N° 2026 - 27 de Junio al 03 de Julio de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace exactamente 20 años, en junio de 1999, Claudio Paolillo escribía en Búsqueda una larga nota sobre la importancia de la vida privada de los políticos. De alguna manera, se estaba pidiendo que Uruguay sea más abierto a reconocer que el tema nos interesa.
Somos una rareza. Hemos seguido los entretelones de la política argentina como si fuesen telenovelas (recordar la época de Menem y Zulema). Y sin embargo, lo nuestro no se informa. Esta postura conservadora no atañe solo a la vida sexual y afectiva, que es más discutible. Ha costado que se informe sobre los negocios de los hijos de presidentes, por ejemplo. La prensa fue con pies de plomo sobre “el caso Cangrejo Rojo” (que involucraba a Julio Luis Sanguinetti, hijo de Julio María) y ahora, estos días, son pocos los medios que difunden los negocios del hijo del presidente Tabaré Vázquez (en ambos casos Búsqueda lo hizo).
En veinte años, algunas cosas han cambiado. En parte, por el ingreso de las mujeres a la esfera política. Allá lejos y hace tiempo, lo contó Margarita Percovich en esta revista, siendo Seregni presidente del Frente Amplio ella y un grupo de mujeres le plantearon que había un dirigente “violento” en su vida privada y que por lo tanto no podía ocupar determinado rol.
Hoy, las denuncias sobre violencia doméstica, cuando involucran a un político, llegan a los titulares de los diarios e informativos. Eso es bueno.
Pero estamos anclados en el tiempo. Porque en el mundo están bajo la lupa cada vez más personas: hoy se juzga la forma de proceder de los empresarios, algo que no sucedía antes. Harvey Weinstein era el rey de Hollywood y, por acosar mujeres, se quedó sin empresa, sin matrimonio y descastado. La tecnología también va a hacer que el cambio llegue antes, porque hoy cualquiera con un celular puede escrachar a alguien que está fuera de juego.
Estos días la prensa inglesa discute el tema. El favorito para ser primer ministro Boris Johnson tuvo una pelea a los gritos con su novia en el departamento de ella y un vecino llamó a la policía. La presión sobre Johnson para que declare sobre el episodio es grande. En su caso, la pelea vino a recordar la turbulenta vida de Johnson: dos divorcios, una amante que tuvo que practicarse un aborto, diversas infidelidades a su mujer, un hijo fuera del matrimonio. Gran parte de su estrategia ha estado basada en su personalidad, no tanto en su desempeño. Ahora su carácter, precisamente, está en tela de juicio.
Examinar la vida privada de los políticos puede ayudar a los votantes a elegir pero también distraer la atención de los temas importantes. Además, puede desestimular a un potencial buen candidato a meterse en política.
En Uruguay los periodistas somos muy respetuosos de la vida privada de las personas públicas. La campaña es el único momento cuando algunos se animan a ir más allá y preguntar sobre religión, costumbres, crianza de los hijos y relaciones de pareja. En este número invitamos a los precandidatos a mostrar a su familia y contar cómo han vivido la campaña.
En 2013, Cifra realizó una encuesta para galería sobre la vida privada de los políticos. Los datos fueron los esperables: que siete de cada diez uruguayos creen que no es importante saber sobre la vida privada de los políticos para decidir su voto. Las cosas pueden haber cambiado, pero según la encuesta, los menos interesados son las mujeres, los autodefinidos “de izquierda”, los jóvenes y los “más instruidos”. Los que querían saber más eran los que se definieron como “de derecha” (32%), mientras que los “de izquierda” se mostraron menos interesados (75%).
La doctora en Historia Adriana Raga, directora de Cifra, dijo que la izquierda siempre resguardó más la vida privada que la derecha: “La vida privada de los políticos de izquierda es todavía más escondida que la de los políticos ‘de derecha’”.
Raga dijo, con acierto, que esta creencia de que a la gente “no le gusta” el periodismo más incisivo hace que los medios no se ocupen de estos asuntos. “Jamás vi un titular que diga que un político no paga el BPS de la empleada doméstica”, dijo. Tiene razón. Debería saberse. Se informa si un legislador, ebrio, choca en auto. Pero no se informa si un diputado no pasa la pensión a su exmujer.
Si un político uruguayo, por ejemplo, declara para la tribuna que es feminista, pero en los hechos es adúltero o un depredador sexual o una suerte de donjuán (y usa su posición de poder para seducir mujeres), ¿no es información que deberíamos conocer? Si un gobernante es crítico de la comunidad LGBT y resulta ser él mismo homosexual encubierto, es relevante. Si otro es crítico del aborto legal y se supiera que abortó, es relevante.
Estos días, un periodista inglés recordó la frase que en 1750 dijo el filósofo George Berkeley: “Es imposible que un hombre que miente a sus amigos y vecinos sea sincero con el público”.