Entre hisopados y sueños, los representantes nacionales llegan a Japón a disputar unos Juegos Olímpicos con pandemia y sin público
Entre hisopados y sueños, los representantes nacionales llegan a Japón a disputar unos Juegos Olímpicos con pandemia y sin público
Entre hisopados y sueños, los representantes nacionales llegan a Japón a disputar unos Juegos Olímpicos con pandemia y sin público
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLuego de 36 horas de vuelo, una escala en San Pablo y otra en Fráncfort, dos hisopados y una semicuarentena en Punta del Este durante los 14 días previos, los veleristas Pablo Defazio y Dominique Knüppel pisaron suelo japonés el lunes 5 de julio. De esta forma se convirtieron en los primeros integrantes de la delegación uruguaya en llegar a la cita con la que 12.000 atletas soñaron durante cinco años. No pudieron salir del aeropuerto hasta que les dio negativo un test de antígenos practicado ahí mismo. Recién dos horas después fueron conducidos, escoltados, hasta el que fue su primer hogar en el país que albergará a los Juegos Olímpicos: el hotel Rembrandt de la ciudad de Ebina. Sus habitaciones -Palo y el entrenador Diego Stefani en una, Dominique en otra- estaban en un quinto piso, al que debieron subir por unas escaleras de servicio para no estar en contacto con el resto de los huéspedes. Afortunadamente, son deportistas. La comida para ellos era dejada en una recepción improvisada en el cuarto piso, ya que tampoco podían ingresar al restaurante del edificio. Una semana después, luego de controles PCR diarios y monitoreos de salud constantes en dos apps que debieron bajarse, se mudaron a Enoshima, donde se disputarán las competencias de vela. Para hoy, jueves 15, ya con los barcos armados, está previsto el inicio de los entrenamientos en el agua.
"Parte de nuestro entrenamiento es psicológico", dice Knüppel a Galería. "Hay que venir con la cabeza abierta y adaptarnos a todo. Hasta que no llegara el barco y no tuviéramos gimnasio, debimos entrenar en la habitación. Siempre hay que buscarle la vuelta", dice esta velerista "de toda la vida". "Esto es como en una competencia: te puede tocar viento fuerte, viento calmo, olas. La clave es adaptarse".
Adaptarse. No hay más remedio. En eso andan los 11 deportistas uruguayos que representarán al país en cinco disciplinas en los Juegos Olímpicos de Tokio que se iban a celebrar en 2020 y que comenzarán el próximo viernes 23, los que iban a ser caracterizados por la tecnología de punta y terminaron marcados por la pandemia. Tanto así, que el jueves 8 el Comité Organizador decidió que las competencias que se desarrollarán en la capital japonesa serán sin público, ante un recrudecimiento de la situación sanitaria por una nueva cepa del coronavirus. Ni siquiera se dará a los dueños de casa la posibilidad de asistir a los estadios con aforo restringido, como se pensaba hasta entonces. Hasta el momento, solo podrán admitirse asistentes en las ciudades que albergarán distintas disciplinas y donde no rige esta medida, como es el caso de Enoshima y la vela.
La diferencia con un evento mundial "normal" la podrá notar la corredora Déborah Rodríguez, una de las designadas abanderadas de la delegación uruguaya, buena nueva que recibió en Arizona, Estados Unidos, país donde reside y entrena; estos serán sus terceros JJ.OO. También lo percibirá Emiliano Lasa, que va por sus segundos Juegos, siendo el atleta uruguayo de mejor participación olímpica tras su sexto puesto en salto largo en Río de Janeiro 2016. Él, que vive en Brasil, se fue a ultimar su preparación en Madrid, España. Otra experiente en estas lides es la velerista Dolores Lola Moreira, abanderada en Río y quien fue la última en irse de Uruguay, el jueves 8. El otro "veterano" es el ya nombrado Pablo Defazio, quien a sus 40 años es el mayor de la delegación, y que en 2016 compitió junto con su esposa, Mariana Foglia. Ella dejó de navegar luego del nacimiento de Lara, la hija más chica de la pareja, quien no entiende del todo por qué papá se va tan lejos y por tanto tiempo.
Para otros, haya pandemia o no, los Juegos Olímpicos de Tokio 2021 son un sueño alcanzado desde que empezaron a correr más rápido, a saltar más alto, a remar más fuerte. Así lo es para Dominique, hija del olímpico Bernd Knüppel, quien representó a Uruguay en su mismo deporte en Los Ángeles 1984 y Seúl 1988; para María Pía Fernández (1.500 metros), desde que a los 13 años corría por el Parque Centenario de su Trinidad natal, ciudad que tiene en su corazón compartido con la española León, adonde viaja desde hace tres años para competir y entrenar; y para Mikael Aprahamian (judo), quien entrena y estudia también en España, en Valencia, y ve los frutos que da el haberse dedicado a este deporte de origen japonés desde los seis años, en el Club Náutico, donde sus padres lo anotaron para que controlara un poco su carácter "ansioso e insoportable".
Será también el debut olímpico de los dos nadadores, ambos radicados en el estado de Florida, en Estados Unidos, Enzo Martínez y Nicole Frank, que con 17 años es la más joven de la delegación. Enzo vive en Gainesville, el domingo 11 viajó a Hawái "para no hacer todo el viaje de golpe" y el 18 prevé pisar suelo japonés. Graduado en Negocios Internacionales por la Universidad de Florida, aún no ha podido ejercer porque su entrenamiento con miras a los Juegos Olímpicos se extendió un año más por la pandemia. Siendo un niño miraba asombrado por televisión cómo Nicolás Mafio, que estaba enrolado en su mismo club, el Campus de Maldonado, nadaba representando a Uruguay en Atenas 2004. "Era un referente para mí, que estaba haciendo lo que me parecía imposible". Ahora él sigue sus pasos. En Clermont, Nicole tuvo que crecer de golpe: desde diciembre de 2019 se fue a EE.UU. por una beca deportiva, dejando a su familia, su Colón y a su club Olimpia, donde hacía mucho tuvo que elegir entre nadar y hacer gimnasia artística.
En la localidad gallega de Tuy, España, se ultimaban los sueños de los últimos debutantes: la pareja de remeros integrada por Bruno Cetraro, el otro abanderado de la delegación, y Felipe Klüver. Montevideano y del Rowing uno, mercedario y del Remeros el otro, tienen la desventaja respecto a otras duplas que llevan apenas poco más de un año remando juntos. Sin embargo, eso no les impidió haber clasificado a Tokio con un registro inédito para el deporte nacional: el remo de Uruguay jamás había obtenido el primer lugar en un Preolímpico, hasta que ellos lo consiguieron en doble par ligero en la Lagoa Rodrigo de Freitas, de Río de Janeiro, en marzo pasado. Ambos, además, poseen el récord nacional en 2.000 metros. "Bajamos en ocho segundos la marca que tenían (Rodolfo) Collazo y (Ángel) García", dice orgulloso Cetraro. Fue justamente viendo a la dupla Collazo-García, en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, que el padre de Bruno pensó en el remo como el deporte ideal para que el nene gastara energías.
Una cosa es cierta: Uruguay va con lo mejor que tiene. Los de Cetraro y Klüver no son los únicos récords nacionales en las competencias en las que participarán; Emiliano Lasa también lo tiene en salto largo (8,26 metros), Déborah Rodríguez en 800 metros (2:01:46), María Pía en 1.500 metros (4:09:45), Enzo Martínez en 50 metros libres (22,44 segundos) y Nicole Frank en 200 metros combinados (2:18:24). Todos sueñan. ¿Son sueños sustentados en la realidad? La esperanza es lo último que se pierde.
Sueños y realidades. "La gente siempre te pregunta: ‘¿Y, sacamos una medalla?'. No se dan cuenta de que clasificar a los Juegos Olímpicos ya es un motivo de orgullo. Luego, sacar una medalla ya es muy complicado. Sí hay expectativas, aun sabiendo las dificultades. Capaz podamos obtener algún diploma olímpico (distinción que certifica a los ocho primeros lugares en cada competencia), pero no me preguntes quién", dice a Galería el jefe de la misión uruguaya en Tokio, Marcello Filipeli.
Filipeli ya está en Tokio, adonde partió el sábado 10 junto con el médico a cargo y un funcionario administrativo del Comité Olímpico Uruguayo. Lleva mucho tiempo leyendo y releyendo un documento de más de 70 páginas donde se detallan los controles y las recomendaciones para moverse en Japón y en pandemia. "Pero todas las semanas cambia algo, una nueva variación, una nueva recomendación, algo nuevo a tener en cuenta", acota.
La delegación es pequeña incluso para los parámetros uruguayos: hay que retrotraerse a Montreal 1976 para encontrar una comitiva con menos deportistas (9) y a, casualmente, Tokio 1964 para una con menos deportes (4). Es también la más "paritaria", ya que cinco de los 11 competidores son mujeres. Y queda claro que ninguno de los deportistas podrá hacer nada parecido a turismo: los atletas solo pueden dirigirse a la Villa Olímpica (erigida en una isla artificial en la bahía de Tokio), a su lugar de entrenamiento y a la competencia. Cualquier otro recorrido está prohibido. "Ni bien se pisa Japón, junto con hisopados, aplicaciones y mucha documentación, hay que detallar un plan de actividades para los siguientes 14 días y ceñirse a él", explica Filipeli.
Cuando un atleta queda eliminado o termina su competencia, tiene hasta 48 horas para abandonar el país.
El temor de Japón es que surja un brote importante de coronavirus en la Villa Olímpica. Si un deportista resulta ser el contacto estrecho de un positivo, se lo aísla hasta que se hisope y dé negativo; si en ese tiempo, apenas unas horas, tenía programado un entrenamiento o la misma competencia, se la pierde. Si llega a ser positivo, ese deportista pasa a estar bajo el cuidado del Ministerio de Salud de Japón, saliendo de la órbita de su respectivo comité olímpico. "Y no hay chance", subraya Filipeli.
Sin pensar en el Covid-19 más allá de lo normal, los deportistas sueñan y sueñan. Lasa, diploma olímpico en 2016, se siente más experiente y tranquilo que entonces. María Pía Fernández piensa en llegar a la semifinal y ("¿por qué no?") a una final. Lola Moreira asegura que aprendió de los "mil errores" que cometió en Río de Janeiro y se imagina entre las 15 o incluso 10 primeras. Enzo Moreira busca mejorar su marca, Nicole Frank disfrutar la experiencia "y crecer como persona", y Mikael Aprahamian le quita toda ancla a sus expectativas: "¿Para qué compito si no es para una medalla? Todos son buenos y mágicos, ¡yo también soy bueno y mágico!". Él competirá en judo en el país del judo.
Tiempos, rachas y sorpresas. Durante 36 años, ante la inminencia de una nueva cita olímpica, se recordaba que el último medallista uruguayo había sido Washington Cuerito Rodríguez, bronce en boxeo (peso gallo) en (sí) Tokio 1964. Esa racha sin medallas olímpicas, la más larga hasta ahora, la rompió en Sídney 2000 el ciclista Milton Wynants, cuando logró la plata en la carrera por puntos. Por ahora, la sequía dura "solo" 21 años, la segunda más extensa.
"Pero conseguir una medalla no es imposible. En deportes que son por tiempo, donde ya se sabe cuáles son las mejores marcas de cada uno, más o menos se puede imaginar una colocación. Pero en deportes como vela hay factores que no se sabe cómo pueden influir", dice Filipeli.
En otras palabras, si en 800 metros femeninos el récord mundial es 1:53:28 y data de 1983, y en los 50 metros natación la plusmarca es de 20,91 segundos (2009), es difícil ver a Uruguay en el podio. Bajar fracciones de segundo es una proeza. Sin embargo, en una competencia donde influye el clima o las olas la historia puede ser otra.
Juega también la forma de clasificar. En atletismo y en natación, si ningún atleta lograba llegar a las marcas exigidas por el Comité Olímpico Internacional para clasificar a Japón o no tenía la ubicación requerida en el ranking, cada comité nacional podía designar a dos atletas, un hombre y una mujer, para que lo represente. Por esta vía clasificaron Lasa y los dos nadadores. Las dos mujeres atletas sí lograron el pasaje por ranking.
Los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna postergados por un motivo que no sea una guerra culminarán el 8 de agosto. Luego de haber vivido la mayor experiencia que pueden vivir como deportistas, los aproximadamente 12.000 atletas que participarán de la cita volverán a su casa; entre ellos, los 11 uruguayos. Nicole Frank deberá decidir qué carrera estudiar entre sus opciones favoritas: deporte y biología; Pablo Defazio volverá a su taller de veleros y barcos en Montevideo y Maldonado; Felipe Klüver seguramente se inscriba en Educación Física, mientras su compañero Bruno Cetraro espera su última nota para culminar la Licenciatura en Imagenología: "En Uruguay no se puede vivir del deporte, hay que estar preparado para remarla afuera del agua".
Y de remarla, Bruno -quien es uno de los abanderados de la delegación olímpica, el uruguayo con más medallas de oro a nivel sudamericano en su disciplina (seis)- sabe un rato largo.
EMILIANO LASA (31)
Atletismo, salto largo
"Recién pude comenzar a entrenar en marzo de este año. Vine de un año complicado, con una cirugía, una lesión y la incertidumbre de la pandemia. Fue estresante pero me estoy sintiendo bien, ya sin molestias. Mis marcas me dicen que es posible una buena actuación. En Río de Janeiro fui como el número 31 de 32 y terminé sexto; eso me da confianza".
MARÍA PÍA FERNÁNDEZ (26)
Atletismo, 1.500 metros
"Estar en los JJ.OO. es el sueño de cualquier deportista. Estar en una villa, competir con los mejores, es un sueño cumplido desde que comencé a correr. Llevar la bandera de Flores también, para devolverle a la gente el cariño y el apoyo que siempre recibo cuando estoy ahí. Pero León (España) también me ha acogido como una más, ya es mi segundo hogar".
DÉBORAH RODRÍGUEZ (28)
Atletismo, 800 metros
"Estoy muy orgullosa y feliz de tener el privilegio de llevar la bandera de mi Uruguay a lo más alto (...). Lo que más deseo en estos Juegos es disfrutarlos. He aprendido que desde el disfrute se consiguen mucho más cosas...", escribió en su cuenta de Instagram. Contactada por Galería, pidió responder las consultas por email, pero al cierre de esta edición sus respuestas no habían llegado.
DOLORES MOREIRA (22)
Vela, láser radial
"Ahora tengo más experiencia y más campeonatos arriba que en Río de Janeiro. Estoy mucho más confiada. En mayo fui a tres competencias en Europa, en Portugal y en Holanda, y me encontré mucho mejor de lo que pensaba, tomando en cuenta que estuve un año y medio sin competir en el primer nivel. Por culpa de una lesión, además, recién pude encarar a partir de octubre".
ENZO MARTÍNEZ (26)
Natación, 50 metros libres
"Me vaya bien o me vaya mal estoy cumpliendo el sueño de toda mi vida: representar a mi país en los Juegos Olímpicos. No me gusta pensar en números, pero si mejoro mi marca y paso la fase, bárbaro. Ya iré pensando luego".
PABLO DEFAZIO (40)
Vela, nacra 17
"Si bien entrenamos en Uruguay, tenemos que competir afuera porque en Sudamérica no hay competencia en nuestra categoría, haya pandemia o no. Cuando este tema arrancó, en 2020, justo estábamos en Europa y se cerró todo. Estuvimos encuarentenados dos meses allá en el sur de Francia, pero por suerte en un lugar donde podíamos navegar".
DOMINIQUE KNUPPEL (27)
Vela, nacra 17
"Yo quiero crecer como deportista. Esta es una experiencia en la que se puede absorber muchísimo, viviendo y disfrutando la experiencia. Quienes han estado en los Juegos dicen que lo que se disfruta es el esfuerzo realizado a lo largo de cuatro años, cinco en este caso. Y quiero rendir al máximo. Capaz que pensar en una medalla es mucho, pero clasificar a la Medal Race...".
NICOLE FRANK (17)
Natación, 200 metros combinados
"Quiero darlo todo y disfrutar los momentos. Voy a estar con grandes a nivel mundial y observar todo. Yo estoy viviendo en Clermont con una familia de Venezuela cuyo padre es mi entrenador. A esta altura son mis segundos padres. Yo tuve que madurar. No volví a Uruguay desde que vine. Vinieron mis padres, un hermano, pero a mi abuela salvo por videollamada no la volví a ver. Extraño a un montón de gente, pero en el día a día no te parás a pensar en eso".
MIKAEL APRAHAMIAN (33)
Judo, hasta 81 kilos
"El judo me ayudó mucho, me metí en el Club Náutico y quedé. Yo era medio insoportable y así terminaba quemando energías. Aprendés disciplina y respeto al otro, luchás con él pero hay un gran respeto atrás. He recibido mucha fuerza y cariño de mi familia y amigos. Este es un logro para ellos también".
FELIPE KLÜVER (21)
Remo, doble par ligero
"Me metí en el remo en 2015, hace seis años. La verdad, es brutal el poco tiempo que pasó. Vaya uno a saber qué tiene Mercedes para el remo, quizá sean las condiciones del río Negro, el apoyo del club (Remeros), la gente...".
BRUNO CETRARO (23)
Remo, doble par ligero
"El sueño es una medalla y vamos por ella. Pero estar entre los seis mejores sería un gran logro por el poco tiempo que estamos juntos. Ya estamos entre los 18 mejores del mundo y es tremendo. En Uruguay entrenamos en el Rowing y en el lago Calcagno. En el exterior te banca la Federación (de Remo), pero nuestro principal sponsor son nuestras familias".