Uruguay cuenta por primera vez con un estudio sobre el subsuelo rioplatense y su evolución histórica, que llega en un momento muy particular porque en el suelo marino del país se está realizado prospección petrolera. Además, el sistema acuático local es utilizado para realizar pesquerías, presenta variaciones ambientales influidas por los cambios climáticos y es impactado por el desarrollo humano de grandes ciudades como Buenos Aires y Montevideo sobre las márgenes.
“Es importante conocer el background de la región. Además, si sucede algo —como un accidente vinculado a la industria petrolera— podemos analizar qué va a pasar y si puede ser contenido por el sistema o no. Estos estudios de base son fundamentales”, dijo a Búsqueda la responsable de la investigación Laura Pérez Becoña, licenciada en Ciencias Biológicas y ayudante de la Sección Oceanografía de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.
Mientras Pérez Becoña estudiaba los sedimentos superficiales más actuales con la guía de Felipe García González —profesor adjunto de la Sección Oceanografía y Ecología Marina— en el marco de un proyecto con la Intendencia de Montevideo, llegó a Uruguay el barco científico Meteor. Esa embarcación tomó muestras y recabó información sobre el subsuelo marino del Río de la Plata y el océano Atlántico adyacente y llevó este material hasta la Universidad de Bremen, en Alemania. En Uruguay no hay barcos preparados para recabar estas muestras conocidas como “testigos de sedimentos”, por eso se trató de una oportunidad única.
Los científicos uruguayos se comunicaron con los alemanes y estas muestras son ahora insumo para una nueva investigación que Pérez Becoña realiza para la tesis de maestría en Geociencias que cursa en la Facultad de Ciencias, con financiación de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII).
El estudio se basa en el análisis de las diatomeas del subsuelo marino, microalgas que se mantienen en los registros fósiles y se pueden estudiar para recabar información sobre el pasado. Pérez Becoña trabaja en este tema bajo la guía de García y del investigador Till Hanebuth, docente en la Universidad de Geociencias del Marum Center en la Universidad de Bremen.
“Nunca se habían hecho estudios de este estilo en Uruguay, principalmente porque era muy difícil mover a los barcos —que toman los datos—, porque acá directamente no hay”, comentó Pérez sobre su trabajo “El Río de la Plata y Océano Atlántico Adyacente: un enfoque paleoambiental, paleoclimático y paleoceanográfico, utilizando diatomeas como bioindicadores”.
Región.
La información recabada en forma de “testigo de sedimento” se extrae desde el barco con un cilindro al que se le anexa un tubo que perfora el suelo marino. Este tubo tiene aproximadamente 10 centímetros de diámetro y diez metros de profundidad.
El testigo rioplatense tiene una “muy buena resolución temporal”, porque los sedimentos se han acumulado en el Río de la Plata de a ocho milímetros al año. “En estos 10 metros hay 1.250 años para atrás”, comentó Pérez. Aclaró que en otros sitios generalmente hacer una perforación de 10 metros permite estudiar hasta 30.000 años o más, como en las zonas de océano abierto, pero en este caso la sedimentación del Río de la Plata y el océano Atlántico adyacente es alta. La muestra testigo fue tomada en la zona del “cinturón de barro” del Río de la Plata, que tiene una “muy alta tasa de sedimentación” porque transporta gran cantidad de materiales que son depositados en el suelo marino.
“El testigo es sumamente interesante”, porque al tener gran cantidad de sedimento acumulado por año permite hacer un estudio histórico en detalle. En Alemania también por esto mismo estaban muy expectantes”, comentó Pérez Becoña.
“Es importante correlacionar eventos que han sucedido en los últimos 100 años que están registrados —como registros de caudales del Río de la Plata o precipitaciones— con las observaciones de la muestra tomada. Podemos extrapolarlo al resto del testigo y determinar cosas que han sucedido, por ejemplo, eventos climáticos y oceanográficos”, explicó.
Zona de barro.
El área estudiada es el cinturón de barro del suelo del Río de la Plata, zona en donde se tomó la muestra. Este cinturón de barro se encuentra en una depresión que es el antiguo canal del río Paraná.
Hace miles de años el nivel del mar estaba 120 metros por debajo del actual. En aquel momento el río Paraná formaba un canal paralelo a la costa uruguaya y desembocaba a la altura de Río Grande do Sul, en Brasil. Todo este canal luego se llenó con agua cuando subió el nivel del mar. Hace mil años el nivel del mar se estabilizó y el canal se comenzó a llenar de sedimentos que transporta el Río de la Plata. Además se mezcló con agua más salada, “las arcillas comenzaron a caer y el antiguo paleocanal del Paraná a taparse”, recordó Pérez Becoña.
Hoy los barcos de arrastre podrían modificar este suelo. Sin embargo, el estudio no ha mostrado estos cambios hasta el momento. Desde Alemania existe interés por estudiar más en profundidad el posible efecto de los barcos de fondo, de arrastre (bottom trawling).
El conocimiento generado en este estudio es útil para la elaboración de planes de manejo del Río de la Plata. No hay un proyecto ambiental específico para la zona y conocerla requiere continuar estudiándola. El objetivo es continuar el análisis de más testigos para analizar diferencias locales.
“Variaciones”.
Pérez Becoña estudia la composición de las diatomeas (microalgas). Algunas habitan en la columna de agua y conviven con las características ambientales del río. También hay diatomeas que viven sobre los sedimentos en el fondo.
“Estudié cómo se relacionaban las especies actuales en los sedimentos frente a las variables ambientales. Ahora estoy viendo la composición que existió en el pasado para relacionarla con las características ambientales que hubo”, explicó.
La salinidad es un punto importante del estudio porque a lo largo de miles de años hubo variaciones y “la idea es ver si existieron cambios climáticos y si hubo patrones climáticos que generaran estas variaciones de salinidad”.
“Vi que ocurren variaciones y en la parte más basal del testigo dominan” al 100% las especies de agua dulce y luego pasan a hacerlo las marinas, hay una “zona más marina”. Entre los 700 y los 100 centímetros de profundidad disminuyen las marinas y aumentan las dulceacuícolas y en los últimos 100 centímetros ocurre un cambio hacia lo más salobre, “con dominancia de especies tanto dulceacuícolas como marinas”.
“Hoy el sistema varía de acuerdo a la descarga del Río de la Plata. Existe una variación interanual, en verano e invierno e interanual con eventos relacionados como El Niño y La Niña y los vientos que inciden en la cantidad de agua dulce y salada que entra al sistema”, agregó Pérez Becoña.
Como el testigo tiene una alta resolución temporal, la investigadora planea realizar una segunda etapa de estudio analizando los eventos climáticos y para relacionarlos con los primeros cien centímetros comenzando desde arriba de la columna de muestra (los últimos 80 años).
Contaminación.
Hay cambios naturales y otros producidos por el hombre, por ejemplo, por los asentamientos humanos y los desechos, que al ser descargados en el Río de la Plata aportan materia orgánica y son los causantes de floraciones de algas.
“Tiene implicancias negativas en los sistemas a la larga, con la acumulación. Muchas especies no pueden competir y solo aumentan en número aquellas que sí son resistentes a la materia orgánica” en niveles altos, explicó.
Las diatomeas son útiles como indicadores de cambios ambientales. Como hay distintas especies tienen diferentes tolerancias ambientales. Algunas viven solo en sistemas contaminados o con mucha materia orgánica y otras no.
En el estudio en la zona de barro del Río de la Plata y el océano Atlántico adyacente no se detectaron este tipo de diatomeas que habitan en sitios contaminados, pero sí se vieron en un estudio previo de la bahía interna de Montevideo. Pérez Becoña trabaja junto a otros colegas de Ciencias para el biomonitoreo ambiental de la región costera para la Intendencia de Montevideo.
Según la investigación rioplatense y de su zona oceánica, los nutrientes eran de origen particulado marino con algunos picos de influencia de material orgánico dulceacuícola de los ríos que puede llegar con las lluvias, por ejemplo. El nitrógeno presenta niveles estables y en los últimos 50 centímetros —que reflejan aproximadamente los últimos 60 años— se ven picos de nitrógeno que pueden estar indicando el momento en que se comienzan a tratar las aguas y efluentes, explicó Pérez Becoña. En zonas agrícolas también tiende a aumentar el nitrógeno, agregó.
No existe un catálogo ni una lista de las diatomeas que se pueden llegar a encontrar en el subsuelo marino; por eso, la investigadora, que se capacitó en La Plata en diatomeas marinas, planea crear uno.