La visita de Ruiz de la Prada a Punta del Este fue la tercera que hizo al país. En diciembre del año pasado estuvo en Montevideo para asistir a un desfile, y hace 15 años había llegado por primera vez al balneario esteño, en el marco de una actividad organizada por Absolut Vodka. Ahora quedó impactada con el crecimiento que tuvo José Ignacio en esos tres lustros, pero su flechazo fue con Montevideo. Cada vez que puede, pasa el mensaje de lo deslumbrada que quedó con su rambla y sus “playas ajardinadas”.
En la mañana que recibió a galería, Ruiz de la Prada antes había conversado con una periodista del diario argentino “La Nación”, mientras una peinadora y una maquilladora la preparaban para las fotos. Entre nota y nota se cambió de ropa, porque ella tiene por costumbre jamás salir en dos entrevistas seguidas con el mismo atuendo.Y, por supuesto, siempre usa diseños suyos. En su guardarropa no tienen lugar otros diseñadores. En ella todo es Agatha Ruiz de la Prada: la ropa, los perfumes, los zapatos, las sábanas, los manteles y la vajilla, por mencionar algunos ejemplos. Todo lo que ella diseña lo experimenta.
Es mucho más alta, simpática y cálida de lo que se puede imaginar. Regala libros, conversa, pide para bajar la música que suena de fondo porque entorpece la charla, y posa sin pudor para las fotos, incluso sugiriendo espacios y fondos. Se vuelve a sonar la nariz, toma otro trago de una botella de agua mineral, y hace una pausa para escuchar el mensaje que le mandó su hija a su asistente. Pero enseguida retoma la conversación, en el mismo punto que la dejó.
La diseñadora española viajó acompañada de su asistente. Su pareja desde hace más de 20 años y padre de sus dos hijos, el periodista Pedro J. Ramírez —uno de los más destacados de España, actual director del diario digital “El Español”, que durante más de 25 años estuvo al frente de “El Mundo”— se quedó en Madrid. “Pedro Jota es un periodista loco con su trabajo, no es nada divertido llevarlo de viaje. Al principio sí, hace años, cuando empezamos, le gustaba viajar. Ahora ya no”, explicó.
¿Qué le falta a Punta del Este para consolidarse como destino internacional?
A mí me parece muy bonito. Lo que sí me parece, es muy fácil decirlo, es parar ya. Porque en España hemos tenido sitios muy bonitos que nos los hemos cargado por la construcción. Creo que aquí ha habido demasiada construcción. Porque cuando vine era una cosa hippie, ahora hay demasiadas casas, hoteles, construcciones. Ahora en José Ignacio todo el mundo compra y hace urbanizaciones. Eso es muy peligroso. Eso hace que al final no tenga gracia la cosa.
¿Qué ha hecho en estos días?
Fui a ver a una amiga mía, Maca de Castro, que es la mejor cocinera de Mallorca, que está en el restaurante Jardín by Saravá, en José Ignacio. Hace un tiempo ella me decía “me voy cuatro meses a José Ignacio”. Lo último que imaginó era que iba a estar en su inauguración.
En los últimos años en el el mundo de la moda se dio la explosión del fast fashion, lo que lleva a que muchas marcas presenten varias colecciones por temporada y que todo dure poco. ¿Cómo observa ese fenómeno?
Yo soy muy amiga del grupo Inditex, el grupo más importante del mundo, el de Zara. Eso ha cambiado la moda a nivel mundial. Ahora mismo todos los diseñadores estamos totalmente desubicados. Es muy dífícil después de eso. Hasta ahora era eso o el superlujo. El superlujo era un poco para los rusos y los árabes. Ahora el superlujo está en una crisis morrocotuda. Entonces ahora mismo nadie sabe qué hacer. La gente muy rica también va a Inditex, entonces la moda está en un momento de enorme cambio. Hay muy pocas marcas que ganen dinero de verdad y para los diseñadores que empiezan es muy duro.
¿A ustedes qué les cambió al momento de diseñar las colecciones?
Todo. Por ejemplo, este año hice una colección de invierno un poco más cara, dentro de lo barata, y resultó demasiado cara. Porque estamos tan condicionados por Inditex que la gente está muy acostumbrada a comprar las cosas muy baratas. Además hay fenómenos: hace unos años se descubrieron las páginas web, las compras por Internet. De repente compran y a los dos años pasó de moda.
Se discute mucho sobre el impacto ambiental de este fenómeno. ¿Cómo maneja usted eso en sus creaciones?Creo que las únicas personas que pueden solucionar el tema del impacto ambiental son ellos, los de Inditex. Porque está el tema de la responsabilidad social corporativa. Si yo voy a China y les digo que dejen de usar tintes tóxicos o dejo de comprar, ellos se ríen. No les importa que yo deje de comprar. Si se lo dice Inditex, unido con H&M, o los señores cierran la fábrica, o lo pueden cambiar. Ellos son los únicos que lo pueden cambiar. Yo soy una enamorada del fenómeno del fast fashion.
¿Tiene pensado un desembarco en la región?
Mi visión en este momento de Montevideo es lo más romántica que te puedas imaginar. Estoy enamorada de Montevideo, lo encuentro la pera. En el momento que quisiera abrir una tienda en Montevideo sería una pesadilla: que si ha llegado la mercancía, que si no ha llegado, que es cara, que está en la frontera, que no está en la frontera, que se ha quedado embarazada la dependienta, que se ha roto el aire acondicionado. Yo que tengo cinco tiendas y estoy de cabeza con ellas, el que tenga siete mil, ¿cómo puede hacer? Encima que mis tiendas son la caseta del perro al lado de las de ellos.
España atraviesa desde hace un tiempo una crisis económica, de la que poco a poco parece ir saliendo. ¿Cómo lo ve?
Ha sido durísima. Vosotros lo sabéis porque en América Latina tienen la experiencia de muchísimas crisis y muy duras. Pero ha sido durísima, un año, y otro año, y otro año, y no puedes más. Yo he sido muy buena con la crisis en los primeros años, he sido la reina de la crisis.
¿Por qué?
Porque soy cojonuda haciendo recortes, soy muy austera. Pero ha llegado el momento en el que no puedes recortar más. Siempre se puede recortar, pero ya te cargas la creatividad. Entonces ha sido muy duro.
¿Es diferente crear en una sociedad en crisis?
Yo soy partidaria de cuanto más crisis, más creativo te vuelves. Se pueden hacer cosas muy bonitas con muy poco dinero. Vas a África, a casas muy pobres, y ves cabañas elegantes. En cambio, cuánta gente con dinero tiene unas casas horteras. Pero está siendo muy larga la crisis.
¿La gente busca otra cosa en épocas de crisis?
Ahora hay una tendencia que me gusta muchísimo que es la tendencia a la comodidad. Para andar por ese paseo que tiene Montevideo (N. de R.: la rambla) tienes que tener zapatillas para moverte, porque es una ciudad para disfrutar, tienes que aprovechar lo bonito que es. Ahora hay una tendencia en la moda, los ricos tienen vergüenza de mostrar. La gente va y compra, anda cómoda y divertida.
Sus inicios en el mundo de la moda coincidieron con la movida madrileña de la década de los 80, en una época que fue muy fermental para España y de la que surgieron distintos fenómenos artísticos. ¿Nota que los últimos años, cuando la realidad política española estuvo bastante convulsionada, hayan servido para que se diera también una explosión en el mundo de la moda?
En Madrid se está dando un movimiento muy divertido de gente que se ha quedado sin trabajo que está montando pequeñas tiendecitas, restaurancitos pequeños, panaderías, negocios. Ahora mismo hay muchas tiendas divertidisímas, de uno que pone una floristería, de otro que vende no sé qué, de otro que enseña a hacer pan. Y hay un movimiento muy grande de pequeñas cositas así, muy creativas. La gastronomía está siendo el gran descubrimiento en los últimos años. Y con la moda mucha gente vuelve a hacer cosas a medida. ¡Pero ganar dinero con eso es tan difícil!
A usted no le gusta el color negro y considera que quienes lo usan son personas inseguras. ¿Por qué sigue teniendo tanta aceptación y es considerado símbolo de elegancia?
Creo que es una equivocación, porque la moda siempre ha estado relacionada un poco con la maldad. En la moda, siempre, cuanto más mala seas, mejor. Yo creo que eso hay que cambiarlo. Eso he intentado con la moda feliz, estar cómodo, estar relajado, estar positivo.
En el mundo de la moda son muchos los que sostienen que todo guardarropas debe tener un vestido negro, una camisa blanca, un blazer azul, un buen jean como prendas básicas. ¿Cuáles serían para usted esos básicos?
Desde luego que ninguna de esas. Sí unos zapatos deportivos, para pasear. Este año estuve en China y vi lo cómoda que iba la gente. Además de cómodos muy bien vestidos. Para mí son muy importantes los calcetines. Y los leotardos (N. de R.: can-can) de colores. Eso para mí es fundamental, siempre llevo faldas, así que ir con piernas calentitas te cambia la vida. Y los zapatos. Me encantan los zapatos. Me parece mucho más que un bolso, que no me enloquece. Puedo llevar un bolso de plástico, me da igual. Pero los zapatos son lo más importante.
¿De dónde surge su relación con Juan Carlos y la monarquía?
Es por mi familia. Vengo de una familia muy monárquica. Cuando yo era pequeña lo más elegante de España eran los reyes. ¡Ahora eso ha cambiado tanto!
¿Tiene relación con el rey Felipe?
Él es mucho más pequeño que yo. Iba al mismo colegio que él. Cuando era pequeño era tan ideal: un niño rubio, con los ojos azules. Pero ahora no lo entiendo muy bien. Porque él ha sido la persona que ha hecho una cosa como muy antimonárquica. Yo me caso con una señora divorciada, me caso con una periodista divorciada. Con unas ideas completamente republicanas y tal.
¿Usted es más de la línea de Juan Carlos?
Juan Carlos ha sido muy simpático. En España he sido muy Juancarlista. Yo sigo siendo Juancarlista a pesar de su problema con los elefantes.
¿Cómo ve a la reina Letizia?
A ella le importa muchísimo, contrariamente a lo que dice, su imagen. Está muy obsesionada con su imagen. Creo que en un momento en que has llegado tan alto te tienes que relajar un poco. Una cosa muy bonita que tiene la primera dama argentina (Juliana Awada), que no puede ser más guapa de lo que es, es que es muy natural. Es lo que tiene (la reina) Máxima de Holanda. A Máxima todo el mundo la adora porque es natural. Máxima un día está más gorda, otro día está más flaca, otro día sale con un gorro, sale nadando, riéndose.
Le gusta mucho el arte. ¿Tiene colección privada?
No soy coleccionista porque mi padre fue coleccionista. Y los coleccionistas están locos. Se vuelven locos, es una enfermedad la colección. Me parece muy bonito ir mañana al Louvre verlo y decir “qué maravilla”. El coleccionista lo quiere poseer. En la época de mi padre era distinto, él no quería que nadie viera sus cuadros porque se los podían robar. Los quería solo para él. Ahora los grandes coleccionistas del mundo lo que quieren es mostrar su colección y que se diga “es la colección de fulanito”. Yo tengo algunas cosas, pero no tengo esa obsesión. Porque la posesión esa, de verdad es una enfermedad.