“Clarín miente”.
Después del año 2008, cuando Cristina Fernández sucedió a su marido en la Presidencia, el gobierno argentino desató una guerra contra el grupo, con “escraches”, múltiples declaraciones desde el poder, inspecciones fiscales y diversas acciones para desmembrarlo, bajo el eslogan de “‘Clarín miente”.
En abril de 2010, la agrupación Madres de Plaza de Mayo (liderada por Hebe de Bonafini) y militantes kirchneristas, organizaron un “escrache” y “juicio público” a periodistas críticos en la propia Plaza de Mayo.
En opinión de Magnetto, esos “escraches” y “juicios públicos” constituyeron “otro desborde de tintes fascistas”.
“Llegaron a promover juegos al aire libre para que los chicos escupieran las imágenes de los escrachados”, relató.
El jerarca de “Clarín” consideró “muy grave la banalización de todas estas conductas, alentadas desde los discursos presidenciales hacia abajo (…). Los funcionarios más fanatizados les decían (a los periodistas) esclavos, idiotas útiles, antiargentinos y hasta nazis. Y todo esto permeaba para abajo, habilitando de hecho a cualquier persona a insultar o agredir en la calle”.
Magnetto dijo que “quienes decidieron dar vuelta la página fueron los argentinos, que apoyaron a los Kirchner algunos años y después se decepcionaron, o se cansaron, y votaron a otros” sin que hubiera “ninguna conspiración, ni destitución, ni nada raro en el medio; con el puro juego electoral”.
Según el empresario, el Grupo Clarín —donde trabajan 17.000 personas— sobrevivió al ataque sistemático del gobierno por “la decisión casi obstinada de sobrevivir y seguir siendo independientes”.
“Nuestro poder es ser desafiantes, molestos, porque eso es lo que hace atractiva a la prensa en todo el mundo. Eso no quiere decir que moldeamos la opinión a voluntad. No tenemos ese poder; ningún diario, ni canal, ni radio lo tiene. Si los Kirchner hubieran entendido esto tan elemental les habría ido mejor como gobernantes y al país le habría ido infinitamente mejor en los años que pasaron. Pero se pelearon con un fantasma y persiguieron un ideal de control que no podía funcionar”, precisó.
“Los medios no eligen presidentes. La historia lo ha demostrado claramente”, añadió.
Eliminar al periodismo.
Magnetto advirtió sobre el alcance de la política aplicada por los Kirchner. “La ofensiva contra el periodismo no buscaba debilitar el rol de la prensa de manera coyuntural, sino que intentaba eliminar esa intermediación”.
“La estrategia tuvo un objetivo bastante más amplio que la prensa en sí: apuntó a consagrar un modelo de gobierno basado en la concentración de poder, la perpetuación familiar y el rechazo a cualquier forma de control”, dijo.
El empresario recordó que cuando los Kirchner lanzaron su ofensiva, “la Venezuela de Chávez no era lo que es hoy, sino que gozaba de buena salud gracias a los precios excepcionales del petróleo”.
“Cuando los Kirchner se consolidaron en el poder, se enamoraron de ese modelo y quisieron aplicarlo acá, sin pensar en las complicaciones o los costos”, opinó.
Magnetto no tiene “ninguna duda de que quisieron ir hasta el final” en la aplicación de su modelo autoritario, pero no pudieron por “resistencias nacidas de la sociedad, de la opinión pública, de la justicia, de los partidos políticos y, además, de la prensa”.
De acuerdo con Magnetto, “la historia ofrece ejemplos de sobra de que sin un periodismo que haga su trabajo es más fácil ir por el control del Poder Judicial, sin medios críticos se vuelve inviable la competencia electoral, y sin prensa que denuncie es más fácil ejercer la corrupción, así como avanzar contra las libertades y los derechos de los ciudadanos”.
El número uno de “Clarín” sostuvo que “la batalla” de los Kirchner contra su grupo y otros medios y periodistas críticos o independientes “fue sistemática y, a la vez, solapada”.
“Sistemática, porque pretendió disciplinar no solo a un actor o a una posición determinada, sino a todos los que expresaran o pudieran expresar una disidencia y tuvieran chances de hacerse oír”, precisó.
“Y solapada, porque utilizó todo tipo de máscaras: la democratización de la palabra, el combate al capitalismo, la lucha contra la concentración, la promoción de nuevas voces; todos esos conceptos se utilizaron para disimular otros objetivos muy concretos”, añadió.
Magnetto mencionó, entre esos “objetivos muy concretos”, el intento de los Kirchner por “anular el periodismo profesional sosteniendo que ese periodismo no existía” y que “era un engaño”.
“Dijeron que no atacaban al periodismo sino a empresas poderosas que practicaban el tráfico de influencias utilizando al periodismo y a los periodistas para fines ocultos. Disfrazar esa guerra era la condición para eliminar el oficio y la función de la prensa, sin que nadie lo lamentara demasiado”, dijo.
Agregó que el kirchnerismo no podía “atacar al periodismo de un modo franco y abierto” sino que precisaba “esconder el crimen”.
“Con la excusa de los intereses corporativos, se intentó negar legitimidad a la empresa periodística, que es, aquí y en el mundo, la base de sustentación del periodismo profesional”, señaló.
El “telefonazo”.
En sus primeros años de gobierno, el ex presidente Kirchner llamaba a los propietarios de medios de comunicación y a los periodistas para quejarse de publicaciones que lo fastidiaban.
“Empezó a usarse el término ‘telefonazo’ para graficar la obsesión de Kirchner por lo que aparecía publicado y cómo llamaba personalmente para quejarse”, recordó Magnetto.
Según el empresario, Néstor Kirchner procuró desde el comienzo tener “un canal de noticias que contrarrestara a TN, un diario seudooficial y varias radios que cumplieran ese papel”.
Kirchner primero y después su esposa querían instalar “una relación directa entre el líder y el pueblo” y por eso había tantas cadenas nacionales, negativas a contestar preguntas, medios adictos y “propaganda permanente”.
“El kirchnerismo no creyó nunca en el periodismo profesional, pero sí en la propaganda. Por eso invirtió tanto dinero en ella. Más que cualquier otro gobierno (…). La propaganda estuvo presente en todas las acciones del Estado: en los partidos de fútbol, en la educación, en la cultura, en todo”, manifestó Magnetto.
Para Kirchner, todos los periodistas no oficialistas “eran escribas de los dueños”, añadió.
Según Mangetto, el ex presidente y, luego, Cristina Fernández, intentaron destruir a “Clarín” como empresa mediante “leyes con nombre y apellido, como la ‘ley de medios’ o la del papel para diarios”, “desembarcos” de la impositiva o de la Gendarmería, “persecuciones administrativas”, denuncias judiciales “truchas” y discriminaciones en la pauta y boicots publicitarios.
“Fue un trabajo de pinzas, alimentado por el aparato de propaganda más grande que yo recuerde (…). Hubo decenas de diarios, radios, canales de TV y sitios de Internet creados o cooptados por el propio Estado o por empresarios amigos, con la publicidad oficial como combustible”, explicó.
El empresario afirmó que “nunca en la historia argentina un gobierno central manejó tanto dinero como durante la década kirchnerista, y lo usó por tanto tiempo y por tantas vías, para disciplinar al resto de los actores”.
“Apretando los dientes”.
El jefe de “Clarín” recordó que “decenas de periodistas” soportaron durante el período kirchnerista descalificaciones del poder “por supuestas intenciones espurias o directamente destituyentes” o “antinacionales”.
“Muchos vivieron años apretando los dientes, pasándola mal cada vez que concurrían a un edificio público o a un acto de gobierno. Y a unos cuantos les fue todavía peor, porque tuvieron que explicarles a sus hijos que no eran genocidas, que no era cierto que trabajaban para el demonio —que sería yo—, que les interesaba el bien del país, que no eran unos miserables o idiotas útiles de empresarios miserables”, expresó.
Magnetto destacó también que los Kirchner “armaban campañas” contra instituciones promotoras de la libertad de expresión, como la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) o la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). “Al gobierno le molestaban bastante”, dijo.
“El kirchnerismo quería medios débiles, que necesitaran de la pauta o de otros negocios concesionados por el Estado. Que fueran para siempre tributarios del poder político. O si no, en el otro extremo, grandes corporaciones globales, que no tuvieran la más mínima intención de hacer periodismo en el país y prefirieran expandirse sin criticar al poder local. Aquí entran desde los grandes estudios de Hollywood hasta las corporaciones telefónicas o satelitales”, precisó.
Las empresas periodísticas.
Magnetto resaltó “la importancia de que existan empresas de medios grandes y transparentes que sean eso, empresas periodísticas, que no tengan otros intereses a los que estén dispuestas a subordinar su línea editorial”.
El CEO de “Clarín” admitió que en los primeros años después de la terrible crisis del 2002, los medios del Grupo y otros consideraron que “la situación del país era tan frágil y los problemas tan acuciantes” que observaron “con expectativa el inicio de un proceso que prometía normalizar la Argentina, que recuperaba el poder de la institución presidencial y mantenía algunos puntos económicos que se habían comenzado a gestar antes”.
“Había muchos periodistas esperanzados con un gobierno que se vendía a sí mismo como progresista, transversal y desarrollista”, informó.
Magnetto dijo que mantuvo “siete u ocho” reuniones con Kirchner durante los cuatro años de su mandato (2003-2007). Y, después de que en 2008 asumiera su esposa la Presidencia, se encontró con ambos dos veces más.
Durante la crisis del campo (2008), Magnetto admitió que Kirchner “llegó a hacer insinuaciones” de que con él, el jefe de “Clarín” podía transformarse en la persona más rica de Argentina. “Antes me había preguntado si nos interesaba el negocio petrolero y hasta mencionó áreas en el Orinoco, en Venezuela”.
“Yo trataba de zafar con elegancia. Le decía que nos sentíamos cómodos en nuestra industria y que más de un bife por día no comía”, abundó.
Magnetto aseguró haber sido “presionado” y “amenazado” por Kirchner para que “Clarín” diluyera u ocultara la información sobre casos sonados, como la reforma para crear una mayoría automática en el Consejo de la Magistratura (que le permitió controlar parcialmente al Poder Judicial), los decretos “de necesidad y urgencia”, la valija llena de dólares de Guido Antonini Wilson, las coimas de la empresa Skanska a funcionarios del gobierno y el dinero mal habido hallado en el baño del despacho de la ex ministra de Economía de Néstor Kirchner, Felisa Micheli.
La crisis del campo.
El empresario relató una conversación que mantuvo con Kirchner en el apogeo de la crisis del campo, en 2008. “Me lo dijo directamente”, precisó Magnetto: “A mí los millones de las retenciones (al campo) me importan un pito. Yo tengo que destruir políticamente a estos tipos. Si gano esta, no queda nada enfrente. Limpio de malezas el camino al 2020”.
Kirchner le agregó: “para esta pelea los quiero tener al lado. Así destruyo la Mesa de Enlace Agropecuaria en menos de 30 días”.
Magnetto dijo haberle comentado “que se estaba equivocando” y que la base social del conflicto “no era la élite agropecuaria” sino “los chacareros, el veterinario, el farmacéutico, el concesionario de los pueblos agrícolas, el gran entramado social de ese sector”.
“Te estás peleando con la gente, no con la dirigencia” fue la respuesta de Magnetto, quien advirtió al instante que Kirchner se dio cuenta de que “Clarín” no lo acompañaría en esa batalla. “Entonces dijo que, si se lo proponía, él podía sacar una ley de medios para complicarnos la vida. Fue la primera vez que usó ese tema como amenaza. Y creo que fue la última vez que me habló con cierta sinceridad”, evocó.
La “ley de medios” fue aprobada por el Congreso y luego impugnada por “Clarín”. En el marco de ese proceso, el juez Carlos Fayt, de la Corte Suprema de Justicia, dictaminó que “si se afectan los derechos de propiedad, las inversiones y la sustentabilidad de las empresas de medios, se está violando la libertad de expresión porque su ejercicio se vuelve impracticable”. (La Corte declararía igualmente que la ley era constitucional, pero advertiría al poder político sobre los abusos en que podría ocurrir si la aplicaba sesgadamente).
“El periodismo siempre fue nuestro trabajo y queríamos seguir haciéndolo a nuestro leal saber y entender. Con aciertos y errores, pero nuestros. El kirchnerismo nunca pudo tolerar eso”, subrayó.
El mal ejemplo de Cisneros.
En otros pasajes del libro, Magnetto aseguró: “si hubiéramos cedido (a los chantajes de los Kirchner), entrando en negociaciones o transacciones de las que no íbamos a poder salir, podríamos haber sucumbido”.
“Eso fue lo que intentó, por ejemplo, (Gustavo) Cisneros en Venezuela, al entrar en negociaciones quizás inevitables con el chavismo. Cisneros prácticamente terminó viviendo afuera, sus medios degradados y Venezuela terminó como terminó”, recordó.
Cisneros era uno de los empresarios más importantes de Venezuela, propietario de medios de comunicación y otros activos en ese país y en el resto de América Latina.
Magnetto dijo no creer que, durante el kirchnerismo, “Clarín” y otros medios independientes o críticos se hayan dedicado a hacer “periodismo de guerra”.
“A nadie se le ocurriría decir que ‘The New York Times’ o ‘The Washington Post’ tienen una dinámica de confrontación o hacen ‘periodismo de guerra’ contra Donald Trump porque lo critican duramente; o que Fox lo haya hecho con Obama, o ‘Le Monde’ con Sarkozy”, señaló.
“Los cuestionan en ejercicio de su rol periodístico y de su posición editorial. Cuando (en ‘Clarín’) lo hacíamos con (el ex presidente Carlos) Menem, a los mismos sectores intelectuales o progresistas no parecía molestarles”, añadió.
Magnetto dijo que “a la corrupción menemista parecía que estaba bien investigarla” pues “nadie allí hablaba de confrontación ni de periodismo de guerra”.
La experiencia con la época kirchnerista “enseña algo fundamental”, según Magnetto: “que la crítica ayuda, que la libertad genera tensiones pero beneficia a todo el mundo; al que ejerce el poder, a los gobernados, a los que apoyan a los gobiernos y a quienes los critican”.