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    Editorial

    N° 1945 - 23 al 29 de Noviembre de 2017

    “No importa; bien o mal, es algo delicioso el escribir, el no ser ya uno mismo, sino el circular en medio de toda la creación de la que uno habla. Hoy, por ejemplo, hombre y mujer simultáneamente, amante y querida a la vez, me he paseado a caballo por un bosque en una tarde de otoño, bajo hojas amarillas, y yo era los caballos, las hojas, el viento, las palabras que se decían y el sol rojo que hacía entrecerrarse sus párpados anegados de amor. ¿Es orgullo o piedad, es el necio desbordamiento de una satisfacción exagerada de sí mismo, o bien un instinto religioso vago y noble? Pero cuando rumio estos goces, después de haberlos experimentado, me sentiría tentado de elevar una plegaria de agradecimiento a Dios, si supiera que puede oírme. ¡Bendito sea por no haberme hecho nacer vendedor de algodón, autor de vodeviles, hombre ingenioso, etc.!”. En sus cartas a su amante, Gustave Flaubert le contaba lo que para él es la salvación por el arte. 

    Pero está el del otro lado, el lector, para quien la literatura, los buenos libros, curan. Soy de las personas que creen que los temporales se capean mejor con un buen libro sobre la mesa de luz. La pregunta de para qué leemos tiene cientos de respuestas: leemos para sentirnos menos solos, para cambiar ideas con una mente más original que la nuestra, para vivir otras vidas. Me gusta recomendar lecturas. A mis sobrinos adolescentes les regalo Mi planta de naranja lima porque yo lloré tanto cuando la leí de chica que me parece ideal llorar sin culpa a los 13 años, cuando se está triste sin saber por qué. 

    En Inglaterra, esto de recomendar libros para cuando uno está angustiado se llama Biblioterapia y tiene un honorario fijo y horarios. Tuve la oportunidad de conocer el School of Life en Londres, donde se imparte la disciplina; también, tengo entendido, se puede hacer por skype. Es un lugar simpático llevado adelante por el filósofo y hábil experto en marketing Alain de Botton. 

    Ahora llegó a Uruguay el libro Manual de remedios literarios, de dos inglesas que desde 2008 se dedican a impartir biblioterapia por 130 dólares la hora allí. Ordenado de la A a la Z, el libro que recomendamos en este número está escrito con gracia. Uno busca cómo curarse de “ser aburrido” (bastante genial reconocerse aburrido), para quien está harta de ser ama de casa, para quien no sabe aprovechar el momento. Me gusta especialmente cómo están escritas las entradas:

    · cama, no poder

    levantarse de

    · carácter, falta de

    · culo inquieto, ser un

    · diferente, ser

    · dinero, no tener

    · familia, sobrellevar a la 

    · flatulencia

    · fracaso, sensación de

    · idiota, sentirse como un

    · modales, malos

    · resaca

    · superhéroe, deseos de ser un

    · trepa, ser un

    Y así, con 751 entradas. Hay cosas con las que discrepo. La lista de “novela para leer en una hamaca” empieza con una de Isabel Allende. No. Eso no. Las autoras son demasiado fans de Saramago y eso tampoco me convence. También me duele que no recomienden ni un libro de Fernando Vallejo ni de Houllebecq, por citar dos que me gustan.

    Prescriben solo ficción. Hay algunos clásicos pero más que nada siglo XIX y XX. Es interesante que no dividen el dolor del corazón o del ánimo de los dolores físicos (tienen un libro para recomendar a quien le duele una muela). Y para un corazón roto, Jane Eyre. Para la falta de libido recomiendan Elogio de la madrastra, de Mario Vargas Llosa. 

    Me gustan las listas que trae: las diez mejores novelas para cuando te dejaste las llaves adentro, las diez mejores novelas para hacerte llorar y me gusta que para Pesimismo recomienden leer Robinson Crusoe

    Vale la pena entrar al sitio de esta School of Life (cuyo eslogan es Desarrollando Inteligencia Emocional; el sitio es www.theschooloflife.com) que es bastante snobbish pero tiene el suficiente  desparpajo para plantear una conferencia sobre Cómo fracasar y organizar una noche algo intelectual alternativa a la Navidad. 

    Una de las autoras ha explicado que, en su visión, la ficción es más fuerte que los libros de autoayuda. Dice que sus pacientes son desde gente que acaba de jubilarse a gente que acaba de divorciarse. Asegura que un buen libro deja a las personas “sintiéndose alteradas de una manera fundamental” y que la vida es demasiado corta para perder tiempo en malos libros.

    Estoy de acuerdo con que los libros y las películas pueden alterar nuestras vidas. La semana pasada pasé la tarde con una amiga que acaba de separarse y me dijo: “Un verano sin hombres, de Hustvedt, me salvó de volverme loca. Lo leí dos veces”. A ella la volvió loca su ex. Ojalá los libros nos salvaran de caer en esas relaciones, pero al menos a veces ayudan a salir.

    ?? Lea el editorial anterior

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