Noel Castro. Foto: Sofía Torres “Yo soy una mujer sola, empoderada. Estoy acostumbrada a ver sobre la marcha cómo manejarme”, contó a Galería. Sus esperanzas están puestas en que Catar, al ser sede del Mundial, tendrá que flexibilizarse. Dice que por ser educada, estar grande, viajar con su hijo y que “aquello va a estar lleno de argentinos”, difícilmente alguien como ella vaya a volverse el foco de atención.
Como dice un proverbio chino, un viaje de mil millas comienza con un primer paso, y el primer paso para viajar a Catar era comprar las entradas para los partidos —que para julio ya estaban agotadas— y tramitar la tarjeta de la Haya (FAN ID), así como lo hicieron algunas uruguayas a las que no les tembló el pulso al momento de hacer click sobre el botón de compra.
Están quienes aprovechan una Copa del Mundo —y la pasión por el fútbol— para hacer turismo en familia. María Eugenia, de 23 años, y Victoria Martínez, de 16, son dos de un grupo de cuatro hermanos a quienes su padre les dio la sorpresa de viajar todos al Mundial durante un almuerzo familiar. De ir a ver a Nacional al estadio cuando eran más chicas pasaron a hinchar por la Celeste en el campeonato de Brasil, y ahora repetirían la que recuerdan como una de las mejores experiencias de la familia, esta vez en Catar.
Micaela Ríos, licenciada en Comunicación e influencer de 28 años, también se va a Catar en familia con sus tíos y primos, y busca a través de videos de TikTok que sus 56.000 seguidores viajen con ella.
Dentro de quienes viajan por trabajo, el equipo de Teledoce, compuesto por 30 personas entre periodistas, cámaras, técnicos y productores, cuenta con Gianella Ferreyra, encargada de la transmisión del canal desde Catar, y con la influencer Alaska, que hará contenidos en las redes sociales. Además, este será el primer Mundial de las periodistas deportivas Nadia Fumeiro (Canal 12), Ana Inés Martínez (Canal 10) y Sofía Romano (Directv y TyC Sports). Lo particular del destino no se podía tomar en cuenta si lo que estaba en juego era el desafío máximo de cubrir un partido de la selección de su país en una Copa del Mundo.
De cómo sacar las entradas para los partidos casi todas se daban por entendidas, pero de lo que es y cómo funciona la tarjeta de la Haya, no tanto. Algunas entrevistadas se enteraron justo a tiempo de su existencia. La FAN ID es una identificación (disponible en formato digital y física) operada por el gobierno de Catar, que es obligatoria para ciudadanos, residentes y extranjeros que asistan a los estadios. Ese documento simplifica los trámites de ingreso al funcionar como un permiso preaprobado de entrada al país que será válido hasta el 23 de enero. También es útil para acceder a transporte gratuito los días de partido y facilita las formas de alojamiento frente a la alta demanda y saturación de la capacidad hotelera en Doha.
Pero el problema del hospedaje va mucho más allá de lo edilicio. Debido a las leyes islámicas, la convivencia entre hombres y mujeres sin estar casados está prohibida, así como el sexo fuera del matrimonio. Por lo tanto, difícilmente Alaska pudiera compartir un cuarto de hotel con Nacho Yaniero y Ramiro Cabrera, su equipo de trabajo. Además, dos hombres tampoco podrían hospedarse juntos, ni una mujer sola. La solución para ella y los equipos de los diferentes canales, que son variados en género y edad, fue optar por el alojamiento que la FIFA Accommodation Agency encontró. En muchos casos se trata de apartamentos que los habitantes de Doha, ante la invasión mundialista, decidieron poner en alquiler.
Fumeiro contó que eligieron un lugar estratégicamente cerca del Centro Internacional de Transmisión (IBC, por sus siglas en inglés), mientras quienes viajan por turismo prefirieron la cercanía con estadios y hospitales, con buena disponibilidad de transporte.
Sean las orientales tan ilustradas como obedientes. Antes del viaje inevitablemente tuvieron lugar algunos cuestionamientos. Micaela Ríos no se considera una mujer “de tipo feminista”, pero mentiría si no dijera que todas las recomendaciones que le hicieron antes de viajar la estaban “bloqueando un montón”. “No tengo ropa para usar en Catar. Fui con una amiga a comprarme vestidos largos pero te juro que lo que más me molesta es tener un protocolo de cómo vestirme”. El uso del velo islámico (hijab) no es obligatorio dentro del país, pero sí lo es el uso de una vestimenta modesta: nada que permita el torso al descubierto, prendas que cubran los hombros y pantalones por debajo de la rodilla tanto para hombres como para mujeres.
A Romano le dijeron desde la gerencia de su trabajo que no iba a tener inconveniente con su guardarropa en el que, según dice, lleva de todo. Pero “voy a un país donde hay 30 grados, yo no voy a estar de polera y pantalón hasta el piso”. Si a alguien le llama la atención por la vestimenta, “preparen el hashtag liberen a Sofi”, bromeó la comunicadora.
Micaela estaba al tanto de unas cuantas cosas más gracias a un grupo de WhatsApp en el que compartían con su familia diferentes apuntes antes de viajar. Por ejemplo, que mientras los hombres cataríes se saludan con un apretón de manos —nunca con la mano izquierda—, entre géneros está prohibido el contacto físico público, por lo que el saludo se reduce a una reverencia con una mano en el corazón. ¿Qué iba a pasar cuando quisiera abrazarse con sus primos en el jolgorio del estadio? Por un momento el “miedo a las cosas que puedan llegar a pasar con la policía” le hizo replantearse querer ir a este Mundial. “Para nosotros los uruguayos, que revoleamos la camiseta, que estamos a los gritos, puteamos… hay un llamado a mantenernos en el molde”.
Alaska se muestra un tanto más descreída (o desafiante). Al menos, se consuela con pensar que cuando la gente actúa en masa se vuelve muy difícil de controlar. “Para el que realmente vive el fútbol es imposible (no gritar en un partido). Después lo pensás y ¿quién va a controlar eso en un estadio con 60.000 personas? No se puede meter preso ni aplicarle una multa a todo el mundo”, reflexionó.
Ni bien se enteró de que viajaría al Mundial se puso “en contexto”. “Hay cosas que no se te pasan por la mente que puedan llegar a ser un problema”, dice Alaska, pero no quiere obsesionarse. Tiene 21 años y la mitad de sus jeans están rotos. “No voy a ir a confrontar. Llevaré la ropa que tengo que se adecua a todo eso, por más que no esté de acuerdo”.
Ana Inés Martínez fue convocada por el Comité Olímpico de Catar para estar presente durante el sorteo del Mundial. La periodista deportiva ya estuvo en el Estado árabe por casi 15 días, donde la FIFA fue la encargada de gestionarlo todo. En su viaje no notó nada “dramático”, más allá de que la gente casi no camina por las calles —colapsando las autopistas— debido a las altas temperaturas.
“Viví normal. De hecho, andaba por la calle de pollera y musculosa porque hacía calor y no me pasó nada. No me miró nadie, no me dijeron nada, y nadie podía saber que yo estaba por el Comité”. Para Ana Inés, son solo “cucos” para los que viajan. Contó que lo de llevar hombros y piernas cubiertos era solo para entrar a lugares públicos o sagrados como las mezquitas o la casa de algún jeque. Eso sí, le recomendaron que no llevara bikini, pero cuando conoció la playa fue para darse cuenta de que las mujeres que bajaban con ropa eran las menos.
“No tengo ni idea de si está bien o mal, pero ellos lo viven con mucha naturalidad”. Según Ana Inés, las mujeres están acostumbradas a vivir de acuerdo a sus costumbres y no conocen otra cosa. Pero la mayoría de habitantes de Catar (79%) son de otras nacionalidades, entre las cuales hay un considerable número de occidentales.
Uruguay es el país rebelde que legalizó la marihuana y muerde en los mundiales, y hay cosas que no negocia: para Micaela es el “revoleo” y para Noel el intercambio de camisetas, para Alaska “las puteadas en el estadio”, y para Fumeiro, Romano y Martínez, el interés periodístico. Por esos motivos ninguna de las entrevistadas se negó a hacer este viaje, muy a pesar de las críticas y señalamientos que vinieron, irónicamente, de otras mujeres.
“En ningún momento me cuestioné no ir a un país por no estar de acuerdo con sus formas’’, señaló Fumeiro. Si se le pregunta, nunca va a estar a favor de ninguna restricción en contra de la libertad “escudada en una cultura”, pero un Mundial es una forma de arrojar luz sobre Catar y “las cosas que pasan allí, que siempre pasaron y van a seguir pasando independientemente del campeonato”. Y más allá de las opiniones ya formadas, “se puede aprovechar lo positivo” y descubrir Catar de una forma “distinta”.
De su experiencia anterior en el Estado árabe, Ana Inés rescató que “es un país atractivo, muy limpio, tecnológico, seguro”, en donde la trataron “superbién”.
Las hermanas Martínez no se van a perder un Mundial porque “aquellos que están en contra no quieren que vayamos”, dice María Eugenia. Para ellas, en Catar están “a años luz de nosotros” pero no van a permitir que eso las detenga: “Sería dejarlos que se salgan con la suya. Me parece que va más en hacer lo que nos parezca bien dentro de sus reglas”.
María Eugenia y Victoria Martínez. Foto: Lucía Durán “Yo voy a disfrutar”, zanjó Noel, “hay muchas cosas peores que hacer este viaje”. Después de haber sido paciente oncológica, lo que la hace feliz hoy es compartir tiempo de calidad con su hijo. “Yo respeto a las mujeres, y le enseño a Lucas cómo tiene que actuar en la vida pero también el respeto por otras culturas y la diferencia con el otro”.
Alaska, si bien también tiene en mente disfrutarlo, hace un llamado a la crítica: “Tenemos que pensar en dónde estamos parados a 2022 para hacer un Mundial en este país”. Aún así, confía en que dos hombres activistas puedan llegar a besarse por gusto para salir en paralelo a través de las pantallas del estadio, pero la realidad es que a la hora de viajar solamente piensa en una cosa: en ella. “Pienso en lo chica que soy, en todo lo que trabajé para llegar hasta acá y en todo lo que significa para mí con lo que amo el fútbol vivir esto. No puedo dejar pasar una chance así. Ojalá dentro de unos años esté en un lugar donde si me llega una oportunidad como esta pueda decirle que no”.
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Apuntes para todos. Las mujeres no son las únicas que necesitan algunas advertencias previas al viaje. La Embajada de Catar en Uruguay publicó un documento que reúne varias recomendaciones:
Se debe respetar el llamado para el Athan, que es un llamado a rezar. Pasa cinco veces al día, todos los días, y es un momento de silencio.
Es una buena idea contratar un seguro médico antes del viaje; los costos de los servicios privados de salud en Catar suelen ser muy elevados, además de que los medicamentos de venta libre en Uruguay pueden llegar a ser sustancias controladas en el país. Si una persona necesita llevar sus medicamentos tendrá que llevar también la receta de su médico o una nota del hospital en la que se detalle la droga, la cantidad recetada y la dosis, traducida al árabe.
La Embajada de Uruguay en el Estado de Catar puede expedir pasaportes de emergencia si el mismo fue robado o extraviado y brindar asistencia si un ciudadano uruguayo se encuentra detenido u hospitalizado, pero no puede interceder para su liberación ni hacerse cargo de los gastos de hospital, así como tampoco puede costear medicinas, boletos de avión, gastos de hotel, multas o deudas contraídas, un abogado, ni otorgar préstamos.
Para evitar que en Catar se bloqueen las tarjetas, lo más conveniente es avisar al banco del que se es cliente sobre el viaje.
Hay que tener en cuenta que los taxis y vehículos particulares no tendrán acceso a los estadios, así que para llegar a los partidos lo ideal es utilizar el transporte público, al que se accede gratis gracias a la FAN ID.
Si bien las temperaturas medias van desde los 17 a los 36 grados, no hay que prescindir del abrigo. El aire acondicionado en los espacios cerrados suele estar muy alto.
Aunque se habla y entiende muy bien inglés en Catar, el idioma oficial es el árabe. La recomendación es tomarse un tiempo para aprender algunas palabras o frases, ya que la sociedad catarí valora mucho que se demuestre interés por su país. Hola se dice marhabaa y gracias es shukraan.
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Yerba Mate Catar
Mahmood Abdi. Foto: @yerbamateqatar Aunque en Catar no se comercializa la yerba mate -para introducirla al país debe estar en su paquete original sellado de fábrica y en cantidades que se justifiquen en el consumo individual-, algunos cataríes la reconocen y diferencian muy bien. Mahmood Abdi tiene 33 años, vivió toda su vida en Doha y es la mente fundadora de Yerba Mate Catar, una comunidad de Instagram que ya tiene cinco años y más de 2.000 seguidores.
Después de ver un video del ex futbolista argentino Daniel Osvaldo tomando mate, decidió ser quien introdujera esa tradición en su país. En su cuenta, Mahmood enseña cómo prepararlo y comparte las reacciones de las diferentes personas a las que les hace probar el mate. Si bien lo toma y comparte con sus amigos, recomienda no beberlo en público. Él consume yerba de sabores fuertes que consigue a través de pedidos en línea. La Canarias es su yerba favorita, aunque piensa que es argentina.
“Amo el mate porque no se parece a ninguna otra bebida, me produce una sensación agradable”, contó a Galería. Lo curioso es que Mahmood también dijo que la gente en Catar sabe más bien poco sobre Uruguay más allá de Diego Forlán, Diego Lugano, Lucas Torreira y Fray Bentos, la ciudad natal de este último. En un contexto de mundial, ¿qué más se puede pedir? Si no conocen a Uruguay por su mate, que lo conozcan por sus estrellas del fútbol.