Hace seis meses que llegó de Brasil para instalarse a vivir en Uruguay. ¿Dónde aprendió español?
Hace seis meses que llegó de Brasil para instalarse a vivir en Uruguay. ¿Dónde aprendió español?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAcá. Pero no hablo muy bien porque recién ahora voy a empezar a tomar clases. Siempre digo que tengo dos mejores amigos acá. Uno es el traductor de Google y el otro es Waze (NdR: la app de tránsito).
¿En qué aspectos se considera 100% brasileño?
Soy muy comunicativo, me gusta mucho hablar y soy muy optimista, que son dos características de los brasileños. Pienso que el día siguiente va a ser mejor que el de hoy.
¿Cuáles son esas características personales que han hecho que siempre esté bien considerado para cargos de decisión?
Creo que tengo un sentido de dirección. Sé dónde estoy y a dónde quiero llegar. También tengo facilidad a la hora de compartir mi visión, mis valores y mis creencias con el equipo de trabajo. Tanto en General Motors como en los años en que trabajé en Fiat, siempre transmito mis creencias a los que trabajaban conmigo. Y lo hago con mucho respeto y valorando lo que cada uno tiene para decir. Diría que visión y relación humana han contribuido a la hora de ocupar posiciones de liderazgo.
Es de San Pablo y allí vivía hasta hace poco. ¿No siente saudade?
Tengo un hijo que, por ahora, se quedó allá. La idea es que se venga a instalar en julio para hacer sus estudios y estuvo acá durante las vacaciones. Pero esa es la razón por la que extraño. Lo que pasa es que la vida acá en Montevideo es muy linda y estoy encantado. Un ejemplo reciente: el lunes salí de las oficinas a las 8:30 de la noche y estaba divino. Así que me fui caminando desde el World Trade Center (donde están las oficinas) hasta Punta Carretas y todo me resulta muy amigable: los bares, la rambla, la gente en las calles.
¿Su plan es quedarse en Montevideo por cuánto tiempo?
Mi plan es retirarme en General Motors Uruguay y quedarme acá.
Es una persona a la que le gusta planificar. ¿Qué elementos lo ayudan?
No soy enfermo de la organización. Pero en mi casa siempre sé dónde están todas las cosas. Tengo, por ejemplo, un cajón con carpetas con todos los impuestos, facturas, gastos, comprobantes de pagos de la escuela de mi hijo. También uso una agenda de papel. Uso computadora y celular pero necesito tener la agenda cerca, y ahí anoto todo lo que tengo que hacer en la semana. Sé que es muy tradicional, pero me ayuda mucho y si no la tengo me siento perdido. Y esa no es una buena sensación para mí.
¿Le llegada de los 50 tiene alguna connotación particular?
Nada de nada. Soy muy desprendido de esas fechas. No tengo el hábito de festejarlo. Prefiero vivir la vida sin hacer muchas cuentas.
Los autos siempre fueron un foco de interés para usted. ¿Tiene identificado de dónde viene esa pasión?
En San Pablo cada dos años se realizaba el Salón del Automóvil. Tengo recuerdos de haber ido con mi padre y quedar encantado con lo que veía. Imagino que tiene que haber sido muy impactante para mí porque siempre quise trabajar en esa industria. Le prestaba mucha atención a las estrategias y a las publicidades de marcas como Volks-wagen, Fiat, Chevrolet, que en Brasil son muy fuertes.
En estos años, por su trabajo en la industria automotriz, estuvo en Alemania, donde se puede manejar sin límite de velocidad. ¿Cuál fue la velocidad máxima que alcanzó?
Logré manejar a 240 kilómetros por hora pero no fue en una autopista. Más allá de que las autopistas alemanas son magníficas, no me gusta manejar a altas velocidades porque uno nunca sabe qué puede suceder. Así que lo hice en el campo de prueba de Opel —que hasta ese entonces era de General Motors—, en una ciudad que queda a una hora de Frankfurt. Esa sensación es fantástica porque además de la velocidad la pista cuenta con toda la seguridad del mundo.
También tiene especial debilidad por los autos antiguos.
Soy bastante nostálgico, tal vez por eso me llevo tan bien con Uruguay. La historia es que aprendí a manejar en el auto de mi madre, que era un Dodge Polara de 1979. Hace cinco años encontré que un coleccionista tenía uno exactamente igual. Quedé loco y pensé: “Tengo que comprar este auto”. Y lo compré. Cuando lo manejo en Brasil siempre hay alguien que me toca bocina y me cuenta que tenía uno igual. Y acá en Uruguay me encuentro con autos viejos todo el tiempo, así que tengo una carpeta con fotografías de los que veo y me gustan.
¿Ya decidió por cuál equipo de fútbol va a hinchar?
Me pasó algo gracioso, porque el primer partido de fútbol al que fui se suspendió. Fue el clásico de la garrafa. Pero soy de Defensor. Políticamente correcto. En la oficina tengo los supervisores divididos entre Peñarol y Nacional. Y todos venían y me decían: “Claudio, tenés que hinchar por Nacional”, “Claudio, tenés que ser hincha de Peñarol”. Entonces dije: “Voy a ser neutro”.