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    “En China la meta es que crezca el fútbol y que haya más afición”

    Entrevista: Gustavo Poyet prepara su debut este miércoles 8 como técnico del Shanghai Shenhua, el cuadro que acaba de contratar a Carlos Tévez por una cifra millonaria; a dos meses de su llegada a China, el entrenador uruguayo hizo la pretemporada en Okinahua e intenta acostumbrarse a la gastronomía local

    Son casi las 10 de la noche y la temperatura en Shanghai ronda los siete u ocho grados, pero la caminata de unos 15 minutos hace que el frío no sea tan intenso. Gustavo Poyet acaba de llegar a su casa después de comer en un restaurante italiano que eligió a través de una aplicación en su teléfono. Acompañado del argentino Mauricio Taricco, el entrenador uruguayo tuvo una cena “de novela”, a pesar de que debió hacer una pausa para atender a una radio española que quería conocer su experiencia en esa ciudad.

    Poyet arribó hace un par de meses a China y luego de vivir unos días en un hotel se mudó a un apartamento al que próximamente llegará Madelon, la uruguaya con la que está casado hace 28 años. Ella se instalará allí, igual que lo hizo en Francia, España, Inglaterra y Grecia. Sus dos hijos nacidos en Zaragoza, Matías y Diego, seguirán en Londres. El primero trabajando en un banco, el segundo intentando conseguir un club que le permita seguir con su carrera de futbolista luego de su salida del West Ham.

    A los 49 años, Poyet asumió un nuevo desafío profesional: ser el entrenador del Shanghai Shenhua, uno de los clubes más grandes del fútbol chino, conocido en estos días por ser el que contrató al argentino Carlos Tévez por una cifra que, según trascendió, alcanzaría los 40 millones de dólares por año. El exfutbolista y técnico uruguayo llegó a Shanghai después de su salida del Betis, donde los magros resultados precipitaron su alejamiento. Eso fue en noviembre de 2016 y rápidamente armó las valijas para viajar a Asia junto a Taricco —su asistente técnico— y el resto de su staff, que lo completan dos ingleses y un griego.

    Si bien para la gran mayoría de los uruguayos la Super Liga China resulta desconocida, desde el punto de vista económico hoy es una de las más poderosas del mundo. Muy lejos aún del brillo y del destaque de competencias como la española, la inglesa o la italiana, en los últimos años el campeonato chino fue cobrando fuerza, y captando a destacados jugadores y entrenadores extranjeros. Su caso es diferente al de India o Estados Unidos, adonde en los últimos años han llegado futbolistas de renombre, pero que en general están al final de su carrera. En China, la situación es otra: son extranjeros que llegan con una carrera aún en auge y se integran a un fútbol que intenta cobrar protagonismo en la escena internacional, una idea que está impulsada desde el gobierno.

    A ese fútbol chino, que tiene prestigiosos entrenadores como Luiz Felipe Scolari, André Villas-Boas o Manuel Pellegrini; y jugadores como Tévez, Hulk, Oscar o Ezequiel Lavezzi, entre otros, llegó en noviembre Poyet, un técnico con una destacada carrera internacional, en especial en Inglaterra, pero un pasaje muy breve por el fútbol uruguayo.

    Poyet se inició como jugador en River Plate uruguayo en 1986 pero enseguida pasó al Grenoble, entonces en la segunda división francesa. Volvió a River, pero fue apenas por un tiempo. Su carrera continuó en el Real Zaragoza de España, donde obtuvo la Copa del Rey en 1994 y la Recopa Europea en 1997. En Inglaterra jugó en el Chelsea (obtuvo nuevamente la Recopa de Europa en 1998, la Supercopa de Europa en el mismo año, la Copa de Inglaterra y la Community Shield en 2000), luego en el Tottenham y por último en el Swindon Town, de donde se retiró en 2006. A mediados de los 90 integró en varias oportunidades la selección uruguaya, y fue parte del equipo que en 1995 ganó la Copa América. En 2007 empezó como entrenador. Primero dirigió al Brighton & Hove Albion, un equipo de la tercera división de la liga inglesa, y en 2013 asumió como entrenador del Sunderland, convirtiéndose en el primer uruguayo en dirigir un equipo de la Premier League. Después viajó a Grecia para dirigir al AEK Atenas y luego a España, donde fue DT del Betis.

    Si bien hace años que vive en el exterior, Poyet mantiene vínculos con Uruguay. Entre 2005 y 2006 estuvo relacionado con el fútbol local porque fue presidente de la Organización Nacional de Fútbol Infantil (ONFI). Su madre, Gloria, y parte de su familia viven en Montevideo. Su padre, Washington Poyet, era basquetbolista y murió en 2007. Diego, el menor de sus hijos, tuvo una participación en selecciones juveniles inglesas, pero decidió abandonarlas para sumarse en 2015 a la sub20 de Uruguay que disputó el Mundial de Nueva Zelanda.

    La semana pasada, Poyet conversó telefónicamente con galería desde su apartamento en Shanghai, una ciudad de casi 25 millones de habitantes, que definió como “espectacular, cosmopolita y muy europea”. Vive en una zona céntrica, a 15 minutos del Huangpu, el río que atraviesa la ciudad, y a 10 del corazón citadino. Esas distancias las puede recorrer a pie, algo que le resulta muy práctico pues en China los extranjeros necesitan tramitar un permiso especial para poder conducir.Poyet habla con expectativa y entusiasmo de su trabajo. Habla de “mi”, de “yo”, y no cae en ese lugar común de “nosotros” para referirse a él mismo. Toda su manera de expresarse es distinta a la de la mayoría de sus colegas del mundo del fútbol. Piensa cada respuesta, tiene un vocabulario variado, pulido, y maneja ideas y conceptos concretos.

    Poco antes de la charla, Poyet había cenado junto a su asistente en aquel restaurante italiano. Fue una forma de terminar el día con platos más amigables y familiares que los del mediodía, porque en general almuerza en el centro de entrenamiento del club, donde se prepara cocina local. A él le gustaba la comida china que probaba en restaurantes del mundo, pero en Shanghai es distinto. Por ahora probó ensaladas, frutas, y algunas sopas de fideos. “Al resto todavía no me animo”, admitió, aunque sabe que a la larga incursionará en nuevos sabores. De todas maneras, dice que viene mejor que su asistente argentino, porque a él la adaptación le cuesta más.

    ¿Cómo fue su llegada a China?

    Sorpresiva, inesperada. Cuando salgo de un equipo, en general lo que hago es desaparecer unos días. En este caso, después del Betis, fui con mi señora a Dubai. Ahí me llamaron y me dijeron lo de China. Al principio tuve la típica reacción de “no, pará”... Estaba tranquilo, descansando. Empezamos a hablar y cuando me quise acordar se terminaron los días que iba a estar en Dubai. Volví a Londres y tuve que viajar urgente para China porque empezamos a trabajar a los dos días. Terminé con el Betis el 11 o 12 de noviembre y el 28 ya estaba viajando a Shanghai.

    Más allá de lo económico, ¿qué lo tentó de dirigir en una liga como la china?

    Varias cosas. Cuando era futbolista quería jugar en el mejor equipo del mundo y en la selección. En eso, la carrera de entrenador va igual. La diferencia es que ahora hay un grupo de trabajo. Dependiendo del trabajo que uno tiene, ellos tienen una tarea mejor o peor. Eso me hace tomar decisiones pensando mucho en ellos. Sé lo que es la vida del entrenador de goleros, del preparador físico; los problemas, los contratos que tienen, y las posibilidades que salen. Quizás hay algunas cosas que las decido yo porque estoy al frente del grupo y otras me gusta muchísimo compartirlas con ellos. Y en este caso empujaron bastante (risas). Pero también me gustaba la idea, porque aprendí mucho en los cuatro o cinco trabajos anteriores. Tuve la suerte de estar en distintos países, en diferentes situaciones, en algunos me fue muy bien y en otros muy mal, como en el Betis. De eso aprendés para los próximos desafíos.

    Viene de ligas muy poderosas como la inglesa o la española, donde se conocen bien los jugadores y los estadios. ¿Qué sabía de China?

    Nada. Llegás a un lugar en donde las primeras dos semanas hacés un desgaste mental brutal para conocer a todo el mundo. Tenés que conocer a todos los jugadores: como futbolistas, como profesionales y como personas. Las reacciones, independientemente de los nombres. Me gusta llegar al entrenamiento y tener todo preparado. No podés llegar y empezar “¿quién es aquel?”, “¿de dónde salió este?”, “ah, es zurdo”. Los primeros días fueron realmente un impacto. Había visto un par de partidos antes de viajar, pero en una computadora tampoco ves mucho al jugador, ni la cara. No tiene nada que ver. Pero me gusta saber quiénes son, tratar de comunicar, de conocerlos, aprender mucho. Te abre mucho la cabeza, porque somos muy latinos, de vida o muerte, y hay que ganar, y acá te encontrás con otra mentalidad.

    ¿Cómo son las instalaciones deportivas y en qué consisten los entrenamientos?

    Campos de entrenamiento como los de Inglaterra no vi en ningún lado. En España siguen siendo muy comunes, sin ser los de los grandes. Aquí el equipo tiene un lugar hermoso, una potencialidad espectacular y de a poco lo van mejorando, porque el fútbol está creciendo. Y el lugar va creciendo como el fútbol, y con ideas de gente que venimos de afuera y sumamos alguna cosa que a ellos les interesaría mejorar. Los entrenamientos son normales, aunque en diciembre estuvimos 18 días en una isla del sur haciendo la pretemporada. Estuvimos concentrados en el hotel. Después tuvimos unos días libres por Navidad y luego nos fuimos a una isla en Japón, Okinahua, bastante conocida por la historia, no por el fútbol. Allí, otros 19 días en un hotel. Casi 37 días de concentración, entrenamientos y todo el día metidos en un hotel. Creo que a cualquier nivel parecería mucho. Pero ya estaba hecho así cuando firmé el contrato. En Inglaterra, España o Uruguay se va al equipo un par de semanas por ahí, y todo el mundo se quiere morir. Esto me pareció largo, ¡te imaginás a los jugadores que estuvieron entrenándose todo el día en doble horario!

    Viene de países como Inglaterra, Grecia o España, donde el fanatismo es muy fuerte, pero en China es frecuente que el interés sea por equipos extranjeros.

    El nuestro es un caso particular y en eso tengo un poquito de suerte. Nuestro equipo tiene una afición muy importante. Lo demostraron cuando llegó Tévez: la cantidad de gente que había en el aeropuerto era espectacular. Llegamos de la isla luego de la pretemporada y cuando llegamos al aeropuerto nos esperaban 200 o 300 hinchas. No habíamos ganado ningún partido, solo nos estaban recibiendo porque sabían que veníamos, querían una foto. Hay hinchas y está creciendo, creo que esa es la meta. Que crezca el fútbol y que haya más afición; y la segunda es que el jugador chino se aproveche y mejore con la llegada de jugadores. Cuando jugamos de local normalmente van entre 20.000 o 30.000 personas, hay unos cuatro partidos grandes en los que se llena el estadio que es para 40.000 personas. Todos tienen la camiseta, o vienen vestidos de azul.

    Ahora es Tévez la estrella. ¿Quién era hasta ahora la figura de su equipo?

    Teníamos varios extranjeros importantes. Quizás el que había generado más impacto fue (el francés) Demba Bá, que jugó en Inglaterra. Se lesionó feo el año pasado, con una quebradura que todavía lo tiene afuera. Tengo dos colombianos: Fredy Guarin y Giovanni Moreno, el capitán del equipo. Hay un nigeriano, Obafemi Martins, un punta muy potente que jugó en el Inter de Milán, en el New Castle y en el Seattle de Estados Unidos; y también el coreano, Kim Kee-hee. Son las referencias, los jugadores que le dan un plus al equipo.

    ¿Cuáles son los principales equipos y sus rivales clásicos?

    Tenemos un partido importante con un equipo de Beijing: el Beijing Guoan. Pero en los últimos años viene ganando la liga el equipo de Scolari, el Guangzhou Evergrande. También tenemos un clásico con el otro equipo de Shanghai, el Shanghai SIPG. Dicen que es un clásico de los clásicos, de estadio lleno, que la ciudad vive el partido. Ahí está Villas-Boas. Tienen a Hulk, acaban de firmar con Oscar, del Chelsea. Por lo que comentaron el otro día hay ocho equipos que tendrían posibilidad de ganar la liga. En general serían tres o cuatro grandes, pero hay equipos que han subido o se han reforzado. La gente piensa que puede haber ocho candidatos a ganar. El Guangzhou, que viene ganando, es el favorito total.

    En el libro “El Principito”, Ruben Sosa habla de su llegada a China en 2002, y cuenta que en ese momento sintió que lo llevaban como a un profesor, para enseñar a otros jugadores. ¿En qué momento marcaría usted el inicio de la profesionalización del fútbol chino?

    Hubo un intento entre mediados de 2002, 2003, cuando empezaron a venir técnicos extranjeros. Ahí también estuvo (el uruguayo) Osvaldo Giménez. Después paró y hace tres o cuatro se reavivó con la venida de Didier Drogba y (Nicolas) Anelka. Al mismo tiempo, mucha más gente estaba intentando comprar equipos, tanto en España como en Inglaterra. Estoy hablando de consorcios o empresas chinas, que habían tenido una experiencia en España o Inglaterra, que empezaron a manejar acá el mismo sistema, que me imagino que es comercial o publicitario. En nuestro caso, una empresa de construcciones, Greenland, es la dueña del equipo, la que representa a los jugadores. Esa es la situación, empresas importantes o gente que tiene empresas con mucho poder económico, que se han metido en el fútbol y están haciendo un impacto.

    ¿Qué ocurre con las distancias al momento de jugar, porque son 16 equipos de distintas ciudades?

    Por lo que me dijeron, lo máximo pueden ser tres horas y media en avión.

    ¿Es parejo el nivel de instalaciones?

    No las conozco de primera mano, hablo más por información que recibí. Hay ciudades que son muy populosas pero no son cosmopolitas como esta. En otros lugares 99% es chino, nadie habla inglés. Son otras condiciones para cualquier extranjero. De los ocho equipos que pueden ganar la liga, hay cuatro que no tienen la capacidad económica para traer jugadores de nivel. Lo interesante es que hay cuatro equipos en la segunda división —había seis pero subieron dos— que tienen un poder económico espectacular, igual o superior a la primera. Y quieren subir. Entonces no debería sorprender que venga algún jugador famoso a la segunda.

    ¿Cómo es su día a día en China?

    Hasta ahora estaba viviendo en un hotel. Desayuno 7:30, a eso de las 8 pasa el auto del club y a buscarme y a las 8:30 estoy en el entrenamiento. Ahí tengo mi habitación, mi oficina donde chequeo los temas médicos. Siempre hay una sorpresa con algún jugador. Sobre 9:30 voy al campo para tener todo preparado para el entrenamiento. Después hay alguna reunión y luego como. Hasta hace unos días teníamos doble horario, entonces después descansábamos un poco y volvíamos. Si no, a las 2 de la tarde volvés a tu casa y ahí empiezo mi análisis particular.

    En el club tiene un traductor y usted habla bien inglés. ¿Tiene dificultades para comunicarse?

    En los apartamentos en los que estoy viviendo hay mucha gente que habla inglés, en el resto del barrio depende. En un supermercado grande tenés una zona de cosas internacionales y eso ayuda porque son productos conocidos, y también tenés ayuda del personal. Pero en el típico supermercadito local, en el viejo almacén de Uruguay, no tenés chance.

    ¿Qué hace en su tiempo libre? ¿Lee?

    No leo. Me gustaba mucho leer, cuando era asistente de entrenador leía muchísimo. Desde que pasé a ser entrenador no puedo leer más. Leo un par de hojas y me pierdo. Me ayudan mucho las series. Pero tiene que ser con auriculares y metido adentro de la computadora. Como “Suits”, la de los abogados. Me gustan mucho las series de abogados. Me enganché también con “Juego de Tronos”. No es mi especialidad pero después que vi las dos primeras temporadas me enganché. Estuve viendo la de Pablo Escobar, y la otra vez leí lo que dijo su hijo en “El País” y me decepcionó un poco, porque me la había creído toda (N de R: en una entrevista con ese diario, Juan Pablo Escobar, hijo del narcotraficante, dijo que la serie de Netflix tiene una visión “glamorosa” sobre su padre).

    ¿Sigue a los medios uruguayos?

    Hago un recorrido por medios de España, Inglaterra y Uruguay. No sé detalles. Pero sé quién ganó la liga, cómo están, qué pasó. Si no puedo hacerlo temprano, es lo primero que hago cuando llego a casa.

    Poyet y sus colaboradores tienen la mente puesta en el miércoles 8 de febrero. Ese día, el Shanghai Shenhua jugará lo que el técnico define como “el partido más importante de los últimos seis o siete años”, porque en él se definirá si su equipo se clasifica para la AFC Champions League, la Champions de Asia. Ese será su debut como técnico al frente del equipo, y será como local, en el estadio de su club. No hay margen de error, porque es solo un juego. En caso de ganar habrá competencia internacional. Si pierde, deberá continuar solo con la liga china, que comienza en marzo.

    En Uruguay son poco más de las 10 de la mañana del jueves 27 de enero; en Shanghai es la noche previa a la celebración del Año Nuevo chino. Mucha gente abandonó la ciudad hacia otros puntos del país, y el intenso movimiento de autos, motos y bicicletas ha disminuido. Al día siguiente, a Poyet lo esperaba una celebración muy particular: el presidente del club lo había invitado a despedir el año en un restaurante céntrico. Así, lejos de su casa y con un desafío laboral en el horizonte, Poyet comenzó a transitar el Año del Gallo en el corazón de Shanghai.

    · OBJETIVO 2050

    Los hinchas de Boca estaban enfurecidos. Carlos Tévez, el héroe que había vuelto al equipo para devolverle la gloria perdida, decía adiós. En principio parecía inentendible, porque su destino no era el competitivo fútbol europeo, sino el —a priori— poco atractivo mercado chino. Después las cosas empezaron a comprenderse: el Shanghai Shenhua le pagaría al “Apache” unos 40 millones de dólares por año para convertirlo en la figura de la Super Liga China.

    Era finales de 2016, y otros futbolistas habían dado pasos similares en los meses anteriores. Oscar o Hulk, por ejemplo, habían dejado el Chelsea y el Zenit de San Petersburgo, respectivamente, para viajar al Shanghai SIPG por 66 y 51 millones de euros. También entrenadores de renombre emigraron a equipos chinos, como Luiz Felipe Scolari, André Villas-Boas o Manuel Pellegrini.

    Poderosas empresas chinas vinculadas a la tecnología, al comercio electrónico y a la construcción están invirtiendo en equipos de su país, impulsadas por el gobierno comunista del presidente Xi Jinping, que busca convertir a China en una potencia futbolística mundial. La meta parece lejana, teniendo en cuenta que el país solo participó en un Mundial, el del 2002, gracias a que Corea y Japón fueron los organizadores y había cupos disponibles en la región.

    El objetivo chino es que en 2020 el país sea una potencia regional y en 2050, mundial. Y para eso se definió un ordenado y ambicioso esquema de planificación. Hace unos años comenzaron a construir escuelas de entrenamiento para niños —una de ellas cuenta con el apoyo del Real Madrid—, porque el plan no solo incluye la llegada de estrellas extranjeras, sino que haya jugadores chinos competitivos. Además, se están construyendo estadios y mejorando infraestructuras.

    En 2002, el futbolista uruguayo Ruben Sosa llegó a China. En el libro “El Principito” contó que recibió 300.000 dólares por jugar un año en el  Shanghai Shenhua, una cifra impactante para la época. “Sosita” quedó impresionado por la cantidad de gente que lo fue a recibir al aeropuerto. Pero eso tenía una explicación: antes de lucirse en Nacional, el futbolista se había destacado en el Inter de Milán, un equipo que, junto al Milan, tenía miles de fanáticos en China, pues la liga italiana era retransmitida en ese país. De acuerdo con medios extranjeros, esos dos equipos y el Real Madrid son los clubes que despiertan más fanatismo entre el público chino. Ahora el gobierno quiere que los locales se enamoren de su fútbol, que en 2013 empezó a captar figuras de renombre con la llegada de estrellas como Didier Drogba y Nicolas Anelka.

    Más allá del interés personal del presidente chino, hay un factor económico: un mercado de 1.300 millones de habitantes es por demás atractivo, y hay empresas y clubes europeos que miran con buenos ojos el despertar deportivo del gigante asiático. Hace pocos días, por ejemplo, el Barcelona y el Real dieron a conocer videos con algunas de sus estrellas saludando por el Año Nuevo chino.

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