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“La homofobia pasó de moda en 2008”; “la menstruación es una etapa natural que debería enorgullecer a las mujeres”; “eres quien eres, no dejes que nadie te diga lo contrario”. Con estas tres frases, un grupo de adolescentes desmitifica los prejuicios que rodean a la diversidad sexual y al ciclo femenino en la nueva serie de Netflix Sex Education, y muestra la necesidad de una generación de jóvenes de encontrar su identidad en una sociedad bombardeada por contenidos hipersexualizados. En los últimos años, el consumo de pornografía entre adolescentes provocó que la sexualidad se redujera a un terreno de obligaciones. Varios estudios académicos aseguran que los jóvenes están condicionados por los estereotipos y expectativas que se promueven en miles de videos e imágenes —gratis y de libre acceso— que están disponibles en la red. Y el acceso a estos contenidos, que tienen como protagonistas a hombres en una posición dominante y a la mujer en un rol sumiso, también pueden provocar problemas de autoestima y miedos en la intimidad. Entonces, mientras en los centros educativos y en los hogares se debate acerca de cómo controlar la exposición y enseñar a los jóvenes sobre su sexualidad, las series se consolidan como un nuevo espacio para educar a los adolescentes en el sexo y la intimidad.
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Ya en Friends, los protagonistas dedicaron un episodio entero para hablar de un embarazo no deseado por un preservativo que se rompió y en Urgencias se destinaron varios capítulos a las enfermedades sexuales y los anticonceptivos de emergencia. Según un relevamiento publicado en el libro El impacto de los medios de comunicación en la infancia. Guía para padres y educadores, los jóvenes estadounidenses que miraban capítulos con contenidos sexuales tenían un mayor conocimiento sobre la intimidad. Pero hasta hace poco había pocas producciones que hablaran —de forma transparente y sin generar falsas expectativas— de las primeras experiencias de los adolescentes como lo hace Sex Education.
El argumento de esta serie de ficción, creada por Laurie Nunn, es simple: Otis, el hijo de una conocida sexóloga británica, atiende consultas clandestinas en el liceo para resolver las dudas sexuales de sus compañeros con los conocimientos que adquirió en el living de su casa. Allí escuchaba los problemas de los pacientes y los consejos que daba su madre. Muchos pueden pensar que “el gurú” de la secundaria debe ser un hombre con suficiente experiencia como para hablar de algo que, en la adolescencia, se vuelve una de las principales inquietudes. Pero no. Otis es un joven de 16 años virgen y con pocas habilidades sociales que tiene problemas hasta para masturbarse. “Es como un mago del sexo maldecido con la capacidad de hacer algo con toda esa información que tiene de su madre”, dice el actor Asa Butterfield sobre su personaje. Y eso es lo que lo hace atractivo para sus compañeros. Mientras intenta encontrar una solución para sus problemas sexuales, el protagonista aconseja a sus compañeros con un discurso que parte de la igualdad, sin muchos preámbulos y, sobre todo, sin prejuicios.
Estas íntimas sesiones, que se vuelven un éxito entre los liceales por la cercanía y espontaneidad de Otis, fueron ideadas por Maeve Wiley, una joven que necesita dinero para pagar el alquiler del remolque donde vive y es involuntariamente popular. A través de este personaje también se muestran algunos problemas que sufren los adolescentes de una forma cruda pero realista. En los primeros capítulos, la chica se entera de que está embarazada y decide ir al ginecólogo para que le dé un pase a una clínica para realizarse un aborto. Así, sin anestesia y con pocas vueltas, también se muestra la naturalidad con la que los adolescentes conciben la homosexualidad y la búsqueda de su identidad. Eric, el mejor amigo de Otis, pasa de hablar de la pornografía gay a mirar tutoriales en YouTube para aprender a maquillarse y vestirse de mujer. Y casi nadie, sin contar a sus padres, lo juzgan. “La homofobia pasó de moda”, es una de las frases más repetidas cuando otro adolescente —el clásico chico rudo del liceo— lo critica por su identidad sexual. También se discuten los problemas de autoestima de una chica que, al igual que muchas de las que miran la serie detrás de la pantalla, no quiere ser vista por su novio porque siente “que no es atractiva”. Y se habla sobre el tamaño de los genitales, los sueños eróticos y la represión de los deseos cuando se despierta el apetito sexual.
No están solos
Con humor y desde una perspectiva adolescente, la autora de la serie busca desmitificar las dudas que rodean al sexo y quitarles una carga a los problemas que viven muchos jóvenes en todas partes del mundo. Al igual que en Élite, una serie española en la que la protagonista tiene VIH y sus compañeros lo naturalizan, los dilemas de la intimidad se discuten sin burlarse de los que están sufriendo. Sin pudor, incluso, Otis discute su problema con la masturbación —que le produce rechazo— con un amigo que no lo entiende pero tampoco lo juzga. Y esa es la novedad: esta serie muestra la nueva forma en la que los adolescentes, que si bien tienen otros problemas como el constante bullying y mantienen diferencias con sus padres, naturalizan la diversidad dentro de la sexualidad. “Intentamos que sea menos una educación al estilo “vamos a enseñarte una lección” y más un “vamos a mostrarte que no estás solo con tus pensamientos y preocupaciones”, explica Butterfield.
En los ocho capítulos de la primera temporada, que se convirtió (según Netflix) en una tendencia entre los adolescentes desde que se estrenó hace menos de dos semanas, los personajes muestran la claridad con la que los jóvenes toman postura frente a debates que todavía generan posiciones encontradas entre los adultos. Mientras sus familiares tienen problemas con aceptar las primeras experiencias de sus hijos —como el padre de Eric, que le dice que “tiene que madurar” y que “no quiere que su madre” lo vea así porque estaba pintado y vestido de mujer—, ellos hablan con propiedad y naturalidad sobre la diversidad e igualdad en la sexualidad. “Es que también se muestra que las mujeres no son accesorios, no son chicas a las que yo deseo y quiero conseguir. La historia no va a ir sobre cómo el hombre logra conquistarlas”, dice Aimee Lou Wood, una de las actrices secundarias de la serie. Y es cierto: los varones también hablan de cosas que en la mayoría de las producciones se muestran como temas “incómodos” y que los hacen “menos machos”. “La caracterización de los personajes y la forma de mostrar la intimidad fue uno de los grandes debates en la producción. Los adolescentes están formando su propia identidad y necesitábamos mostrarlo”, explicó su creadora Laurie Nunn en un ciclo de entrevistas de Netflix. Y no estaba equivocada.
Mensajes confusos
Según el estudio Televised Sexual Content and Parental Mediation: Influences on Adolescent Sexuality (Contenido Sexual Televisado y Mediación Parental: Influencias en la Sexualidad Adolescente) elaborado por científicos del Instituto del Pacífico para la Investigación y la Evaluación de Estados Unidos, el contenido erótico de las series y películas influye directamente en los pensamientos, comportamientos y expectativas sexuales de los adolescentes. La investigación, que se hizo con la participación de más de mil jóvenes entre 12 y 16 años, además, indica que para los que no tienen experiencia, las escenas sexuales pueden generar mensajes confusos si se exageran (como ocurre en la pornografía) los resultados positivos. Las historias realistas con personajes como los adolescentes en Sex Education tienen una mejor repercusión. Y por eso también es importante la caracterización de los personajes.
El libro El impacto de los medios de comunicación en la infancia. Guía para padres y educadores también alerta sobre los riesgos que pueden aparecer cuando los personajes femeninos están hipersexualizados. En este sentido, el estudio Presuming the influence of the media: teenagers constructions of gender identity though sexual/ romantic relationships and alcohol consumption (Asumiendo la influencia de los medios: construcción adolescente de identidad de género a través de las relaciones sexuales/ románticas y el consumo de alcohol) que se hizo con grupos de discusión formados por chicos de entre 13 y 15 años, concluye que los medios de comunicación influyen en la concepción que los adolescentes tienen sobre las relaciones sexuales y románticas porque se toman como modelo de identidades de género. La caracterización de las mujeres con estereotipos marcados por los grandes senos, las curvas perfectas y a la orden del hombre es un problema que se acentúa con la pornografía.
Una sobredosis dañina
Solo hace falta colocar en el buscador de Google la palabra “sexo”, “pene” o “vagina” para que se abran miles —y cientos de miles— de pestañas con datos, fotografías y videos sobre la sexualidad. La mayoría de los sitios son gratuitos y están abiertos para todo el mundo. Y se pueden contar con los dedos de las manos las páginas que piden —sin poder confirmarlo— que coloques “sí” o “no” ante la pregunta “¿eres mayor de 18 años?”. Así, cualquiera puede acceder a sitios como Youporn, Pornhub e incluso Chaturbate, una página que muestra a personas que reciben dinero por masturbarse. Según un estudio de la Asociación Protégeles, una organización dedicada a la seguridad de los menores de edad en Internet, la mayoría de los adolescentes entre 14 y 17 años encuentran su principal fuente de información sobre sexo en ese lugar. Y un niño está expuesto —y es probable que haya visto— a contenido pornográfico desde que tiene nueve años. Entonces, ahí aparece un nuevo problema: los adolescentes de la generación Z, y los más pequeños, crecen con videos que reducen la sexualidad a estereotipos y situaciones marcados por escenas irreales.
En la mayoría de los sitios se distinguen los contenidos con categorías que van desde sexo entre lesbianas —con una perspectiva machista— a las relaciones entre más de tres personas. Y solo con mencionar algunas de las clasificaciones se puede reconocer que la industria pornográfica tiene un claro target: el hombre. Por lo general, y salvo algunos sitios que están pensados con una perspectiva para ellas, las mujeres aparecen identificadas como personas sumisas que responden a los deseos de los hombres. No importa si el acto sexual es entre dos mujeres o si en el video solo aparece ella masturbándose; casi siempre las producciones se piensan en función de lo que excita al hombre. La pornografía, de hecho, surgió como un estímulo propio del erotismo masculino que con el tiempo se transformó en una industria visitada por las mujeres y adolescentes.
Según un conteo del sitio web Pornhub, que recibe millones de visitas diarias, la categoría “lesbiana” fue la más visitada entre el público femenino de todo el mundo. “Muchas veces lo que ocurre no es que les gusten otras mujeres, sino que estos videos pueden estar más vinculados a lo sensorial y es más delicado. La pornografía suele estar pensada para cumplir con los deseos que tendrían que tener los hombres”, dice la directora del Centro Médico Sexológico Plenus de Montevideo, Rosana Pombo.
En estos sitios también hay espacios para contenidos que se presentan como amateur —sin grandes producciones y que parecerían mostrar cómo es el sexo en la vida cotidiana—, pero casi siempre se replican las posiciones que muestran las estrellas porno. El estudio de la Asociación Protégeles indica que 12 de cada 1.000 adolescentes se sintieron obligadas a realizar prácticas sexuales que en verdad no querían para imitar las técnicas que habían visto en los videos pornográficos. La sexualidad, entonces, parece reducirse a un terreno de obligaciones que se aleja de los deseos. Así, además, se alimentan expectativas que pocas veces se cumplen en la realidad y se genera una percepción tóxica de la intimidad.
Hace unas semanas, un estudio de la Universidad de Surrey en el Reino Unido demostró que las personas que se comparan con otras en Facebook tienden a tener mayores problemas de autoestima y alteraciones en el sueño. Esta situación, dicen los sexólogos, también se traslada a lo que ocurre con la expansión de la industria pornográfica entre los adolescentes. Tal como le ocurrió a una compañera del instituto de Otis, que no quería tener relaciones sexuales con luz porque no estaba conforme con su cuerpo, muchas jóvenes sienten que deberían seguir con estándares que no son reales. Al entrar a un sitio de porno libre en la web los videos se suelen caracterizar por mostrar formas de posesión sobre las mujeres y hasta cierto grado de violencia, penes enormes y cuerpos que parecen tallados a mano. También se ven grandes pechos y el orgasmo masculino se exhibe siempre fuera del cuerpo, como si estuviera rociando a la mujer, con una enorme falta de compañerismo y de complicidad. Así, estas características despiertan preocupación en la crítica feminista y refuerzan la necesidad de educar a los jóvenes para que no vivan una intimidad cargada de miedos.
Educar, no prohibir
Mientras en las instituciones educativas de todo el mundo se discuten los programas de educación sexual, y se cuestionan los límites sobre el control de los contenidos en Internet a los que están expuestos los niños, también se desarrollaron nuevas plataformas para tener “la conversación” en las familias. Con el objetivo de moldear los contenidos de la pornografía, la directora de cine porno alternativo Erika Lust y su pareja Pablo Dobner crearon la plataforma The Porn Conversation para educar a los jóvenes con una mirada erótica que, dicen, reclama el discurso cultural y la sexualidad femenina, y se dan consejos para los padres que busquen enseñar a niños de distintas edades. “Hay que educar, no prohibir”, dice Lust en su página web. Y esta misma premisa se mantiene en nuevas producciones, como el trato de la enfermedad de VIH en una de las protagonistas de la serie española Élite y la diversidad sexual en Sex Education. De a poco, la intimidad y, sobre todo, las primeras experiencias sexuales dejaron de ser un tabú y son uno de los temas que dominan las conversaciones de los adolescentes y adultos jóvenes. Hasta la actriz Emma Watson, conocida por interpretar a Hermione en la conocida saga Harry Potter, contó en una entrevista con Gloria Steinem que está suscrita a OMGYes, un sitio web que tiene videos instructivos para entender el placer femenino, saber cómo llegar a un orgasmo y conocer tu cuerpo. “Ojalá hubiera existido por más tiempo. Definitivamente, hay que echarle un vistazo”, publicó en su cuenta de Instagram. En este escenario, dominado por el bombardeo en Internet de contenido hipersexualizado y el alcance de las producciones de Netflix, las series se convirtieron en un mecanismo sencillo, efectivo y atractivo para mostrar los primeros pasos hacia la sexualidad en los jóvenes. Y resaltar que en la vida real la intimidad es un lugar distinto para cada uno. n