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    Entrevista: Ignacio Munyo

    Edad: 38 • Ocupación: Economista; director del Centro de Economía del IEEM de la Universidad de Montevideo • Señas particulares: Se casó con su novia del liceo; estudió en Chicago; fue a la asunción de Barack Obama

    ¿Por qué estudió Economía? Vengo de familia de médicos, son cuatro generaciones de otorrinos: mi bisabuelo fue uno de los primeros otorrinos del Uruguay, mi abuelo, mi padre y mi hermano. Soy el primero en hacer Economía. Uno de los mejores amigos de mi padre era Luis Mosca, que es mi padrino. Cuando estaba terminando el liceo él estaba en el Ministerio de Economía. Eso influyó, sin duda. Empecé estudiando simultáneamente para contador y economista. En un momento me empezó a fascinar la economía porque me gusta mucho el comportamiento humano. 

    ¿Amigos o familiares le preguntan qué hacer con la plata? Sí. “¿Qué pasa con el dólar?” es la pregunta (risas). Pero no me encargo de eso, hay gente que asesora en inversiones. Hay algo de psicología en eso, asesorar a la gente sobre qué hacer con sus ahorros es 90% de psicología y 10% de conocimiento. 

    Usted, como consumidor, ¿compra en cuotas o contado? Depende de la moneda. En las dos cosas. Pienso en el flujo de caja que voy a tener, pero rápidamente. Es algo automático, pero se evalúa.

    En su hogar, ¿en qué trata de economizar? Trato de disfrutar. Cuando uno tiene una intensidad alta de trabajo, valora los momentos para estar con su familia. Tengo tres varones y ahora mi señora está embarazada de una nena. Trato de disfrutar mucho, porque el tiempo es el activo más valioso. Soy un apasionado de mi trabajo. En la medida en que se asumen más obligaciones laborales y familiares el tiempo de hobby va desapareciendo. Ya no juego en la Liga Universitaria como lo hacía los domingos de mañana.

    ¿Cómo es su día típico? Me levanto alrededor de seis y media, siete, algunos días aprovecho para ir al gimnasio y después llevo a mis hijos al colegio. Mi trabajo no es rutinario. Voy a la UM, hago documentos para presentar en algún lado, consultorías para instituciones privadas, estoy en el Directorio de la Bolsa de Valores. Siempre son temas asociados a la economía pero muy diversos. Tiene que ver con mi formación, estudié en la Universidad de Chicago con Gary Becker, que fue Premio Nobel de Economía. Fue el mejor profesor que tuve, revolucionario. Las herramientas de la economía son útiles para las políticas públicas, que es lo que me apasiona. Me gusta aportar e involucrarme en los debates.

    ¿Eso lo llevó a asesorar a Pedro Bordaberry en las elecciones pasadas? Yo tengo un compromiso con el país. Tengo antepasados blancos y colorados que fueron muy importantes. Por el lado de los blancos, Lucas Píriz, que fue el número dos de Leandro Gómez y murió en Paysandú. Y por los colorados, Baltasar Brum. Antes de las elecciones todos los candidatos, excepto el Frente Amplio, me vinieron a consultar. El primero había sido Pedro. Después hablé con (Luis) Lacalle Pou. Sin meterme de lleno en la militancia, siempre quise aportar. Ahora dije públicamente que hay un candidato que quiero apoyar que es Lacalle Pou.

    ¿Es cierto que cuando murió Jorge Batlle su madre le dijo “ahora podés asesorar a Lacalle Pou”? (Risas). Mi madre es muy colorada y muy fanática de Jorge Batlle de toda su vida. Cuando murió me dijo: “Ahora sí me quedo tranquila”. Se sacó un peso de encima.

    ¿Cómo fue su experiencia en Chicago? Espectacular. Tuve la suerte de que la Universidad de Chicago me becara. Nos fuimos recién casados y estuvimos tres años. Pasamos de vivir con nuestros padres a ir a una ciudad distinta, sin que nadie nos conociera, viviendo con un subsidio que era para una persona, para comida, alquiler. Vivíamos con lo mínimo. Yo estudiaba y mi mujer se las fue arreglando. Ahí conoció a Michelle Obama y a sus hijas.

    ¿Cómo fue eso? Fue en 2008, cuando (Barack) Obama competía con Hillary (Clinton) en las primarias. Valentina, mi mujer, es profesora de tenis. Al llegar a Chicago se presentó en la Universidad. El coach le dijo que no tenía presupuesto pero que podía ir honoraria a entrenar al equipo de tenis. Después la recomendó al principal club de Chicago de tenis. A los seis meses llamó Michelle Obama al club —donde había más de 60 profesores, casi todos gringos, y Valentina— pidiendo uno para sus hijas, que tenían cinco y siete años. El director dijo: “Tengo una ideal”. Fue en plena campaña, les daba clases y venían con las camionetas negras del Secret Service. Michelle Obama iba todas las semanas y empezó a tomar clases en la cancha de al lado. Charlaban siempre, es una mujer encantadora.

    ¿Mantuvieron el contacto? Antes de que naciera nuestro primer hijo, cuando ya estábamos acá, viajamos a Chicago por otro tema. A mi mujer algunas familias del club de tenis de Chicago le organizaron un baby shower y Michelle Obama le mandó un sonajero de plata de la Casa Blanca. Antes de eso nos invitó a la asunción de Obama en Was-hington, a la zona de Family & Friends. Estábamos sentados a 30 metros de Obama cuando habló con el Congreso atrás. Tenía sentados a tres lugares a Denzel Washington y a Morgan Freeman. 

    ¿Cómo conoció a su señora? En el Juan XXIII, hace 20 años.

    En 2014 recibió el Premio Nacional de Economía y en 2017 el premio de la Academia Nacional de Economía. ¿Cambió su vida profesional a partir de eso? El primero fue cuando era muy joven, estaba en Chicago, lo ganamos junto con Lorenzo Caliendo, que hoy es profesor de Yale. Después vino el de la Academia. No sé cuánto impactó directamente o no, es un lindo reconocimiento. El premio lo recibo todos los días al poder hacer algo que me gusta; no muchas personas pueden trabajar en lo que les gusta. n

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    2018-05-31T00:00:00