El ídolo de Déborah Rodríguez es Kobe Bryant. No importa que no compartan deporte; ella insiste en que la estrella histórica de la NBA y Los Ángeles Lakers es su modelo a seguir como deportista. Por lo profesional, por su compromiso y por su perfil también fuera de la cancha. Lo conoció en 2012, en el detrás de escena de los Juegos Olímpicos de Londres. Hay una foto que registra el momento y que ella, en ese entonces de 19 años, publicó en Facebook en medio de la competencia que la convirtió en la atleta más joven en representar al país en unos Juegos.Hace casi 20 años que Déborah entró al mundo del atletismo: empezó a correr a los cuatro, a los 14 se mudó al Campus de Maldonado para trabajar junto al entrenador Andrés Barrios y al poco tiempo comenzó a admirar a la uruguaya Margarita Grun (1954). Ahí se especializó en la pruebas de 400 metros planos y 400 metros con vallas, y de a poco le fue tomando el gusto a los 800. Participó en sudamericanos, mundiales, llegó a Londres, y este año ganó el bronce en los Panamericanos de Toronto en 400 con vallas, una de las cinco medallas que obtuvo la delegación de Uruguay. Los logros de la atleta continuaron esta temporada hasta que, a principios de diciembre, por una resolución de la Federación Internacional de Atletismo de bajar la marcas mínimas para entrar a los próximos Juegos Olímpicos, Déborah clasificó a Río 2016. “Estoy feliz, pero tengo un gustito agridulce: me faltaba poco para llegar a la marca anterior y sabía que lo íbamos a lograr”, dijo a galería.En Río probablemente vuelva a cruzarse con Sanya Richards, una jamaiquina nacionalizada estadounidense, de 30 años, que a los 18 fue campeona en Estados Unidos y que ahora suma diez medallas de oro: cuatro de Juegos Olímpicos —una en Atenas 2004, otra en Pekín 2008 y dos en Londres 2012— y seis de Campeonatos Mundiales. Richards compite en 400 y 200 metros llanos, y en 4x100 y 4x400 relevo; y hasta el momento la clasificación de Déborah a Río es para la prueba de 800 metros. Si bien no competirán en la misma categoría, la atleta uruguaya tiene la esperanza de encontrarla, como lo hizo en en los Mundiales de Berlín y Beijing, para seguir sus movimientos de cerca y contagiarse de su alegría y naturalidad características al correr.
Carlos Arboleya, selección uruguaya de rugby
Es, probablemente, una de las imágenes más recordadas del deporte nacional en 2015 y la más significativa en la historia reciente del rugby uruguayo. El try de Carlos Arboleya ante la selección de Fiji, en la fase de grupos del Mundial de Inglaterra, terminó con la sequía de doce años en los que Los Teros no marcaban puntos en copas del mundo, porque, directamente, no clasificaban. El festejo fue descomunal. El estadio entero se vino abajo. Y la simpatía que generó el que se consideraba como el equipo más “débil” del campeonato hizo que la secuencia se reprodujera en medios internacionales como una hazaña deportiva. Ahí estaba Arboleya, apoyando una y otra vez la pelota del otro lado de la línea.Tres meses antes de viajar al Mundial cumplió 30 años. Es oriundo de Paysandú, juega en la posición de hooker y actualmente defiende al equipo de Trébol. Es, además, economista y trabaja en la ONG Enseña Uruguay. Empezó a practicar rugby hace 20 años, pero la pasión por el deporte se exacerbó cuando vio a Los Teros competir por primera vez una Copa del Mundo. Fue en Gales, en 1999. En el plantel titular jugaba Diego Lamelas, un uruguayo formado en el Club Champagnant que alcanzó la internacionalidad dentro de las filas de Asociación Alumni de Argentina. Arboleya lo vio debutar contra España y ganar, contra Escocia y perder, y también lo vio enfrentarse a una de las selecciones más poderosas de todos los tiempos: los Springboks de Sudáfrica. Lamelas, conocido en el ambiente del rugby como “Pollo”, que también jugó el Mundial de Australia 2003, se convirtió en su ídolo y referente local. Y en 2004, cuando el juvenil sanducero se incorporó a la primera división de Los Teros, llegaron a compartir plantel.Ahora Arboleya prefiere mirar más hacia al exterior. Su referente fuera de fronteras es Dane Coles, un rugbista neozelandés, un año menor que él, que desde 2012 defiende la camiseta de los All Blacks. Juega en su misma posición y tiene al menos tres atributos que lo hacen ser su elegido: “su propuesta de juego es moderna, es muy rápido y es uno de los que cambian el estereotipo de hooker de un jugador solo especializado en el scrum a uno mucho más completo, que se desenvuelve en casi todas las áreas”.
Dolores Moreira, navegación a vela
Fue en setiembre de 2014 en las aguas del mar Cantábrico. Dolores Moreira estaba en plena competencia del Mundial de Vela de Santander, cuando se topó cara a cara con su máximo referente en el deporte: la holandesa Marit Bouwmeester, que finalmente ganó el oro en la categoría Laser Radial. No fue solo un cruce, hubo, también, una especie de enfrentamiento que Dolores revive con gracia cada vez que lo cuenta: “Le iba ganando bien, y justo en una boya en la que yo tenía preferencia se perfiló para meterse en mi camino. En el momento ni lo pensé y me salió el impulso de gritarle como si fuera un reto: '¡Che, mirá que tengo preferencia!' Creo que no entendió nada, capaz captó el tono (risas), pero me miró y me cedió el paso”.Marit Bouwmeester tiene 27 años y tres medallas que se destacan en su historial: dos mundiales —la de Santander 2014 y la de Perth (Australia) 2011, ambas de oro— y una olímpica (la de plata en Londres 2012). La admiración de Dolores por la holandesa creció en esa carrera que compartieron en Santander. “Su desempeño fue increíble, en un instante pasó de estar en el puesto 20 al primero. ¡Es una máquina!”, recuerda.Dolores, o “Lola”, se crió en Paysandú frente al río Uruguay y viendo pasar veleros por la puerta de su casa. Empezó a navegar a los nueve en un barco Optimist junto a su hermana Agustina, cuatro años mayor. Su iniciación fue en un verano a fines de los 2000, cuando ambas se acercaron al Yacht Club Paysandú y al poco tiempo empezaron a competir en torneos locales e internacionales.Un punto de inflexión en su prometedora trayectoria fue cuando conoció al regatista Alejandro Foglia, su referente local, que con 31 años ya cuenta con tres participaciones en Juegos Olímpicos —Atenas 2004, Pekín 2008 y Londres 2012— y la reciente clasificación a Río. Este año, a los 16, Dolores cumplió el sueño de seguir los pasos de Foglia y clasificar a los próximos Juegos, cuando se subió al podio en los Panamericanos de Toronto para festejar el segundo puesto en la categoría Laser Radial y abrir la cuenta en el medallero uruguayo.
Sofía Mora, capitana de la selección uruguaya de hockey
El 2015 fue un gran año para Las Cimarronas, pues por primera vez la selección uruguaya de hockey disputó la World League, torneo organizado por la Federación Internacional de Hockey (FIH) en el que se compite por obtener dos puestos para los próximos Juegos Olímpicos. En ese campeonato, la selección fue locataria en una de las fases, se cruzó con los mejores planteles del mundo y llegó hasta la tercera ronda de semifinales en Valencia. A eso se sumó la participación en los Juegos Panamericanos de Toronto, en donde el equipo desafió sus marcas históricas y alcanzó el quinto puesto.Y más allá del logro grupal de Las Cimarronas, también fue un gran año para Sofía Mora, una de sus capitanas, porque el primer día de noviembre la Federación Panamericana de Hockey la eligió como una de las mejores del continente. En el “Equipo de Elite”, además de Sofía figuran quince deportistas de alto rendimiento, como la delantera argentina Delfina Merino —mundialista en Rosario 2010 y medalla olímpica de plata en Londres 2012—, la capitana estadounidense Lauren Crandall y la goleadora canadiense Brienne Stairs.Sofía, la uruguaya de 27 años que se coló en esta especie de dream team americano, empezó a jugar hockey a los seis, a los 15 entró en las inferiores de la selección y a los 20 debutó en el plantel mayor. Actualmente juega en Carrasco Polo, donde trabaja como profesora de hockey al igual que en el colegio New Zeland en Carrasco. Como referente a observar y a seguir opta por un equipo entero: el de Holanda. Y si tiene que ir por una jugadora, hace foco en Maartje Paumen, la capitana, de 30 años, con quien comparte la posición de mediocampista. “Tiene muy buena técnica, ordena al equipo y siempre mete para adelante”, dice Sofía. Los números de Paumen impresionan: tiene dos oros olímpicos —en Pekín 2008 y Londres 2012—, dos mundiales ganados —Madrid 2006 y La Haya 2014— y otros tres oros en el torneo EuroHockey de selecciones. Además fue elegida en dos ocasiones como la mejor jugadora del mundo por la FIH; solo la supera la leona Luciana Aymar, que cuenta con ocho de esas distinciones.
Juan Álvarez, golfista
Juan Álvarez hizo historia con su propia historia. Rompió esquemas, peleó por cumplir sus objetivos y logró lo que parecía imposible. Ahora tiene 21 años, es el mejor golfista de Uruguay —probablemente uno de los más destacados de este deporte en el país a través del tiempo—, y figura en el puesto 36 del Ranking Mundial de Golf Amateur. Tuvo, incluso, un breve pasaje por el deporte profesional, en 2012, que él mismo decidió revertir.Juan se crió en una casa ubicada a pocos metros del Club de Golf del Cerro, en una familia de ocho hermanos e imitando como si fuera un hobby las tareas de su padre, un ex obrero que trabajaba de caddie. La pasión por el deporte le surgió desde muy chico, y ya a los cinco años empezó a dar pequeños golpes prometedores. Pero para poder jugar oficialmente e ingresar a una escuela de golf tuvo que esquivar prejuicios, tragar angustias y convertir su vida en lo que podría ser guión de una película heroica o de superación.Primero aprendió a jugar con su hermano y con el ex golfista Alcides Flores, después entró a la Escuela de Golf del Cerro, a los 12 se unió a las filas del Club de Golf de Punta Carretas y a partir de ahí empezó a recorrer el mundo para competir con la bandera de Uruguay.Actualmente tiene dos referentes: uno de sus profesores, Diego Martín Pérez, y el estadounidense Tiger Woods, el segundo golfista con más Majors ganados (14) en la historia del deporte, récord que aún mantiene su compatriota Jack Nicklaus. Con Woods, su ídolo internacional, Juan considera que comparte un estilo de juego particular que define como “cuidado, pero sobre todo arriesgado”.
Bruno Fitipaldo, selección uruguaya de básquetbol
Es jueves 28 de junio de 2012 y el Estadio Delmi de Salta está repleto de fanáticos de la selección argentina de básquetbol. El partido es contra Uruguay, un amistoso de preparación para los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Está peleado. Faltan quince segundos para que suene la chicharra del primer cuarto y Argentina gana por dos puntos. Parece que así se termina; pero el pivot uruguayo recupera una pelota ofensiva, se la da al base, Bruno Fitipaldo, y él, con 21 años, se olvida de que solo cuenta con cuatro años de profesionalismo, que está jugando contra la “Generación dorada” campeona en Atenas 2004 y bronce en Pekín 2008, y se olvida, también, de que a menos de un metro lo espera la inmensidad de Luis Scola, NBA desde 2007. Se olvida de todo, se acerca a la línea de tres, se anima y emboca. Uruguay se llevó así el primer tramo del partido, aunque el encuentro lo ganara Argentina por 23 puntos.Pero Bruno tuvo revanchas, muchas. Y en agosto de este año, en un amistoso en Brasilia de cara al Preolímpico de México, el resultado se revirtió: ganó Uruguay por seis. En el torneo clasificatorio en Ciudad de México no le fue bien, pues la selección perdió seis de los siete partidos que jugó. Pero el que ganó fue histórico, contra Brasil. Y Bruno fue goleador con doce puntos.Empezó a destacarse en la cancha de niño, desde que llegó al Club Malvín a los 12, después de haberse iniciado en el Náutico. Entrenó en todas las categorías inferiores del club y la selección, sumó prácticas particulares en paralelo, a los 17 debutó en primera y con Malvín salió dos veces campeón de la Liga Uruguaya. Desde mediados de 2014 pertenece al club Obras Sanitarias de Argentina, uno de los mejores del país, en el cual ocupa una plaza extranjera.No es llamativo que su referente sea Emanuel Ginóbili. Al igual que el ídolo de los Spurs, el juego de Bruno es más estratégico que agresivo, y se destaca más por su técnica y su orden, que por su potencial físico. En los últimos años también fijó la vista en el base Stephen Curry, el encargado de llevar a los Golden State Warriors a las finales de la NBA de este año, después de cuatro décadas de sequía. Curry fue, además, destacado como el mejor jugador de la temporada 2014-2015, y actualmente es goleador del equipo que lidera la tabla y que se mantuvo invicto durante los primeros 24 partidos del torneo.
Soledad Faedo, capitana de la selección uruguaya de handball
Soledad Faedo nació en 1987 y entró al mundo del handball a fines de los 90, una época en que las selecciones uruguayas de ese deporte empezaban a pisar fuerte en el exterior: la primera clasificación a un Mundial femenino fue en 1995, en categoría sub 20; y en 1997, en Alemania, fue el debut mundialista para la mayor. Leonardo Puñales, que durante muchos años dirigió el equipo femenino de primera división, lo define como “el período de mayor germinación que tuvo el handball local”. Soledad entró, además, a las inferiores de un equipo que en esa década había arrasado con los campeonatos de la Federación Uruguaya de Handball: el Club Regatas. En el plantel principal figuraba Sofía Griot, que desde 1996 también defendía la camiseta celeste. Soledad creció viéndola jugar, estudiando sus movimientos, imitándola, e incluso llegó a compartir equipo con su referente hasta que Griot abandonó las canchas en 2008.Soledad tuvo dos escuelas, la de Regatas y la de la selección. Y entre sus participaciones con Uruguay se destacan la de los Mundiales de Rusia 2005 y Brasil 2011, y la más reciente en la que se desempeñó como capitana: la del histórico bronce en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, una hazaña que tuvo como único antecedente el bronce en Santo Domingo 2003.En Toronto, en instancia de semifinales, se topó cara a cara con su máxima ídola en el rubro: la puntera brasileña Alexandra Do Nascimento, que, entre Mundiales, Juegos Panamericanos y Campeonatos Panamericanos y Sudamericanos, ya tiene doce medallas doradas, además de la distinción de haber sido nombrada, en 2012, como la mejor jugadora del mundo por la Federación Internacional de Handball.
Fabricio Formiliano, capitán de la selección sub 22 de fútbol
Es defensa, tiene 22 años, tres temporadas en primera división, un Campeonato Uruguayo ganado con Danubio y una medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 con la selección uruguaya sub 22, además de la distinción como uno de los mejores once de esa competencia. Fabricio Formiliano parece tímido y se sorprende cuando llaman para entrevistarlo. “¿Por qué yo?”, pregunta. Porque fue el capitán y pilar del equipo de la selección sub 22 que logró, por segunda vez en la historia, terminar en la cima de unos Juegos Panamericanos (la primera fue hace 32 años, en Caracas 1983). Y es, a su vez, una de las promesas del fútbol local.Fabricio tiene dos referentes nacionales a los que toma como espejos: Diego Godín y Jadson Viera (nacido en Santana do Livramento, en la frontera con Brasil, pero nacionalizado uruguayo). Según dijo a galería, con el capitán de la selección mayor y del Atlético Madrid comparte “la garra, la forma de mandar adentro de la cancha y la potencialidad del juego aéreo”. Con Viera, de destacada trayectoria en las filas de Danubio (ganó tres de los cuatro campeonatos uruguayos en la historia del club, en 2004, 2006-07 y 2013-14), el vínculo es más humano que deportivo, aunque sí comparten la posición de zaguero. “Es un gran compañero, continuamente motiva a los más jóvenes y siempre está conteniendo al equipo, sugiriéndonos cómo actuar. Son cualidades que espero algún día poder tener”, explicó.