Incentivar una industria. Este año, 826 películas de 23 países compitieron por un lugar entre las nominadas en las categorías de los Premios Platino. “El número es importante, el problema es la difusión”, dijo el vicepresidente de la Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales (Fipca), Ignacio Rey, previo a que se anunciaran las nominaciones en Buenos Aires. Los premios, que tuvieron su primera edición en 2014 en Panamá y la segunda en 2015 en Marbella, fueron concebidos con la idea de ampliar los mercados para las películas iberoamericanas y jerarquizarlas tanto a ellas como a sus actores y sus técnicos, creando un star system que les dé visibilidad y les permita acceder a proyectos fuera de su país. “De esas 826 películas, menos de 7% va a ser estrenada en otros países de la región. Entonces la idea es cruzar fronteras”, dijo Rey, y aseguró que “las ediciones anteriores han funcionado de maravilla en ese sentido”, generando incluso oportunidades de coproducción.
Miguel Ángel Benzal, director general de los Premios Platino, resaltó, tanto en Montevideo durante en la presentación de los premios, como en las nominaciones en Buenos Aires, la importancia de darle al cine el lugar que tiene como industria cultural. “El cine impulsa la economía y la generación de empleo”, dijo. “El cine es cultura, es industria, lo que sea primero, y hay que defenderlo”, volvió a decir.
La Egeda (Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales) es el principal organismo defensor de estos derechos a nivel internacional. En Uruguay, el presidente es Walter Tournier. En su exposición durante la presentación de los premios en el Hotel Sheraton, manifestó su esperanza de que, al ser “insuficiente el apoyo” que recibe el cine local, estos premios “ayuden a que pueda crecer”. En esa misma instancia, Martín Papich, titular de la Dirección del Cine y Audiovisual Nacional (conocido como ICAU), se mostró igual de esperanzado que Tournier.
El cine como ventana. Aludiendo al escenario en el que se desarrollará está III entrega de premios, Benzal —que también es director general de la Egeda a nivel internacional— se refirió a lo intrínsecamente unidos que están el cine y el turismo: “El cine es la industria que mejor puede proyectar la imagen de un país al exterior”. Este año, en julio, el balneario entrará en calor con el desembarco de unos 500 invitados que llegarán del exterior, más artistas invitados y público nacionales para participar o para verlos desde las butacas del Centro de Convenciones, que quedará inaugurado esa noche.La ministra de Turismo Liliam Kechichian y el intendente de Maldonado Enrique Antía, que también viajaron a las nominaciones en Buenos Aires, volvieron sobre el nexo cine-turismo y la necesidad de “desestacionalizar” Punta del Este. El Centro de Convenciones, que busca impulsar el turismo de reuniones, se ubica en la zona de El Jagüel y llevó una inversión pública de 40 millones de dólares.
Las nominadas. En 2015, la película uruguaya “Mr. Kaplan”, de Álvaro Brechner, estuvo nominada a los Premios Platino en siete categorías incluyendo mejor película. Irónicamente este año, que la ceremonia será en Punta del Este, ninguna cinta uruguaya fue nominada. De todas formas, los artistas nacionales tendrán gran participación en la gala, conducida por Natalia Oreiro y el comediante español Santiago Segura (“Torrente”), que durará dos horas y combinará cine, música (ya está confirmada la actuación de Ruben Rada) y humor.
Sobre el proceso de presentación y selección de los filmes, Benzal explicó que, en enero, cada país designa las candidaturas que presenta a través de las asociaciones de productores miembros de Fipca, previa consulta con las academias de cine e institutos de cine. “El siguiente paso es designar a miembros del jurado de una lista de 20 candidatos en cada categoría”, agregó. A esa etapa le siguen las nominaciones, que esta vez fueron anunciadas en Buenos Aires por Roxana Blanco (embajadora uruguaya en los Premios), Arnaldo André, Érica Rivas, Martina Gusmán, Jazmín Stuart, Laura Novoa, Luciano Cáceres, Pablo Echarri, Nicolás Francella y Martín Piroyansky.
“Nunca estuve entre tantas celebridades”, dijo el actual embajador de Uruguay en Argentina, Héctor Lescano, exministro de Turismo. “El gobierno nacional, departamental y municipal en todas sus expresiones lo apoya, y está detrás de esto para traducir una conciencia nacional que Uruguay tiene en esta industria. El Centro de convenciones, su máxima inversión histórica, es una gran palanca para el desarrollo y para el bienestar de los pueblos”.
Kechichian, que estaba sentada en primera fila, justo delante de Andrea del Boca y Luis Brandoni, subió con Lescano al escenario para subrayar la oportunidad que los Premios Platino representan para Uruguay y para dar muestras de una hospitalidad sobresaliente: “Hemos ido cultivando ser buenos anfitriones —dijo—; creo que vamos a estar a la altura”.
Pablo Echarri , invitado de honor a anunciar los nominados a la III edición de los Premios Platino
LA OPORTUNIDAD DEL CINE ARGENTINO
¿Su pasaje de galán a productor fue un paso lógico en su carrera o una oportunidad que decidió tomar?
Fue premeditado. Tiene que ver con una búsqueda interior desde que empecé a trabajar en esto. Creo que desde aquel momento ya estaba viendo de qué forma me iba a dedicar a producir, un poco porque soy inquieto y siempre busqué enterarme o informarme y aprender solo con el deseo de evolucionar, y también por el deseo de correrme un poco del centro o de la luz. Voy sintiendo que el tiempo pasa y que no me relaciono con los personajes de la misma forma que al principio. Creo que hay una posibilidad de creación infinitamente más grande a la hora de producir que a la hora de actuar, entonces naturalmente me voy corriendo para ese lado.
¿En qué sentido dice que no se relaciona con los personajes de la misma manera?
Voy perdiendo un poco la ilusión que sentía en un primer momento. Empecé a actuar por una ilusión, porque lo deseaba profundamente, porque soñaba con algún personaje nuevo que podía venir. Y eso en un momento dejó de ser así. Empecé a proyectar con otras cosas, con títulos, con guiones, con qué clase de película quería hacer o desde qué lado podía impulsar la gestión de una película. Eso empezó a tomar un espacio más natural y no forzado.
¿Entonces se ve también escribiendo?
Claro, creo que hay un espacio de crecimiento grande por ahí, en la escritura de guiones y en la consecuente dirección. En la medida en que me siga manteniendo cerca de este oficio creo que eso va a ser casi natural. Sucederá, caerá por su propio peso.
¿Encuentra momentos para escribir alguna idea?
Sí, tengo varias que hace muchos años que las vengo craneando.
¿Se las muestra a su esposa, la actriz Nancy Dupláa?
Nancy conoce algunas, no todas (risas). Me reservo la totalidad para mí mismo. Mi deseo de escribir y poder plasmar mis ideas viene como consecuencia de esa evolución que busco. Así que un paso bueno y lógico tendría que ver con adquirir técnica de escritura.
¿Y cómo piensa hacerlo?
Lo que fui aprendiendo con respecto a las películas, a los pormenores de producción de una película, fue transitándolo. Nunca he estudiado nada específico.
¿Cómo ve la respuesta del público ante las películas argentinas?
Siempre fue en franco crecimiento. El público ha sido muy condescendiente con el desarrollo del cine argentino en los últimos años. El cine argentino tuvo un crecimiento enorme porque hubo políticas de Estado que permitieron generar una industria bastante más firme de la que venía existiendo. Lo que tengo es un deseo de que ese crecimiento sea constante y no aminore, porque el espacio audiovisual en Argentina tiene grandes autores, productores, tiene grandes equipos técnicos, mucho talento, y para eso se necesitan inversiones o leyes que fomenten, promulguen, propicien esa posibilidad de crecimiento.Por eso, para que la industria crezca cada vez más, estas acciones son vitales, sobre todo cuando se mancomunan los países, en este caso iberoamericanos, y le imprimen fuerza a un cine que crece constantemente.
La política ocupa un lugar importante en su vida. ¿Cómo vive este momento de transición?
Teniendo en cuenta que los modelos son tan opuestos, se vive con la lógica de ver situaciones que van un poco en contra de la proyección de país que uno hace. De todas formas, eso es la democracia, la posibilidad de vivir la ideología con la alternancia necesaria como para que de alguna forma represente a los ciudadanos en su totalidad. La política tiene lugar en mi vida sobre todo desde el punto de vista laboral. En este deseo de producir, de crecer, evolucionar, encontré que cierto modelo mira mucho más de frente a la cultura que otros, entonces mi defensa y mi militancia tiene que ver con conseguir un mejor espacio de trabajo, en este caso una cinematografía más pujante.En Argentina se produce exclusivamente por los aportes del fomento del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales. Muchos estamos esperando leyes de promoción industrial, leyes de mecenazgo, que impulsen la industria, la transformen y la hagan crecer definitivamente; que no solo se dependa del dinero público. Pero confío en que con una ley concreta, clara, que abarque a todo el arco industrial, la industria cinematográfica argentina puede tener un crecimiento exponencial, como hubo en México, Colombia, España, que tienen leyes de promoción. La mirada estaría puesta en si nos podremos contar entre esos países que tienen leyes de fomento y que miran a la cultura como una herramienta importante de transformación, o no. Yo voy por el sí.