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    Qué hubiese escrito Paolillo

    N° 2004 - 17 al 23 de Enero de 2019

    El año empezó mal. Con un acto de violencia, con el horror y el morbo, la denuncia y la tentación presentándose en niveles y dimensiones nuevos, niveles y dimensiones que interpelan, que llaman al debate, al intercambio de ideas y puntos de vista.

    El 10 de enero un hombre tomó de rehenes a varias mujeres en una peluquería. La cobertura hizo que en las redes surgiera el hashtag #medioscomplices.

    Al otro día, APU (Asociación de la Prensa Uruguaya) emitió un comunicado titulado Se impone un debate sobre nuestro trabajo. Allí cita el artículo 24 del Código de Ética (que dice que los periodistas tendrán cuidado al difundir información que pueda perjudicar a las víctimas de hechos violentos). Y llamó a un “debate ético (…) porque estamos asistiendo en el mundo a una proliferación de ‘fake news’”. Se complicó APU: las fake news son una ameba, casi nadie sabe a ciencia cierta a qué nos referimos cuando hablamos de fake news. En ocasiones son creadas por asesores de los políticos para derrotar o dañar a sus rivales; en ocasiones provienen de las redes sociales.

    En la diaria, Soledad Platero escribió una nota muy dura contra la cobertura televisiva del caso de la peluquería. “La televisión (los canales privados de televisión: el 4, el 10 y el 12) pone movileros a transmitir en vivo desde el lugar de los hechos, pero la verdad es que no tienen mucha información. Lo que hacen, en realidad, es excitar al público. Prometerle que va a ver en vivo y en directo los hechos. Es decir, la sangre. Porque esperan, secretamente, que alguien termine sangrando. Si hay suerte, será el agresor, pero incluso, si no hubiera tanta suerte, siempre se podría esperar que reviente alguna de las rehenes, o que muera un policía”.

    Platero va más lejos: “Es obvio para todo el mundo que los informativos de los canales privados alimentan amorosamente el clima de inseguridad que ellos mismos instalaron desde el principio de los tiempos”. ¿Está diciendo que el récord de homicidios y rapiñas que vivimos en Uruguay es un “clima”, un invento de los informativos? Ya en el 2018 Uruguay batió su récord de homicidios, pero el 2019 empezó con cifras aún peores. ¿Cree Platero que eso es culpa de los medios? Es raro que ni siquiera nombre al ministro Eduardo Bonomi y hable de un “clima”.

    Lo cierto es que a APU le gustó la nota de la diaria. Consideró que se trata de un “muy buen análisis” y la difundió desde su cuenta de Twitter. Es grave que el gremio acuse, indirectamente, a colegas de desear la muerte de una persona. El periodista, en su esencia, quiere estar en el lugar de los hechos. Pero de ahí a querer que muera alguien en el lugar de los hechos, hay una distancia considerable. La nota cayó mal a varios colegas. Patricia Madrid, Juanchi Hounie, Ana Laura Pérez, por nombrar a quienes así lo manifestaron en sus cuentas de Twitter, expresaron su descontento y cuestionaron el derecho de Platero “de acusar sin fundamento”. “Duele y es lamentable que se le diga a la gente que los periodistas quieren que la gente se muera”, expresó Pérez. En la misma red el periodista Federico Castillo escribió con humor y lucidez: “Hay un periodismo que es malo, muy malo y quiere que pasen cosas malas y hay un periodismo bueno, muy bueno que quiere que pasen cosas buenas y entonces señala al periodismo malo que quiere que pasen cosas malas. Ahora entendí”.

    En tanto, el nuevo presidente de APU, Fabián Cardozo, quiere un “pacto ético” que incluya el compromiso de todo el sistema político para reducir las fake news. El periodista Leonardo Haberkorn le contestó: “Los periodistas no tenemos que participar en ningún pacto con políticos. Tenemos que informar”. Esos días, Madrid escribió también: “¿Quieren discutir de ética en el oficio? Bienvenido. Ahora, vamos a discutir TODO. Entre otras cosas:

           Pauta oficial (cómo y quién la consigue)

           Militancia político-partidaria

           Participación en publicidad privada

          Cargos de comunicación en el gobierno

    Se pueden agregar muchos temas, desde el rol de las agencias de comunicación y su injerencia en la agenda, el pluriempleo, que es el flagelo de nuestro oficio, los bajos sueldos de los periodistas y podríamos hablar de cuántos trabajan para el Estado. Un informe de 2016 del programa Rompkbzas arrojó que uno de cada tres periodistas en Uruguay trabaja para alguna dependencia estatal, lo que incluye parlamentarios.

    Las discusiones que se daban en bares y asados, hoy se dan en las redes. Son tantos los debates y los temas del oficio que esta semana, en ese asado de la trasnoche eterna que es Twitter, una colega escribió: “Te extraño @ClaudioPaolillo, en momentos así te extraño tanto”. Es así. Somos muchos los que, frente a una duda ética o al momento de titular una nota, pensamos qué habría escrito Paolillo.

    Este sábado 19 se cumplirá un año de su muerte. Hay una buena noticia y es un consuelo —chico, pero consuelo al fin— y es que se está preparando un libro que reúne sus columnas y textos inéditos. Se estima que se publicará en julio. 

    Un amigo mío, que fue periodista, decía que a la semana de publicadas las notas, el papel solo sirve para envolver la docena de huevos. Es medio cruel la frase, pero tiene algo de cierta: no todos los artículos periodísticos resisten el paso del tiempo. Hay temas que son de coyuntura y a los pocos años perdieron vigencia. Paolillo escribía de bastantes temas, en ocasiones bastante diversos. Me acuerdo con mucha nitidez de algunas de sus columnas, como La cultura de la ordinariez, donde contaba qué buenos tiempos eran aquellos cuando de niño su padre lo llevaba al Estadio y veía que la gente era amable con el equipo contrario.

    Muchos periodistas somos así: nos acordamos de títulos de artículos. A veces, en nuestra imaginación, cambiamos la nota. Les contamos a otros sobre esas notas. En mi caso, a los más jóvenes, les cuento notas de Paolillo o Alvariza, de Arbilla, Gandolfo o Escanlar, pero les cuento lo que yo recuerdo. El remate, el arranque. La parte del medio en general la cambio un poco, sin querer. Mi ilusión es que la gugleen. Lo de cambiar algunas cosas quizá no sea malo, porque estamos tomando una idea de otro y haciéndola nuestra. En las facultades de periodismo se enseña que cuando uno empieza a escribir tiene que tener por lo menos dos o tres ídolos, para imitarlos. Después, si se tiene talento y garra, se va logrando un estilo propio y una voz propia. La voice de la que hablan los norteamericanos. Eso que hace que uno lea un artículo y sin ver la firma ya sepa quién está hablando. Paolillo tenía eso. Hay mucho para aprender de su trabajo periodístico. Pensaba muy bien. Pegaba muy bien. Pegaba parejo. Eso era lo lindo. Por eso, también, se lo extraña tanto.