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    Entrevista / Annasofia Facello

    Nombre: Annasofia Facello • Edad: 30 • Ocupación: comunicadora • Señas particulares: es muy verborrágica, es muy buena haciendo pizza casera, prefiere la noche a la mañana.

    En su niñez, ¿era tan extrovertida como ahora?

    Sí, era el payaso de la familia. Siempre era la que animaba Navidad, Año Nuevo, hacía shows de baile u obras de teatro. Cantaba también, escribía canciones. Ahora quiero ser actriz, pero antes de morir quiero hacer algo de canto. Espero que me dé el tiempo.

    ¿Su gusto por el baile escocés aparece en esa época?

    A los cinco años me quedaba después del colegio mirando las clases y le decía a mi madre: “¿Me podés anotar?”. Así que cuando entré en primero de escuela arranqué y lo bailo hasta ahora.

    ¿Fue sencilla la decisión de estudiar Comunicación Social?

    Me gustaban las artes. Entonces me hubiese gustado que mis padres me lo incentivaran más o haberme escuchado más a mí misma y darme cuenta de que eso era realmente lo mío. Recién lo estoy haciendo ahora que tengo 30. Entonces lo que hice fue encontrar, entre las carreras más convencionales, la más artística. Y como me gusta mucho escribir, elegí periodismo. Después me di cuenta de que no necesariamente es lo mismo.

    ¿Qué le enoja de trabajar en televisión?

    Lo que me saca es que la gente se hace una idea sobre vos. Se piensa que sos lo que sale en la tele. Yo soy eso, en ese momento, después tengo un montón de matices. Esto es solo una parte mía. No soy solo Annasofia sonriendo y haciendo reír a la gente. No soy un payaso todo el día. El ser un payaso fue un mecanismo de defensa que desarrollé en la escuela cuando me hacían bullying. Ahora me doy muchos más permisos que antes y eso me lo dio la actuación. Pero la televisión me da mucho. Es siempre diferente, me permite hacer lo que quiera, juego, me divierto. El día que me deje de divertir no lo hago más. No podría nunca trabajar en una oficina durante ocho horas, no puedo, me entristece.

    Todavía mantiene su espíritu más de niña, ¿no?

    Sí. Tengo múltiples personalidades. Tengo mi parte responsable, de adulta, pero tengo muy presente mi niña. Y no lo quiero perder. Entonces el trabajo me lo tomo de esa manera, no puedo tomarlo como una carga.

    Tiene un Instagram muy activo. ¿Cuáles son las cosas que elige no publicar en su cuenta?

    Mi vida íntima. Mi Instagram es una herramienta de comunicación con la que me expreso. Intento, dentro de lo que es la banalidad de la red, a veces transmitir algún concepto de vida que a algún adolescente le sirva. Y otras veces me gusta provocar, mucha gente no lo entiende, pero no me importa.

    Es buena imitando voces y acentos.

    Sí. También lo hacía de chica. Juego y me divierte. La gente se ríe con eso y a mí me encanta. Ahora estoy hablando como venezolana (NdR: imita el acento). Pues que así me divierto con la gente con la que trabajo. Y ellos juegan conmigo. Me sale horrible, pero bueno. Voy mutando las voces.

    Su padre es el diputado Guillermo Facello. ¿La seduce el mundo de la política?

    Nada. Lo detesto. Me gustan las cosas auténticas y el mundo político está, por lo general, lleno de falsedad.

    ¿Le dice cuando hay situaciones a su alrededor que no le gustan?

    Sí, hablamos mucho. Somos muy amigos con mi papá. No peleamos. Me gusta protegerlo.

    ¿En qué aspectos le tira la genética italiana?

    Grito para hablar. En mi casa gritamos todos. También soy muy gestual y efusiva. Y después me gustan las harinas: el pan, la focaccia, la pizza.

    ¿Esos son los platos que mejor le quedan?

    Mi plato fuerte es la pizza. La hago con una receta familiar. Ahora tengo un poco abandonada la cocina.

    ¿Qué hay en su heladera hoy?

    Ahora que estoy viviendo sola, poco. Leche de coco, agua de coco, ensalada, huevos, chocolate para que no se me derrita, cerveza, queso. Algún pollo.

    ¿Cuánto tiempo demora en salir de su casa de mañana?

    Soy capaz de levantarme media hora antes y salir sin desayunar con tal de dormir más. Odio la mañana. No soy de esas personas que se ponen el despertador un buen tiempo antes de salir para bañarse, tomar mate. Yo me pongo 15 alarmas, las apago todas y sigo durmiendo. Las integro a mi sueño. Soy mucho más nocturna.

    ¿A qué hora se duerme?

    Dos o tres de la mañana. Soy mucho más productiva de noche.

    ¿Cómo hace cuando tiene que grabar “Escape perfecto”?

    Soy un zombie hasta que me tomo unos cafés. Porque durante el mes de rodaje arrancamos a las nueve de la mañana y terminamos a las ocho de la noche.

    ¿Cuáles son sus pequeñas obsesiones cotidianas?

    No me puedo olvidar de los auriculares porque necesito caminar escuchando música. Antes de dormir me gusta tomarme una cajita de agua de coco, al lado de la ventana de la cocina y me quedo un rato pensando. Después, la clásica sensación de pensar que no cerré la puerta de mi casa. Entonces vuelvo y me doy cuenta de que sí, la cerré. Soy bastante despistada.

    ¿Cómo canaliza la bronca?

    Hablo. Lo saco. No me guardo nada. Tengo un par de amigas con las que hago catarsis. A veces me pasa que me la agarro con gente que quiero y entiendo que no está bueno.

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