Además de directivos de Peñarol, el equipo fijo de trabajo estuvo conformado por integrantes de la constructora Saceem, el estudio Luis Rodríguez Tellado & Asoc., y la consultora CPA-Ferrere, a cargo del plan de negocios. En conferencia de prensa, su socio director, Nelson Burundi, dijo que el financiamiento “se hizo a través de la combinación de un fideicomiso de administración y una sociedad anónima (dueña del estadio), lo que garantiza que los fondos recibidos de los socios del club que adquieren los palcos y butacas se vuelquen íntegramente a la construcción del estadio y a la cancelación de la deuda financiera obtenida del BROU. Una vez cancelada esta deuda, el estadio pasará a manos de Peñarol”.
Después de 25 meses, y del trabajo de un equipo que incluyó a muchas personas clave en el proceso (ver recuadros), una vez postergado por lluvias el espectáculo previsto para el domingo 27, el lunes 28 ante River Plate de Argentina se hizo el partido inaugural. Ese día los primeros hinchas lo revistieron con banderas y cantos, y el estadio Campeón del Siglo latió por primera vez.
El motor de un sueño | Juan Pedro Damiani
Ser el único varón de cinco hermanos. Ser parte de una familia futbolera. Ser hijo del presidente de uno de los principales clubes en Uruguay. La vida de Juan Pedro Damiani estaba determinada. Se crió en medio de tribunas, festejos y reuniones entre dirigentes de clubes y bancarios. Cuando empezaba a caminar y a hablar, su padre, José Pedro, le escribió una carta que su madre recién le entregó en 2007.
Ahora, sentado en el palco oficial del nuevo estadio, el presidente de Peñarol recita el manuscrito: “‘Te escribo, hijo, porque tenés un año y medio y la vida es tan dinámica… Te escribo por si no te puedo llegar a inculcar lo que quiero’, y al párrafo siguiente ya me hablaba del amor por el club y lo que tenía que hacer, del amor por el país, la disciplina, la familia y los amigos. Mucho de esa carta que me impulsó a pensar y repensar en el estadio”, dice. Además, el proyecto tuvo otros tres motores: un viaje en los 90, como jefe de la delegación de Peñarol, para competir en el estadio de Colo Colo de Chile; una encuesta de 2009 en la que hinchas y socios eligieron un estadio propio antes que ganar una copa internacional; y otro viaje en 2010, cuando el equipo fue invitado por el Real Madrid a jugar un partido en el Santiago Bernabéu y conoció el club español por dentro.
A partir de ese amistoso Damiani se obsesionó con la idea de levantar el estadio. Y ese mismo año tuvo la primera reunión con Alejandro Ruibal, de la constructora Saceem. También se reunió con su amigo y presidente argentino Mauricio Macri, y escuchó consejos sobre su experiencia en la remodelación de la Bombonera de Boca.
Durante la planificación hubo momentos en los que Damiani pensó que quizás lo mejor era abandonar la idea. Pero algo, hay quienes lo llaman “capricho”, él dice “convicción”, lo obligó a seguir. “¿Cuándo me di cuenta de que esto salía? Cuando se aprobó el crédito del BROU y cuando terminó el remate de palcos, en 2012. Antes de empezar dije: ‘Muchachos, estamos vendiendo algo con vista a la pasión’, y recaudamos una fortuna”, recuerda.
Antes de terminar la conversación con galería, Damiani miró de reojo hacia su derecha, acarició uno de los asientos del palco y dijo con la mirada perdida: “Mirá esto, viejo; disfrutalo conmigo. Eso es lo que le diría a mi padre si estuviera acá sentado”.
El intendente | Gustavo Rodríguez
Hace 27 años que Gustavo Rodríguez perfecciona el arte de la imparcialidad. Desde que entró a trabajar a la Comisión Administradora del Field Oficial (CAFO), en el Estadio Centenario, trata con los dirigentes de casi todos los clubes del fútbol uruguayo. Por eso, al hablar de su afición hacia Peñarol, mantiene la mesura.
Hace seis meses dejó la Intendencia del Centenario para asumir el mando en la del Campeón del Siglo y trabajar desde cero para instaurar el sistema que cree más conveniente. Actualmente su rol incluye tareas de jefe de mantenimiento y coordinador para eventos y espectáculos. Está al frente de un equipo fijo conformado por dos encargados de cancha, una dupla de electricistas y un sanitario.
Lo que más destaca del diseño del estadio es la resolución del pasto sintético que bordea la cancha, la incorporación de un túnel de salida de los jugadores locatarios y visitantes en común y la modernidad del hall central. Al consultarle sobre cómo continúa su trabajo, Rodríguez habla de “desafíos”. “El actual: que esta máquina funcione a la perfección a partir del lunes 28. El futuro: que este estadio siga creciendo más allá del fútbol”.
El arquitecto | Luis Rodríguez Tellado
Es hincha desde que su tío lo llevó en 1956, a los ocho años, a ver sus partidos de Uruguay y Peñarol. Ahora, a los 67, cree que el club hizo su adolescencia más plena, porque formó parte, desde las tribunas, de la época de gloria aurinegra.
Luis Rodríguez Tellado entró a la Facultad de Arquitectura en 1969 y 25 años después fue uno de los encargados de remodelar el estadio Atilio Paiva Olivera de Rivera, de cara a la Copa América de 1995.
Eso le dio experiencia para que, a principios de 2010, su estudio aceptara la propuesta de proyectar el nuevo estadio de Peñarol.
Hubo tres factores que marcaron las bases de su diseño: el costo, el tiempo de construcción y los requisitos para ser considerado un estadio FIFA. Su trabajo también implicó recorridos por otras canchas del mundo, como el estadio San Nicola en Bari, al sur de Italia, y el de San Luis, en Argentina, ambos emplazados en un terreno despejado.
Además de la construcción oval del Campeón del Siglo, que permite la visibilidad total de la cancha desde cualquier asiento, y la estructura en tonos grises que alterna espacios vacíos y bloques de hormigón, Rodríguez Tellado destaca la separación de cuatro metros de altura entre las plateas y las tribunas, por donde se cuelan postales del entorno, y se ubica la calle peatonal que circunvala el estadio.
El encargado del diseño interior | Enrique Bañales
Mediados de los 60. Un niño de siete años va por primera vez a ver un clásico. En la tribuna Olímpica del Centenario hay hinchas de todos los colores. Sus acompañantes, siguiendo la tradición familiar, eligen el rojo, el azul y el blanco. En cambio él, desde que los jugadores salen a la cancha, es hipnotizado por el amarillo y negro. Era de noche y, según sostiene desde aquella época el arquitecto Enrique Bañales, “es en ese momento del día que la camiseta aurinegra brilla con más fuerza”.
Bañales es fanático de Peñarol y, curiosamente, nieto de Sebastián Puppo, primer presidente de Nacional. Se vinculó formalmente con el club liderado por la familia Damiani cuando en 1998 fue contratado para proyectar el museo oficial, y luego para diseñar las oficinas del Palacio Peñarol y la remodelación de “Los Aromos”. En setiembre de 2015, después de un trabajo previo de maquetas y renders, un equipo encabezado por él empezó a equipar y decorar el interior del estadio.
Según explicó a galería, para armonizar con los colores del club, “buscando serenidad y elegancia, se sustituyó el negro por tonos de gris, y el amarillo por madera clara”.
Bañales identifica la recepción como “su” lugar en el estadio. Es la primera sala a la que se ingresa luego de atravesar la enorme puerta de la tribuna oficial. Además de un juego de luces que emula las estrellas de la bandera de Peñarol, en las paredes hay referencias a la historia deportiva del club: muchas están revestidas con gigantografías en blanco y negro de antiguas fotos de presidentes que ganaron copas internacionales.
El administrador general | Federico Abadie En los últimos meses, Federico Abadie vivió en el estadio. O al menos eso es lo que sentía al final de la construcción, cada vez que volvía a su casa pasada la medianoche. Fue nombrado administrador general del estadio en octubre de 2015 y en su cargo se centralizó el empujón definitorio de la obra. Durante 150 días fue ingeniero, arquitecto, sanitario, electricista y ascensorista y colaboró en cada rubro que se necesitara. También estuvo en contacto con quienes compraron los palcos, que fueron “el motor del proyecto”, dice.
Su carné de Peñarol muestra que se asoció hace más de 30 años. Es hincha, hijo de un ex dirigente y también formó parte de la interna del club cuando fue vicepresidente de la cuarta división entre 1987 y 1988. El trabajo de Abadie continúa después de la inauguración, pues asume como principal reto el de reunir recursos para que el estadio también funcione como un arena y como un centro de presentaciones empresariales y artísticas. Piensa en un sueño posible y en su mente aparece un partido del local contra el Real Madrid y un concierto de Coldplay.
El Jefe de obra | Néstor Sclavi
En 2012 y 2013, previo a la construcción del estadio y cuando ya había sido designado como futuro jefe de obra, el ingeniero Néstor Sclavi, que hace 11 años integra la constructora Saceem, se dedicó a recorrer estadios en Brasil. También volvió una y otra vez al Centenario, como fuente de inspiración y preparación para lo que se venía: su primer trabajo en un centro deportivo.
Estuvo en la obra del estadio de Peñarol casi todas las jornadas desde el día uno, el 10 de febrero de 2014. Recuerda el terreno descampado; recuerda el cartel con la inscripción en amarillo sobre negro: “Aquí se construirá el estadio de Peñarol”.
Teniendo en cuenta los funcionarios fijos y los subcontratados, en el pico máximo de actividad Sclavi llegó a tener hasta 900 personas a cargo y trabajando en simultáneo. Dice que el estadio es pura ingeniería y que recién en julio de 2015, al terminar el montaje del esqueleto de 40 por 160 metros, fue cuando materializó la magnitud de la obra. De ella destaca el trabajo con el hormigón, principalmente para las tribunas que se crearon in situ. “Para las del anillo inferior se fabricaron 54 moldes y 2.350 gradas; después las superiores las pensamos acá pero las mandamos traer de afuera”, explica. Hacerlas coincidir en un campo repleto de grúas fue el trabajo más tenso del proceso.
Uno de los ingenieros | Alejandro Ruibal
La primera vez que el ingeniero Alejandro Ruibal, vicepresidente comercial y de operaciones de Saceem, se reunió con el arquitecto Luis Rodríguez Tellado, improvisó sobre un trozo de papel un croquis de cómo se imaginaba la estructura del Campeón del Siglo. Dibujó un rectángulo que representaba una tribuna oficial que nucleara todos los servicios, y otras tres líneas que completaban las demás gradas. Y esa es, una vez terminada la obra, la esencia del edificio: la concentración de casi todas sus actividades en la tribuna Frank Henderson.
Ruibal llegó a Peñarol a través del abogado Jorge Barrera que lo puso en contacto con Damiani. Luego, Ruibal aceptó el desafío. Aunque sabía que la inexperiencia en la construcción de estadios podía jugarle una mala pasada. “Damiani tenía una obsesión. Quizás otro se hubiese dado por vencido. Creo que él encontró campo fértil en otros locos como nosotros que enseguida nos sumamos; pero cuando nos metimos de lleno en el proyecto nos dimos cuenta de que no se trataba solo de hacer una obra, sino también de buscar cómo rodear esto de un negocio que fuera sustentable; porque el club no tiene economía para lograrlo”, contó a galería. Fue ahí que decidió ampliar el equipo de trabajo e incorporar al estudio CPA-Ferrere, además de otros arquitectos e ingenieros que también analizaron el plan de negocios.
Para Ruibal, de familia peñarolense, el punto fuerte del estadio está en que es moldeable. “Si en el futuro le querés hacer transformaciones tiene mucho potencial, incluso si pretendés ampliarlo. No se trata de adaptar la gente al estadio, sino el estadio a la gente”, dice antes de pensar en lo que podría ser el próximo paso: un techo.
ESTADIO EN CIFRAS
• El costo del estadio fue de 40 millones de dólares.
• La capacidad total es de 40.000 espectadores, uno de los aspectos que lo convierte en estadio FIFA.
• El terreno tiene 16 hectáreas: en once se emplaza el estadio, los estacionamientos anexos y la zona de exclusión, y el resto son zonas de parkings más alejados.
• En total hay espacio para 3.000 autos y 800 motos.
• El estadio tiene 205 palcos que tienen entre 8 y 22 asientos. La mayoría están en la tribuna Frank Henderson (que se corresponde con la América del Estadio Centenario), que también incluye 9.744 butacas amarillas y negras que están a la venta para los socios.
• La tribuna oficial, la Henderson, que tiene nueve niveles, mide 40 metros de altura y 160 de largo.
• Para la construcción, que duró dos años y medio, se utilizaron 18.100 m3 de hormigón y 1.708 toneladas de hierro.
• En el pico de mayor actividad llegaron a trabajar 900 obreros y técnicos en simultáneo.
CRÓNICA DEL PUNTAPIÉ
Diego Forlán sabía que esa noche el estadio iba a ser una caldera. Lo sabía porque jugó en canchas similares y porque ya había recorrido varias veces el interior del Campeón del Siglo.
A estadio casi lleno y después de la postergación de la fiesta musical el día anterior, el lunes 28 el estadio de Peñarol recibió en la tarde a los primeros espectadores. Entraron los palquistas con sus arsenales de bebidas y picadas. Los butaquistas a la tribuna Henderson y finalmente el público general a la José Pedro Damiani, Washington Cataldi y Gastón Güelfi. Sobre las 20 horas llegaron las autoridades. En el hall central, Juan Pedro Damiani recibió a la diputada Susana Pereyra, al presidente de River Plate de Argentina Rodolfo D'Onofrio, al ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro, al canciller Rodolfo Nin Novoa, al ex presidente Julio María Sanguinetti, y figuras de la historia del club como los ex futbolistas Néstor Gonçalves y Fernando Morena.
En la cancha la fiesta empezó entre himnos, discursos y murga. Siguió con la reconstrucción del mítico gol de Morena, que en 1982 consagró a Peñarol como campeón de la Libertadores en Chile, y fuegos artificiales. Todo antes del partido inaugural que, como en el estreno del Monumental de Buenos Aires en 1938, se disputó entre Peñarol y River Plate.
Al primer grito de gol a los 19 minutos, convertido por Forlán, se sumaron los de Miguel Murillo, Luis Aguiar y Cristian Palacios para el local, y el de Ignacio Fernández para el visitante. Fue el autor del tanto inicial el último en abandonar la cancha.
GALERIA
2016-03-31T00:00:00
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