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    Niveles de acoso escolar y agresiones físicas son similares en Carrasco, el Prado, la Unión y la zona oeste de Montevideo próxima al Cerro

    El relevamiento, que se realizó en alumnos del segundo año liceal, detectó que en los sectores socioeconómicos medios y altos se registró más “violencia sexual”

    En los liceos de Carrasco ocurre lo mismo que en los del Prado, la Unión, o en los que se encuentran cerca del Cerro de Montevideo. En todos ellos, casi la mitad de los adolescentes de segundo de liceo encuestados —en un relevamiento realizado por docentes de la Universidad de la República (Udelar) y de la Universidad de Montevideo (UM)— respondieron haber sufrido al menos una vez episodios de acoso.

    Esta investigación evidenció por primera vez en Uruguay que el “acoso escolar” no es un tema de clases bajas, medias ni altas sino que está instalado en todas. En los contextos socioeconómicos medios y altos el 45% de los adolescentes han sufrido incidentes de acoso y en contextos bajos 42%.

    Llamó la atención “los niveles similares de adolescentes que declaran haber sido víctimas o acosadores en los contextos socioeconómicos bajo, medio y alto. Esto quiebra la percepción común de que las instituciones educativas ubicadas en contextos medios y altos son inmunes a esta problemática”, dijo a Búsqueda Fernando Salas, licenciado y magíster en Ciencia Política, en Sociología y en Sociedad de la Información y Conocimiento. Salas es secretario del Consejo de Facultad de Humanidades de la UM y docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar.

    El estudio titulado “Acoso escolar en instituciones educativas de Montevideo situadas en diferentes contextos socioeconómicos” fue presentado por primera vez durante el I Congreso Internacional de Mobbing y Bullying que se realizó en Montevideo entre el 8 y el 10 de mayo.

    El estudio analizó la presencia del “acoso escolar” en centros educativos en diferentes contextos socioeconómicos. Las zonas elegidas fueron la zona oeste de Montevideo próxima al Cerro, con una incidencia de pobreza de 47%, y los barrios Unión (16%), Prado (11%) y Carrasco (1%).

    Las encuestas fueron realizadas a 203 estudiantes de segundo año de liceos de contexto socioeconómico bajo y a 333 alumnos de centros privados de contexto medio y alto.

    Si bien en la zona oeste el 42% de los jóvenes respondieron que sufrieron acoso alguna vez, en Carrasco el número fue más alto (47%), en el Prado se registró el número más bajo (38%) y el mayor en la Unión (53%).

    “Nos pasó que en una de las instituciones ubicada en un contexto de clase alta en que quisimos aplicar el relevamiento nos dijeron que ellos no tienen este problema. Nuestra investigación muestra que más que ‘zonas con problemas y zonas sin problemas’ tenemos instituciones que quieren abrir los ojos a esta problemática y otras que no”, agregó Salas.

    “Hay violación cotidiana de los derechos humanos en todos los contextos socioeconómicos”, según el estudio.

    “Lo que no se mide no se gestiona y por lo tanto no se interviene, dice el experto español Iñaki Piñuel. Ahora podemos actuar a partir de esta información generada para mejorar las prácticas institucionales de gobierno y no gubernamentales”, dijo a Búsqueda Fernanda Lozano, profesora adjunta del Departamento de Medicina Legal de la Facultad de Medicina de la Udelar. La doctora en medicina es especialista en medicina legal, familiar y comunitaria y master en atención en situaciones de violencia de género.

    “Sería necesario el apoyo gubernamental para implementar una encuesta nacional”, recomendó Salas. En los países escandinavos el relevamiento comenzó hace cuatro décadas.

    Acoso presente.

    Si bien casi uno de cada dos niños dijo en algún momento haber sido acosado, en la actualidad el 16% lo sufre. El fenómeno conocido como bullying implica agresiones reiteradas y sistemáticas con intención de agredir a una persona que se encuentra en “asimetría de poder”, generalmente aislada o sin amigos o compañeros que la defiendan.

    Entre quienes actualmente son acosados, el 42% respondió que les ocurre todas las semanas, en los contextos medios y altos. Las agresiones son variadas y pueden incluir desde insultos hasta golpes. Los jóvenes que sufren acoso en contextos medios y altos respondieron que el 83% sufre violencia psicológica y en contextos bajos fue 92%. La agresión física en contextos bajos fue mayor (48%) pero no tan distante de la que ocurre en contextos más pudientes (35%). En cambio, la agresión  sexual fue mayor en este grupo (6%) y unos puntos porcentuales menor en contextos bajos (4%).

    “Clásicamente se asocia al contexto socioeconómico bajo con violencia física y alto con la psicológica pero en nuestro trabajo no se corroboró ya que en ambos contextos la forma más frecuente fue la psicológica, También nos llamó la atención que se registraran porcentajes de violencia sexual”, comentó Lozano.

    Lugar de la agresión.

    Según relataron los acosados de contextos medios y altos, el 71% lo sufren dentro del salón de clase. Si bien es el sitio en que más ocurre, hay otros lugares en donde los jóvenes también viven las agresiones. El 50% dijo que ocurren en el patio del centro educativo, el 42% respondió que viven episodios de acoso en los corredores, el 19% en el gimnasio, el 12% en el comedor, el 12% en el baño y el 10% en el camino al liceo.

    Las redes sociales electrónicas son un sitio virtual de acoso para el 19% de las víctimas. Además, el 14% recibe mensajes de acoso a su correo electrónico y el 4% vía teléfono o celular.

    “Hay que tener en cuenta que el bullying tiene una dinámica en que participa la víctima, el agresor o los agresores y los testigos. Cambiar a la víctima de clase no sólo tiene el riesgo de aumentar sus sentimientos de culpa sino que lo separa de sus amigos y su maestra. En definitiva lo mismo ocurre con el abuso sexual intrafamiliar cuando se decide sacar a la víctima del hogar. Si el cambio de clase es de la persona acosada, puede llevar a la revictimización”, explicó Lozano. Además, aseguró que las “estrategias asiladas” de cambio de grupo no son efectivas si no se acompañan de una “estrategia global para toda la institución” y trabajo con los agresores y testigos porque “el lugar de la víctima que es cambiada de grupo fácilmente será ocupado por otro niño o adolescente si no se interviene de forma integral”.

    Agresor.

    Existe una “asimetría de poder en la agresión en contextos medios y altos” porque si bien el 48% es acosado por una sola persona, la otra mitad sufre estos episodios por parte de un grupo de personas y 2% por ambos.

    El agresor no siempre está en la misma clase que la víctima. El 21% dijo ser acosado por estudiantes de mayor grado, el 36% por estudiantes del mismo grado pero de otra clase y 71% por estudiantes del mismo grado y clase.

    El 88% de estos acosadores son varones. Pero este dato varía según el barrio que se analice. En la zona oeste de Montevideo el 87% de las mujeres son agredidas por varones mientras que este número baja a 53% para los barrios Unión, Prado y Carrasco. A la inversa, el 26% de quienes agreden a los varones son mujeres en contexto bajo y 22% para nivel medio y alto.

    Sin motivos.

    Los acosadores a menudo no tienen motivos claros para agredir. La mitad relataron que “no hay un motivo en particular” que los impulse a maltratar a su víctima. En Carrasco, Prado y la Unión el 26% de los agresores adolescentes respondieron que lo hacían por represalia y este número ascendió a 32% en la zona oeste de la ciudad.

    Pero ¿qué piensan las víctimas sobre sus agresores? Mientras que solo la mitad de los agresores pueden explicar por qué eligen a su víctima, 82% de la víctimas pueden elaborar una explicación sobre por qué son agredidos.

    Testigos.

    El 96% de los estudiantes dijeron haber presenciado situaciones de acoso y algo más de la mitad (55%) intentó ayudar al agredido en la Unión, el Prado y Carrasco. La mayoría de los alumnos (75%) no intervienen por miedo o porque “no sabían qué hacer”.

    “Es importante trabajar, sensibilizar, capacitar y empoderar a este grupo de personas” que no intervienen por miedo o por no saber qué hacer, agregó Salas.

    Existen diferencias dentro de la ciudad de Montevideo porque en la zona oeste hubo menos adolescentes que intentaron ayudar (28%).

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