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Edad: 49 • Ocupación: Presidente de la Unión de Rugby del Uruguay; abogado; dirigente del Partido Colorado • Señas particulares: Tiene trillizas, fue rematador, le encanta la carpintería
Es padre de trillizas. ¿Qué fue lo primero que pensó cuando les dijeron que eran tres? Fue toda una sorpresa, me puse muy contento. Fue natural y había antecedentes en la familia de embarazos múltiples. Estaba esperando que me dijeran cuál iba a ser el varón para jugar al fútbol o al rugby. El médico se dio cuenta de mi ansiedad y dijo: “Veo dos nenas, el tercer embrión no lo veo bien, lo vamos a dejar para la próxima”, pero ya sabía que eran mujeres. Las tres juegan fútbol, dos en la Liga AUF Sub-19 por Náutico. Me cambió la vida.
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Debe haber tenido que cambiar hasta el auto. Tenía un Gol de dos puertas, abríamos la parte de atrás y las poníamos por ahí. Era como ir a la feria, sacando los cajones. Vivíamos en un edificio que tenía un ascensor muy chico, entonces el carro de dos entraba más o menos. Valeria, mi mujer, me esperaba abajo con la otra. Fueron prematuras de bajo peso. El primer y segundo años fue complicado. Se enfermaba una, arrancaba la otra. Cada enfermedad era de 21 días.
¿Qué fue más complicado: la época de bebés o la adolescencia? De bebés. Dejamos mucha cosa social de lado. Los amigos te invitaban y vos no podías ir ni al cumpleaños. Pero lo pasamos bien. Hubo un día en el que cambié 24 pañales. La adolescencia fue compleja entre los 14 y los 16, ahora tienen 18, una hace Medicina y las otras dos Comunicación. Es muy divertido, nunca las escuché decir “estoy aburrida”.
¿Por qué decidió ser abogado? Primero fui rematador, como mi padre. Él trabajaba en remates judiciales. Casi abandono la facultad cuando hubo un paro muy grande. Me dediqué a estudiar en la UTU para rematador y me ayudó muchísimo Valeria, que me remarcó que tenía que sacar el título de abogado.
¿Cómo era ser rematador? Ahora remato muy poco. Mi padre me tiraba a la cancha con 15 o 16 años a lotear. A los 21 rematé ante 1.800 personas en el puerto. Me movía bien en público.
¿Recuerda algún remate en particular? El del restaurante y cine La Fragata en Punta del Este, en 1999. Fue un remate icónico, mi padre estaba muy contento. Pero paralelamente estábamos rematando chinchillas, cuando se vendían pieles para los sacos o tapados. Estuvimos en un local de Maldonado durante cuatro meses dándoles de comer a las chinchillas para que llegaran al remate. Una cosa que hoy no se puede ni hacer. Pero era una orden judicial que había que cumplir.
¿Cómo surgió su vínculo con el rugby? Jugué al baby fútbol toda mi vida en Malvín e iba a la escuela de Portones. Un día, un amigo me dijo para jugar rugby en el Montevideo Cricket. Le contesté: “No tengo casco”, no tenía idea. Me habían expulsado de las inferiores de Danubio, era espantoso. Arranqué un martes, todo vestido de blanco tipo ACJ. A los dos minutos estaba todo embarrado. Falté solo a una práctica por enfermedad.
¿Cómo se vinculó con la parte política del deporte? Faltaba un delegado de Cricket para la Unión. Nadie quería ir.
Ahora es por segunda vez presidente de la URU. Llegué a la URU porque faltaba alguien para el cargo de manager. Pedro Bordaberry, que era presidente de la Unión, me dijo: “¿Te animás?”. Me metí en 1998 y no paré hasta 2002, cuando asumí como director de Deportes.
¿Cómo llegó a escribir de rugby en La Mañana y La República? Fui a pedir. Tenía que pelear y decir “está el Seven de Punta del Este”. Escribía a máquina en el local de remates de mi padre, después iba a la plaza Artigas de Punta del Este a mandar por fax y después llamaba para encontrar al jefe y decirle “por favor, sacá la nota”. El periodismo me atrae bastante.
¿Qué hace en su tiempo libre? Me gusta hacer deportes y cosas manuales, como carpintería. Me veo jubilado con un taller de carpintería en el fondo.
Llegó a la política con Bordaberry. ¿Qué lo atrajo? Mi familia siempre estuvo en política. Mi padre fue edil por Colonia, mi hermana también. Estaban con Jorge Pacheco Areco, la 123, Pablo Millor, la Cruzada 94. Yo acompañaba, pero cuando mi padre me preguntaba qué iba a hacer yo decía “me voy a preparar y que me vengan a buscar”. Cuando el presidente (Jorge) Batlle y Pedro me llamaron para ocupar la Dirección de Deportes, entré como un outsider. Apliqué criterios técnicos, me llevé bien con todo el mundo pero entendí que en esos cargos hay que tener el contexto de la política. Hay que interactuar y amortiguar los embates políticos. En el 2005 hicimos la última obra de Batlle al reinaugurar la pista de atletismo, que hacía 16 años que no se usaba. El Lito (Isaac) Alfie (entonces ministro de Economía) me decía: “Esta plata que te voy a dar usala bien”. ¡Sacarle plata era...! Después vio que estaba bien invertida.
Después siguió vinculado a Bordaberry y ahora respalda a Julio Sanguinetti. Quise ayudar a Pedro, que había sido muy generoso conmigo al abrirme puertas. Fui secretario político y lo acompañé hasta 2016, cuando volví a mi estudio y al rugby porque él se retiraba. Hasta que surgió lo de Sanguinetti; conversé con Pedro, con Sanguinetti y me motivó bastante. Me interesaría ser diputado.
¿Cómo observa la aparición de figuras como Edgardo Novick, Juan Sartori o Ernesto Talvi? Talvi está haciendo muy buenas propuestas. A Sartori no lo conozco mucho más allá de la publicidad que denuncié en la Corte Electoral, porque estaba violando la ley electoral, junto con Novick. Creo que Novick viene con un perfil de trabajo de toda su vida, pero me hubiese gustado que hubiese aterrizado en uno de los partidos tradicionales. Podría haberlo hecho en el Partido Colorado y tendría mejor suceso del que tiene hoy.