N° 1973 - 14 al 20 de Junio de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Los estudiantes están más sobrepasados, más estresados, más ansiosos y mucho más deprimidos de lo que nunca han estado”, dice la psicóloga norteamericana Laurie Santos, profesora de Yale que imparte el curso del que se está hablando en estos días en Estados Unidos sobre cómo ser feliz. Santos asegura que hay una crisis de estima y de salud mental, no solo en la población universitaria. Lo que alcanzó notoriedad es que a su curso se anotaron 1.200 estudiantes y es la clase más popular en la historia de Yale, fundada en 1701. La tercera universidad más antigua de Estados Unidos tiene entre sus exalumnos a los Bush, padre e hijo, a Paul Newman y a Meryl Streep.En Psicología y la buena vida, Santos se enfoca no solo en la ciencia de la felicidad sino en la práctica de la misma. A través de tests, apps y deberes, el curso baja línea. Sociabilizar más —la gente que es más feliz ve a su familia y amigos e incluso se hace el tiempo de hablar con el taxista o se baja a ayudar a quien se le rompió el auto—, hacer ejercicio, meditar (10 minutos al día ya hacen la diferencia), y dormir.
Una parte del curso es desterrar algunas concepciones erróneas: que la plata trae la felicidad. Si hablamos de personas cuyas necesidades básicas están satisfechas, toda la evidencia asegura que no es así. Algunos de los deberes consisten en ser más agradecido (llevar un diario “de agradecimiento” por una semana), estar más en el presente y dejar el celular de a ratos. La idea general es que la felicidad no se encuentra, sino que se construye. Entre los autores recomendados está Sonja Lyubomirsky, que plantea que, a grandes rasgos, 50 % de la felicidad está determinada por genética, 10 % por las circunstancias y el restante 40 % está determinado por nuestros pensamientos, acciones y actitud.
Todo bastante básico, finalmente. En realidad, el estudio de la felicidad es un enorme campo de investigación que comienza por la definición misma de qué cosa es, al fin y al cabo, la felicidad, eso que todos perseguimos y que a menudo nos conformamos con llamar 'momentos'. El Informe Mundial de la Felicidad 2018 de la ONU estableció que Finlandia está en el primer puesto, mientras que Uruguay bajó este año al puesto 31 (el año pasado estuvimos en el lugar 28). El economista e investigador uruguayo Néstor Gandelman ha realizado varios trabajos sobre el tema. En uno de ellos, publicado en el Journal of Happiness Studies, analiza diferencias entre hombres y mujeres. Tomando al mundo en su conjunto, las mujeres son más felices que los hombres, aunque hay muchos países en los que esta regularidad no se cumple. El propósito principal de la investigación es analizar la brecha de género de la felicidad (la diferencia entre la felicidad promedio de mujeres y hombres) y medir qué parte de esta brecha puede atribuirse a los objetivos de vida que la condicionan. Por ejemplo, ¿cuánto del diferencial de felicidad se debe a que los hombres suelen tener mejores condiciones laborales que las mujeres? El resultado es que las mujeres reportan niveles de satisfacción con su vida superiores a los que sus condicionantes objetivos predecirían. Es una especie de optimismo superior al de los hombres.
Todo esto viene a cuento porque en este número publicamos una nota sobre algo que para muchos está relacionado con la felicidad: la Universidad de la República hizo el estudio ¿Qué significa el fútbol en la sociedad uruguaya?, en el que analiza cómo influye la Selección en el ánimo de los uruguayos. No todo lo que dicen algunos de los entrevistados en el estudio es compartible, pero está claro que la Selección nos une. A partir de los últimos Mundiales empezamos a mostrar nuestra bandera de otra forma. Estos días, en Búsqueda y galería hay compañeros que han puesto tiempo, humor y ganas a una penca interna. Como en tantas oficinas, en los corredores cuelgan banderitas blancas y celestes. En los trabajos, en las casas, los amigos organizan para verlo juntos. Hay que acordarse lo triste que era cuando no íbamos al Mundial. Entonces, sin tanta vuelta, que gane Uruguay.