En momentos en que se discute fuertemente el relacionamiento del FA con el sector privado —con el caso de Pluna como ejemplo paradigmático—, para varios jerarcas de Ancap el ente aplica una política que “es un ejemplo” de participaciones público-privadas en las que el Estado “tiene el control y fuerte participación”, pero “articula todo el tiempo con privados”.
Sin embargo, esa visión no es compartida por un sector de la oposición, que incluye a varios ex presidentes de Ancap que entienden que se “disuelven” gastos y subsidios de la compañía en base a que “el 90%” de las ganancias del ente se basan en su actividad monopólica y con el resto “se juega a la competencia”. Para algunos, el hecho de que la compañía tenga uno de los combustibles más caros del mundo “es un ejemplo patente” de que la desmonopolización era la solución para mejorar su eficiencia.
“Reestructura y objetivos”.
Tras el pronunciamiento popular pasaron apenas dos años para que el Frente Amplio asumiera el gobierno nacional y con él la gestión de Ancap. Desde ese momento en adelante la empresa “se reestructuró”, opina el senador Daniel Martínez, primer presidente de Ancap por el partido de izquierda.
“Implementamos un sistema de planificación estratégica y un modelo de excelencia de gestión a partir del 2005. Hoy se podrá coincidir o no, pero Ancap tiene un norte”, dijo Martínez a Búsqueda.
Sostuvo que “queda claro que hay áreas que solo pueden competir bajo el derecho privado, como la distribución de combustibles” y que “no hay problema” que esto suceda “si los objetivos los fija la empresa madre estatal”.
Amparada en un crecimiento constante del consumo de combustibles, además de un beneficioso contrato de compra de crudo a Venezuela con una financiación blanda, la empresa aumentó su facturación y “pulmón” económico, lo que la habilitó a impulsar varias iniciativas e inversiones, consolidando al ente como uno de los principales jugadores del país en varias áreas.
Pero para lograr ese crecimiento, los jerarcas de Ancap apostaron fuerte a las empresas que tienen bajo el derecho privado, creando incluso cuatro compañías más que las que ya existían en 2005 para imprimirles “agilidad” a los proyectos, que de otra manera “no salen nunca”, dijo a Búsqueda el director oficialista Juan Gómez.
En 2002 Gómez era presidente del sindicato de Ancap (Fancap) y participó activamente en la campaña para derogar la ley. “Ese referéndum fue determinante para el resultado de las elecciones nacionales del 31 de octubre de 2004”, señaló.
Consultado sobre por qué ahora apelan a varias asociaciones con privados, Gómez señaló que “lo que se proponía en aquel momento era lisa y llanamente la privatización y no la posibilidad de desarrollo propio o en alianzas donde el control estuviera en manos del Estado”.
Gómez dijo que al asumir un cargo en Ancap su concepción sobre la asociación con privados “no ha cambiado” y que lo estratégico “es fundamental mantenerlo en manos estatales”, pero que, en una “visión más amplia”, es “posible articular con el sector privado para acelerar el desarrollo y el crecimiento”.
“Ancap desaparecida”.
A la entrada de Minas se puede ver las chimeneas de 60 metros de una de las plantas de cemento de Ancap junto con los hornos y la embolsadora que están en funcionamiento desde que el 17 de agosto de 1956 salió la primera bolsa de cemento de la empresa estatal.
Al lado se inició la construcción de un nuevo horno, que usará tecnología más avanzada (descubierta en los años 80) y que permitirá pasar la producción de unas 750 toneladas de cemento al día a 1.000, e impulsará la exportación de parte del material. Unos 160 kilómetros hacia el noreste, en el departamento de Treinta y Tres, Ancap está construyendo junto a inversores privados, una nueva cementera que enviará cerca de un millón de toneladas de clinquer a Brasil.
También en Treinta y Tres la empresa estatal, por medio de su sociedad anónima Cementos del Plata (de la que posee un 98%), está finalizando la construcción de la mayor planta de cal del país, con una capacidad de 150 toneladas al día. Los camiones partirán con cal viva hacia Brasil, donde un convenio con la compañía eléctrica poseedora de la central de Candiota les asegura la compra de todo el suministro.
“Convertimos áreas que estaban en ruinas en proyectos de punta del país. Hemos hecho un proceso de refundación de la empresa casi sin querer, basados en un cambio estratégico: Ancap pasó de invertir U$S 12 millones al año a más de U$S 200 millones. Ahí hay una señal de hacia dónde queremos ir”, dijo a Búsqueda Raúl Sendic, presidente de Ancap.
En 2003 Sendic era diputado del FA e integró la comisión de defensa de Ancap. Hasta hoy piensa que de haber triunfado el plebiscito la empresa estatal “habría desaparecido”: “Puede ser que el Frente desde que llegó al gobierno haya cambiado su forma de ver a los privados, pero la ley de asociación era un desastre, todo lo presentado era realizable por Ancap sin asociarse a privados como se proponía”, dijo.
Sendic justificó el monopolio porque “el mercado uruguayo es muy pequeño y esa escala requiere determinado nivel de protección”.
“Lo importante —reflexionó— no es si uno se asocia o no a privados, eso está fuera de discusión. Lo importante es la modalidad en la que lo hace y para qué lo hace. Nosotros lo hacemos sin perder soberanía y en negocios específicos”.
Alur y Batlle.
El GPS instalado en la camioneta de Ancap indica que a pocos kilómetros hay una chacra de un productor de canola. Es una de las decenas que existen en Paysandú, donde Alcoholes del Uruguay SA (Alur) está construyendo su segunda planta de etanol, el biocombustible utilizado para mezclar con las naftas.
Esta empresa, propiedad en un 90% de Ancap, es “la estrella” en el proceso de expansión del ente: para 2015 Alur demandará unas 400.000 toneladas de granos y cereales, implicando siete tipos de cultivos distintos y más de 200.000 hectáreas vinculadas a la cadena de biocombustibles. Según las estimaciones se transformará en uno de los principales consumidores internos de granos.
También entró en el negocio de los fertilizantes y mantiene su fuerte participación en el azúcar con la planta de Bella Unión. Además produce unas 35.000 toneladas de alimento animal que se transformarán en 220.000 cuando la planta de Paysandú y la de Montevideo estén prontas, superando así todo lo que se importa de ese producto en la actualidad.
Para el gerente general de Alur, Leonardo de León, este proceso “es retomar ideas del batllismo de principios de siglo” en las que “el Estado juega fuerte definiendo políticas y no administrando intereses de corporaciones”.
“En 2015 habrá una sustitución de importaciones por U$S 220 millones entre el petróleo que no usaremos por la mezcla con biocombustibles y el alimento animal que produciremos”, agregó.
Aunque en Ancap se la considera un “buque insignia”, desde la oposición ven a Alur como un “pozo sin fondo” de “pérdidas económicas” y de “dudosa rentabilidad”. Hasta la fecha, se llevan invertidos más de U$S 130 millones en el proyecto y aún no alcanzó a ser rentable, aunque cuadruplicó su facturación. Los números negros llegarán, según los jerarcas, en dos o tres años.
¿Era tan malo?
Alur fue creada, aunque con otros fines, durante la presidencia en Ancap de Eduardo Ache (1995-2000). El ex presidente recordó que fue durante su mandato que se habilitó al ente a asociarse con privados, mediante la ley 16.753 de junio de 1996, que desmonopolizó los alcoholes y bebidas.
“Esa fue la piedra angular del desarrollo de Ancap, que a través de su asociación con privados pudo competir en áreas en que antes no existía”, dijo Ache a Búsqueda.
“Lo más interesante es que el Frente, luego de dos períodos en el gobierno, ha ratificado todo lo que hice al frente de Ancap, salvo por la venta de estaciones en Argentina. Entonces: ¿era tan malo Ache?”, señaló.
“A mí me reconforta que todo lo que empezamos (esta administración) no solo lo convalidó sino que lo profundizó en 2007. Una cosa es estar en la oposición y otra es gobernar. Lo bueno fue que no se quedaron en el pasado ni dijeron ‘como tuve un discurso no lo cambio”, añadió.
El dirigente colorado fue muy criticado por haber comprado una red de estaciones en Argentina mediante una empresa privada del grupo Ancap, negocio que arrojó pérdidas millonarias.
Sin embargo sostuvo que “lo que nadie dice es que también se compró (la petroquímica argentina) Carboclor y se trajo para Ancap la distribución de los combustibles, que estaba en manos de un privado. Eso le ha dejado cientos de millones de dólares a Ancap”.
Agregó que el negocio de las estaciones de servicio, que hace un año Ancap le transfirió a la venezolana Pdvsa, “no fue un tema de mal manejo sino de arbitrariedad del gobierno argentino” en la fijación de precios y distribución de los combustibles.
Para Ache los monopolios “generan ineficiencias” y el sistema actual de Ancap “solo es concebible con un monopolio”.
“Los que concibieron a Ancap en 1930 lo hicieron de una manera integral, pero esa empresa fue concebida para un mundo de hace 100 años”, agregó.
Según el ex jerarca, antes de desmonopolizar una empresa “hay que modificar su gestión”: “Si las empresas no son eficientes antes de levantar el monopolio las matás, así que el tema de fondo para mí es la mejora de la gestión”.
Visión y gestión.
Para el ex presidente de Ancap Andrés Tierno Abreu (1990-1994) lo que sucede es que Ancap “es un buen administrador de un monopolio” y opina que de haber triunfado la ley “habría sido un camino de mayor eficiencia” para el ente.
Ante la consulta de qué habría hecho si hubiera tenido la posibilidad de asociarse con privados, Abreu dijo que “una de las cosas que deben entender la gente y los políticos es que las trabas que les ponen a las empresas estatales han llevado a escaparle a eso mediante una asociación con privados y manejarse con el derecho privado”.
Abreu se mostró partidario de la desmonopolización al estilo “europeo”, que se hace gradualmente, lo que genera “una mejora inmediata del precio del producto”.
“Aunque —advirtió— hay que tener una buena regulación para evitar una posición dominante, que es uno de los grandes problemas del Uruguay: cómo pasar del monopolio a la competencia sin que haya empresas dominantes, pero sin desarticularlas a un nivel que por escala no sobrevivan”.
Sobre la actual política de Ancap de potenciar los acuerdos con privados Abreu dijo: “Siguen siendo estatistas. Cuando uno tiene una empresa donde el 90% de la factura es monopolio, con el otro 10% puedo jugar a la competencia. Entonces puedo disfrazar costos y pérdidas en la parte monopólica; ahí se disuelven”.
A pesar de la votación popular el debate entre los especialistas sigue en pie. De los resultados de estos negocios emprendidos dependerá, en buena parte, que se reavive o se apague definitivamente la controversia sobre una Ancap monopólica.
Desarrollo
2012-11-08T00:00:00
2012-11-08T00:00:00