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    La variación enorme del genoma impone desafíos al tratamiento del cáncer; se espera boom de nuevos datos y mejor acceso a test

    Los seres humanos tienen 23 pares de cromosomas. Esta es la “estructura” que alberga a unos 20.000 genes que se extienden a lo largo de 3.000 millones de pares de bases localizadas en el ADN. Cada persona tiene millones de células que contienen toda esta información genética.

    Esta complejidad “pone de manifiesto lo difícil que puede llegar a ser identificar” la causa de una enfermedad, registrar el cromosoma alterado, luego el gen y observar si la base también está afectada, resumió Javier Benítez, director del Programa de Genética del Cáncer Humano del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España (CNIO).

    Cuanto más se conoce, más queda en evidencia la complejidad que existe. Antes se hablaba de cáncer de colon o cáncer de mama como algo único; ahora se sabe que hay una gran cantidad de subtipos de estos cánceres y de muchos otros tumores oncológicos. La investigación en genética ha comenzado a develar por qué hay gente que no responde a los tratamientos, por qué hay otros que sí lo hacen y por qué algunas familias tienen numerosos casos de cáncer entre sus integrantes y otras no.

    De todos modos, hace ya unos cuantos siglos que los médicos reportan casos de personas que responden de manera diferente a un mismo tratamiento para una enfermedad: en algunos produce efectos adversos, en otros es beneficioso y en casos extremos ha causado la muerte. Sin embargo, el concepto de la medicina individualizada o personalizada surge a finales del siglo XX y principios de este siglo. “Comenzó a ponerse en el candelero a raíz del lanzamiento y los descubrimientos del Proyecto del Genoma Humano”, destacó Benítez a Búsqueda.

    Los datos del genoma humano “vinieron a demostrar que nuestro genoma tenía una cantidad de variaciones enorme, dijo durante su disertación en el Roche Press Day, realizado en junio en Colombia.

    Explicó por qué algunas personas tienen tendencia a desarrollar enfermedades comunes como la diabetes, la obesidad o el cáncer y también por qué algunas parecen ser resistentes o más sensibles a tratamientos específicos y en otras ocurre lo contrario.

    El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos comenzó a hablar de la importancia de la información que “se recoge de los genes, las proteínas, los biomarcadores, del medioambiente para predecir, diagnosticar y tratar enfermedades”, comentó Benítez. Así fue que la Food and Drug Administration (FDA), la autoridad en materia de autorización de medicamentos en ese país y de referencia mundial, señaló la necesidad de “utilizar el fármaco correcto, en la dosis correcta en base al perfil genético de una persona para evitar efectos secundarios, efectos tóxicos o falta de respuesta”. La industria reaccionó también y empezó a diseñar fármacos específicos para alteraciones genéticas y cromosómicas.

    Surge en el caso del cáncer un “problema clínico” en el tratamiento “debido a la gran variabilidad que tiene nuestro genoma”, comentó Benítez. Aunque han ocurrido grandes avances, hay “desafíos sobre cómo incorporar estos hallazgos a la práctica clínica”.

    Test.

    Para lograr avances es necesario que los centros que realizan investigación en cáncer “trabajen con las mismas condiciones, metodología y tecnología”, destacó Benítez. Algo que parece sencillo de decir es complejo en su aplicación. Cada vez se identifican más subtipos de tumores y para que los avances logren aprobación de las autoridades sanitarias, estas exigen pruebas en un gran número de personas. Pero al tratarse de un tema cada vez más amplio, lograr “reclutar” un número alto de casos con estudios que utilicen los mismos estándares y “metodología uniforme” en todo su proceso no es sencillo.

    Para identificar si una persona se beneficiaría o no de un medicamento es necesario realizar un estudio genético. Pero “en estos momentos no existe una guía por parte de las agencias estatales involucradas en las aprobaciones farmacológicas que diga cuándo es necesario realizar un test genético”, destacó Benítez.

    “Hay agencias que ven la necesidad de realizar un estudio genético previo, pero este no es obligatorio. La agencias no se ponen de acuerdo. Entonces uno se puede encontrar que para un determinado fármaco la FDA está diciendo ‘a’, EMA (la autoridad europea) está diciendo ‘b’. Existe una discrepancia importante en este sentido”, explicó el investigador.

    Además, a menudo el test genético en la práctica clínica se hace “porque un oncólogo está trabajando mucho en estos temas y ha leído la literatura”, pero no está estandarizado. Tampoco su financiación. “No hay consenso acerca de quién debe pagar esos test géneticos”. ¿El paciente, la institución? Dentro de cada país incluso hay diferencias entre regiones. Benítez aspira a que en los próximos años se comience a aclarar el panorama.

    Cambios.

    Hace unos tres años se puso en marcha el Consorcio Internacional del Genoma del Cáncer, con el objetivo de realizar un catálogo de todos los subtipos de cáncer en el mundo y estudiar sus variaciones genéticas. Cáncer de próstata, de páncreas, renal, de tiroides, de útero, piel, ovario, mama, pulmón, cerebral, todos están actualmente bajo la lupa. “Va a haber un boom importante cuando se empiecen a generar datos del proyecto”, anticipó.

    De todos modos las novedades actuales ya prometen grandes cambios en los tratamientos del cáncer. “Se ha empezado a ver que desde el principio del proceso tumoral se pueden observar unos cambios” en la información genética que podría llevar a futuro a “cambios en el manejo y seguimiento de los pacientes”, destacó Benítez. Los cambios que ocurren sobre la marcha pueden afectar la respuesta de una persona al tratamiento. De hecho este ha sido uno de los grandes temas de la reciente reunión anual de la Asociación Americana de Oncología Clínica (ASCO, por su sigla en inglés), de referencia mundial, realizada en abril.

    “No se pueden” realizar operaciones para extraer material genético (biopsia) cada vez que se quiere observar los cambios de un tumor para evaluar si es necesario modificar su tratamiento. Sin embargo, hoy existen “otras estrategias” de las que los oncólogos hablan como gran novedad. Se trata de utilizar “estrategias para poder secuenciar (analizar) directamente todo nuestro genoma exclusivamente basándonos en las células tumorales. Es un método no invasivo. En lugar de hacer una biopsia cada dos meses de hígado, páncreas o colon, se hace extracción de sangre y se ven los cambios que van surgiendo para observar si es necesario una modificación en el tratamiento, explicó Benítez.

    “En los próximos años vamos a estar trabajando con tumores sólidos pero con métodos no invasivos basados en las células de los tumores”, destacó el investigador.

    “Hemos visto el análisis de un solo gen que empezó a hacerse hace 15 años con resultados muy positivos. Las nuevas tecnologías se empezaron a introducir en el campo de la medicina y permitieron empezar a analizar grupos de genes. Ahora hablamos de analizar los 20.000 genes”, resumió.

    Responsables.

    La investigación del genoma permitió identificar millones de variantes genéticas conocidas como Snips (forma vulgar bajo la cual se conoce a Single Nucleotide Polymorphism). Estas variantes pueden ser “perjudiciales o inocuas” para las células. Los Snips pueden explicar por qué una persona presenta un efecto tóxico ante un tratamiento para el cáncer. Estudiar si alguien tiene o no la variante a la hora de elegir el tratamiento comienza a ser importante.

    La farmacogenética “está basada en la asociación de variaciones genéticas con las variaciones en el efecto de la droga que van a estar presentes en genes candidatos”, que son genes “que participan en el metabolismo del fármaco o que están relacionados a él”, explicó Benítez.

    La farmacogenómica “es distinta” porque plantea identificar el gen o a un grupo de genes, estudiarlos y antes de tratarlos, diferenciarlos según su información genética en función de los problemas o beneficios que le puede brindar un determinado fármaco a esa persona.

    Por eso los Snips son “importantes” en el tratamiento del cáncer. Hay dos grandes variantes. Los Snips que “dan lugar a efectos tóxicos y secundarios” de fármacos son los conocidos como “constitucionales”, porque “se nace con ellos y no los cambiamos a lo largo de nuestra vida”, explicó Benítez. Estos Snips constitucionales también predisponen a la obesidad y al cáncer, por ejemplo.

    Los otros Snips son variantes que el ser humano “va adquiriendo a lo largo del desarrollo del tumor”, indicó el investigador. Los genes van a ser “los causantes de que una persona al cabo de meses deje de responder al tratamiento. Ha adquirido variantes”, destacó.

    “Ratones avatar”

    “En los próximos años los vamos a ir viendo”, anunció el reconocido investigador español Javier Benítez. Se refería a los “ratones avatar”, que ya existen pero que se multiplicarán, vaticinó.

    Son ratones a los que se les coloca dentro un tumor de un humano. Se prueba en ellos diferentes fármacos y se evalúa su evolución.

    “Se les hacen estudios con diferentes fármacos para ver cómo responden y cuando hay uno que lo hace, se secuencia (analiza) todo el genoma del tumor humano y se ven qué genes están alterados”, explicó. “A corto plazo el paciente puede beneficiarse del tratamiento individualizado”, “no es impensable” y hay grupos que ya lo están haciendo”, aseguró.

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