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    La dualidad del ánimo festivo

    Para pasar una Navidad en armonía y paz interior, aceptando y siendo capaz de adaptarse a los momentos menos gratos que se pueden presentar en estas fechas, expertos aportan algunos consejos

    Llegan las festividades navideñas desde las vidrieras, los anuncios publicitarios y los medios de comunicación llegan mensajes que invitan a ser felices durante estos días casi por decreto u obligación. Sin duda se trata de una propuesta bien intencionada, ¿pero es realista? “¡Feliz Navidad!” es uno de los deseos más repetidos durante estos días. Sin embargo, algunas personas consideran que en su caso no se ha cumplido. Al contrario, pese al ambiente festivo que les rodea, se sienten tristes.

    Para la psicóloga española Rosa María Luna Arroyo, a menudo, a través del cine y los medios de comunicación, nos creamos expectativas de lo que tienen que ser estas fechas en lo relativo a la familia, los regalos y la felicidad. “Desde esa iluminación, vemos mucho más la oscuridad que hay en nuestras casas: lo que no tenemos, los regalos que no podemos hacer o las ausencias. Así, ante toda esta alegría que se supone que debemos tener resalta mucho más lo que nos falta, lo que nos gustaría que estuviera y no está”, precisa.

    Del mismo modo, la Asociación Estadounidense de Psicología indica que con las altas expectativas a la hora de hacer regalos, decorar, festejar y reunirse con la familia, el estrés y la tristeza no son raros. “Pasar tiempo con miembros de la familia con los que no hay una buena relación, el duelo por la pérdida de un ser querido, la presión de regalar cuando las finanzas no están en su mejor momento o la soledad, pueden hacer que nos sintamos tristes, enojados e incluso deprimidos”, apunta esta entidad.

    Ante las luces, la decoración navideña, el alboroto y la alegría generalizada, algunas personas no pueden evitar sentir tristeza. La directora del departamento de Psicología Clínica de la Universidad Católica, Delfina Miller, asegura que además de que la Navidad llega en una época del año difícil, en la que todos estamos cansados, debemos someternos a la presión de las despedidas, los regalos, la organización de las fiestas. Son momentos en que casi que es obligación estar contentos, festejando, y hay que meterse en un papel que es difícil de desempeñar si no se tienen ánimos.

    Diciembre es un mes clave, una época para evaluar los logros y los fracasos del año. “Es un momento en el que hacemos balance y recordamos lo que nos ha ido bien, pero igualmente lo que no nos ha ido tan bien. Pero no solo miramos hacia atrás. Lo que queremos encarar durante el próximo año también puede generarnos cierta impotencia e inseguridad”, señala Rosa María Luna a Efe. Muchas personas, llegada la Navidad, en la reunión familiar detestan volver a verse —y que los demás lo vean— en el mismo punto de sus vidas que estaban en el año anterior, porque en los últimos 12 meses no lograron hacer el cambio que deseaban: el soltero empedernido, la “Susanita” que no logra formar la familia anhelada, el que no consigue un buen trabajo, el que sigue viviendo con los padres, el indeciso que vive cambiando de carrera, el que no logra nunca bajar de peso. No obstante, la psicóloga afirma que otras personas ven los retos que se avecinan con ganas e ilusión.

    Diciembre, en efecto, parece ser un mes complicado. Como ejemplo sirve un estudio, publicado en la revista “Muy Interesante”, referido a una investigación realizada a partir de los estados de Facebook. La investigación tomó lo que publicaron 10.000 personas en esa red social dos semanas antes de Navidad y hallaron que es uno de los dos momentos del año en los que la mayoría de parejas se separan. Lo mismo sucedió, además, con el día siguiente a San Valentín. Los balances y las evaluaciones llegan a todos los terrenos del ser humano.

    No obstante, Miller opina que “hay que rescatar que todos tenemos algo para festejar. Hay que ver cuáles son esas cosas para compartir y con quiénes hacerlo; darle a la fecha realmente un sentido menos comercial y luminoso, y más personal e interno. Creo que lo que deprime es eso de ‘tengo que’: tengo que comprar tantos regalos, que saludar a tanta gente, que brindar con cara de felicidad”, sostiene.

    Un destello de luz mágica. El escritor y asesor psicológico español Albert Espinola tiene una visión particular de la felicidad, pues asegura que este estado de ánimo “lo vivimos durante períodos que no necesariamente deben ser largos o permanentes y, de hecho, ¡es mejor que no lo sean!”. El problema de la felicidad, y por consiguiente de la infelicidad, es que la mente, “el ego”, se apega a esos momentos, y se nos puede volver una adicción, una necesidad y una búsqueda incesante, reconoce Espinola a la agencia de noticias Efe. “La felicidad es como un destello de luz mágica que viene y se va, y no se tiene por qué quedar continuamente. No es una meta, sino una compañera de vida que aparece en ocasiones, pero ya está en nosotros”, afirma el experto. “Por supuesto, no es malo sentir felicidad, pero sí pensar que debemos estar felices siempre y pasar la vida buscando estos estados, por el mero hecho de que no sabemos valorar el bienestar neutral”, indica.

    Para el especialista es preferible la neutralidad, “una forma de vida en la cual se valoran muchos elementos que son la esencia de la vida y que, cuando los vivimos, tenemos felicidad, aunque no los valoremos. Son las pequeñas cosas del día a día que nos dan satisfacción y que no apreciamos habitualmente”.

    Espinola creó un esquema al que denomina “el triángulo de la Pura Vida” para entender la visión de nuestros estados de ánimo, y cómo se interrelacionan. Cada una de sus puntas corresponde a los momentos de felicidad, infelicidad y neutralidad. Según el experto, “la neutralidad es bienestar, es la valoración de las pequeñas cosas, que da paz, amor propio y pura vida; mientras que la felicidad son momentos increíbles que hay que disfrutar y vivir sin pretender permanecer en ese estado continuamente, ni caer en depresión por terminar de vivirlos”.

    De acuerdo con este triángulo, en los momentos de infortunio “nos desorientamos y solo valoramos la felicidad, en vez de la vida, que es mucho más que ese estado. Anhelamos las sensaciones de elevación y éxtasis y vivir permanentemente felices, y creemos en la búsqueda de esa felicidad eterna”.

    Para Espinola, es bueno vivir los momentos de alta felicidad y de depresión sin apego y sabiendo volver al estado de neutralidad sin tantos problemas. “Para mí la pura vida es una forma de vida en la que no debemos vivir pendientes y apegados a los placeres, alegrías y felicidades. Estar neutral ya es pura vida, ¡ya es la felicidad!”, enfatiza.

    “Sería muy interesante valorar si en vez del tradicional saludo de ‘¡felices fiestas!’ no sería preferible decir ‘neutrales fiestas’, porque la neutralidad es bienestar y, en el fondo, lo que desea cualquier persona es vivir tranquila. Esa neutralidad es casi nuestro estado más natural y más sano”, añade.

    Según Espinola, durante las fiestas navideñas hay que aceptar y vivir cada uno de los estados que surjan, pues a partir de ellos podemos obtener grandes lecciones. “Así, cada vez que afrontemos esas situaciones, lograremos valorar los otros estados y darnos cuenta de que, incluso de los buenos momentos, podemos aprender cosas malas, y de los malos cosas muy positivas”, señala.

    Por su lado, la psicóloga Rosa María Luna afirma que el primer paso para afrontar la tristeza durante estas fechas es averiguar qué la produce. “Detrás de la tristeza siempre va a haber necesidades por cubrir”, asegura. Por ello, indica, hay que “reflexionar e identificar qué es lo que genera esa tristeza, ver si echo en falta a alguien, si es algo personal relacionado con metas que quería alcanzar y que no he podido, etc”. Una vez que hemos determinado la causa de la tristeza, llega la hora de actuar.

    CONSEJOS PARA PASAR MEJOR LA NAVIDAD

    Ante la presión de las prisas y el estrés por comprar cosas: “Lo ideal sería consumir sin sobrepasarnos en gastos inútiles y materialismos excesivos que nos dan felicidades efímeras y engañosas”, destaca el asesor psicológico español Albert Espinola, quien considera que en vez de dejarse llevar por esos estados, una opción neutral es centrarse en compartir pequeñas cosas con la familia o la pareja.

    Para la directora del departamento de Psicología Clínica de la Universidad Católica, Delfina Miller, es importante tratar de que la Navidad sea menos comercial y más personal. “Si caes en ese despliegue feroz te enloqueces armando la Navidad perfecta, y de alguna manera siempre hay algo que te falta”, dijo la experta a galería. Lo importante es sacarle el peso y la obligación, y no comprometerse con cosas magníficas que van por encima de las posibilidades de cada uno.

    Hacer un balance del año: “Para este ejercicio es bueno centrarse en las experiencias positivas vividas y lo que aprendimos, incluso de los llamados fracasos o las adversidades”, dijo Espinola. “Hacer un buen balance será mejor desde un punto neutral, porque podremos valorar todo lo sucedido de una forma más productiva y provechosa. Veremos que los fracasos no son tan malos y sacaremos aprendizajes de esas experiencias”, señala.

    En este sentido, la psicóloga española Rosa María Luna coincide con el concepto de aprender de nuestras fallas al enfrentarnos a la tristeza de ver que no hemos conseguido lo que queríamos y que quizás ya no podremos hacerlo. “Aunque haya una pérdida, en cada pérdida hay una ganancia”, recalca la experta. Por su parte, la psicóloga Miller apoya la idea de reflexionar sobre qué cosas se rescatan de ese balance, que es difícil no hacer.

    El disfrute de los hijos con los regalos: Para Espinola, “es interesante afrontar esos momentos que viven nuestros hijos al abrir los regalos de una forma agradecida, sin dejarnos llevar por la nostalgia”. “Después podemos, incluso, sentir la necesidad de vivirlos de nuevo. Pero si los reviviésemos, probablemente no los sentiríamos de la misma forma y podríamos entrar en depresión”, comenta. También ayuda mucho no caer en comparaciones con los demás, sobre qué tan grandes y cuántos regalos tuvieron los otros niños; pues a menudo termina en una competencia entre padres sin sentido.

    Reencontrarnos con amigos y parientes: Durante las fiestas, otro foco importante de problemas son las comidas y cenas navideñas y, en definitiva, las reuniones familiares. Algunas personas, en lugar de disfrutar esos encuentros, los viven como una obligación. Al respecto, Luna precisa que el primer paso es valorar si realmente tenemos que hacerlo, si en estas fechas es necesario reunirnos todos, cuando quizás en nuestra idea de familia no esté todo este grupo de personas. “Estas son fechas muy importantes y, si las hacemos nuestras, pueden ser preciosas, reuniéndonos con aquellos que son importantes para nosotros y haciéndolo con cariño”, recalca. Pero si por obligación tenemos que ir a reuniones a las que por iniciativa propia nunca acudiríamos, la psicóloga aconseja centrarse en lo que nos enriquece y tratar de obviar lo que nos disgusta. Aunque afirma que quizás lo más importante en Navidad es desprendernos de la idea de que debemos juntarnos con toda la familia. Al contrario, tenemos que reunirnos con los que queremos.

    Sobre el tema, Miller señala que los jóvenes han encontrado la vuelta a este problema reuniéndose con sus amigos después de la cena familiar, algo que la psicóloga califica como muy positivo. Es “elegir con quién estar, con quién quiero compartir el momento y el resultado de mi año”, explica.

    Desde su punto de vista más filosófico, Espinola considera que “compartir las fiestas con alguien al que hacía mucho tiempo que no veíamos y divertirnos juntos, nos hace felices, pero si hacemos que ese momento se repita, no lo viviremos de la misma forma y acabaremos quedándonos con algo que no es lo que esperábamos, lo cual puede conducirnos a la NO felicidad”. Para este experto, “la mejor forma de afrontarlo sería, dejando ir lo que se vivió, sin apegarnos, y valorando y agradeciendo, de forma sosegada —neutral—, haberlos podido vivir”.

    Ante un conflicto familiar: Durante las reuniones de Navidad puede haber roces, discusiones o peleas entre parientes y, según Espinola, “podemos afrontar estos momentos con escucha, reflexión y desde el optimismo”. “Trataremos así de exprimir todo lo bueno que pueden tener esos momentos que, aunque parezcan malos, tienen cosas positivas”, enfatiza este orientador a Efe.

    Con una concepción más práctica, la psicóloga Luna aconseja que si hay una persona que resulta especialmente incómoda, conviene “limitar la interacción con ella y centrarse en aquellas personas con las que me siento a gusto, ubicándome cerca de ellas y buscando en ese entorno la conversación”. Además recomienda pensar de antemano qué conversaciones pueden ser conflictivas, para evitarlas y, si surgen, cambiar de tema o incluso irse de la habitación con alguna excusa. De este modo, se pueden evitar situaciones desagradables. La psicóloga expresa que con conversaciones simples se puede pasar un rato ameno.

    Las primeras fiestas sin un ser querido: Cuando pasamos la primera Navidad sin un ser querido, porque falleció, “deberíamos tratar de asumir que es una realidad que no está al alcance de nadie solucionar”, afirma Espinola. “Si deseamos extraer alguna parte positiva, podríamos pensar que la muerte es la lección más grande de desapego que la vida nos puede dar”.

    Por su lado, Rosa María Luna recomienda que una buena manera de recordar con cariño al ser querido que no está es reuniéndose con los suyos y hablar de él o ella. En cambio, si lo que ocurre es que se extraña a alguien porque hubo un desencuentro, sería importante ver si existe la posibilidad de lograr un acercamiento.

    En base a EFE y fuentes propias