Trabaja en Aldeas Infantiles desde 2011. ¿Se ven situaciones muy removedoras? ¿Hay que tener un temple especial?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHay que tener un enorme cariño y un enorme interés por la infancia, y poder canalizar bien por otro lado todo lo que vivís en el mundo laboral. Debés tener un espacio en el que puedas soltar un montón de sentimientos, porque hay mucho que te impacta. Es la vida de muchos chiquilines y familias.
¿Y cuál es su lugar para liberar?
Mi casa. Podés salir del trabajo de lo más apabullada, con algún que otro lío, pero llegás a tu casa y tenés que ser la mamá, tenés que ser la referente, la que pone cierta estabilidad, entonces hay mucha cosa que uno no puede llevar. Además, los hijos son como una bomba de realidad con los que uno no tiene mucho tiempo de decir: “Uy, qué mal día que pasé hoy”. Aparte son tres, tengo una nena que ahora cumple 13 (se llega a enterar que dije “nena” y me mata), un varón que cumplió 11 y una bebé de un año.
Pero con su marido, Gonzalo, tienen una cita semanal.
Sí, tenemos una buena práctica: los martes, cuando los nenes grandes están con el padre, dejamos a Lucía con mi suegra y tenemos una cita, que es ir a cenar, o ir al cine, o lo que sea. Por lo general, en los hechos, eso termina traduciéndose en ir a cenar a algún lugar cerca de la casa de sus padres y volver a buscar a la nena, pero tenemos ese espacio que es para nosotros.
¿Qué tipo de música escucha?
Dependel ánimo. Por lo general, escucho a Julieta Venegas, Soda, últimamente mucho Gilda. Pero cuando quiero concentrarme para hacer un informe o algo así pongo algo más pesado, como AC/DC.
¿Cuál fue la última película que vio en el cine?
Fuimos en familia a ver “Gilda”.
¿Qué es lo último que hace de noche, antes de apagar la luz?
La noche en familia es todo un ritual. Cerca de las nueve y media, la gordita toma la mema, después hacemos lo que llamamos “pum almohada”, que es que nos acostamos todos en la cama grande a leer un cuentito, o a mirar fotos del celular. Ese “pum almohada” es un clásico antes de que ella se duerma. Y después dedicamos ese tiempo a solas a los otros dos, que también lo necesitan y están en un momento en que requieren mucha atención. Luego yo caigo rendida de noche, apago la luz del cuarto y no sé cómo camino hasta la cama.
¿Qué es lo que más le gusta de haber nacido en los 70?
Me gusta el proceso que hemos pasado los de esta generación. Hemos atravesado de todo un poco. Ahora miramos las fotos y nos reímos de los peinados, y nos reímos pensando en los superhéroes que mirábamos y la música que escuchábamos. Salimos bastante bien. Pero creo que es interesante, porque crecimos aceptando diferentes cosas y con mucha flexibilidad. Me parece que somos una generación muy flexible y adaptable.
¿Toma medidas en su casa como para “desenchufar” a sus niños de la tecnología?
Hago cosas, sí. Ellos no tienen tablet, me negué a comprársela. Siguen con el Wii, que creo que están un poco anticuados. Por lo que me ha dicho el varón, el Wii fue. Me niego un poco a esas cosas. No tienen Facebook y trato de que estén jugando entre ellos, de que vayan al club, que hagan cosas que estén más en el mundo real. Eso intento; es complicado y es en contra de ellos mismos, su curso natural, pero lo intento.
¿Y qué vinculo tiene usted con su celular?
Adictivo. Incluso mi familia me lo ha hecho notar, y confieso que a veces me encierro en el baño a contestar correos porque me doy cuenta del problema. También me doy cuenta de que cuando uno tiene un problema pero el resto no te ve, pasa más inadvertido (risas). Tengo una relación adictiva con este aparato pero lo estoy manejando mejor.
¿Qué ritual de Nochebuena mantiene y repitió este año?
Con Navidad teníamos todo un ritual y ahora lo estamos modificando un poco porque mis hijos van a un colegio católico y mi hija ahora cree en Dios. Entonces ahora incluimos algunas cosas en el festejo, que antes no estaban: elegimos un pesebre y armamos el arbolito el 8 de diciembre. Antes no éramos tan así, pero estamos tratando de acompañarla en esas cosas, para respetar esa decisión que tomó.
Se toma licencia la segunda quincena de enero. ¿Qué es sinónimo de vacaciones para usted?
Nada de mail. Sí playa y michelada, un trago que se hace con cerveza, limón y salsa Tabasco que solo lo tomo cuando estoy de vacaciones. Nos vamos a Araminda buscando un espacio donde podamos realmente estar en contacto con la familia y con poca distracción; un lugar agreste y que los nenes no estén buscando redes wifi. Son 15 días de chancletas y asado.
Cumplió 40. ¿Cómo recibió la nueva década?
Lo llevé bastante bien. No me hizo mucha gracia el cambio de década, creo que no le hace gracia a nadie, pero me agarró en un momento con tanta distracción que no tuve tiempo de deprimirme. Los voy a festejar después, capaz que a los 41.