The Rolling Stones por primera vez en Uruguay
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa euforia y la alegría se venían sintiendo desde temprano el martes 16. La visita de Mick Jagger la noche anterior al Barrio Sur para escuchar candombe, de su cena en un restaurante de Pocitos, y la viralización de las imágenes de esos momentos en las redes sociales alimentó la expectativa por el primer concierto de los Rolling Stones en Montevideo.
Se hicieron las 21 y los silbidos del público marcaban la ansiedad por la puntualidad prometida. El espeso calor, 32º marcaba el termómetro, no modificaba los rostros sonrientes. Durante la espera hubo guerras de agua entre los que ocupaban la zona VIP —en cuya entrada se ofrecían bolsitas de agua fría de OSE— y el gentío del campo.
Siete minutos habían pasado de las 21 y la bandera uruguaya con la boca de los Stones en lugar del sol comenzó a flamear en las tres pantallas gigantes. Un mapa de América Latina con la palabra Montevideo en grande y una llama que se prendía fuego en ese punto exacto iban levantando la adrenalina. Los primeros acordes de “Start me Up” seguidos de fuegos artificiales hicieron explotar a las más de 55.000 personas que estaban listas para ver lo que la banda les tenía reservado. Y así, sin más, entraron Mick Jagger, Keith Richards, Ronnie Wood y Charlie Watts en acción, acompañados del resto de los músicos. Ninguna plataforma estrafalaria, ni globo gigante, ni silencios expectantes, ni rayos láser o luces que solo buscan crear ambiente. El ambiente ya estaba dado, y era perfecto. Lisa y llanamente empezó el recital con todo.
Enfundado en pantalón negro, camisa satinada violeta y bomber estampada al tono, Mick Jagger se apoderó del escenario. Su rostro tiene las marcas de cada uno de los 53 años que lo vieron cantar, pero su mirada es exactamente la misma. Keith Richards mostró una colección de camisas envidiable. Comenzó con una satinada azul eléctrico, pantalón negro, una vincha roja que levantaba sus pelo blanco, y una serie de accesorios y fantasías “rollingas”: anillos, pulseras, cinturón, aritos. Ronnie Wood llevó una remera roja con estampa que combinaba con unas botitas rojas, pantalón negro y un saco tejido negro con hilos dorados. Para Charlie Watts un jean azul y una remera blanca, sin cambios de vestuario. La sobriedad es su sello.
“¿Te gustó?”, fueron las primeras palabras al público que se escucharon del micrófono de Jagger. Y empezó a sonar “It’s Only Rock ‘n’ Roll”. “¡Hola, Montevideo! ¡Por fin en Uruguay, ta!”, saludó y se guardó al público en el bolsillo. “Es muy bueno estar en este histórico estadio”, fue otro de los comentarios en un español con el que intentó comunicarse directamente con la gente.
Solo las arrugas, y tal vez alguna tinta, delatan sus edades (se dice que no se han hecho cirugías), pues sus cuerpos delgados siguen siendo los de jóvenes roqueros. Puede ser que un poco más lentos para los tres que se mueven menos en el escenario, pero Jagger despliega una energía que atenta contra cualquier examen médico de un hombre de 72 años. Con su paso tan particular, atravesó la “lengua” del escenario que se introducía en el público incansables veces, y corrió y saltó de una punta a la otra del escenario durante las dos horas y diez minutos. Mientras, Ronnie Wood no paró de fumar.
Después de “Tumbling Dice” y “Out of Control”, llegó el turno de la canción que el público votó en la web de la banda (algo que hacen en cada destino que visitan en esta gira). La elegida entre cuatro opciones fue “She’s so Cold”. Y cada tanto chorros de agua que venían de atrás, y al rato de adelante refrescaba la noche encendida. El calor que flotaba en el aire se mezclaba con el aroma a hierbas dulces y perfumes florales de alguna mujer.
La primera balada fue “Wild Horses”, que llegó con el primer cambio de camisa para Jagger. El público, feliz, se componía de un espectro de edades que podía comenzar en los dos años y terminar en 70, con personas que se declaraban como fanáticos y otras que solo asistían para ver un hecho cultural de dimensiones globales en el tiempo y el espacio, que logra revolucionar una ciudad entera.
“Luis Suárez me mandó esta camiseta autografiada con el mensaje ‘To Mick, all the best with love’ (Para Mick todo lo mejor con amor). Gracias, Luis, todavía sufro esos goles”, dijo Jagger en español, seguramente por la victoria de Uruguay frente a Inglaterra en el Mundial de Brasil con dos tantos de Suárez, o porque es hincha del Arsenal. Cantó “Honky Tonk Women”, preguntó y aseveró: “¿La estamos pasando bien?”, y para seguir endulzando al público contó que Keith había tomado dos etiqueta negra, que Ronnie había comido chivito, que habían escuchado candombe (ver recuadro) y que habían caminando por la “midnight rambla”, haciendo referencia al tema “Midnight Rambler” que cantó después de que Keith Richards tuviera su momento de protagonismo con dos de sus canciones: “Slipping Away” y “Can’t Be Seen with You”. Ahí Jagger abandonó el escenario.
El idilio con el público fue en aumento, y la lista de temas se encendía: “Gimme Shelter”, “Brown Sugar”, Sympathy for the Devil” y “Jumping Jack Flash”. El Centenario explotaba, y el despliegue era casi hipnótico. Poco juegos de luces y efectos. Eran esos cuatro sujetos, solos, tocando a muy corta distancia uno del otro, como en las viejas épocas del rock en las que no había monitoreo y se debían escuchar unos a otros.
Después de un intento apareció en el escenario el coro uruguayo Rapsodia formado por ocho jóvenes cantando “Can’t Always Get What You Want”. Y el cierre: “Satisfaction”, la más indicada.
Satisfacción la de ellos de hacer lo que mejor saben hacer y demostrar por qué son quienes son. Y la del público, por vivir la experiencia de ver en carne y hueso leyendas que ya no parecen formar parte del mundo de los mortales. Ellos se empeñaron en dejar claro que sí son uno de los nuestros. Queda por descubrir cómo es que siguen cantando canciones del 68, o del 72, o del 92, y siguen provocando esto.
URUGUAY ROLLINGA
El lunes 15 a las 5 de la tarde en la historia de la música en Uruguay se marcó un hito. Los Rolling Stones pisaron por primera vez este suelo. De la puerta de un avión privado proveniente de Buenos Aires salió primero Mick Jagger en un impecable traje gris, camisa celeste claro y sombrero Panamá; seguido de Ronnie Wood, también muy sobrio; luego Keith Richards con un blazer de piel de cocodrilo y también sombrero Panamá, y después, con su típica timidez, Charlie Watts, con un elegante saco a cuadros. Desde lo alto de la escalera saludaron a quienes estaban allí para ser testigos de un momento inédito.
Pero esta visita iba a tener sorpresas que alcanzarían casi lo inverosímil. Nadie hubiera imaginado que esa noche Mick Jagger iría a la casa y al taller del luthier de tambores y percusionista Fernando “Lobo” Núñez en el Barrio Sur, donde bailaría al compás de las lonjas y tomaría agua de la canilla, lejos de las 12 botellas de agua Evian y seis botellas de agua Perrier que solicitó para su camerino en el Estadio Centenario. Hasta allí llegó porque Francisco Fattoruso conoce músicos allegados a otros músicos de la banda que querían escuchar candombe. Esa medianoche empezaba el cumpleaños número 60 del Lobo Nuñez y en su casa iba a haber toque. Fattoruso arregló para que se realizara la visita sin que nadie sospechara que entre los músicos que llegaban iba a estar el propio Jagger. En la hora y media que estuvo en lo de Núñez, el Stone filmó, sacó fotos, se rio, pidió que tocaran de nuevo, entonó una versión candombera de “Satisfaction” junto a Rada y cantó el “Feliz Cumpleaños” al dueño de casa.
Antes de esa visita, el vocalista cenó en el restaurante Tandory, en Pocitos, donde el chef y propietario Gabriel Coquel combina cocina mediterránea con uruguaya. Ordenó ensalada marroquí, pimientos del piquillo rellenos y merluza koskera. Acompañado de otras tres personas, tomó Preludio de Familia Deicas, bodega elegida por la banda para acompañar toda su estadía en Uruguay. Jagger prefiere el vino blanco. A pesar de que pidió que no se difundiera la información de que estaba allí, al momento de retirarse debió salir por la puerta de la cocina, porque en el frente los fanáticos se agolparon para verlo.