En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
China y Estados Unidos, involuntarios salvadores climáticos del mundo
El modelo de tarificación del carbono de la Unión Europea está siendo desplazado por el gasto de Beijing en tecnología verde y por el choque de los precios del petróleo provocado por Donald Trump
Niños ensayan con flores y banderas para la ceremonia de bienvenida al presidente estadounidense Donald Trump en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, el 14 de mayo de 2026.
Los economistas teníamos todo resuelto en cuanto al cambio climático. Reconocíamos que las emisiones de carbono eran una externalidad negativa y explicábamos sin cesar —en jerga económica— lo que significaba una externalidad negativa. Imaginábamos a los gobiernos usando la tarificación del carbono para hacer que las compañías asumieran el costo de sus emisiones, preferiblemente armonizando los precios en un precio global multilateral. Desestimábamos las subvenciones y regulaciones estatales ineficientes en comparación con los mecanismos basados en el mercado.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En teoría teníamos razón; siempre la tenemos. Pero no pensábamos necesariamente que el bloque comercial que siguiera nuestra receta terminaría enfrentándose a feroces acusaciones de proteccionismo. No previmos el papel de las exportaciones respaldadas por el Estado de una superpotencia geoeconómica. Y, desde luego, no predijimos que una ridícula guerra iniciada por un negacionista del cambio climático nos brindaría ayuda.
La Unión Europea (UE) creó el sistema de comercio de emisiones (ETS, por sus siglas en inglés) en 2005, y actualmente lo está ampliando. El sistema ha reducido la contaminación en los sectores incluidos, aunque no de manera espectacular, ya que su efecto se ha visto diluido por las “asignaciones gratuitas” otorgadas a industrias con altas emisiones, como la siderúrgica y la química. La Comisión Europea (CE) ahora quiere incluir a esos sectores y, al mismo tiempo, protegerlos de la competencia desleal mediante el mecanismo de ajuste en frontera por emisiones de carbono (CBAM, por sus siglas en inglés), el cual les cobra a los importadores un precio por el carbono para nivelar los costos. El CBAM es un ejemplo del tan preciado “efecto Bruselas” de la UE, y se supone que alentará a otros países a alinearse con el régimen de carbono de la UE a través del comercio global.
Hasta ahora, sólo está funcionando a una escala limitada. Economías extremadamente expuestas al mercado de la UE —como Turquía, Corea del Sur y el Reino Unido— han introducido mecanismos de tarificación del carbono o han armonizado el suyo con el de la UE. Pero el ETS y el CBAM no han logrado crear una masa crítica que atraiga a los demás gigantes económicos.
La tarificación del carbono estadounidense, en forma del proyecto de ley de “comercio de derechos de emisión” impulsado por Barack Obama, no logró aprobarse por un estrecho margen en el Congreso en 2010. El siguiente presidente demócrata, Joe Biden, se propuso en cambio reducir las emisiones mediante el gasto público y los aranceles, tratando de crear una industria y un mercado nacionales para la tecnología verde; estos programas sufrieron drásticos recortes bajo su sucesor, Donald Trump.
La campaña a favor de una tarificación internacional del carbono integrada en el comercio mundial se encuentra en serias dificultades. Los esfuerzos dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para desarrollar regímenes armonizados de tarificación del carbono han avanzado muy poco, y los complejos requisitos de cumplimiento del CBAM no le están granjeando amigos a la UE. En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) celebrada en noviembre, India, China y otros países con elevadas emisiones de carbono criticaron duramente al bloque por su proteccionismo climático.
Shahin Vallée, investigador principal del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores (DGAP, por sus siglas en alemán), afirma: "La COP se ha vuelto en contra del CBAM, y sin un CBAM eficaz, el ETS es insostenible". Sin duda, en este momento es difícil imaginar que el sistema se expanda rápidamente para crear una tarificación global del carbono en un futuro cercano.
En cambio, la mayor esperanza inmediata para la reducción de emisiones la representa China, irónicamente un país que, siendo un enorme consumidor de carbón, con frecuencia se ha resistido a los objetivos vinculantes del carbono. Su cómplice involuntario es Trump, un negacionista absoluto del cambio climático. Durante los últimos 15 años aproximadamente, China ha destinado billones de dólares en gastos y exenciones fiscales —a menudo respaldados por aranceles y regulaciones— a las energías renovables y a otras tecnologías verdes, en particular a los vehículos eléctricos (VE).
Como gran importador neto de petróleo, su actuación estuvo motivada más por la seguridad energética y por la política industrial estratégica que por una gestión y protección ambientales globales. Aun así, el planeta debe aprovechar los logros donde sea posible. El aumento de los precios del petróleo a raíz de la guerra con Irán ha funcionado como el esquema de tarificación del carbono más inesperado del mundo, con Trump como el mejor vendedor de China. Como muestran los datos del centro de estudios Ember, las ventas de tecnología verde se han disparado, incluso en Estados Unidos, para reemplazar la demanda de petróleo. Eso es el "arte de la negociación", sin duda.
image
Donald Trump es el mejor vendedor de tecnología verde de China. Exportaciones chinas por valor.
Financial Times
Esto no necesariamente se está haciendo de una manera que los economistas respaldarían. Se puede desaprobar que los paneles solares chinos inunden el mercado mundial como un exceso de capacidad subsidiado por el Estado, o bien aprobarlos como producción para un mercado donde la creciente demanda igualará a la oferta. O, como en mi caso, simplemente puede que no importe para nada, siempre y cuando haya paneles a precios extremadamente bajos disponibles. Las externalidades positivas de la energía renovable de bajo costo sin duda superan la ineficiencia derivada de la distorsión de las señales del mercado. (Las tecnologías más complejas con implicaciones de seguridad, como los VE, son un tema más complicado).
Pero aún no está claro si éste es un verdadero punto de inflexión para la energía renovable y la electrificación. La escasez de petróleo también ha llevado a los países a aumentar su uso de otros combustibles fósiles, incluyendo el carbón. Tampoco está claro cuán grande y permanente es el choque. Después de todo, los precios del petróleo sólo han permanecido unas pocas semanas por encima de los US$100 el barril desde que Trump atacó a Irán.
Para el mundo sería mejor incorporar el modelo eficiente y predecible de tarificación del carbono que impulsó la UE, al menos como parte del conjunto de medidas contra el cambio climático. No existe garantía de que el camino que estamos siguiendo —con China inundando el mundo con tecnología verde y Trump generando demanda para ella— vaya a perdurar. Pero, por el momento y por extraño que parezca, es una de las mejores esperanzas que tenemos.