguayo le puede haber parecido buena la actuación de la Celeste, ¿pero fue mala o fea?

En cualquier caso, para este juego se apeló de nuevo a la película. El Bueno es el Rubio, el Pistolero, el Sin Nombre, el “muchacho” de “las de cowboys”. Acá no hay dudas: Clint Eastwood es todo lo que está bien y punto. El Malo, la Sentencia, será lo contrario: Lee Van Cleef tenía una maravillosa sonrisa irónica al asesinar, era un inescrupuloso traidor al Ejército con el que nadie puede (o debería) empatizar. El Feo, Tuco, la Rata, es un buscavidas que puede llegar a caer simpático, rol para el cual fue elegido Eli Wallach por sus aristas cómicas; en pocas palabras: no es bueno, pero tampoco es tan malo, incluso puede emocionar (y gustar). Además, de alguna forma hay que analizar lo que pasó durante cuatro semanas y 64 partidos en tierras cataríes.

LO BUENO

Emoción hasta el final. Fue un mundial emotivo y la final directamente pareció guionada por Tarantino. Pese a perder inesperadamente en el debut, Argentina llegó al partido decisivo con un envión que hacía que pareciera invencible y así lo hizo sentir hasta el minuto 80; pero Francia demostró que no hay que subestimar nunca el corazón de un campeón y llevó la incertidumbre hasta los penales. Pero en general fue un Mundial emocionante casi que desde el arranque: al culminar la segunda fecha de la fase de grupos solo había dos equipos ya eliminados (Catar y Canadá) y tres ya clasificados (Francia, Brasil y Portugal), lo que obligó a 27 selecciones a dar todo lo que tenían para pasar a las rondas de mata-mata. Mal que nos pese, hubo agonía extrema en el pasaje a octavos de Corea del Sur, así como en la definición del Grupo E: durante tres minutos España estuvo eliminada. Los empates croata y neerlandés en cuartos, ante Brasil y Argentina, respectivamente, provocaron más de un infarto. Hubo también batacazos totalmente inesperados, como las victorias de Arabia Saudita ante Argentina y de Japón ante Alemania y España, que hicieron que no hubiera penca que aguantara. En ese sentido, Catar 2022 salvó con nota.

La reivindicación de Messi. Cuando muchos ya están cantando la retirada, Lionel Messi demostró, en su quinto Mundial y a los 35 años, que le queda espectacular el sayo de ser el mejor jugador de todos los tiempos. Y quizá lo más importante: al final de su carrera logró ser profeta en su tierra, obteniendo el reconocimiento de una patria futbolera como muy pocas. Además de ser el líder futbolístico, fue el principal pilar espiritual de su equipo, para el que tuvo que descubrir una faceta más, podría decirse, “maradoniana”. Su “qué mirás, bobo, andá pa’ llá”, en la entrevista posterior a eliminar a Países Bajos, quedará tanto en la memoria como su galopada para dejar desairado al croata Josko Gvardiol antes del tercer gol argentino en semifinales o sus dos anotaciones a Francia en la final. Si se quiere, esa es la arista más primitiva del fútbol: tuvo que recurrir a una actitud más propia del Diego Eterno fuera de la cancha para que muchos de los suyos descubrieran y reconocieran que él también tiene personalidad. La personalidad hacía lustros que la demostraba en la cancha. Y es él el único responsable de que la selección argentina —que históricamente caía bastante antipática— tenga hinchas en países tan lejanos como India o Bangladesh. Fuera de su país, muchos quisieron que Argentina saliera campeón por él y nadie hinchó por Francia por llevarle la contra. Esta es otra diferencia grande con Maradona, y esa es una sensación que ni siquiera los reiterados penales que le cobraron a favor de Argentina (cinco, de los cuales por lo menos tres fueron dudosos) pudieron opacar.

La llegada a semifinales de África. En el año 2000, Carlos Bilardo aseguró que “el futuro del fútbol está en África”. Los antecedentes cercanos los avalaban: Marruecos clasificaba por primera vez a los octavos de final a una selección de ese continente en México 1986, proeza que Camerún aumentaba llegando a cuartos en Italia 1990; Nigeria y —otra vez— Camerún se colgaban el oro olímpico en fútbol en Atlanta 1996 y Sídney 2000; en las categorías juveniles los africanos ya eran potencia. Sin embargo, hubo que esperar hasta esta edición para que un equipo de ese continente, donde el fútbol es tan pasional como en Europa y América del Sur, llegara a meterse entre los cuatro mejores. Incluso los asiáticos, que tiempo atrás eran vistos como más atrasados en el mundo del fútbol, llegaron antes a ese mismo lugar (Corea del Sur fue cuarta en el Mundial 2002, organizado en… Japón y Corea del Sur). Marruecos fue el protagonista de un sueño que terminó cuando Francia les ganó 2 a 0 en una de las semifinales. Nombres como Yassine Bounou, Achraf Hakimi o el sorprendente Sofyan Amrabat fueron los sustentos de esta figuración, un cuarto puesto histórico.

La participación de las primeras mujeres juezas. Esto ya fue motivo de una nota en Galería tres semanas atrás. Por primera vez, seis juezas mujeres fueron convocadas para arbitrar en un Mundial masculino: Stéphanie Frappart (Francia), Salima Mukansanga (Ruanda), Yamashita Yoshimi (Japón), Karen Díaz Medina (México), Neuza Back (Brasil) y Kathryn Nesbitt (Estados Unidos); las tres primeras como principales y las tres últimas como asistentes. En una copa que, según el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el arbitraje la hizo “más justa” (opinión que genera ataques de caspa en esta parte del mundo), el primer paso de este plantel femenino fue más como cuarto o quinto asistente o desde el VAR. La única tripleta femenina fue la de Frappart, Back y Díaz Medina en el Alemania 4 – Costa Rica 2, del 1° de diciembre. La francesa, que tuvo un muy correcto arbitraje, donó al Museo de la FIFA la camiseta turquesa con la que dirigió ese día.

La dignidad iraní. En los últimos días, las noticias del fútbol se dividieron entre las instancias finales de un Mundial y la condena a muerte del régimen teocrático iraní a un jugador de fútbol local, Amir Nasr-Azadani, por apoyar las protestas en favor de los derechos de las mujeres en su país. En Catar, la selección iraní se negó a cantar el himno nacional como protesta a lo que vive su país, antes de su debut contra Inglaterra. Fue el mayor gesto de rebeldía de la Copa del Mundo donde la inmensa mayoría de los protagonistas decidieron mirar para el costado, cuando había muchas, demasiadas, cosas enfrente. Ese gesto no se vio recompensado en la cancha: los ingleses los vapulearon 6 a 2 y los iraníes no pasaron a la siguiente fase.

LO MALO

One Love: prohibido manifestarse. Ya se sabía de antemano que el Mundial se hacía en un emirato donde la diversidad y el respeto a los derechos humanos están lejos de ser prioritarios. Por eso, no resultó sorprendente que se prohibiera a los capitanes de las selecciones de Inglaterra, Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Suiza, Gales y Países Bajos usar el brazalete “One Love” en respaldo a la colectividad LGBTQ+, so pena de sanciones económicas y deportivas. Quizá desilusionó bastante la facilidad con que esas delegaciones desistieran de su intención inicial. Si bien el capitán alemán, el arquero Manuel Neuer, dijo que igual lo llevaría, finalmente tampoco lo hizo. Sin embargo, el 23 de noviembre, antes de enfrentarse a Japón, burló la censura usando los colores del arco iris en su calzado de fútbol. Como protesta, la selección alemana posó ante las cámaras con sus jugadores tapándose la boca, denunciando la censura. Como pasó con los iraníes, esa actitud no se vio recompensada en lo deportivo: por segundo Mundial consecutivo Alemania quedó eliminada en la fase de grupos.

El silencio que duele. La digna actitud de la selección de Irán en su debut fue una prédica en el desierto, metafórica y literalmente hablando. La ya mencionada condena a muerte del iraní Amir Nasr-Azadani fue denunciada públicamente por la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesiones (FIFPRO), además de clamores individuales (como el de los uruguayos Diego Godín y Luis Suárez). De la FIFA no se escuchó, en cambio, ni media palabra. Nadie en su sano juicio pretendía realmente que el torneo se suspendiera ni que las selecciones que disputaban las instancias finales se negara a salir a la cancha como protesta (como algún trasnochado lo pidió en Twitter sin más objetivo que llenarse de likes), pero el silencio total sobre el tema de una institución mundial tan afecta al sportwashing como a mirar para otro lado en temas sociopolíticos no le hizo ningún favor a los mejores espíritus deportivos.

La localía. Catar invirtió 200.000 millones de dólares en su Mundial. Ya se ha hablado mucho de todo el trasfondo que generó su designación como sede por la FIFA en 2010. Obviamente, nadie le pedía a Catar una coronación mundial, pero sí una actuación más digna que la realizada. Fue último en su propio Mundial, perdiendo los tres partidos que jugó y teniendo un saldo de goles de -6. Fue el peor locatario de la historia de los Mundiales. Su propia gente no lo respaldó: a falta de 30 minutos para terminar el partido debut contra Ecuador comenzaron a abandonar en masa el estadio. Ninguno de sus jugadores dejó la memoria de algo más o menos decente. Y dejaron la sensación de que solamente pagando otra cifra infernal pueden volver a participar en una competencia de estas.

LO FEO

Uruguay: despedida y paranoia. Las grandes expectativas que había generado la Celeste casi que se diluyeron luego del tibio empate inicial. Fue justamente esa tibieza la que terminó costando la eliminación, con un gol de otro partido: el de la victoria de Corea del Sur contra Portugal, obviamente. Y toda la esperanza previa se trocó en desilusión y dardos mediáticos: que el director técnico, Diego Alonso, no estuvo a la altura (agrandando así la sombra de su antecesor), que muchos jugadores tampoco, que Diego Godín jugó solo por el apellido, que solo el entrenador no veía a Giorgian De Arrascaeta, que el profe Ortega fue un desastre… Se sabe: nadie quiere ser padre de un fracaso, o al menos de una gris participación que se salvó con una victoria, un empate, una derrota, dos goles a favor y dos en contra. El llanto de Luis Suárez conmovió; no tanto los desbordes de José María Giménez (queriéndose comer a un árbitro luego de la eliminación) y Edinson Cavani (mandando a dormir al VAR). La proliferación de teorías conspiranoides, olla en la que se mezclaban jueces y una baja cotización en el mercado internacional de camisetas, solo provocaron vergüenza propia y ajena: las buenas actuaciones de Croacia o Marruecos son el más rotundo desmentido a los cazadores de fantasmas. Que el iraní Alireza Faghani (que luego de ver el VAR cobró un penal para Portugal que luego la FIFA reconoció equivocado) y el alemán Daniel Siebert (que no le concedió dos dudosos penales a Uruguay ante Ghana) no pitaran más luego de dirigir a la Celeste alimentó esas ligerezas.

Las lágrimas de los dioses. El fútbol es cada vez más un negocio y su mayor vidriera, deportiva y comercial, son los Mundiales. Sin embargo, resulta reconfortante saber que incluso en aquellos futbolistas con pechos repletos de medallas y su vida económica solucionada hace mucho, todavía se juega por la gloria, que la pasión no se acaba. Es por eso que fue imposible no emocionarse con las lágrimas del croata Luka Modric, del portugués Cristiano Ronaldo o del brasileño Neymar, y mucho menos de Luis Suárez, cuando sus selecciones quedaron por el camino. En el caso de Modric y de Cristiano, es un hecho que la biología no les dará una revancha. Por edad, a Neymar le puede quedar algún cartucho en la recarga. El abatimiento del francés Kylian Mbappé luego de perder la final consolado por el presidente de su país y el arquero rival es otra muestra de que se puede ser grande en la derrota. Suárez ya había dejado claro que era su último Mundial.

Argentina-Países Bajos y la batalla de dos mundos. La polémica generada en torno al partido entre Argentina y Países Bajos por los cuartos de final fue un pequeño tratado de sociología internacional. Por un lado, se cuestionó la falta de deportividad de los argentinos al ganar la definición por penales, olvidando que fue un partido picante, que las pulsiones están a mil y que, de última, un futbolista no es un diplomático. Por otro, se hizo foco en presuntas malas actitudes previas del entrenador neerlandés, motivo por el cual valía mandar un pelotazo al banco de suplentes, o festejarles un gol en la cara. En el medio, un resultado. Si ese resultado hubiera sido otro, también hubieran sido otros los villanos y los héroes. El fútbol es mucho menos complejo de como lo quieren ver.

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