—Es algo alternativo. Lo que sucede es que el químico tiene la simplicidad. Es una solución inmediata, pero tiene alta toxicidad y contaminación. Esa simplicidad no resuelve el problema, porque tenés que volverlo a aplicar o aumentar la dosis, la frecuencia. Te obliga a repetirlo, aparecen las resistencias a los insecticidas y se tienen que incorporar otros. No hay soluciones simples para los problemas complejos. Es una máxima, la solución tiene que ser compleja. El tema es aceptar trabajar en esa complejidad, ese es el gran desafío. ¿Cuál es la preocupación? Es el planeta, es llegar a tener un desarrollo sustentable, una agricultura, forestación y ganadería sustentables. Hay que valorarla en tres dimensiones: económica, social y ambiental. Lo que pasa es que en algunos momentos hay sectores que hacen prevalecer uno.
—Los controladores biológicos son más complejos de utilizar, lo que no es un atractivo para los productores y además en algunos casos pueden llegar a ser más caros. Lo económico le pesa mucho a los productores.
—Pero no puede haber una solución sustentable que no contemple las tres. No debería. En el morrón no es más caro el método biológico que el químico. Es más complejo. Tenemos que asumir esa complejidad si queremos resolver los problemas, tenemos que hacer que la agricultura respete la ecología. Ese es el desafío que tiene Uruguay, generar una transición hacia una agricultura respetuosa con el ambiente. Por eso la discusión es ¿qué agricultura queremos?
'Tenemos que hacer que la agricultura respete la ecología. Ese es el desafío que tiene Uruguay, generar una transición hacia una agricultura respetuosa con el ambiente. Por eso la discusión es ¿qué agricultura queremos?'
—La aparición de floraciones de cianobacterias en la costa uruguaya en plena temporada ha hecho visible una vez más un problema que ya tiene sus años. Las altas temperaturas y nutrientes disponibles favorecen su aparición, y se señala la producción agropecuaria como uno de los grandes contribuyentes, por ejemplo, por la llegada de fósforo al agua, producto de la fertilización.
—Sin duda, por eso hay que reconciliar la agricultura con la ecología. Pero falta asumir el problema primero. Hay que generar acciones para resolver el tema. El uso de avispas como control biológico en el cultivo de soja (experiencia que en Uruguay se viene trabajando hace varios años) es una respuesta para sustituir el uso de químicos por un organismo biológico. No solamente hay un tema de respeto del ambiente, sino de valorización de la producción. Cada vez más los consumidores en el mundo están reclamando productos inocuos, prácticas y procesos productivos respetuosos con el ambiente, incluso los chinos. Utilizar prácticas respetuosas con el ambiente tiene como consecuencia evitar ciertos perjuicios y también puede tener beneficios de acceso a mercados y valorización de nuestra producción.
—Hay posturas radicales en defensa del ambiente en Uruguay que buscan culpables por los problemas ambientales que están ocurriendo.
—Hay posturas muy radicales que han generado un inverso contrario. Hasta nosotros hemos tenido que pagar ese precio, demostrar que no estamos en esa postura. Es aquello de que cuando escuchás hablar a un biólogo parece que te va a prender fuego la pradera y no, hay otra alternativa. No le hace bien al país. Hay que encontrar cuál es el punto. El ministro Enzo Benech en Dolores le respondió a algunas posturas que niegan la soja. A veces hay buenas intenciones pero hacen el efecto inverso. Sé que esto es polémico. Me pueden tirar con lo que quieran, pero puedo demostrar con la práctica.
—¿Demostrar que hay una alternativa que concilia la producción con el cuidado del ambiente?
—Estoy trabajando para esa alternativa. La otra es muy cómoda, la de marcar reglas. Pero andá al interior a hablar con la gente. La gente necesita tener alternativa de trabajo, aunque tampoco podemos seguir con esta agricultura. Tenemos que hacer una transición hacia una agricultura más respetuosa. Hubo una revolución productiva y ahora se están viendo las consecuencias. Hay momentos para reposicionar y modificar las cosas. Para eso se precisa una política con mucha fuerza, a la que hoy todavía le faltan muchos elementos.
—También implicaría más exigencias para el agro, un sector que ya se está quejando.
—Justamente esas son las limitaciones y el gobierno tiene que estar. Bien puede aprovechar la oportunidad de las cianobacterias. La fertilización en el Uruguay tiene que avanzar, ¿cuánto fertilizar?, ¿dónde? Además se pierde plata, deberíamos ser inteligentes y fertilizar lo justo.
'El uso de avispas como control biológico en el cultivo de soja (experiencia que en Uruguay se viene trabajando hace varios años) es una respuesta para sustituir el uso de químicos por un organismo biológico. No solamente hay un tema de respeto del ambiente, sino de valorización de la producción'
—¿Cuál es su opinión sobre la “ley de riego”, que tantas críticas recibió desde la academia? Hay voces que señalan que mayor cantidad de reservorios de agua pueden suponer más sitios para que las cianobacterias se desarrollen.
—No sirve decir: “No reguemos,” no acumulemos agua. Es imprescindible. Este verano está todo precioso porque llovió, ¿y cuando no llueve? Tratemos de que los reservorios de agua no tengan efectos perjudiciales, pero no perdamos el objetivo de regar porque es imprescindible en este país. Tenemos cianobacterias porque no permitimos una superficie buffer entre los cultivos y los cauces de agua, porque no fertilizamos bien. Se puede hacer una agricultura de precisión que vea exactamente cuánto se precisa de fósforo y nitrógeno.
—¿Que rol juega el regulador?
—Primero tiene que existir la reglamentación. Se está planteando para los cauces en los cuales hay tomas de agua. Ahora hay que plantearlo más genérico y hay que establecer con precisión las distancias entre los cultivos y los cauces de agua. Habrá que ver cómo se controla. Hay formas aéreas y satelitales para ver hasta dónde llega el cultivo y si va hasta el agua. No es difícil de controlar. Da la impresión de que llevamos un atraso que hay que rápidamente reconquistar para que las cosas que generan perjuicio dejen de hacerlo. Pero de ahí a decir: “No plantemos soja”, ese es otro planteo.
—¿Qué papel puede cumplir la Facultad de Agronomía, que forma las nuevas generaciones, en la búsqueda de una producción más amigable con el ambiente en Uruguay?
—En el fondo es donde se toman las pequeñas grandes decisiones.
—¿Hay un encare con esa visión?
—Está faltando. No es una materia, es un encare, un abordaje de la carrera y creo que todavía estamos lejos. Hay materias donde se discute, pero debe ser parte del espíritu del plan. Tenemos la oportunidad de avanzar. El control biológico no elimina al organismo plaga, lo reduce. Entonces, hay que acostumbrarse a que van a encontrar larvas y daños, hay que aceptarlo. Si quiere tener cero, la presión es muy fuerte. Si ves una larva y te asustas, piensas que hay que curar (y aplicar químicos). Si pretendemos que estos bichos eliminen todo, estamos equivocados. Ningún enemigo elimina todo porque se elimina a sí mismo, es una regla de la naturaleza. A su vez, los niveles de daño son tolerables, no se justifica el control (aplicación de químicos) porque las pérdidas son mínimas. Implica un abordaje distinto del agrónomo. Tiene que contar, medir, hacer un trabajo de calidad. Precisas tener técnicos con otra cabeza, un agrónomo mucho más biólogo. Es otra formación.
'Tenemos cianobacterias porque no permitimos una superficie buffer entre los cultivos y los cauces de agua, porque no fertilizamos bien. Se puede hacer una agricultura de precisión que vea exactamente cuánto se precisa de fósforo y nitrógeno'
—Su trabajo con avispas en cultivo de soja para evitar químicos avanza con buenos resultados en 1.800 hectáreas, pero aún restan más etapas de investigación y desarrollo. Faltan alternativas a la producción tradicional para impulsar un gran cambio como el que plantea.
—Claro. Y para hortalizas, frutas, verduras, todavía falta. No tenemos respuestas biológicas acá para todos ellos. Sí en Europa. Para tener respuestas, hay que apoyar procesos. Ahí es donde se precisan las políticas públicas. Por ejemplo, para investigar sobre los controladores biológicos para soja tuvimos apoyo de la universidad y de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), en alianza con Barraca Erro y la empresa francesa Bioline. Están los componentes, la investigación científica, una empresa que comercializa soja, pero el conocimiento científico no es suficiente para tener una alternativa para usar en la producción. Precisas llevar a cabo un desarrollo tecnológico. En el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) han sido muy positivos y jugaron totalmente a favor, han facilitado todos los procesos imprescindibles. No existía reglamentación en relación con este tipo de insectos y se aprobó. Muchas veces lo que falta son ideas. Además, se precisan otro tipo de incentivos. ¿Por qué lo vas a hacer? ¿Por qué te vas a complicar? Puede ser porque hay un mercado o también porque puedes tener otros beneficios. Podrías tener otros estímulos, como los impositivos, que beneficien y promuevan las buenas prácticas.
—Hoy, los productos químicos que se usan en agro tienen exoneraciones impositivas. ¿Con esa realidad es difícil imponer una alternativa? ¿Debería haber diferencias?
—Todos los productos que se registran en la Dirección General de Servicios Agrícolas no pagan IVA. Los productos biológicos están incluidos en ellos y los químicos también. El MGAP aprobó en la última Rendición de Cuentas crear un registro de productos biológicos gratuito. Es muy reciente, todos los procesos, trámites e iniciativas para el registro están exonerados de las tasas, y no es así con los insecticidas químicos. Es un claro incentivo. Teníamos ese problema. Costaba entre US$ 1.500 y US$ 2.000 y no hay un mercado que justifique esas inversiones. Es un mercado incipiente y después hay que hacer una serie de ensayos. Luego debe haber un mercado para obtener una ganancia que justifique ese costo. Algunos productos no se registraban o no se renovaba el registro por el costo. Eso se resolvió. Los trámites de registro de biológicos son gratuitos y es un claro incentivo. Además, tiene que haber otros incentivos vinculados con la producción. Algunos relacionados con el uso de estos productos, que se paguen menos impuestos, por ejemplo. Está faltando que las buenas prácticas sean claramente premiadas. Estos productos biológicos compiten con productos químicos que generalmente son muy baratos porque son genéricos. Es una competencia muy difícil.