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    Álvaro Ahunchain: “Estamos viendo cosas que ni en la Rusia soviética”

    El dramaturgo y director asegura que la declaración de SUA fue “tan desafortunada” que incomodó incluso a gente de teatro que está alineada con el gobierno

    Álvaro Ahunchain considera que la intelectualidad uruguaya tiene miedo a pronunciarse sobre problemas que afectan a la sociedad, para evitar “hacer olas”. Para el dramaturgo y director, el país vive un “deterioro” en sus valores que tiene como “símbolo” más representativo al expresidente José Mujica, “un ídolo forjado por la intelectualidad.”

    Ahunchain tiene 56 años y una extensa trayectoria en el ámbito teatral, además de ser director de la agencia Ahunchain Comunicación y columnista del diario El País. En la última elección votó al Partido Independiente. Dice que —en principio— mantendrá su respaldo a ese partido, a pesar de que tiene reparos por la forma en que esa colectividad se presenta como oposición.

    La semana pasada, Ahunchain fue uno de los primeros en cuestionar la decisión de la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA) de suspender por seis meses al actor y director Franklin Rodríguez por sus críticas a Socio Espectacular. En una entrevista en el semanario Voces, Rodríguez dijo que se trataba de un sistema “desleal”, porque los actores cobraban “una miseria” y “en el fondo” el objetivo era salvar al Teatro El Galpón. Rodríguez —que protagonizó avisos del Nuevo Espacio en las elecciones de 2009— también criticó las acciones del Frente Amplio en lo cultural y educativo, dijo que Mujica es “un actor” y se refirió a “intolerancia” en ciertos sectores.

    El comunicado de SUA —firmado por Alicia Dogliotti y Leonardo Hualde— incluye un párrafo que dice lo siguiente: “Solicitaremos a nuestros/as asociados/as tener en cuenta esta situación a la hora de comenzar nuevos trabajos en el plazo estipulado y solicitaremos que en tal oportunidad se comuniquen con la SUA'.

    Sobre ese punto, y otros temas vinculados a políticas culturales, Ahunchain conversó con galería.

    Hace unos días en su columna de El País recordó una charla de Jorge Luis Borges en pleno Mundial de 1978 y dijo que aquí faltaba alguien “que camine contra la corriente”. ¿Qué quiso decir?
    Me pareció interesante la anécdota porque veo un gran repliegue de la pujanza intelectual que había en otros tiempos. Veo a nuestra sociedad bastante quedada, al medio intelectual bastante unánime o silencioso.

    ¿Qué pasa con la intelectualidad hoy?
    Creo que hay una fuerte intelectualidad en Uruguay pero en general no es combativa. Se encierra en sus propios temas y trata de no hacer olas. Hay que discrepar con este fenómeno monstruoso de la corrección política que dejó de ser algo para comentar risueñamente y se está transformando como en un camino empedrado hacia el fascismo, en el sentido de modificaciones del lenguaje, de la pérdida total del reconocimiento al mérito.

    Prefiero al maestro Tabárez que a Mujica, que es otro ídolo forjado por la intelectualidad. Muchos amigos míos me decían “es preferible que no hable correctamente y se exprese de manera obvia, demagógica, a que sea un corrupto”. Como si expresarse bien y no ser demagogo significara ser corrupto.

    ¿Los intelectuales tienen miedo de pronunciarse?
    Sí. Sin dudas esto va en paralelo con que los intelectuales —me incluyo— seguimos en nuestro mundo y no chocamos frontalmente contra estas realidades. Estamos como dejando por descuido, por desinterés, por desgano, que se impongan en la sociedad ciertos valores que no tienen nada que ver con los valores democráticos.

    Antes muchos intelectuales miraban el fútbol con cierto recelo. Ahora parece ser al revés, y Óscar Tabárez es considerado casi un filósofo cuando habla.
    Con todo, claramente prefiero a Tabárez que a Mujica, que es otro ídolo forjado por la intelectualidad. Muchos amigos míos me decían: “Es preferible que no hable correctamente y se exprese de manera obvia, demagógica, a que sea un corrupto”. Como si expresarse bien y no ser demagogo significara ser corrupto. El Maestro Tabárez me cae muy simpático, pero vayamos a las contratapas de Manuel Flores Mora en Jaque, a las obras de teatro de Maggi,­ de Jacobo Langsner. Hablemos de (Carlos) Real de Azúa, de (Alberto) Zum Felde, de Carlos Quijano, personas que le buscaron la quinta pata al gato en lugar de caminar mansamente en la manada de los posicionamientos comunes y moralmente admitidos.

    En estos días estuvo en discusión el color de las túnicas, el uso del lenguaje inclusivo y la forma en que se eligen los abanderados. Parecería que generan más impacto esos temas que los grandes problemas de la educación.
    Revela una gran capacidad de hacer bulla en lo accesorio para no enfrentarse a los dilemas verdaderos. No es solo una característica de este gobierno, es una característica de los uruguayos.

    ¿Cómo se puede revertir?
    Primero, con una reforma educativa en serio. Se lo dije una vez a Gerardo Caetano: estamos precisando un José Pedro Varela, que obviamente no sea (Wilson) Netto. El segundo gran cambio es una revolución en la política cultural. Los políticos en general no hablan de política cultural por la sencilla razón de que no es un tema que atraiga votos. Pero nos tiene que interesar porque tenemos que enriquecer las mentes, en lugar de dejar que el mercado los inunde de reguetón, cumbia villera, y programas argentinos. La cultura de masas tiende a empobrecer, a sistematizar a la gente, a hacerla más torpe, más pueril, menos pensante. El Estado no puede estar apoyando acciones culturales para una elite, productos herméticos que solo entienden los que se recibieron en Bellas Artes. En el mundo del arte se privilegian a veces performances, como poner a un perro atado muriéndose de hambre en un museo como una obra artística. Estupideces que no tienen ningún sentido. El Estado no debería poner un peso ahí, debería poner plata en que al asentamiento lleguen Mozart, Shakespeare, Florencio Sánchez, Carlos Maggi.

    Muchos sostienen que la llegada del Frente Amplio al gobierno significó un cambio en las políticas culturales, con nuevas salas e incentivos a artistas.
    No soy un crítico acérrimo de todas las políticas culturales del Frente. Veo cosas que están muy bien. Por ejemplo, la Comedia Nacional, que no es un invento del Frente, siguió siendo un baluarte de la alta cultura en este país. Lo mismo puede decirse del Sodre en los últimos años. Ha sido notable. Las políticas de los fondos es bastante buena. Pero el Carnaval ya es popular de por sí, no hay que pasar todos los programas completos en los canales del Estado.

    Usted escribió que el Carnaval es una expresión popular genuina, pero que no es la única, y que por eso no debería ser la opción preferente de las políticas estatales. ¿Por qué cree que es así?
    Porque en los políticos en general, y esto es en los diferentes partidos, está la visión de que la cultura es un entretenimiento para la gente.

    Hace unos años, el gestor cultural colombiano Jorge Melguizo explicó en entrevista con esta revista cómo en Medellín habían combatido el narcotráfico y la inseguridad instalando bibliotecas y centros culturales en barrios carenciados. ¿Qué opina?
    Ellos transformaron la ciudad más violenta del mundo en pocos años. Acá, cuando hacemos algo en Casavalle, ponemos una placita con cosas deportivas y después torpedeamos los proyectos de gestión privada que hay, porque no son del Estado. Entre las medidas que se proponen en el Frente Amplio para un cuarto gobierno está revisar las exoneraciones impositivas a instituciones como Los Pinos, Jubilar, Impulso. Cuando lo que tenemos que hacer es justamente eso: invertir en cultura.

    Los políticos en general no hablan de cultura porque no atrae votos. Pero nos tiene que interesar porque tenemos que enriquecer las mentes, en lugar de dejar que el mercado los inunde de reguetón, cumbia villera, y programas argentinos. La cultura de masas tiende a empobrecer, a sistematizar a la gente, a hacerla más torpe, más pueril, menos pensante.

    En otro orden, ¿por qué decidió renunciar a la SUA?
    La declaración es una vergüenza total. El comunicado hace como una advertencia a los compañeros que trabajen con la persona sancionada. No sé si la intención es que el sindicato los rezongue o les pegue chas chas, o que interceda con el gobierno para que ese grupo no reciba fondos de subsidios. Es amenazante, no se compadece con la tradición de un gremio artístico que ha luchado contra toda forma de intolerancia y ha pagado con sangre, censuras y exilios el hecho de defender la libertad de expresión. Las críticas que hizo el colega a Socio Espectacular se vienen escuchando desde que nació, me parece que acá incidió que él manifestó el arrepentimiento por el partido por el que había votado toda su vida y habló muy duramente contra el gobierno.

    ¿Qué cree que va a pasar?
    La declaración fue tan desafortunada que dentro del mismo cerno de apoyo al gobierno se desmarcó un montón de gente. Santiago Sanguinetti, director de la Escuela de Arte Dramático; Marianella Morena, una directora que ha tenido una militancia explícita frenteamplista; César Troncoso. La defensa de la declaración de SUA quedó en manos de algunos más fundamentalistas, a veces por una razón afectiva muy fuerte con El Galpón o con el Circular. Pero el propio Sergio Mautone, director de Cultura del MEC, se desmarcó de la resolución. Gabriela Iribarren, una conocida frenteamplista, no estuvo de acuerdo. Se terminó convocando a una asamblea del SUA el martes 7 de agosto. Desafortunadamente, no puedo asistir porque renuncié, pero espero que la mayor cantidad de compañeros que aún están afiliados concurran, porque es clave para restablecer una SUA tolerante y democrática, o consolidar una SUA que discrimina. Al día de hoy no estoy feliz de haber renunciado, lo hice por una bronca que tuve cuando leí la resolución. Otros compañeros tomaron un camino más mesurado y pidieron esa asamblea. Creo que a la directiva de la SUA se le vino la noche, creo que esa asamblea va a desautorizar la resolución.
    Antes de la situación de Rodríguez, Petru Valensky fue cuestionado por adherir a la campaña de recolección de firmas por seguridad de Jorge Larrañaga. ¿Hay intolerancia en ámbitos culturales a las voces discordantes?
    En el ambiente cultural hay algunos fundamentalistas que pelean duro e imponen ese pensamiento hegemónico. A veces se imponen con el apoyo de los recursos del Estado y eso es muy desagradable, y hay una mayoría que trata de no meterse.

    ¿Quiénes son esos fundamentalistas del pensamiento hegemónico?
    No sería justo señalar a nadie, cada uno se pondrá el sayo. Me parece interesante referirme a cosas. Concursos literarios donde se inserta una cláusula en las bases donde se ofrece una mención especial a quien hable de determinado tema, por ejemplo de diversidad sexual. Un concurso en la Intendencia de Canelones que planteaba a grupos de teatro que hicieran una obra que mostrara las injusticias de la sociedad y terminara con la esperanza de que entre todos podíamos cambiar. La Intendencia de Montevideo llegó a la Federación Uruguaya de Teatros Independientes (FUTI) con la propuesta de que se si se hacían obras que tuvieran la diversidad sexual iban a tener beneficios. ¿Dónde se vio eso? Ni en la Rusia soviética.

    Públicamente, pocos se quejan de eso.
    Porque hay programas y recursos. La gente del teatro no vive del mercado y el hecho de tener organismos públicos que te den determinados beneficios, así sea una sala en mejores condiciones, recursos económicos, lo que sea, hace que la gente diga “bueno”. Pero no es así. El Estado está para apoyar, independientemente de lo que el artista decida hacer, si no, deja de ser un artista y pasa a ser un publicista del Estado.

    Usted critica la gestión del Frente Amplio en lo cultural pero desde la oposición no se conocen alternativas revolucionarias. ¿Cuáles deberían ser las prioridades?
    Primero, hacer un Cultura21, como existe Edu21. Hay cosas que son obvias, por ejemplo, poner los medios de comunicación del Estado cien por ciento al servicio de la difusión cultural y del debate de ideas, Y jerarquizar: esto entra y esto no. El Fata Delgado no tiene que entrar al Teatro Solís.

    ¿Cómo determina qué sí y qué no?
    La academia tiene que decidirlo. Para algo está. Nunca más debe pasar que una gestora cultural experta como Daniela Bouret diga: “Este artista popular no entra al Solís” y el intendente (Daniel Martínez), que no entiende un carajo de cultura, diga: “Este artista sí entra al Solís porque es gomía mío”. El intendente debe bajar la cabeza cuando hay un experto, porque el día que se vaya a operar de la vesícula no va a ir a su amigo sino que va a ir a un médico experto. La cultura tiene que estar en mano de los expertos y no debería haber injerencia política.

    Michel Houellebecq dijo que los intelectuales franceses dejaron la izquierda sin unirse a la derecha, porque encontraron “libertad de pensamiento'. ¿En Uruguay ocurre eso?
    Franklin es un caso específico. Era un gran defensor del Frente Amplio y es un frenteamplista decepcionado, eso es lo que no le perdonaron. Al frenteamplista decepcionado generalmente hay que matarlo —simbólicamente—, sacarle credibilidad para impedir que con eso otros se salgan del redil.

    Igual no parece que blancos y colorados exploten demasiado a artistas identificados con ellos.
    Puede ser que el Frente haya sabido poner en primera fila a sus exponentes culturales y los partidos fundacionales no. Esto era muy distinto en la época de Batlle, José Pedro Bellan, Justino Zavala Muniz; eran tipos que estaban en la primera fila defendiendo esas ideas, produciendo arte y cultura. Hay un desprecio profundo en muchos sectores, incluso en los más cultivados, hacia la producción cultural autóctona. En los escenarios que se usan para Carnaval, ¿por qué no hay una política para que todo el año haya clásicos del teatro universal y del teatro uruguayo, y musicales todo el año? ¿Por qué no podemos encarar un shock cultural? Con eso, no solo con la represión, el narcotráfico va para atrás. El narcotráfico avanza porque hay marginación cultural.

    Muchos sostienen que si Mujica llegó a presidente sin tener estudios no se necesita mucho más.
    Claro, eso forma parte de la experiencia Mujica. No creo que Mujica sea el culpable de lo que pasó en esta sociedad desde el punto de vista cultural. Pero sí creo que el hecho de que ese liderazgo se haya entronizado como se entronizó tiene que ver con el deterioro cultural e intelectual.

    ¿Sus críticas son hacia todos los gobiernos frenteamplistas?
    Los tres gobiernos no fueron iguales de malos, el de Mujica fue el peor, sin lugar a dudas. En una situación de bonanza excepcional, deterioró todo, administró horrible. Fue una máquina de deteriorar valores.

    Renuncias y críticas

    El actor y comunicador Christian Font, y la actriz y comunicadora Florencia Infante también renunciaron a la SUA después de conocer la declaración con respecto a Franklin Rodríguez. Otros no renunciaron, pero hicieron saber su malestar con la entidad.

    “Que nadie excluya a nadie... Que los comités sean para albergar, recibir y contener, y no para sancionar, segregar y apartar... ‘Estoy en desacuerdo con lo que dices pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo... ’, decía Evelyn Beatrice Hall al sintetizar el pensamiento de Voltaire...”, escribió el director Sergio Blanco en Facebook.

    En tanto, la dramaturga Marianella Morena sostuvo que Rodríguez hizo públicas sus discrepancias con Socio Espectacular, algo que ella y otros colegas comparten pero no exponen. “Que no lo digamos tiene que ver con el miedo y eso es lo que más me preocupa porque el mensaje que se está dando desde la SUA tiene que ver con el miedo”, declaró a El Observador.

    También cuestionó que la SUA interfiera en el trabajo de Rodríguez “como si fuera un leproso que va a contagiar a todos los demás”. “Estoy completamente desorientada porque ¿en qué momento (Rodríguez) ataca al teatro? ¿En qué momento nos está atacando a nosotros? ¿En qué momento ataca la institucionalidad de SUA o los cometidos que alcanza con sus socios?”, dijo.

    Por su parte, el actor y director Alberto Restuccia dijo que él y Luis Cerminara fueron “los primeros” que se opusieron a la creación de Socio Espectacular por considerarlo “injusto”. “El Galpón es una institución hegemónica, que quiere todo para sí. Y esa cosa angurrienta que tiene, le ha llevado a que el Estado les dé plata a ellos, y no a otras instituciones que lo merecen también”, dijo a El País.

    Ante los cuestionamientos recibidos, Dogliotti, presidenta de la SUA, calificó la situación de “circo mediático” y dijo que se trata de un tema “interno”. “Es en serio lo de la prensa? ¡Nadie se ha preocupado por cosas que pasan mucho más graves!”, dijo en declaraciones al portal Ecos.