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    Pongámoslo así

    Editorial

    Hace tiempo que en Montevideo una boda no concitaba tanta atención y expectativas. No creo que sea comparable con la de Forlán, porque esta intentó pasar lo más desapercibida posible y se trabajó para la privacidad. Pocos se enteraron de los casamientos de los hijos del presidente en funciones, Sanguinetti, en su momento, y la boda de Fernando Morena, que se transmitió por televisión, estaba en la prehistoria de las redes sociales y las coberturas con móviles, y lo que se llama farándula poco tenía que ver con el mundo del fútbol. El resto, lo vimos siempre por canales internacionales.

    Unas pocas horas antes de que la última edición de la revista saliera de la imprenta se casaron el comunicador y cocinero de televisión Sergio Puglia y Horacio Correa, su pareja desde hace 15 años. Ambos han organizado una fiesta a la que está previsto que vayan 570 invitados ya confirmados y desde hace al menos un par de meses han sido entrevistados y visitado varios medios contando los detalles: tres cambios de ropa, varios shows musicales, acreditaciones para la prensa, menú que incluye un vino que espera este acontecimiento para salir a la venta en el mercado, y varios etcéteras.

    Pero más allá de lo revolucionario que implica que en este país una pareja reconozca explícitamente que hará de su boda un gran show y no tiene vergüenza de contar sus pormenores, sino que, además, disfruta de hacerlo, lo que marcará un antes y un después es el hecho de que se trate de una boda gay. Y eso ya merece la celebración. Es la pauta de que la sociedad uruguaya, a pesar de su carácter conservador, está dispuesta a dejar de lado la hipocresía que condenó a tantos hombres y mujeres al sufrimiento, la marginación y el estigma de ser homosexuales. (Aclaro, sin embargo, que considero que también en esto las mujeres han quedado un poco atrás, si no, basta ver cuántas más están aún en el closet y cuántas la han pasado mal por ser discriminadas como mujeres y como lesbianas).

    ¿Cómo, si nos ponemos sinceros, habríamos tomado este anuncio mediático de casamiento hace una década, o incluso, un lustro?

    Los propios involucrados, en particular Puglia —que es el famoso—, comentaban hace pocos días su sorpresa ante el entusiasmo de tanta gente común que, por la calle, les desea que todo salga bien, que sean muy felices. “Me conmovió un señor mayor, como yo, que en el supermercado me deseó felicidades —decía Sergio— y pensé en todo el camino que ese hombre recorrió en su cabeza y en su corazón para llegar a algo así, que me resultó tan sincero”. Contó también sobre el chico, de condición humilde, que lo ayudó a cargar las bolsas en el auto, y le preguntaba “¿Y, jefe, cómo estuvo el casorio? ¿Ya fue?”. No, le respondí, y me dijo: “Bueno, muchas felicidades”.

    Cuando lo contaba me acordaba de sus cuentos de hace tan poco tiempo, acerca de los mensajes y mails que le llegaban a la radio y al canal llamándolo “gordo puto”.

    Como dice una querida amiga que tiene una hija discapacitada y hace escándalo cuando le dicen que no puede entrar a un museo con silla de ruedas: “Lo hago porque puedo y por todos los que no pueden, porque no tienen una voz pública, y además cuento con la divertida complicidad de mi hija”.

    En este caso ha sido así. Dirán muchos que Sergio y Horacio lo hacen público porque son personas mediáticas, pero también por ser personas mediáticas sufren las críticas, los microscopios y el estigma de una sociedad que es dura con los demás, y en particular con los demás que son personas mediáticas, o tienen dinero o han nacido en cunas privilegiadas, como si eso de por sí fuera malo o al menos sospechoso en sí mismo.

    Ellos han decidido hacerlo porque pueden, pero también porque pueden ellos van a poder unos cuantos más que han sido marginados por su opción sexual, celebrar el amor y el gusto por la buena vida y las fiestas, sin jorobar a nadie ni mucho menos hacer daño.

    Si nada sucede que lo impida, habré ido a celebrar con ellos y habremos compartido con mi esposo, casi todos mis amigos y los suyos y las familias de Sergio y Horacio, por ellos dos, y por todos los que, a partir de este miércoles 23 se sentirán un poco más libres de expresar un amor socialmente condenado (homosexuales o no) y también su gusto por las fiestas sin mirar lo que dirán.

     

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