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Uno de los principales aportes, si no el mayor, que hoy más que nunca tenemos para hacer los periodistas y por tanto los medios en los que trabajamos, es el de poner orden, perspectiva y relevancia en esa enorme marea de información que cada hora circula por el mundo en todas direcciones y desde fuentes múltiples. Al menos a eso es a lo que deberíamos tender, dicen los maestros de este oficio, y muchos estamos de acuerdo.
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Pero si bien nos pagan para ocuparnos de ordenar y jerarquizar la información para las personas que dedican su día a otras profesiones, la marea también puede llevarnos a nosotros, en la clasificación, poner por delante lo más urgente y lo más dramático, y pasar de muchas cosas que quizás nos pidan una jerarquía que a primera vista no le solemos otorgar.
Al mail de esta revista, por ejemplo, entran no menos de 200 asuntos al día, lo cual, más allá de agobiar un poco a nuestra encargada de Secretaría y arquera del equipo Claudia Rezende, también nos dice que muchas personas creen que a otras muchas más les interesa lo que galería informa o divulga, y eso, ante la multiplicidad de opciones, nos da energía para encarar si no a los 200, a unas cifras cercanas.
Entre ese aluvión, a principios de esta semana llegó un comunicado institucional del Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI), un remitente bastante regular en sus informaciones que cada tanto incluimos entre nuestros recomendados de cultura y espectáculos. Pero este me llamó particularmente la atención. El asunto decía: “Convocatoria/Adultos Mayores Voluntarios”. Vaya a saber si porque uno ya se va identificando con ellos o porque justamente por eso va descubriendo tanta sabiduría desperdiciada por el culto a la belleza convencional y a la identificación de capacidad con buen manejo de las nuevas tecnologías, me generó tanta curiosidad como entusiasmo. El contenido no defraudó: resulta que el Museo llama a adultos mayores jubilados o retirados de su actividad habitual a convertirse en voluntarios de la institución para hacer de guías, integrar proyectos educativos, ser anfitriones en el Día del Patrimonio o en la Noche de los Museos. Eso ya de por sí me resultó valioso. Pero lo mejor se agrega más adelante: entre las actividades se menciona también “brindar asesoramiento al MAPI en temas referidos a su profesión y que sean de utilidad para el museo”.
Cualquier persona más o menos informada sabe de cómo las culturas antiguas no solo utilizaban sino que veneraban y aprendían de sus mayores, al valorar sus conocimientos acumulados y su experiencia. Eso fue cuestionado luego a medida que la irreverencia fue haciéndose un culto cada vez más valorado culturalmente, y en su momento podría decirse que resultó necesario. Sin embargo, y por más que particularmente en este país solemos hablar de la gerontocracia en sentido de tope al progreso, me parece que la alusión, más que a la edad, tendría que centrarse en el pensamiento anquilosado, que muchas veces no sabe de edades cronológicas. Cada vez hay más viejos —y sobre todo viejas— con unas cabezas que ya quisieran muchos de 30, a veces ya cansados de la vida o posando así, que para esto da igual. Ya quisiéramos muchos a viejos profes y maestros apoyando a sus colegas de hoy, a médicos, a arquitectos, a modistas, carpinteros, a cocineros.
Bueno, el MAPI quiere empezar. Y en este caso, el fenómeno del voluntariado, más allá de que muchos lo consideren asistencialismo (creo que cuando se trata de compartir conocimiento no lo es) y que seguramente tengan que remar contra una falta de cultura de comunidad en ese sentido (muchos dirán “si quieren que vaya y enseñe, que me paguen”), habrá muchos interesados que ya sepan que esos aportes le traen muchas más ventajas al que los ofrece de lo que piensan y que a quien mejor le hacen es a él mismo.
El tema da para mucho más y por eso es la intención seguir abordándolo. El del MAPI y el de los viejos bravos. Porque también el MAPI convocó a niños de 6 a 12 años para que asesoren a la institución. Y porque muchos viejos bravos están haciendo punta en el pensamiento contemporáneo, y hay países tan sabios como ellos que incluso los escuchan.
Hoy coincide, además, que en nuestra sección de Sociales contamos la experiencia de cuatro parejas que ya pasaron los 50 años de casados, una tarea tan titánica como necesitada de sabiduría si las hay, si además declaras que estás feliz por eso.