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    Noctámbulos tienen un mayor desfase de horas de sueño entre días hábiles y fin de semana; se exponen a estrés y síntomas depresivos

    Lunes 7:30 AM. Suena el despertador, hora de levantarse. Para algunos es tarea sencilla, quizá ya estaban despiertos desde antes. Para ellos la mañana es el mejor momento del día. Otros, en cambio, están profundamente dormidos, sufren el llamado y deben hacer un gran esfuerzo para acatar la señal.

    Los seres humanos tienen un reloj interno que depende de la genética, y en el que influyen las horas de sol y oscuridad. Por eso existen distintos “cronotipos”: personas más nocturnas, a las que les cuesta acostarse temprano, y otras que prefieren madrugar y se levantan fácilmente.

    “Esos ritmos difieren entre las personas. Los extremos ocurren” y la genética incide, dijo a Búsqueda la médica Rosa María Levandovski, investigadora y docente del Laboratorio de Cronobiología del Hospital de Clínicas de Porto Alegre y del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul.

    “Un noctámbulo no consigue dormir temprano porque su organismo, sus hormonas, sus ritmos, su temperatura, no están preparados para dormir temprano. Es una cuestión fisiológica”, explicó la investigadora. Aclaró que el problema surge cuando “el ritmo fisiológico es diferente al ritmo social”.

    La mayoría de las actividades en la sociedad — trabajo, estudio, deporte y otras— se concentran en un horario que comienza a las ocho de la mañana y continúa hasta las seis de la tarde.

    “Un matutino no sufre tanto porque se duerme temprano y se levanta temprano en general. No tiene un rompimiento interno con sus ritmos”, que coinciden en gran parte con los sociales y laborales, explicó Levandovski. En cambio, los nocturnos no logran conciliar el sueño temprano pero igualmente deben levantarse temprano debido al ritmo social de trabajo y estudio.

    Depresión.

    Es durante los fines de semana que se ven las diferencias. Los nocturnos suelen tener un desfase más grande entre los horarios en que se levantan por las mañanas los sábados y domingos con respecto a los días hábiles de la semana.

    “Durante los fines de semana se pueden ver las diferencias de ritmos. Los nocturnos pueden dormir hasta el mediodía”, comentó Levandovski, quien integra en Brasil un equipo de investigadores que están trabajando sobre el impacto de la luz y las horas de descanso en poblaciones urbanas y rurales, y su vinculación con la salud.

    “Nosotros llegamos a la conclusión de que, cuanto mayor es el quiebre de ritmicidad, más el organismo tiene que estar adaptándose y adaptándose. Es constante, y durante toda la semana se está forzando. Su sistema de ritmo va y viene. Llega un momento en que se estresa, como si el reloj se quebrase, deja de funcionar”, explicó Levandovski.

    Existe un sistema fisiológico que se controla mediante la recepción de luz de la retina. Esta información va al cerebro, que rige el funcionamiento de hormonas y sustancias. A su vez, son las mismas que están involucradas en el control del humor y vinculadas con la depresión.

    “El mismo sistema está interligado por las hormonas que lo regulan, como la serotonina y la noradrenalina. Actúan en un sistema y en otro. Biológicamente, puedo decir que estos sistemas están conectados y si uno quiebra afecta al otro. Esa es la razón por la que hicimos estos trabajos”, indicó Levandovski. Explicó que la afirmación está respaldada también por resultados de otros estudios internacionales.

    Cuanto mayor es la diferencia entre el horario de dormir entre semana respecto a los fines de semana, “mayor es la asociación de síndromes depresivos”, indicó la médica.

    Aclaró que el vínculo con la depresión se ha puesto a prueba en el mundo por parte de varios grupos de investigación y también confirmaron que “los quiebres de ritmicidad alteran el metabolismo”.

    Este es un cambio visible en los trabajadores nocturnos, que ven alterados sus ritmos por no poder dormir durante la noche: “Empeoran las condiciones metabólicas” y tienen más problemas cardíacos y de incidencia de cáncer.

    Rural y urbano.

    ¿Existen diferencias entre los ritmos y los tiempos de descanso de la población rural y la urbana? Este fue motivo de investigación para el grupo brasileño. Utilizaron actímetros, instrumentos que en formato reloj pulsera permiten medir la temperatura corporal, el movimiento y la intensidad de luz a la que está expuesta la persona, que lo utiliza durante las 24 horas durante un mes. Así los académicos pueden analizar las horas de actividad con luz natural, las de luz artificial y de descanso, informó Levandovski durante las XV Jornadas de la Sociedad Uruguaya de Biociencias (SUB), que se realizaron en setiembre en Piriápolis. Estudiaron 15 poblaciones distintas de la región de Rio Grande do Sul.

    “La gente piensa que en el área urbana la tendencia es a que las personas hagan muchas más cosas, tengan más actividades, que duerman menos y prolonguen la carga horaria. Teóricamente pensamos que duermen menos pero nos sorprendió ver que las poblaciones rurales eran las que dormían menos. Como trabajaban con animales, adoptaban la rutina del animal de mayor matutinidad, que es diferente a la nuestra. El resultado muestra que las poblaciones se tienden a adaptar al medio”, explicó Levandovski.

    “Al adaptarse al medio es posible que tengan menos jet lag social, menos diferencias entre las horas de descanso entre semana y fines de semana, algo más sano”, indicó la investigadora. Además, si bien duermen menos, tienen mejor calidad de sueño.

    La población rural estudiada presentó más matutinidad, al contrario de lo que ocurre en el área urbana. Aquellas personas con cronotipos nocturnos “tenían un nivel más alto de síntomas depresivos y jet lag social”, concluyó el estudio.

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