En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En Carrasco todo cambió en 1993. Dos jóvenes veinteañeros, Roberto Behrens y Juan Pablo Clerici, que venían de boliches en Punta del Este, abrieron Café Misterio en la esquina de Costa Rica y Rivera. “El local era horrible. Lo fuimos mejorando con los años, pero desde el principio tuvo una cocina importante, porque había sido el restaurante Juana la Loca, y nos obligó a dar algo más de comer que chivito y unas pizzas. Queríamos un espacio donde se pudiera tomar copas y también comer, por eso le pusimos Café”, recordó Behrens a galería. El estilo se mantuvo en el tiempo “inclusive, hasta hace poco los padres de nuestros amigos no se animaban a venir, decían que era un lugar de joda”, agregó.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Más allá de la estética, la propuesta fue un éxito, primero solo entre jóvenes y después no tanto. Ellos se conocían del colegio y porque Juan Pablo le vendía jugo de naranja al bar que Roberto tenía en Punta del Este, “me ofrecieron muchas veces esta esquina, hasta que un día le dije a Juan: ‘¿Vamos a poner algo juntos?’. Y se animó”, agregó.
Al principio se copó con la gente del barrio, pero rápidamente se convirtió en un punto de encuentro, sobre todo los jueves, donde se bailaba hasta las 6 de la mañana. “Desde la apertura tuvimos muchos cambios, éramos un lugar de copas y música en vivo, después organizamos fiestas electrónicas. Fuimos evolucionando cualitativamente en la cocina y en el formato en general. Sin dudas, nuestro desarrollo fue hacia la calidad. Desde el ambiente, se puede decir que somos lo más parecido a un bistró neoyorquino”, agregó.
Marcar tendencia
– Abrieron el 20 de mayo de 1993. “Fue una fiesta impresionante. Hubo una energía increíble, servimos algunas cositas para picar pero sobre todo de tomar, todo invitación. Fue de las cosas más impresionantes que viví... me acuerdo que había gente que quería entrar por la ventana. Fue un fiestún hasta tardísimo. Desde ese día que abrimos esa explosión de buena vibra es como si nos hubiese acompañado todos estos años”. – En 1994 tuvieron la primera barra de sushi de Montevideo. Todas las semanas traían al sushiman desde San Pablo. Marcelo Salvador se instalaba en una barra móvil dos veces por semana. “Usaba pesca fresca, lo que había, y salmón congelado. El salmón fresco en esa época no llegaba”, recordó Clerici. – En 1995, en la carta de Café Misterio había variedad de pescados frescos locales: pez espada, róbalo, abadejo. – Desde el principio tuvieron mozas mujeres. “En la zona todos los mozos eran hombres, nos buscamos diferenciar también en esto”, dijo Behrens. – En 1994 comenzaron a elaborar vinos con Santa Rosa, y desde 1999 con la familia Deicas. “Me acuerdo cuando llegó Fernando Deicas con un blend de tannat, merlot y cabernet sauvignon madurado en madera cosecha 1992. Era el Preludio, antes de llamarse así”, contó el chef. – La primera importación de las prestigiosas copas Riedel fue para Café Misterio. “Nos dimos cuenta de que nadie se ocupaba del vino. Las hicimos grabar en la medida justa de servicio con un punto y una línea, y cuidábamos la temperatura”, dijo Clerici. Además, “Isabel Mazzucchelli —ingeniera química especialista en vinos— describió los vinos en la primera carta, y también hicimos muchas catas de vinos, platos y literatura con ella”, agregó. – Para revolucionar la escena gastronómica, a partir de 1997 comenzaron a invitar chefs. El argentino Fernando Trocca fue el primero en brindar una cena en Café Misterio. Sin embargo, entre los puntos más altos están el brasileño Alex Atala —propietario del 2 estrellas Michelin D.O.M en San Pablo—, el también estrellado uruguayo Matías Perdomo, de su restaurante Contraste en Milán. Además, entre otros, celebraron los 20 años con un gran fogón de Francis Mallmann. – Sus fiestas de Fin de Año fueron un clásico hasta hace pocos años que por temas de autorización dejaron de organizar. Para celebrar el medio siglo, prometen volver a agitar la noche. “Extrañamos las fiestas”, confesaron ambos. – Fueron el primer restaurante en servir caviar uruguayo. – Antes de la moda del aceite de oliva extra virgen uruguayo, en Semana Santa Clerici iba a buscar aceite de oliva a Los Ranchos, y en una carta describían las cinco variedades de aceite que ofrecían. – Hace 15 años comenzaron a abrir más temprano. “Queríamos que la gente viniera a cenar y no solo a tomar copas. Empezamos a abrir más temprano, nos llevó años romper con eso, pero lo logramos. Cuando avanzó la gastronomía y nosotros fuimos creciendo, se fue convirtiendo más en un restaurante”, dijo Behrens. – En la misma época, en la cocina presentaban un plato de tomates de distintas variedades cultivados en Uruguay, como los que se usan ahora, y Clerici ya trabajaba de forma directa con los productores y barcos pesqueros, para asegurarse la mejor calidad de ingredientes. –Con los años, la alta barra que dividía la zona del DJ con el salón se bajó para colocar sillas y permitir que los clientes coman allí. –De la misma forma, se dividió un gran estar en pequeños boxes para hasta seis comensales con sillones Chesterfield, y la fachada abandonó el blanco para adoptar la calidez de la madera caoba, el negro y el rojo. – Para Behrens, el restaurante llegó a su punto de maduración en el diseño interior, con un ambiente típico de bistró neoyorquino acogedor. “En los primeros 20 años innovamos constantemente en el diseño, en la iluminación, en los uniformes, en los menús. El aniversario era la fecha límite para tenerlo pronto. Ahora los cambios son mínimos”, comentó.