N° 1993 - 01 al 07 de Noviembre de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNuestro género musical favorito es el folclore. Los montevideanos vamos más al cine que quienes viven en el interior. La mitad de los uruguayos se declaran aficionados a las murgas; sin embargo, las vemos menos en vivo, las seguimos por televisión. Las mujeres —como ocurre en el resto del mundo— leemos más que los hombres; leemos también a nuestros hijos y nietos. En los últimos años, creció la cantidad de personas que asisten a espectáculos de danza. Estos son algunos de los datos que se extraen del último estudio sobre el consumo y comportamiento cultural de los uruguayos.
En estos estudios surge que la asistencia a museos o exposiciones de arte ha descendido (más o menos unos cinco puntos porcentuales en cinco años). Consultados sobre los motivos por los cuales el encuestado no asiste a museos o exposiciones de arte, cuatro de cada diez montevideanos sostienen que no asisten porque “no les interesa” y en segundo lugar, prefieren “hacer otra cosa”.
Las razones sobre la falta de cercanía por las artes visuales son muchas y empiezan con la educación, pero también hay razones históricas y que se remontan a cuando los uruguayos armaban sus palacios en la Ciudad Vieja y el Centro.
Lo cierto es que mucha gente, pese a tener los medios y facilidad para hacerlo, nunca entró al Museo Nacional de Artes Visuales.En una época, en los 90, hubo muestras muy taquilleras y se veían las colas de gente alrededor de la manzana. No tenemos cifras exactas, porque en ese momento no había forma certera de medir, pero el anterior director Ángel Kalenberg afirma que las obras maestras de las Colecciones de los Museos del Vaticano acercaron a 650.000 visitantes; fue en 1998 y marcó el récord en la historia de la institución. Otras muestras multitudinarias fueron la de Rodin (1971) y la de Grabados de Picasso (1973).
En 2010 el museo instaló cámaras con un software que permite contar los visitantes con exactitud. En la nueva administración, con Enrique Aguerre al frente, la muestra más taquillera fue la de Rafael Barradas (2013), que vieron más de 40.000 personas. Todo esto viene a cuento porque en marzo llega a Montevideo, a nuestro principal museo, Picasso en Uruguay. Se estima que vendrá público de toda la región y, según Aguerre, esperan unos 300.000 visitantes.
Será muy importante para Uruguay, el museo y el arte en general. Las exhibiciones que se denominan blockbusters empezaron en 1976, cuando el director del MET de Nueva York organizó la primera de la historia, dedicada a las joyas de Tutankamón. El año pasado, el Louvre recibió 8,1 millones de visitantes. Hay 55.000 museos en el mundo —el doble que en los 90— y dejaron de ser reservorios de obras para competir con los smartphones y Disney. Las exhibiciones grandes y taquilleras son la manera que han encontrado para sobrevivir.
El fenómeno ha ido en aumento y hoy los museos tienen lista de espera por sus obras. Hay quien sostiene que se está exagerando. Los conservadores y restauradores aconsejan no mover las piezas, pero estas, sin embargo, vuelan de Tokio a Nueva York y Australia sin parar. Algunos estudios indican que el hecho de que haya un blockbuster no incide en que el público después siga yendo a un museo. También existe otra discusión genuina y grande respecto a qué es lo importante: ¿conseguir números altos para los sponsors y benefactores? ¿Enfocarse en qué tipo de experiencia tiene el visitante? Lo sustancial sucede una vez que una persona entra al museo y qué hace esa persona después con lo que vivió.
Muchos museos europeos y norteamericanos, además, se han convertido en parques temáticos. Deben estar cerca del entretenimiento y cada vez tener más restaurantes, boutiques, despliegue tecnológico, “e ir pensando en la siguiente ampliación a cargo de un arquitecto estrella. Y eso supone mucho dinero”, citaba un artículo de El País de Madrid. Como declaró el director del Musée d’Orsay: “Tenemos que tener al menos un blockbuster para poder armar cuatro exhibiciones al año”.
Todo lo cual lleva a otra enorme y disfrutable discusión de para qué sirve un museo —y para qué sirve el arte, ya que estamos—. Los museos deben cuidar, investigar, poner en valor su colección. Educar públicos, entre otras cuestiones.
Esas son discusiones de otros países. La realidad de Uruguay es lo contrario. Es cómo acercar el público al museo. Picasso es un gran nombre, que está fuera de la discusión blockbuster/no blockbuster.
Una exhibición bien pensada y montada, con un buen guion, hace una diferencia en el espectador. Pararse frente a una pintura original de uno de los grandes y disfrutar de la sensualidad del lienzo será la primera vez para muchos. La noche del viernes 29 de marzo, cuando abra al público, va a ser una linda cosa. Seremos un poco menos pobres. Bienvenido Picasso.