• Cotizaciones
    sábado 11 de julio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Lectores de sensibilidad

    N° 1963 - 05 al 11 de Abril de 2018

    El País de Madrid publicó hace unos días una nota bajo el título La escritora que rehizo su novela tras ser acusada de “basura racista incendiaria”. En el cuerpo de la misma se informaba acerca de una autora estadounidense que había decidido reescribir su primera novela a raíz de ciertos comentarios negativos que recibieron los avances del texto. Algunos de estos comentarios fueron vertidos en las redes sociales y otros provenían de colegas. Según se explica, luego de que fragmentos de su novela fueran tildados de racistas, la autora solicitó a la editorial que atrasara la publicación y sometió el texto a la consideración de un grupo de lectores de sensibilidad que hicieron sus comentarios. 

    Jamás había oído hablar de estos lectores, así que me fui a buscar información. En los últimos tiempos ha surgido un tipo de especialistas, por así decirlo, que se dedican a expurgar el texto en busca de frases o palabras inconvenientes que puedan lesionar alguna sensibilidad. El ojo está puesto, sobre todo, en aquellos colectivos más vulnerables o que han sufrido distintos tipos de discriminación por cuestiones de etnia, religión, discapacidad o género. 

    Las observaciones de los lectores de sensibilidad no son órdenes, sino sugerencias y queda —o debería quedar— en manos del autor la decisión final acerca de la pertinencia o no de incorporar los cambios. Las críticas no demoraron en llegar y algunas opiniones incluyeron la palabra tenebrosa: censura. La censura, como es sabido, implica el formarse juicio acerca de un asunto y luego suprimir este asunto o modificarlo sin derecho al pataleo. La historia de la literatura está plagada de tristes ejemplos en los que un libro o parte de un libro sufrieron la violencia de la prohibición. 

    Sin embargo, quienes apoyan la existencia de los lectores de sensibilidad, aseguran que su labor nada tiene que ver con la censura. Si el mecanismo funciona como sus defensores dicen y los lectores de sensibilidad se limitan a hacer sugerencias, el autor seguirá teniendo la última palabra y, por lo tanto, será responsable por su texto. 

    No habría, en principio, objeciones importantes con relación a estos lectores. De hecho, todos los escritores sometemos nuestros textos a alguna mirada antes de enviarlos a imprenta. Casi siempre, los primeros son familiares o amigos cuya opinión hay que tomar con suma cautela porque, aunque se esfuercen en ser imparciales, no logran evitar la carga emocional que la relación conlleva. Luego están los lectores profesionales que la editorial elige y de cuyos informes mucho depende la suerte del texto. Y no menos importantes son los editores y correctores que trabajan mano a mano con el autor, cortando, puliendo, limpiando el texto de asperezas para llevarlo a su estado óptimo. Antes de que un texto se transforme en libro, mucho antes de que un libro se transforme en literatura, varios pares de ojos críticos se posan sobre él y lo atraviesan. Podrá mediar debate y hasta algún enfrentamiento, pero también en estos casos, y aunque la opinión del editor tenga su peso, es el autor quien decide. 

    ¿Por qué, entonces, la irrupción de los lectores de sensibilidad en el teatro de la literatura ha generado tanto revuelo y levantado tantas objeciones? Sus detractores dicen que hay un tufillo de moralina sustentado en una corrección política que, en materia de arte, resulta inaceptable. En efecto, el arte no puede estar sujeto a restricciones morales. Es el artista quien, actuando en ejercicio de total libertad al momento de crear, luego responderá por su obra. Nadie debería erigirse en juez para determinar dónde está el mal y dónde el bien, dónde la justicia y la injusticia. Hay que evitar que el arte sea un territorio aséptico, una burbuja insonorizada donde no resuenen los ecos de la realidad con toda su crudeza, un mundo frutillita que no genere debate, que no interpele con sus preguntas incómodas y no deje todas las verdades del mundo patas arriba. Cuidado con un arte complaciente. Libertad total para el acto de creación artística. 

    En tanto los lectores de sensibilidad solo sean asesores y no se erijan en jueces, bienvenida sea su mirada. Esa mirada suele ser la de alguien que conoce desde adentro el colectivo que puede estar siendo vulnerado por la obra literaria y posee una fineza de percepción que le permitirá cazar al vuelo cualquier posible ofensa. No parece mal que haya especialistas en detectar esas ofensas que incluso pueden estar lejos de la intención del autor y habérsele pasado por alto. Pero si, una vez visibilizados estos puntos de discrepancia, el autor se mantiene en sus trece y está dispuesto a sostener lo que ha escrito, nada ni nadie debería interponerse.

    ?? Decir no