El Frente Amplio hizo historia el día que asumió la primera legisladora transexual del Uruguay. Este año, la abogada, activista en favor de causas de minorías sexuales, fue procesada por estafa y falsificación de firmas y documentos.
El Frente Amplio hizo historia el día que asumió la primera legisladora transexual del Uruguay. Este año, la abogada, activista en favor de causas de minorías sexuales, fue procesada por estafa y falsificación de firmas y documentos.
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“Ahora sé lo que son las grasas trans”, escribió un corajudo anónimo en Twitter cuando Michelle Suárez asumió su banca de senadora por un día, para fundamentar por la ley trans de la cual fue coautora. Esa sesión del Senado fue el clímax de la corrección política y para muchos un símbolo de la firme implantación de la agenda de nuevos derechos en nuestra sociedad. Para el Partido Comunista fue como un exorcismo de su histórica trayectoria homofóbica y, el llevar a Michelle como suplente en la Cámara Alta, le dio la posibilidad de incinerar definitivamente su cola de paja en este tema de la diversidad.
Todo fue rodando sobre ruedas, hasta que la visibilidad pública de Suárez hizo que afloraran varias denuncias de sus clientes en su condición de abogada. Allí comenzó el derrape y las pruebas en contra de la doctora en leyes fueron lapidarias. Falsificación de firmas y mala praxis finalizaron con su procesamiento y la suspensión del ejercicio de la profesión para Suárez. Los comunistas, esta vez rojos de vergüenza, pidieron disculpas, le solicitaron la renuncia a la banca y la expulsaron del partido. La sociedad desarrolló su más refinada veta de pacatería y la condenó al ostracismo.
Es sabido que existen muchísimos casos de profesionales que han hecho cosas peores que Suárez y no sufrieron el mismo escarnio público. Por qué nos olvidamos de todos estos señores que han hecho fraudes millonarios, como los Peirano, los Rupenian, Figueredo o Sanabria y sin embargo nadie se ensañó con ellos.
Con Michelle nos afloraron como sociedad los peores instintos. No le perdonamos que era gorda, fea y además trans. ¿Cómo un personaje de estas características iba a llegar a ser profesional universitario y peor aún ocupar un lugar en el Senado? Le dimos posibilidades y nos defraudó. Automáticamente desacreditamos a todos los colectivos de las minorías sexuales con aire autosuficiente y dimos rienda suelta a nuestros más profundos prejuicios.
Cuando te digan que vivimos en una sociedad tolerante, acordate de Michelle y, por favor, con la hipocresía: no transes.
* Periodista y director del semanario Voces.