Antes de empezar a hacer licenciatura en comunicación cursó arquitectura. ¿Hacer cine no era una opción en ese momento?
Antes de empezar a hacer licenciatura en comunicación cursó arquitectura. ¿Hacer cine no era una opción en ese momento?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEra imposible verlo como una opción viable. Y arquitectura era lo que más se acercaba a lo que me gustaba. Después, igual estudié Comunicación en la Católica. Siempre pensando en el cine como un hobby. Los profesores que teníamos nos decían: “Ni se les ocurra hacer cine en Uruguay. Capaz que en la historia de esta facultad termina habiendo un director de cine”. Todos pensábamos para nuestros adentros: “¿Seré yo?”.
¿En qué aspectos se parece al Álvaro Brechner estudiante?
Uno va mutando tanto, que a veces es difícil responder la pregunta “¿qué es lo que soy?”. Ya es difícil definirse uno, y solo puede hacerlo en determinado espacio temporal. Yo mismo me puedo parecer hoy más a otras personas, que al propio Álvaro de 20 años. Puedo reconocer cierta curiosidad, temas que siempre me interesaron, pero uno está en constante transformación. Hay una frase de Bernard Shaw que dice: “La vida no está para descubrir quién eres, sino para crear lo que eres”. Hay algo de eso: con nuestras acciones vamos dando significado a lo que somos y lo que fuimos. No es al revés.
¿Se reconoce optimista o pesimista?
Me cuesta definirme, porque las definiciones lo único que hacen es acotarnos y nunca son representativas. Más allá de eso, no soy muy optimista. Pero trato de combatir esa falta de optimismo con todas mis fuerzas. Soy un firme creyente en el esfuerzo, en el compromiso con lo que uno cree o desea. Hay cosas por las que vale la pena luchar, y eso me obliga a una posición optimista, por que si no creés que podés cambiar algo o llegar a determinado sitio, no podés pelear por ello. Ser pesimista u optimista importa poco. Lo que importa es la actitud que toma un hombre para enfrentar determinadas circunstancias.
Su hija se llama Alaia que es alegría en euskera. ¿Hay una búsqueda detrás de esa elección?
No lo había pensado, pero seguramente es una ironía de mi inconsciente. De todas formas el mérito del nombre es de mi mujer, que es vasca. No sé lo qué significa la felicidad. Es un concepto banal, de postales rosas de catálogo de supermercados. Por ende, para mí no quiere decir nada. En cambio, la satisfacción, el compromiso, la alegría, sí dicen mucho y están llenos de sentido. La alegría entendida como realización, ese momento completo, ese momento en el que se te mueve todo el cuerpo y te das cuenta de qué es eso de lo que estás hecho.
¿Qué parte del cuerpo le molesta cuando está angustiado?
El estómago. Es el bicho más incontrolable que tengo en el cuerpo. Para hacer cine debés tener alineado el corazón, el estómago y la cabeza. Pero el estómago solo podés escucharlo cuando tenés la cabeza y el corazón sanos. Ahí es cuando se manifiesta, de verdad, la intuición. Para mí la cabeza te ayuda en mil cosas en tu vida cotidiana, pero en el arte, ayuda más bien poco. Y cuanto menos, mejor. La cabeza es traicionera, todo el tiempo quiere que estés en un lugar seguro, tiene miedo de las consecuencias. Si yo hubiese seguido mi cabeza no habría hecho cine jamás. Claro que un director tiene que escucharse, pero tiene que haber un porcentaje de estómago y eso es lo que va a hacer la diferencia entre una película mediocre y una buena. Y el corazón tiene que latir. Y cuanto más alto y apasionado mejor.
Ha dicho que cuando dirige duda mucho. ¿Le sucede lo mismo en su vida cotidiana?
Soy horrorosamente dubitativo, mi mujer siempre se enoja conmigo cuando no me decido sobre dónde ir a comer o temas similares. Probablemente sea una herencia familiar. Yo voy a comer a lo de mi abuela, y de postre hay helado y ensalada de frutas. Si elijo ensalada de frutas me pregunta: “¿Por qué? ¿No te gusta mi helado?”. Tenemos esa cosa de saber que si estás eligiendo algo estás rechazando lo otro, que es tremendo.
¿Cuándo fue la última vez que lloró por algo banal?
Estábamos viendo “Intensamente” con mi hija en el cine, y en un momento me pregunta: “¿por qué la Alegría está llorando?”. Y me puse a llorar desconsoladamente. Estos hijos de puta de Pixar siempre me hacen llorar. “Toy Story 3” no la puedo ver. Es una película que te hace dar cuenta de que constantemente estamos intentando agarrar un pedazo de vida y, sin embargo, la vida se te va, se te escapa de los dedos.
Hace años que vive en España. ¿Qué rutinas repite cuando viene a Montevideo?
Ver a mis dos abuelas. Y después, más allá de visitar familia y amigos, caminar mucho por la rambla; ir a un par de bares, como el Tinkal; antes iba siempre al estadio a ver a Peñarol, pero ahora dejé de ir.
¿Por qué?
Estoy bastante desencantado con el asunto de la violencia. No solo la de las tribunas sino de la prensa y de ese discurso tremendista del fútbol de los buenos contra los malos. Hay un grado de agresividad y de violencia: parece que nadie recuerda que esto es un juego. Te das cuenta en el momento en que ves cómo la gente reaccionó cuando lo sancionaron a (Luis) Suárez o con el incidente de (Gonzalo) Jara en la Copa América. Y esto te lo dice una persona que se queda hasta la madrugada despierto para ver los partidos de Uruguay y que se muere de la indignación cuando queda eliminado.