• Cotizaciones
    miércoles 24 de junio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Martín Sastre: “Las generaciones nuevas me tienen de referente”

    El artista visual creó una moneda virtual que funciona mecenazgo por parte de “ángeles”, mientras prevé estrenar su documental sobre Natalia Oreiro

    Dependiendo del día, Martín Sastre puede despertarse y poner a Mozart, o despertarse y poner la banda sonora de Jugate conmigo. Escuchar música por la mañana es la única rutina que tiene, dice. Después de vivir 11 años en Madrid, de residir en lugares como Nueva Zelanda o Italia y de pasar este año una temporada en Estados Unidos, no hay un día igual al otro. Estas semanas, alterna entre Montevideo y Buenos Aires. Mañana, no sabe.
    El año que viene cumple 20 años de trayectoria, para lo que está preparando una retrospectiva y revisando su obra (“el arte es el lugar donde habito, es lo que vivo desde muy chico”). Este fan declarado de la cultura pop (“Nunca renegué de las cosas que me gustan, al revés, siempre las potencié”), admirador ferviente de Michael Jackson y de Madonna, es el autor de U From Uruguay, más conocido como el Perfume del Pepe, que comenzó con un comercial de esa fragancia ficticia y terminó con el frasco materializado y subastado en 50.000 dólares. Dos años antes había dirigido la película Miss Tacuarembó, basada en la novela de Dani Umpi y protagonizada por su amiga Natalia Oreiro; otro de los hitos en su carrera, que aprendió cine de niño en un curso de Cinemateca (“cuando lo aprendés a esa edad es como tu lenguaje natural, lo tenés muy incorporado”). Con esa base se lanzó a dirigir, además de este largometraje, algunos cortos y videoarte.
    Próximo a Nasha Natasha, el documental en el que acompaña a Oreiro en una gira por Rusia, el artista visual protagonizó una producción de fotos para galería en el Museo Nacional de Artes visuales y posando de varias obras, entre ellas su favorita del arte nacional: Retrato de Luis E. Pombo, de Guillermo Laborde. Sastre habló sobre su reciente película y su amistad con Natalia Oreiro, y explicó en qué consiste su proyecto para capitalizar el tiempo de trabajo de los artistas y cómo comercializa sus obras.

    Si de chico sabía que quería ser artista, ¿por qué se anotó en la Facultad de Arquitectura?
    En mi familia son médicos, abogados; yo tenía claro que tenía que hacer una carrera universitaria, entonces hice Arquitectura. Estuve tres años y me di cuenta de que no encajaba en la metodología y eso me causaba frustración. De hecho, en Historia del Arte tenía un cuaderno muy explicado, con dibujos, y varios años después me encontré con un compañero de facultad y me dijo que mi cuaderno estaba en la fotocopiadora de la facultad. Tenía discusiones fuertes con los profesores, me acuerdo que tenía que hacer el hall de un teatro y yo había hecho un proyecto en que ibas caminando por las escaleras y se iban prendiendo las luces, como una escenografía de Broadway de un musical de los años 40, y de repente se prendían fuentes. Eso con los profesores que me habían tocado chocaba mucho, me pedían hacer unas cosas de hormigón gris que yo no entendía. También era muy crítico con lo que estaba pasando en la arquitectura de Uruguay. Ahí tomé la decisión de dedicarme al arte.

    ¿Qué le dejó la arquitectura?
    Tengo cabeza de arquitecto en cómo construyo las historias. La Historia del Arte que estudié en la facultad me sirvió muchísimo. Después, cuando tomé la decisión de dedicarme a esto, lo primero que hice fue una muestra que se llamó Todo por 22, en 1999. Fue en el espacio del Notariado. Había un huequito y con Federico Aguirre, otro artista, mi amigo, armamos la muestra con productos que salían 20 pesos. Armamos cosas muy delirantes: había un televisor con un chico hablando en francés y explicando los usos de esos productos absurdos. La gente preguntaba por esos productos; llamó la atención. Yo crecí en los 80, con los videoclubes; el audiovisual es un poco la expresión de mi generación.

    Recreo, c. 1924 – óleo sobre tela, Petrona Viera.  Reproducciones facsimilares de juguetes transformables Aladín, de Joaquín Torres García.

    ¿Se ha planteado dedicarse de lleno al cine?
    Ser director siempre lo pensé, desde niño, pero mi acercamiento al cine primero fue a través del videoarte, cuando hice una pieza sobre Lady Di, como que no había muerto y vivía en el 40 Semanas. Ese rodaje fue muy delirante, hicimos un casting mundial y conseguimos una actriz idéntica en San Pablo. Había una secuencia en que ella salía de un almacén y le pedimos a la gente del barrio que hiciera de extra, pero ellos no tenían ni idea de qué se trataba, y cuando salió y vieron que era idéntica a Lady Di, todo el mundo dudaba, “¿es Lady Di?”.

    Usted juega un poco con eso, con que el arte se confunda con la realidad.
    Sí. El arte es un poco eso, lo que podría ser y a lo mejor es otra cosa. De alguna forma es un ilusionismo que te hace reflexionar sobre los límites de la realidad y cómo la podés ir cambiando.
    En 2010, Martín Sastre dirigió a Natalia Oreiro en Miss Tacuarembó. Este año está previsto que se estrene Nasha Natasha, el documental en el que la acompaña en un tour por Rusia y registra el fenómeno de la actriz y cantante en ese país: “La dimensión de Nati allá excede el tema de la celebridad; es como un icono cultural, la consideran rusa”. Ambos se habían conocido casi por casualidad en 2001, a partir de una performance que el artista hizo junto al Movimiento Sexy (conformado por él, Dani Umpi, Paula Delgado, Julia Castaño y Federico Aguirre) en Buenos Aires.

    ¿En qué consistía la performance?
    La performance era festejarle el cumpleaños a Natalia Oreiro como un cumpleaños infantil: con una piñata, una torta. La gente le dejaba los regalos encima de una cama que habíamos llevado, y habíamos preparado un video recorriendo su vida, con el enano Fermín de Cacho Bochinche mandándole saludos, era muy surrealista. Nos pusieron en un cuartito al fondo en el Centro Cultural Recoleta, nadie creyó que Natalia iba a venir, tampoco nosotros estábamos seguros: le habíamos mandado la invitación pero ella estaba en pleno furor de Tu veneno y vivía en un avión. Pero fue. Después de eso nos fuimos a una habitación aparte, nos escapamos del tumulto, y estuvimos charlando. Yo ya tenía la idea de hacer Miss Tacuarembó y le pedí a Daniel (Umpi) que llevara la novela; yo la había leído y me había quedado enamorado de la historia. Natalia dice que yo fui en plan recanchero y le dije: Hola, yo soy Martín Sastre, voy a ser director de esta película y la protagonista sos vos.

    La gente me paraba por la calle para preguntarme por el perfume. Una vez, un policía me preguntó si lo tenía puesto. Fue uno de los pocos ejemplos de una obra de arte que traspasa el muro del museo y que se hace popular. Ahí llegué a Lucía Topolansky, la llamé y le dije: “Tengo un problema, está todo el mundo hablando del perfume del Pepe, necesito hacer ese perfume”.

    ¿Desde entonces siguieron la amistad?
    En realidad, no. Yo después me fui a vivir a España y no nos vimos más como por seis años. Un verano en que los dos estábamos acá, Natalia vio en la vidriera la novela y me llamó por teléfono. Me dijo: “Tenés razón, me encanta, hagamos la película”, y ahí nos fuimos a Buenos Aires y empezó realmente el proyecto. En esa época Natalia no tenía celular, nos mandábamos faxes escritos a mano, yo en Madrid y ella en Buenos Aires. Ahí empezamos a tener una relación más cercana.

    ¿Cuánto tiempo les llevó hacer el documental Nasha Natasha?
    Empezamos en 2014. Me fui un mes a Rusia y estuvimos recorriendo 19 ciudades. Fue una experiencia increíble, llegamos en diciembre, todo nieve. Fue un proyecto que hice por amor, por amor a una amiga, por amor a mi familia, por amor a la cultura. Llevó mucho tiempo hacerlo, tres años. Me traje una valija de material de Natalia contando lo que fue su vida, su matrimonio con Ricardo en Brasil, que se casaron en un barco. Fue todo un proceso de armar toda la historia para contar dos historias en paralelo: la transformación de la vida de Natalia, y también la historia de cómo se vincula esa chica con una chica rusa sin estar esponsoreada por Disney, sino yendo medio a pulmón.
    En 2013 se subastó (con el fin de crear el Primer Fondo Nacional de Arte Contemporáneo de Uruguay) durante la inauguración del pabellón del Instituto Italo-Latinoamericano de la 55ª Bienal de Venecia, un ejemplar del popularmente llamado Perfume del Pepe. El nombre real de la obra es U From Uruguay, y el empresario Alan Faena pagó 50.000 por el único frasco en venta: de los otros dos fabricados (solo se hicieron tres), uno quedó en manos de Lucía Topolansky, y el otro en el ropero de la madre de Sastre. El proceso fue inverso al que suele tener cualquier perfume: en este caso, el spot comercial fue primero que el producto.

    ¿Cómo nació el Perfume del Pepe?
    Cuando recibí la invitación de la bienal en Montevideo me lo tomé con mucha responsabilidad. Con todas las bienales que hay, ¿cómo generar una obra que desde Uruguay propusiera algo al resto del mundo? En ese momento yo estaba en una residencia en Italia, trabajando en otros proyectos, en un lugar en el Mediterráneo, con unos jardines divinos, y en ese entorno paradisíaco se me ocurrió hacer algo con las flores que cultivaba Mujica, y que de alguna forma tenía algo que ver con tomar lo que es esencial. Cuando mezclás “perfume” con “Mujica” se puede tomar en forma irónica, pero a mí lo que me interesaba era tomar la esencia y su filosofía de vida a través de las flores. Al principio todo el mundo me dijo que era un delirio, que no lo hiciera, y traté de encontrar a Mujica, haciendo llamadas a Presidencia, pero nunca me atendió, y gente que tenía alrededor me decía: “No va a participar”. Entonces hice como si fuese el comercial del perfume, y quedó tan parecido, tan real, que al otro día del estreno en la bienal me llegaron por Google Alarm noticias de China, porque la gente creía realmente que Mujica había hecho un perfume. Salió en The New York Times, en el Financial Times. El siguiente paso fue: hagámoslo real. Ya se había generado tanto que la gente me paraba por la calle para preguntarme por el perfume. Una vez, un policía me preguntó si lo tenía puesto. Estuvo bueno porque creo que fue uno de los pocos ejemplos de una obra de arte que traspasa el muro del museo y que se hace popular. Ahí llegué a Lucía Topolansky, la llamé y le dije: “Tengo un problema, está todo el mundo hablando del Perfume del Pepe, necesito hacer ese perfume” (risas). Fue ella la que organizó que fuera un día a la chacra. Yo quería recoger flores con él. Cuando nos presentó, lo primero que me salió decirle fue “disculpame”, porque nunca me imaginé todo lo que iba a pasar. Él me dijo: “No se preocupe, m’hijo, la gente no tiene nada que hacer” (risas). Juntamos dos bolsas de yuyos, flores, de todo. Con eso se hicieron tres botellas de la esencia.

     

    El problema histórico del arte es que los artistas no cobran por el tiempo de trabajo, como todo el mundo, sino por los objetos terminados. Se me ocurrió hacer una moneda que funcione como una comunidad de ángeles que cada artista va a tener, como mecenas. Vamos a sacar la primera versión, ya se están sumando artistas de todas partes del mundo, reentusiasmados.

     

    Otros ejemplos de su obra, que no son tangibles, ¿cómo se comercializan?
    El arte actual en general es muy intangible. ¿Qué es lo que se vende con una obra? ¿Qué es la obra de arte? ¿Es el objeto o es lo que representa el objeto? Hay obras fundamentales en la historia del arte, como el urinario de Duchamp, pero ¿qué es realmente? Es un urinario firmado. ¿Y qué es lo que se compra? Lo que representa la obra. Entonces da igual el soporte con el que los artistas trabajen, lo que importa es lo que representa la obra de arte, lo que haya generado. Por supuesto que hay todo tipo de arte: los cuadros, las instalaciones, las performances. La forma de comercializarlo es siempre la misma: hay un original firmado, y eso es lo que se comercializa. Si tu obra es una performance, es incluso el papel que dice: la performance es esto, esto y esto, se firma y se vende eso. En el caso de los videos, es un certificado de autenticidad.

    ¿Tiene algún otro proyecto entre manos, además del documental y la retrospectiva de su obra?
    Tengo una plataforma que conecta a profesionales del audiovisual en América Latina que se llama Link LALA, que ya tiene más de 10.000 usuarios. Arrancamos hace como cuatro años y nos fue muy bien. Hicimos un proyecto para celebrar los 100 años de cine argentino, hicimos un video para el Cuarteto de Nos, para No Te Va Gustar; el proyecto para la animación que aparece antes de las películas uruguayas lo hicimos en conjunto con el ICAU y con Uruguay 21 y, también a través de Link LALA, con animadores de todo el país. Y ahora tengo otro proyecto que es transformar a LALA en una moneda virtual para capitalizar el tiempo del trabajo de los artistas. El problema histórico del arte es que los artistas no cobran por el tiempo de trabajo, como todo el mundo, sino por los objetos terminados. Como yo vengo de ahí, se me ocurrió hacer una moneda que funcione como una comunidad de ángeles que cada artista va a tener, que serían como mecenas, micromecenazgos. La idea es que compren esta moneda, que se llama LALA, para participar y ver el proceso creativo del artista que les gusta. Al final, el artista pone la obra en subasta en la comunidad de ángeles que lo apoyaron dentro de la plataforma. En breve vamos a sacar la primera versión, ya se están sumando artistas de todas partes del mundo, reentusiasmados. Y por otro lado estoy escribiendo una serie de ficción.

     

    Fotos: Tali Kimelman - @talikimelman / Producción y estilismo: Sofía Miranda Montero / Maquillaje y pelo: Hiela Pierrez @hielapierrez / Asistente de fotografía: Gabriel Adda @moscasvolantes

     

    ¿De qué trata?
    Es una historia bastante demencial, está muy alineada a las cosas que me gustan a mí. Es un thriller fantástico. Por ahora estoy trabajando en siete capítulos, pero recién estoy empezando, estamos trabajando con los guionistas. Es un proceso muy divertido. Las series ahora son la nueva forma de narrativa que todo el mundo consume. La ficción es lo que realmente nos diferencia a los seres humanos de los animales. Lo primero fue el lenguaje, y a partir de ahí, inventar cuentos. De alguna manera hago la serie por el amor a contar historias, a inventar cuentos y de alguna manera a inventar la realidad.

    ¿Se siente reconocido acá?
    Nadie es profeta en su tierra, pero también a mí acá el presidente me invitó a juntar flores con él. ¿De qué me voy a quejar? ¿Qué dejo para los demás? Además, lo que me entusiasma es ver que las generaciones nuevas me tienen un poco de referente, porque les hiciste ver que se podían hacer otras cosas, o que se podían ir afuera y romperla en otro lado.

    ¿Después de haber vivido tanto tiempo en el exterior, se considera patriota?
    Soy bastante patriota en el sentido de que siempre me gustó traer proyectos acá. Cuando hice Miss Tacuarembó yo vivía en Madrid y me ofrecieron hacerla en España, con una actriz española; se iba a llamar Miss Alicante. Ya tenían todo decidido pero yo dije: “No, yo la quiero hacer en Tacuarembó, y la quiero hacer con Natalia Oreiro”. Siempre barro un poco para casa. Me siento muy identificado con el país y me gusta. Creo que además los uruguayos somos una marca registrada.

     

    Quisiera ser pobre

    Previo a su iniciativa con Link LALA, la plataforma con la que intentará capitalizar el tiempo de trabajo de los artistas, Martín Sastre ya había mostrado su preocupación por la comunidad de artistas —que él mismo integra— con la creación de una fundación bastante particular. La Martín Sastre Foundation for the Super Poor Art (Fundación Martín Sastre por los artistas superpobres) tenía como eslogan “Adopta a un artista latinoamericano”. En el spot en el que la presentaba, se veía al artista oscilar de un lado hacia el otro en una silla giratoria, mientras una voz en off decía: “No te preocupes, pequeño superpobre. Como ves, ya no queda nada en este anticuado cubo blanco que te pueda interesar. Sin embargo, en el ciberespacio tienes un lugar donde puedes presentar tus maravillosos proyectos, a miles y miles de galeristas, curadores, políticos y público en general de toda Europa”.

    Con el apoyo de la galería Luis Adelantado, en 2005 convocó en una beca a artistas alemanes que estuvieran dispuestos a experimentar en carne propia la situación precaria de los artistas uruguayos. “Fue antes de Facebook, antes de Kickstarter (una web de micromecenazgo para proyectos creativos), antes de todo; nos adelantamos como 15 años, entonces toda la idea de ‘adopte un artista latinoamericano’ nadie sabía cómo instrumentarla realmente. Lo que sí hicimos, que estuvo buenísimo, fue una beca que se llamaba Sea un artista latinoamericano por tres meses, donde tres artistas de la Bauhaus vinieron a Montevideo a aprender a vivir y trabajar con 100 dólares por mes, que era con lo que vivían mis amigos en esa epoca”, explicó Sastre. Las tres “ganadoras” se instalaron ese tiempo en Montevideo recibiendo ese único ingreso mensual como forma no solo de concientizar sobre la situación de los artistas en Uruguay, sino para fomentar también el intercambio cultural.

     

    Agradecimientos: Museo Nacional de Artes Visuales, Tienda del Museo Torres García, Gap, Black & Liberty, Bo Concept, Antigüedades Karausz, Divino, Maja Flores y La Casa de la Alfombra.